Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2007
Jaime R. Silva
SOBREALIMENTACIÓN INDUCIDA POR LA ANSIEDAD PARTE I: EVIDENCIA
CONDUCTUAL, AFECTIVA, METABÓLICA Y ENDOCRINA
Terapia psicológica,
diciembre, año/vol. 25, número 002
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 141-153
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
TERAPIA PSICOLÓGICA
2007, Vol. 25, Nº 2, 141-154
Copyright 2007 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184 (impresa) · ISSN 0718-4808 (en línea)
Sobrealimentación Inducida por la Ansiedad
Parte I: Evidencia Conductual, Afectiva, Metabólica y Endocrina
Anxiety Induced Overeating.
Part I: Behavioral, Affective, Metabolic and Endocrine Evidence.
Jaime R. Silva
Departamento de Salud Mental y Psiquiatría
Facultad de Medicina
Universidad de la Frontera
(Rec: 1 de octubre 2007 - Acept: 15 de noviembre 2007)
Resumen
Bajo estrés la restricción alimenticia crónica usualmente alterna con episodios de sobrealimentación. Los
dietantes crónicos (DC), son especialmente propensos a presentar ese patrón paradójico. Este artículo revisa la
evidencia conductual, afectiva, metabólica y endocrina relacionada con tal condición. Los estudios de labora-
torio y campo han revelado que los DC se sobrealimentan especialmente durante situaciones experimentales
evocadoras de ansiedad. Esta observación ha sido explicada por varias teorías psicológicas, tales como la
teoría psicosomática, la teoría de la distracción cognitiva y la hipótesis de enmascaramiento. Sin embargo,
los datos empíricos no apoyan de manera equivalente estas perspectivas. Al mismo tiempo, la investigación
metabólica y endocrina sugiere que los DC podrían tener una predisposición a ganar peso debido a la exposi-
ción crónica al estrés, lo que a su vez conlleva un riesgo de obesidad. La revisión concluye con controversias
surgidas en la literatura y recomendaciones acerca de la dirección futura del campo de estudio.
Palabras claves: Restricción alimenticia crónica, desórdenes alimentarios, obesidad, comedores
emocionales
Abstract
Under stress, chronic alimentary restraint behaviors usually alternate with overeating. Restrained eaters
(RE) are especially prone to show these paradoxical patterns. This paper reviews behavioral, affective, en-
docrine and metabolic evidence related to that condition. Laboratory and fi eld studies have shown that RE
overeat mainly under anxiety-related experimental setting. This observation has been explained by several
psychological theories, such as the psychosomatic theory, the cognitive distraction theory and the masking
hypothesis. However, empirical data does not support all these views in an equivalent way. At the same time,
endocrine and metabolic research suggest that RE may have predisposition to weight gain due to chronic
stress exposure, which in turn lead to increased risk of obesity. The review concludes with controversies in
the literature and recommended directions for future research in the fi eld.
Keywords: Restrained eaters, eating disorders, obesity, emotional eaters
Correspondencia a: Jaime R. Silva. Departamento de Salud Mental y Psiquiatría, Facultad de Medicina. Universidad de la Frontera. Manuel Montt 112,
Temuco, IX Región. E-mail:
jaimesilva@ufro.cl
Fono-Fax: (45) 325 736
La preparación de esta artículo fue fi nanciada por la Dirección de Investigación de la Universidad de la Frontera (DIUFRO).
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº2, 141-154
El estudio psicofi siológico, conductual y cognitivo
de la relación entre la alimentación y el estrés tiene una
larga tradición. Diversos grupos de investigación han
desarrollado paradigmas y modelos teóricos para explicar
las consecuencias que tiene en la conducta alimenticia la
exposición de un individuo a diferentes clases de estreso-
res. Sin embargo, el enorme esfuerzo de las ciencias de
la conducta por comprender dicha relación contrasta con
la difi cultad en el desarrollo de una teoría que permita
entender el fenómeno aludido. Al considerar el conjunto
de investigaciones que intentan esclarecer cómo in. uye el
estrés en la alimentación pueden distinguirse al menos dos
grandes modelos explicativos (Greeno & Wing, 1994); a)
el modelo de efecto general (MEG) y; b) el modelo de las
diferencias individuales (MDI).
El primero de ellos deriva fundamentalmente de ex-
perimentación en animales, donde uno de los principales
objetivos ha sido demostrar la vía fi siológica responsable de
los cambios alimenticios generados por determinada clase
de estrés. El MDI surgió a partir de estudios en seres huma-
nos, y ha incluido en sus formulaciones teóricas modelos
provenientes de la psicología. En ambas aproximaciones
se ha intentado explicar el efecto del estrés fundamental-
mente en la cantidad de alimento ingerido (aumento versus
decremento), en el aporte calórico del alimento ingerido
(aumento de ingesta de alimentos hipercalóricos) y/o los
cambios en el peso corporal.
El MEG argumenta que todo organismo enfrentado
a estímulos estresores aumentará su ingesta alimenticia
(e.g. Shelley, 1965) o la disminuirá (e.g. Sterritt, 1962).
Aunque el efecto fi siológico del estrés se ha asociado a una
respuesta incompatible con la alimentación, lo cierto es que
la evidencia apunta a que el estrés crónico desencadena una
cascada de reacciones fi siológicas que darían lugar a una
respuesta seleccionada evolutivamente para enfrentar dicho
estímulo o contexto amenazante: la sobrealimentación. Aun
cuando esta perspectiva ha sido extensivamente abordada
en investigación empírica en animales, no existe un tránsito
expedito hacia conceptualizaciones que incluyan a humanos
como sujetos experimentales.
La investigación en humanos de la alimentación in-
ducida por estrés ha sido abordada principalmente por el
MDI. Según esta aproximación dependiendo de diferentes
historias de aprendizajes, contextos de desarrollo y variables
constitucionales, existiría un patrón complejo en la in. uen-
cia del estrés ambiental sobre la conducta alimenticia. Sólo
aquellos sujetos con cierto tipo de vulnerabilidad aumen-
tarían su ingesta de alimentos en condiciones de estrés. En
este contexto se han estudiado dos poblaciones de sujetos
vulnerables a desinhibir su alimentación debido a estímulos
estresores (Greeno & Wing, 1994); personas con obesidad y
personas que restringen su alimentación crónicamente. Fue
el estudio psicológico de la obesidad el que dio origen, bajo
la tradición psicoanalítica, a la investigación que relaciona
la alimentación con el estrés. En ese contexto, se desarro-
llaron varias teorías que intentaban explicar los cambios
alimenticios asociados al estrés. La Teoría Psicosomática
(Kapplan & Kaplan, 1957; Bruch, 1961), sostenía que las
personas obesas eran incapaces de distinguir entre ansie-
dad y hambre. De esta manera, algunos sujetos tenderían
a responder frente a la ansiedad como si experimentaran
hambre, esto es, comiendo. En el largo plazo, o debido a
estresores crónicos, esta condición favorecería el desarrollo
de sobrepeso u obesidad. Schachter y sus colaboradores
(e.g. Schachter, Goldman y Gordon, 1968), los precursores
de la Teoría Externa/Interna de la obesidad, sostienen que
determinadas contracciones gástricas se etiquetan, a través
de aprendizaje asociativo, como “hambre". Sin embargo,
las personas obesas no habrían desarrollado dicho apren-
dizaje, utilizando claves externas (estímulos ambientales)
y no internas (contracciones gástricas), para controlar su
conducta alimenticia. Este comportamiento llevaría a estos
sujetos al sobrepeso y la obesidad. De hecho fueron Scha-
chter y colaboradores los primeros en realizar un estudio
experimental en humanos, sobre la in. uencia del estrés en
la alimentación (Greeno & Wing, 1994). En dicho estudio
entregaron la primera evidencia experimental para el MDI,
al mostrar que los obesos comían independientemente de
su estado fi siológico de saciedad.
Por otro lado, el MDI ha sido explorado en otro grupo
de personas identifi cables; aquellas que restringen su ali-
mentación crónicamente. Dicha población es el objeto de la
siguiente revisión, la cual está subdividida en dos partes. En
la primera de ellas, el presente artículo, se revisa exhausti-
vamente la evidencia teórica y experimental respecto de la
restricción crónica de la alimentación, sus características
conductuales, el rol de las emociones en la sobrealimen-
tación, la fi siología metabólica y endocrina asociada, con-
cluyendo con algunas controversias y futuros desarrollos
en este campo de investigación. En la segunda parte (Silva,
aceptado), se analiza este patrón conductual bajo un modelo
de la neurociencia afectiva, enfatizando la evidencia experi-
mental derivada del trabajo de investigación de mis colegas
y yo durante los últimos 8 años. Se concluye esbozando un
marco de referencia para el tratamiento psicoterapéutico de
la restricción alimenticia crónica.
Los dietantes crónicos
Existe un grupo específi co de individuos que por sus
hábitos alimenticios han sido denominados comedores
refrenados (restrained eaters; Herman & Polivy, 1980)
o dietantes crónicos (Silva, 2005a). Estas personas se ca-
racterizan por experimentar un temor exacerbado a ganar
peso, restringiendo su alimentación por medio de dietas
(Herman & Polivy, 1980). Paradójicamente, bajo ciertas
condiciones estos individuos aumentan sus niveles de in-
gesta, sobrealimentándose (Baucon & Aiken, 1981; Polivy
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PARTE I: EVIDENCIA CONDUCTUAL, AFECTIVA, METABÓLICA Y ENDOCRINA
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& Herman, 1985; Heatherton, Herman & Polivy, 1992;
Polivy & Herman, 1999; Sheppard-Sawyer, McNally &
Fischer, 2000; Tanofsky-Kraff, Wil. ey & Spurrell, 2000).
Así, se ha observado desinhibición alimenticia en dietantes
crónicos expuestos a inducciones de ánimo negativo y po-
sitivo (Schotte, Cools & McNally, 1990; Cools, Schotte &
McNally 1992), inducciones de amenaza/estrés (Heatherton
et al., 1991; Herman & Polivy, 1975; Polivy et al., 1994),
tareas cognitivas demandantes de atención (Ward & Mann,
2000), la escucha pasiva de música (Bellisle & Dalix, 2001),
consumo de alcohol (Polivy & Herman, 1976), el pensar
en comida (Fedoroff et al., 1997), el aroma de comida (Fe-
doroff, Polivy & Herman, 1997; Jansen & van den Hout,
1991; Rogers & Hill, 1989), el consumo de alimentos
calóricos (Herman & Mack, 1975; Jansen, Merckelbach,
Oosterlaan, Tuiten & van den Hout, 1988; Oliver, Wardle
& Gibson, 2000), o aquellos “percibidos" como calóricos
(Polivy, 1976; Spencer & Fremouw, 1979), y cuando son
expuestos a anuncios comerciales de dietas (Strauss, Doyle
& Kreipe, 1994).
Si bien la restricción crónica de la alimentación no re-
presenta un trastorno psicopatológico (al menos reconocido
como tal en los manuales de diagnóstico tradicionales),
es un factor de riesgo importante para el desarrollo de
los desórdenes de la alimentación (Jacobi, Hayward, de
Zwaan, Kraemer & Agras, 2004; Keel, Heatherton, Baxter
& Joiner, 2007), y también de la obesidad (Jebb, 1997).
Por ejemplo, contrario a la que podría esperarse, la restric-
ción alimenticia crónica predice el aumento de peso de los
individuos involucrados (French, Jeffrey & Wing, 1994;
Stice et al., 1999).
La investigación empírica de los dietantes crónicos
(DC), comenzó con Herman y Mark (1975), quienes inten-
taban identifi car patrones de ingesta alterados en personas
de peso normal. Debido a su interés en la obesidad, dichos
investigadores se preguntaron cómo un individuo de peso
normal con un patrón de ingesta alterado (similar al de un
obeso) controlaba su conducta alimentaria para no aumentar
ostensiblemente de peso. Para evaluar esto diseñaron la
Escala de Restricción (ER), la cual indagaba acerca de la
preocupación acerca del peso, las variaciones de éste y la
evidencia de dieta. En base a los puntajes de la ER se dife-
renció entre dos clases de individuos; aquellos que prestaban
mucha atención a la alimentación, variaban mucho su peso
y/o que generalmente hacían dieta (Dietantes Crónicos; DC)
y aquellos que no tenían ninguna de tales características (No
dietantes; NDC). Paralelamente, se desarrolló paradigma
experimental en donde podía observarse el comportamiento
de sujetos enfrentados a un cambio signifi cativo en su ali-
mentación (específi camente un exceso de ésta). Este para-
digma involucraba el siguiente procedimiento: Se invitaba
a los participantes a un experimento de la “percepción del
sabor". Luego en la llamada fase de “aperitivo" fueron so-
metidos a una de tres condiciones posibles; “sin aperitivo"
donde no se entregó comida, “1 aperitivo" donde se debía
consumir un chocolate de 7.5 oz o una leche batida de vai-
nilla, fi nalmente en la condición “2 aperitivos" se duplicaba
la ingesta de la condición “1 aperitivo". Posteriormente, a
todos los sujetos se les pidió que evaluaran el sabor de tres
tipos de helado (fase de consumo). En esta fase se dejó
solos a los sujetos con sufi ciente helado, el cual se retiraba
después de 10 minutos y se pesaba para verifi car cuánto
había consumido cada participante.
Los autores supusieron que las personas sometidas a
sobrealimentación (aperitivos) debían compensar la sobre-
ingesta, disminuyendo progresivamente el consumo de
helado en la última fase del experimento. Adicionalmente,
Herman y Mark hipotetizaron que, dado el patrón obeso de
alimentación de los DC, estos no serían capaces de com-
pensar el consumo frente al aumento obligado de ingesta.
Los resultados fueron en parte inesperados. A partir de
las hipótesis se presumía que los NDC compensarían, es
decir que a mayor “aperitivo" habría menos consumo en la
prueba fi nal, lo cual efectivamente ocurrió. Sin embargo, el
grupo de los DC tuvo una respuesta sorprendente, alterando
dramáticamente su consumo dependiendo del “aperitivo".
En cierto sentido, en vez de regular, “contra-regularon" su
ingesta (ver Figura 1). Esta fue la primera evidencia expe-
rimental que los DC bajo ciertas condiciones desinhibían
dramáticamente su conducta alimentaria.
Figura 1
Efecto de “contra-regulación", descrito originalmente por Her-
man y Mark (1975). El consumo previo de alimentos, en vez
de disminuir la cantidad de helado probado durante la fase de
“percepción del sabor", genera un patrón de sobre-ingesta. Los
datos corresponden a un estudio piloto (Silva, 2001).
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº2, 141-154
A partir de esta observación preliminar, utilizando una
escala revisada (Revised Restrained Scale
1-2
, Herman &
Polivy, 1980), numerosas investigaciones se han llevado a
cabo en relación con este patrón alterado de ingesta. De las
condiciones más comunes que favorecen la desinhibición
alimenticia (ver Ruderman, 1986), una de las que mayor
atención recibe de parte de los estudiosos del comporta-
miento son los estados emocionales intensos. De hecho
los DC frecuentemente son descritos como comedores
emocionales (Van Strien, 1997).
Emociones y alimentación:
La expresión de diferencias individuales en la
alimentación.
Tal como se describirá, la relación entre emociones y
alimentación no es simple: por un lado, los estados emo-
cionales y de ánimo pueden in. uir la conducta alimenticia,
por otro lado, la alimentación puede modifi car las emocio-
nes y estados de ánimo (Gibson, 2006)
3
. De este modo,
la in. uencia de la emoción sobre la alimentación incluye
la desinhibición o restricción alimenticia, mientras que el
alimento tiene un efecto de modulación sobre los estados
afectivos.
Según el investigador Michael Macht (en prensa), la
participación de las emociones en la alimentación deben
entenderse mediante un modelo de cinco vías. Específi ca-
mente, el rol de las emociones en la alimentación se expre-
saría en una o más de las siguientes facetas; a) el control de
la elección de alimentos depende de emociones inducidas
por el alimento; b) las emociones intensas suprimen la in-
1
Los análisis factoriales de la Escala de Restricción han obtenido una
solución de dos factores (Herman & Mack, 1975). Dicha estructura
bifactorial se observa consistentemente en numerosos estudios. Indivi-
dualmente estos factores recibieron las denominaciones de “Preocupa-
ción por la Dieta" (PD) y “Fluctuación de Peso" (FP). Existe sufi ciente
evidencia a favor de la dependencia estadística (no ortogonalidad)
de los factores PD y FP. Ello ha sido interpretado como el re. ejo del
comportamiento psicométrico de un constructo unitario (Restricción
Alimenticia), derivado de dos componentes estadística y conceptual-
mente relacionados (para una revisión ver Heatherton, Herman, Polivy,
King, & McGree,1988 y, para un punto de vista alternativo, van Strien,
1999). Se han propuesto otras estructuras factoriales para entender
el constructo de restricción alimenticia, incluso utilizando la misma
escala de restricción. Por ejemplo, Van Strien et al. (2007) sostienen
que los factores que derivan del constructo son “sobrealimentación",
“dieta/restricción alimenticia" y “búsqueda de la delgadez e insatis-
facción con el cuerpo". Por otro lado, a partir de otros instrumentos se
ha argumentado que el concepto de restricción tendría una estructura
factorial distinta a la original. Por ejemplo, Lowe (1993) plantea una
estructura trifactorial donde destaca “dieta en curso", “frecuencia de
dieta y sobrealimentación" y “supresión del peso".
2
La versión en español de la escala (Silva, 2002) mostró niveles de
fi abilidad y de validez ajustados (ver Silva et al. 2007).
3
Algunos investigadores han explorado el efecto de algunos contenidos
alimenticios -carbohidratos- sobre los estados de ánimo (ver para una
revisión Benton, 2002).
gesta de alimento; c) las emociones positivas y negativas
difi cultan el control cognitivo de la conducta alimenticia;
d) las emociones negativas inducen la alimentación para
regular dichas emociones y; e) las emociones modulan la
alimentación en congruencia con la experiencia emocional
en curso. En este contexto, las diferencias individuales ten-
drían un papel fundamental en la modulación de los puntos
“c" y “d", y por lo tanto en dicho nivel sería válido el MDI.
Efectivamente, tal como se describirá a continuación se ha
reportado, bajo múltiples manipulaciones experimentales,
que ciertos estados emocionales favorecen la alimentación
en DC pero no en personas NDC.
Se ha observado desinhibición alimenticia bajo múl-
tiples estados afectivos. En términos didácticos podría
sostenerse que el debate se ha centrado en develar; a) cuál
dimensión de la emoción (i.e. valencia, intensidad y arousal)
es el aspecto más in. uyente como fuente de desinhibición
y; b) qué emoción en particular explica las alteraciones
de la alimentación observadas en los DC.
4
Los estados de
ánimo y las emociones parecen jugar un rol importante en el
consumo de alimentos en personas normales. Por ejemplo,
diversos estudios muestran que normalmente un individuo
disminuye su conducta alimenticia cuando experimentan
emociones negativas (Schotte, Cools & McNally, 1990;
Cools, Schotte & McNally, 1992; Sheppard-Sawyer, Mc-
Nally & Fischer, 2000). Sin embargo, para los DC las con-
diciones emocionales ejercen una in. uencia signifi cativa en
el nivel de consumo de alimento (Polivy & Herman, 2002) y
el tipo de alimento seleccionado (alimentos hipercalóricos;
Oliver, Wardle & Gibson, 2000).
Se ha propuesto que el nivel de activación afectivo o
arousal, facilita la desinhibición alimentaria del DC indepen-
dientemente de la valencia emocional (positiva o negativa)
(Schotte, Cools & McNally, 1990; Cools, Schotte & McNally,
1992). En un estudio clásico, Cools et al. (1992), mediante
extractos de películas, indujeron tres tipos de estados afec-
tivos en los participantes: neutral, negativo y positivo. Los
datos develaron que, a diferencia de la condición neutra,
ambas condiciones afectivas (negativa y positiva) favorecían
la desinhibición en los DC. Así, los autores concluyen, sin
especifi car el mecanismo causal, que el arousal afectivo es
la condición que induce la desinhibición alimenticia. Sin
embargo, cierta evidencia indica que se deben dar ciertas
condiciones para que los estados emocionales efi cientemente
desencadenen la desinhibición alimentaria en DC (Heather-
ton, Herman & Polivy, 1991; Heatherton, Herman & Polivy,
1992; Sheppard-Sawyer, McNally & Fischer, 2000). Por
ejemplo, Sheppard-Sawyer et al. (2000) fallaron en replicar
parte de las observaciones de Cools et al. (1992), atribuyendo
estos hallazgos a que los estados de ánimo por sí mismos no
4
Es importante destacar que el tipo de emociones inducidas en dichos
experimentos involucraría emociones de intensidad menor, debido a las
difi cultades éticas obvias de utilizar estresores intensos en investigación
con humanos (Greeno & Wing, 1994).
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PARTE I: EVIDENCIA CONDUCTUAL, AFECTIVA, METABÓLICA Y ENDOCRINA
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son una fuente de desinhibición para los DC. De hecho, como
se explicará más adelante, existen condiciones específi cas
para que una fuente de estrés favorezca la sobrealimentación
(Heatherton, Herman & Polivy, 1992; Polivy & Herman,
1999), las cuales están asociadas principalmente a emociones
negativas y no a las positivas.
Las emociones negativas han sido frecuentemente ana-
lizadas como contextos afectivos en los cuales observar la
sobrealimentación del DC. Del repertorio emocional nega-
tivo, existe evidencia al menos para la rabia, la tristeza, el
miedo y la ansiedad
5
. Es interesante notar que, a diferencia
de lo esperado inicialmente, el efecto de esas emociones
en la alimentación está mediado por variables cognitivas,
cuyo impacto se observa particularmente en la ansiedad.
Schotte et al. (1990), utilizando películas como inductores
emocionales, encontraron que los DC aumentaban su in-
gesta cuando experimentaban temor, rabia y ansiedad. Sin
embargo, el incremento de alimento en los DC fue mayor
durante la ansiedad. Cools et al. (1992) también reportan
exceso de alimentación en DC durante la observación de pe-
lículas atemorizantes. Así mismo, utilizando procedimientos
experimentales similares a los anteriores, Sheppard-Sawyer,
McNally y Fischer (2000), intentaron desinhibir alimenta-
riamente a los DC utilizando un inductor de tristeza. Sin
embargo, el aumento de consumo no fue signifi cativo.
Los hallazgos anteriores contrastan con la capacidad de
la ansiedad para generar sobrealimentación, una observa-
ción de larga data (Kaplan & Kaplan, 1957). En relación
con la ansiedad se ha encontrado, específi camente, que el
consumo incrementado de los DC es especialmente pronun-
ciado cuando una fuente anticipada de estrés amenaza a la
identidad personal (o self) y la auto-estima (Heatherton &
Baunmeister, 1991; Heatherton, Herman & Polivy, 1991;
Polivy & Herman, 1999). Los estudios de laboratorio han
develado que cuando la experiencia de ansiedad se relacio-
na con la auto-imagen, los niveles de sobrealimentación
aumentan ostensiblemente.
Probablemente los estudios de Heatherton, Herman y
Polivy (1991) pueden considerarse las primeras pruebas
experimentales donde se verifi có confi ablemente un rol de
la amenaza de la identidad personal en la sobrealimentación
del DC. En un interesante diseño experimental sometieron
a los participantes a tres condiciones experimentales; 1)
una condición de amenaza física, donde a los sujetos se les
explicó que por cada falla en una tarea recibirían un pequeño
choque eléctrico; 2) una condición de fracaso, donde los
sujetos debían resolver una tarea imposible y, fi nalmente;
3) una condición de amenaza anticipada de la auto-imagen,
donde los participantes recibieron instrucciones de preparar-
se para dar un discurso público en el cual serían evaluados
en su . uidez y articulación verbal. Los datos observados
5
Existen reportes del efecto de estas emociones en la alimentación en
personas normales, por ejemplo ver Macht (1999).
muestran que los DC sólo en condiciones de amenaza de
la auto-imagen (condiciones 2 y 3) incrementan signifi -
cativamente sus niveles de ingesta. Más aún, los autores
utilizando una medida de auto-estima mostraron que existe
una interesante interacción entre la restricción y la ansiedad,
que es moderada por la auto-estima. Específi camente, los
DC se sobrealimentan cuando perciben una amenazada
de su auto-imagen, especialmente cuando experimentan
niveles disminuidos de auto-estima. Dicha observación es
congruente con estudios previos del mismo grupo de investi-
gación (Polivy, Heatherton & Herman, 1988), donde en una
situación experimental que favorece la sobrealimentación
(en este caso el consumo de comida prohibida) se observa
que el patrón alimenticio alterado del DC se exacerba en
condiciones de baja auto-estima.
Heatherton, Striepe y Wittenberg (1998), consignaron
información congruente con los planteamientos antes des-
critos. A través de los tres estudios presentados en su reporte,
los autores entregan evidencia experimental acerca de las
condiciones en que los DC aumentan su consumo alimen-
ticio. Específi camente, los autores sostienen que, cuando la
disforia es relevante para la auto-imagen o identidad, los DC
presentan difi cultades en su auto-regulación, en particular
en la ingesta de alimentos. En este sentido, la ansiedad es un
importante inductor de desinhibición en los DC, siempre y
cuando sea relevante para el auto-concepto del individuo.
De esta manera, la combinación de la ansiedad y la
amenaza de la identidad es el ingrediente fundamental que
genera la sobre-ingesta en los DC
6
. Consecuentemente, el
rol del self o identidad se ha destacado en el debate teórico
en torno a los DC. Se han ofrecido diversas hipótesis res-
pecto de este proceso, donde las hipótesis que involucran a
la identidad han recibido mayor respaldo de los hallazgos
empíricos (Polivy & Herman; 1999). A continuación se des-
cribirán los modelos explicativos de la conducta alimentaria
alterada de los DC, destacando aquellos que incluyen el self
en su conceptualización.
Hipótesis de la conducta alimenticia de los DC.
Se han propuesto varios modelos explicativos de la con-
ducta alimenticia del DC, especialmente de la combinación
particular de restricción/sobrealimentación. Entre las expli-
caciones que mayor atención científi ca e investigación han
generado se encuentra la hipótesis de confort psicosomático
(Kaplan & Kaplan, 1957; McKenna, 1972; Slochower,
1983), la hipótesis de la distractibilidad (Herman & Polivy,
1975), la hipótesis de enmascaramiento (Herman & Polivy,
1988; Polivy & Herman; 1999) y los modelos asociados al
6
Aunque existe debate al respecto, ver Schotte (1992), y para una replica
ver Heatherton, Herman & Polivy (1992). Para una perspectiva actual
ver el agudo análisis de Lowe & Kral (2006).
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self en general (Heatherton & Baumeister 1991; Polivy &
Herman; 1999; Wallis & Hetherington, 2004).
La hipótesis del confort psicosomático plantea que los
dietantes calman o disminuyen la experiencia de ansiedad
mediante la comida. Por ello, en condiciones de ansiedad
estos sujetos tenderían a aumentar sus niveles de ingesta.
Según esta aproximación la comida cumpliría una función
ansiolítica que permitiría a los DC controlar estos senti-
mientos. En este contexto se asume que los sujetos NDC no
obtendrían este benefi cio del alimento, es decir, en ellos el
estrés tendría el efecto de activación autonómica supresora
del apetito.
La hipótesis de distracción se semeja a la anterior al
sugerir que los DC utilizarían el alimento para distraerse
de las emociones negativas o, en palabras de Herman y
Polivy (1988), “de las preocupaciones". En este sentido el
alimento y su consumo permitirían al individuo focalizar
su atención fuera de los contenidos mentales amenazantes
asociados a la ansiedad, al menos durante el periodo de
tiempo que implica el consumo. Así, a mayor necesidad
de distraerse de la experiencia de ansiedad, durante mayor
tiempo se requerirá consumir alimento, aumentando la
ingesta y generando la sobrealimentación.
Tanto la hipótesis de confort psicosomático como la
de distracción no le atribuyen un rol signifi cativo al self o
identidad, al menos no explícitamente. Sin embargo, como
se verá más adelante, la evidencia empírica aportada por
estudios conductuales concuerda preferentemente con los
paradigmas que utilizan al self como elemento central en
la formulación de un mecanismo explicativo de la sobrea-
limentación del DC (Polivy, Herman & McFarlane, 1994;
Polivy & Herman; 1999).
Los modelos centrados en el self o la identidad han
propuesto que la sobrealimentación es una forma de regu-
lación de los afectos asociados a una auto-imagen negativa,
mediante un cambio en el foco de atención (esto último con
matices según cada aproximación). Destacan en este ámbito
las propuestas de Heatherton y Baumeister (1991), Polivy
y Herman (1999) y Wallis y Hetherington (2004).
Heatherton y Baumeister (1991) argumenta que los DC
presentarían un mecanismo de restricción de la atención
debido a las emociones negativas asociadas a una imagen
negativa de sí mismos, especialmente de su apariencia
física. Específi camente, el DC bajo dichos estados emo-
cionales, focalizaría su atención en aspectos inmediatos
de las situación, dejando sin monitorización cognitiva los
planes de largo plazo asociados a su conducta. Este escape
de autoconciencia negativa ayuda a los dietantes a “olvidar"
momentáneamente su imagen negativa pero debilitaría la
inhibición que generalmente los restringe (Heatherton,
Striepe & Wittenberg, 1998).
Polivy y Herman (1999) plantean una idea algo similar
aunque enfatizan el hecho de que los DC atribuyen erró-
neamente la ansiedad relacionada con la amenaza de la
autoestima y es reinterpretada como angustia por haber roto
la dieta. La ansiedad estaría aún presente pero reinterpretada
de una manera preferible; de una situación vivida como sin
control a una situación potencialmente controlable (“maña-
na empiezo la dieta"). Por esta razón, estos autores afi rman
que el quiebre de restricción alimenticia es una forma de
“enmascarar" la ansiedad y la amenaza al self.
En un estudio reciente, Wallis y Hetherington (2004) su-
gieren que la amenaza de la identidad “difi culta el monitoreo
de la restricción alimenticia en la medida que los recursos
cognitivos deben focalizarse en una tarea demandante de
atención" (p. 45). Específi camente, la focalización del
DC en la situación inmediata disminuiría sus habilidades
cognitivas, debilitando la regulación alimentaria de largo
plazo. Congruentemente, estos autores postulan que la so-
brealimentación de los DC es consecuencia de la regulación
afectiva a través de la modulación de la auto-imagen, lo cual
resulta en el debilitamiento de procesos cognitivos necesa-
rios para el control inhibitorio de la alimentación.
Si bien existen múltiples estudios que intentan avalar de
forma individual cada uno de los modelos presentados ante-
riormente, muy pocos los han sometido a prueba comparati-
vamente. En una in. uyente investigación Polivy, Herman y
McFarlane (1994) indagaron el efecto de la palatabilidad del
alimento en el nivel de consumo de DC sometidos a un estrés
sobre la auto-imagen. Al tiempo que evaluaron el efecto del
sabor de la comida sobre el consumo (buen sabor versus mal
sabor), los autores midieron con auto-reportes; a) el nivel de
ansiedad previo y posterior a la ingesta de alimento, y b) el
nivel de auto-estima de los participantes.
Como primer hallazgo, y de notable interés para este
campo de estudio, se observó que un mal sabor de alimento
no reduce la alimentación en los DC que experimentan
ansiedad. En segundo lugar, y en clara contraposición con
las hipótesis que pueden derivarse de la teoría del confort
psicosomático, el alimento consumido por los dietantes
ansiosos no tuvo el efecto reductor de dicho estado emocio-
nal. Tanto el alimento de buen sabor como el de mal sabor
fueron incapaces de modular signifi cativamente el estado
emocional de ansiedad de los DC. Finalmente, en acuerdo
con las hipótesis del self, se observó un interesante efecto
en la auto-estima asociada a la apariencia física de los DC,
la cual disminuyó luego de la amenaza de la identidad.
En otras palabras, los DC al enfrentar una situación que
amenaza la auto-imagen, diminuyen la autovaloración de
su apariencia física.
Por otro lado, Polivy y Herman (1999) compararon
experimentalmente, y en un único estudio, las hipótesis
derivadas del modelo de confort psicosomático, de la dis-
tracción y del enmascaramiento. En dicha investigación
se observó el efecto de la disponibilidad de alimento (ad
libitum y restringida) y la de inducción de ánimo negativo
(sin inducción, inducción sin etiquetar e inducción con
etiqueta) en diferentes medias (auto-imagen, emociones,
147
SOBREALIMENTACIÓN INDUCIDA POR LA ANSIEDAD.
PARTE I: EVIDENCIA CONDUCTUAL, AFECTIVA, METABÓLICA Y ENDOCRINA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº2, 141-154
consumo alimenticio, etc.) para sujetos DC y NDC. La
inducción de ánimo consistió en pedirle a los sujetos que
contestaran unos anagramas -irresolubles- con el objeto de
aportar a un estudio piloto sin mucha importancia (condi-
ción sin inducción) o para medir las capacidades cognitivas
del participante (inducción de ansiedad asociada al fracaso).
Esta última fase era seguida de o una retroalimentación del
investigador: “te debes sentir muy mal por haber fracasado
en los anagramas" (inducción etiquetada), o sencillamente
el experimentador continuaba con el procedimiento (induc-
ción sin etiquetar). Se incluyó la “etiqueta" de la activación
emocional debido a que estudios previos (e.g. Slochower,
1976), habían demostrado que las condiciones emocionales
negativas in. uían la alimentación en obesos signifi cativa-
mente más cuando eran emociones no etiquetadas.
Los resultados confi rmaron en parte la hipótesis de
enmascaramiento y la de distracción. En efecto, tal como
predice la hipótesis de enmascaramiento los sujetos DC se
mostraron proclives a atribuir al consumo de alimento sus
sentimientos negativos, siendo así su conducta alimenticia la
explicación (enmascaramiento) de su emociones negativas
inducidas por el fracaso en la tarea. Por otro lado, la teoría
de la distracción fue confi rmada parcialmente por el reporte
de algunos sujetos que explicaron su sobrealimentación por
su deseo de distraerse de la ansiedad asociada al fracaso. En
este punto, Polivy y Herman (1999) plantean un interesante
punto de vista: Probablemente el enmascaramiento es una
forma de distracción, es decir cuando el DC intenta distraer-
se de sus sentimientos de fracaso sobrealimentándose, la
re-atribución del fracaso en la tarea al haber roto la dieta,
complementaría el mecanismo regulador.
La hipótesis de confort nuevamente no recibió apoyo,
ya que los DC no cambiaban su estado emocional negativo
(etiquetado o no etiquetado) después de el consumo (res-
tringido o no). Tampoco se replicó la observación de un
aumento del consumo de alimento en DC durante emociones
no etiquetadas
7
.
7
Sin embargo, desde el punto de vista metodológico, el trabajo de
Slochower (1976) utilizó un procedimiento más adecuado para ma-
nipular el nivel de etiquetamiento de una experiencia psicosomática.
Efectivamente Slochower condujo su estudio entregándole un feedback
psicosomático (amplifi cación del latido cardiaco del sujeto por audí-
fonos) el cual fue artifi cialmente alterado, generando ya sea un latido
cardíaco acelerado o uno lentifi cado. La investigadora encontró que
cuando el latido acelerado le era explicado al sujeto como un problema
del equipo de amplifi cación el consumo disminuía. Sin embargo, cuando
no existía esta explicación los obesos aumentaban su consumo en con-
diciones de latido acelerado, en contraposición al latido lentifi cado. Así,
Slochower concluye que el arousal o activación no explicada facilita
la sobrealimentación del obeso. Por ende la observación de Polivy &
Herman (1999) probablemente es más un re. ejo de un problema en
la manipulación de la variable independiente (etiqueta de un estado
psicosomático), que la inocuidad de ésta (puede argumentarse lo mismo
para el problema similar experimentado por Heatherton, Striepe, &
Wittenberg, 1998). Efectivamente, el procedimiento de estos autores no
garantiza que el sujeto dirija su atención a un aspecto de su experiencia
psicosomática.
En conjunto estos estudios muestran que los dietantes
crónicos requieren modular sus estados afectivos negativos
asociados a la amenaza de la auto-imagen, enmascaran-
do/distrayendo el origen de la ansiedad con la atribución
de esos estados negativos al rompimiento de la dieta. Sin
embargo, este mecanismo no tendría como resultado la
eliminación de la experiencia emocional negativa sino
que probablemente modifi ca la sensación de control sobre
el evento adverso, de ser una situación incontrolable (el
fracaso) a una controlable (dieta) (Baumeister, 1991). Para
un resumen esquemático y didáctico de los modelos teóricos
presentados ver Figura 2.
Figura 2
Los dietantes crónicos aumentan sus niveles de ingesta bajo
condiciones de estrés. Las hipótesis que explican este fenómeno
no se su stent an del to do emp ír icamen te. En l a f ig ur a 2, segú n el
tamaño del cono, se representan didácticamente las diferencias
en la magnitud del apoyo empírico recibido.
Fisiológica metabólica y endocrina en dietantes
crónicos: hacia un mecanismo común del desarrollo
de obesidad
Paralelo a los estudios conductuales y de campo, existe
una nutrida literatura científi ca concerniente a las diferen-
cias de la fi siología metabólica y endocrina entre DC y
NDC. En su conjunto estos estudios sugieren la existencia
148
JAIME R. SILVA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº2, 141-154
de diferencias en alguno de esos parámetros que favorece-
rían el aumento de peso en DC (Lowe & Kral, 2006), que
posiblemente deriva de una exposición crónica al estrés.
En otras palabras, los DC serían sujetos fi siológicamente
vulnerables a desarrollar obesidad, condición que podría
tener su origen en un desorden metabólico relacionado al
estrés. Sin embargo, la evidencia dista de ser concluyente
y además no implica una relación causal: Las alteraciones
fi siológicas resultado de los patrones de alimentación de
los DC podrían modifi car el metabolismo permanentemente
(Grengrass et al. 2000), por lo que el mecanismo causal
de esta alteración es aún desconocido. Aun así, como se
expondrá en esta sección, la evidencia respecto del cortisol
en DC y los modelos que explican su rol en el metabolismo,
permiten sugerir la existencia de estadios para el desarrollo
de obesidad a partir de esta condición.
Las necesidades metabólicas de un individuo se evalúan
a través de medidas de gasto energético (ver para una re-
visión Levine, 2005). Existen tres componentes del gasto
energético que han sido extensivamente investigados: La
tasa metabólica basal, la termogénesis inducida por la dieta
y la termogénesis asociada a la actividad física. El reque-
rimiento energético de un individuo re. eja la suma de los
componentes mencionados, medida que recibe el nombre
de gasto energético total.
Respecto de la tasa de gasto metabólico en reposo
existen reportes mixtos. Por ejemplo, Platte et al. (1996),
en una muestra de 24 sujetos (12 DC y 12 NDC, según el
Three Factor Eating Questionnaire), encontraron niveles
disminuidos de este índice en DC. Otros estudios (Bathalon
et al. 2001; Keim & Horn, 2004; Beiseigel & Nickols-Ri-
chardson, 2004), no encontraron diferencias signifi cativas
entre DC y NDC, en esta medida. Sin embargo, dichos
estudios han utilizado auto-reportes de restricción alimen-
ticia no equivalentes.
La termogénesis inducida por la dieta es un fenómeno
que también ha develado resultados mixtos. Por ejemplo,
dos estudios del grupo de investigación de Westerterp-Plan-
tenga (Westerterp-Plantenga, Wouters & Ten Hoor, 1990;
Westerterp-Plantenga, Van den Heuvel, Wouters & Ten
Hoor, 1992) reportan una relación inversa entre el nivel de
restricción y la termogénesis postprandial (para una revisión
ver Westerterp-Plantenga, 2000). Por otro lado, Platte et al.
(1996), no encontró diferencias signifi cativas entre DC y
NDC en esta medida.
Si bien existen escasos reportes de la termogénesis
inducida por la actividad física en dietantes crónicos
(e.g.,Yerboeket-van de Venne & Westerterp, 1996), la propia
actividad física no ha mostrado grandes diferencias entre
sujetos DC y NDC. Por ejemplo, Bathalon et al. (2001)
encontró pequeñas diferencias entre tales grupos de indi-
viduos. Así mismo, Mulvihill, Davies y Rogers (2002), no
encontraron diferencias en la actividad física en un grupo
de mujeres restrictivas.
Debido a la mixtura de resultados en el ámbito descrito,
es difícil reducir la información científi ca disponible a con-
clusiones relativamente consistentes. Tal como se describió,
existe evidencia a favor y en contra de diferencias en los
variados parámetros asociados al metabolismo alimenticio
entre DC y NDC. En este contexto no debiera perderse
de vista que la mayoría de los estudios han verifi cado la
presencia o la ausencia de tales diferencias sin controlar
estadísticamente el aporte calórico de los alimentos con-
sumidos. En este sentido, el reporte de Yerboeket-van de
Venne y Westerterp (1996), representa un interesante punto
de vista alternativo. En su estudio, si bien fallaron en des-
cribir diferencias metabólicas entre DC y NDC, mostraron
que dentro del grupo de DC se observan variaciones del
gasto metabólico según el tipo de dieta, siendo éste menor
para dietas con alto porcentaje de energía asociada a la
grasa (50%).
Por otro lado, desde el punto de vista neuroendocrino
existe evidencia más consistente (Lowe & Kral, 2006), que
muestra un perfi l que favorece el aumento de peso en DC.
Dicha evidencia debe ser interpretada a la luz de los modelos
actuales de la relación entre el estrés y alimentación (ver
Adam & Epel, 2007; Gluck, 2005; Dallman et al., 2003;
Dallman et al., 2007), ya que podría re. ejar un complejo
desbalance de los parámetros endocrinos que controlan la
conducta alimenticia (i.e. glucocorticoides, leptina, insulina,
entre otros), derivado de la exposición crónica al estrés.
Tanto von Prittwitz et al. (1997), como Laessle et al.
(2000), reportaron niveles disminuidos de leptina en DC.
Dicha hormona, que participa de la regulación del peso
corporal, el metabolismo y la función de reproducción, en
niveles incrementados diminuye el peso corporal a través
de una cascada de procesos que disminuyen el apetito (y
por ende el consumo de alimento) y aumentan el gasto
energético del organismo (Friedman & Halaas, 1998). Por
otra parte, Teff y Engelman (1996) encontraron una corre-
lación directa entre el nivel de restricción alimenticia y los
niveles de insulina liberada (fase cefálica), en presencia de
alimento. Sin embargo, Crystal y Teff (2006) en condiciones
más controladas fallaron en generar tal relación, cuestio-
nando las observaciones previas. Gringras et al. (2000), en
una línea similar, realizaron una distinción interesante: En
su estudio diferenciaron a DC con niveles bajos y altos de
gasto energético en reposo, lo cual al considerar los niveles
de insulina mostró diferencias de grupo pero dentro del
rango de normalidad. Por otro lado, Conus et al. (2004) y
Keim y Horn (2004), sugieren que el nivel de restricción
alimenticia predice mayor sensibilidad a la insulina. Según
estos últimos autores, la mayor oxidación de carbohidratos
postprandial encontrada en DC, se explicaría por aquella
sensibilidad.
Finalmente, existe un interesante cúmulo de estudios
que sugiere que en los DC existirían niveles anormalmente
elevados de cortisol (Anderson, Shapiro, Lundgren, Spataro
149
SOBREALIMENTACIÓN INDUCIDA POR LA ANSIEDAD.
PARTE I: EVIDENCIA CONDUCTUAL, AFECTIVA, METABÓLICA Y ENDOCRINA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº2, 141-154
& Fryey, 2002; Maclean & Barr, 2003; Rideout, Linden
& Barr, 2006). Estas observaciones serían válidas para el
cortisol en saliva (Anderson et al., 2002) y urinario (Ma-
clean & Barr, 2003), en medidas matinales y de 24 hras,
respectivamente. El cortisol es una hormona que juega
un importante papel en la respuesta fi siológica al estrés,
incluyendo un rol modulador del metabolismo.
En los últimos años se han realizado una serie de ha-
llazgos que indican que el cortisol afectaría de un modo
complejo al metabolismo. En circunstancias normales, los
glucocorticoides y la insulina tienen un efecto antagonista
en el metabolismo periférico, sin embargo existe cada vez
más evidencia que el cortisol asociado a estrés crónico
tiene efectos metabólicos adversos, generando resistencia
a la insulina, la leptina y por consiguiente favoreciendo la
obesidad abdominal (ver Adam & Epel, 2007). El grupo de
investigación de Dallman (ver Dallman et al. 2003) ha desa-
rrollado un modelo en donde la adversidad crónica genera
una red de respuestas asociadas al estrés que incrementan
la grasa abdominal. Esto último sería el proceso clave para
el desarrollo del síndrome metabólico (Kirou et al. 2006).
Diversos investigadores, sostienen que los mecanismos
in. amatorios y neuroendocrinos derivados de la obesidad
abdominal son el problema principal del cual derivan el
conjunto de alteraciones asociadas al espectro completo
de este síndrome, siendo el estrés crónico un instigador del
proceso (Pasquali, Vicennati, Cacciari & Pagotto, 2006).
En este contexto, no es del todo arriesgado plantear la
posibilidad de que la restricción alimenticia y sus poten-
ciales consecuencias (especialmente en condiciones de
estrés crónico) conformen una sucesión de estadios hacia
el desarrollo de la obesidad (ver Figura 3).
Al parecer los fenómenos psiconeuroendocrinológicos
que se originan a partir del estrés crónico, y que se encuen-
tran acentuados especialmente en personas crónicamente
restringidas en su alimentación, favorecen el desarrollo
progresivo de aumento de peso (obesidad central) y las
consecuencias sistémicas asociadas. En este punto, es
interesante destacar el hallazgo de Putterman y Linden
(2006). En su estudio encontraron que la “preocupación
por la apariencia" era el mejor predictor de los niveles de
cortisol de los DC, mientras que el “estrés percibido" es-
Figura 3
La restricción alimenticia como mecanismo de regulación afectivo podría dar lugar a una cascada de condiciones
derivadas de los intentos del individuo por enfrentar el estrés crónico. Las consecuencias neuroendocrinas del estrés
inducen el aumento de peso y la acumulación de grasa abdominal, favoreciendo el desarrollo de estadios hacia la obe-
sidad. La llamada “obesidad metabólica" (Ruderman, Schneider & Berchtold, 1981) y el síndrome metabólico serían
parte de dicha senda. El cono representa el índice de masa corporal. Ri=Resistencia a la insulina; Dlp=Dislipidemia;
Hp=Hipertensión.
150
JAIME R. SILVA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº2, 141-154
tadísticamente era irrelevante. Esta observación puede ser
interpretada al menos de dos maneras en el contexto de los
argumentos presentados en este artículo: a) la preocupación
por el peso es un estresor crónico para el dietante o b) la
preocupación por la dieta cumple un rol efectivo (aunque
costoso) en el enmascaramiento del estrés experimentado
(hipótesis de enmascaramiento).
Controversias y futuros desarrollos en el estudio de
la restricción alimenticia.
El estudio de los DC no ha estado carente de contro-
versias y resultados disímiles entre los investigadores.
Una importante fuente de debates ha sido (1) el construc-
to mismo de Restricción Alimenticia y, por ende, (2) el
mejor modo de medirlo. Es una observación común que,
en los procedimientos experimentales para ocasionar la
sobre-ingesta en DC, una buena parte de los sujetos con
altos niveles de restricción no desinhiban su alimentación
(Polivy, Heatherton & Herman, 1988; Lowe, 1995). En la
medida que se ha planteado que el constructo de restricción
alimenticia involucra necesariamente la desinhibición,
aquel hallazgo resulta desafi ante para la conceptualización
original de Herman y Polivy (1980) y, en particular, respecto
al valor predictivo de la Escala de Restricción (ER) en el
nivel individual. Para algunos investigadores esto re. eja la
existencia de dos tipos de dietantes, los DC Exitosos y los
DC No Exitosos (Van Strien, 1997). Los DC exitosos serían
aquellos individuos que combinan una alta restricción con
una baja susceptibilidad a fracasar en esa restricción. Los
DC no exitosos, en cambio, combinan una alta restricción
alimenticia con una alta susceptibilidad a fallar en ella.
Lowe y Timko (2004) realizaron una crítica y distinción
similar; según estos autores se debe distinguir entre per-
sonas restrictivas “en dieta" versus personas restrictivas
que no realizan dieta. La desinhibición observada en los
diferentes reportes dependería del estatus dietético, siendo
los restrictivos sin dieta en curso aquellos vulnerables a la
sobrealimentación.
La noción derivada a partir de las conceptualizaciones
anteriores implica que habría un problema con la psico-
metría de la restricción alimenticia, ya que la ER estaría
midiendo dos constructos en vez de uno. Por ello se ha
propuesto que hay escalas, o medidas, que re. ejan mejor
el concepto de restricción per se (Van Strien, 1997; van
Strien, 1999), como el Dutch Eating Behavior Question-
naire (Van Strien, Frijters, Bergers & Defares, 1986) y el
Three-Factor Eating Questionnaire (Stunkard & Messick,
1985). De hecho en un estudio reciente (Williamson et al.
2007) reportan que el DEBQ es el mejor predictor de la
restricción calórica y la intención de realizar dieta, com-
parado con otros auto-reportes de la conducta alimenticia
incluyendo la ER.
Por otro lado, en una revisión reciente, Lowe y Kral
(2006), a partir de una serie de hallazgos concluyen que la
sobrealimentación en los DC no derivaría del estrés ni de
la restricción per se. Según estos autores hay una serie de
efectos asociados a la restricción alimenticia que no nece-
sariamente serían un efecto de dicha tendencia conductual.
Citando a Rodin (1981) sostienen que la restricción es un
“término descriptivo y no un mecanismo" (p. 18). Proba-
blemente, en este punto no exista mucha discrepancia entre
los investigadores del área, pues desde hace muchos años
se ha explicitado que la restricción alimenticia es el re. ejo
de factores ajenos al mero control del peso. Aun así, un
aspecto crítico abordado por estos investigadores es la ca-
pacidad del estrés en generar sobrealimentación en los DC.
A partir del estudio de Ward y Mann (2000) argumentan que
la demanda cognitiva de una tarea es un importante factor
en la desinhibición alimenticia que presenta el DC, lo cual
mostraría que “cada vez es más evidente que el estrés emo-
cional negativo es sólo una de las variedades de estímulos
no apetitivos que producen sobrealimentación en el DC"
(p. 20). Sin embargo, es posible plantear que independiente
que no exista “una sola causa" de la sobrealimentación (lo
cual ya había sido reconocido entre otros por Ruderman
1986), la participación del estrés resulta relevante en la
medida que dicha condición es un importante factor en el
desarrollo de trastornos psicopatológicos, incluyendo los
trastornos de alimentación y la obesidad (Silva, 2003).
Dado que en determinados momentos la alimentación es
una forma de regulación emocional (Macht, en prensa), los
desbalances afectivos jugarían un importante rol en las alte-
raciones que acompañan estas condiciones conductuales y
las diferencias en las características emocionales serían una
importante variable a considerar en este campo de estudio.
Este es un debate vigente que requiere un refi namiento de
los modelos explicativos actuales, de tal modo de incluir
delimitar correctamente el comportamiento alimentario
de los DC. Lamentablemente, algunos investigadores han
utilizado el concepto de comedor refrenado (restrained
eaters), a partir de la utilización de escalas diferentes a la
ER (por ejemplo, Ward & Mann, 2000), lo cual desde el
punto de vista psicométrico no es del todo correcto (esta-
rían midiendo constructos diferentes), generando cierta
confusión conceptual en este campo de estudio. Así mismo
la variabilidad de condiciones experimentales que se ha
utilizado para generar la desinhibición resulta inadecuada
a la hora de la interpretación equivalente de los diferentes
hallazgos reportados.
Finalmente, en el futuro el estudio científi co de los DC
debe abordar y profundizar algunos aspectos relevantes en
el contexto del marco conceptual presentado. En primer
lugar, los modelos de la restricción alimenticia crónica de-
ber orientarse hacia la búsqueda de integración explicativa
entre los distintos niveles de observación en los cuales se ha
desenvuelto el campo de estudio. Así, la evidencia conduc-
151
SOBREALIMENTACIÓN INDUCIDA POR LA ANSIEDAD.
PARTE I: EVIDENCIA CONDUCTUAL, AFECTIVA, METABÓLICA Y ENDOCRINA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº2, 141-154
tual, emocional, metabólica y endocrina debe ser sopesada
a la luz de un modelo unitario que permita comprender el
fenómeno de la conducta alimenticia y sus alteraciones
en toda su dimensión biopsicológica. En esta tarea deben
incluirse también áreas muy poco exploradas, por ejemplo,
las diferencias de género, la formas de expresión de los DC
en la infancia, la posible conformación de posibles sendas
divergentes para los trastornos alimentarios (Silva, Livacic
& Slachevsky, 2006), y de estadios para el desarrollo de la
obesidad, y la creación de técnicas psicoterapéuticas para
el abordaje de los DC en contextos clínicos.
Por último, y en concordancia con lo anterior, se requiere
de un modelo científi co que incluya el estilo afectivo, es de-
cir las diferencias individuales en la reactividad emocional
y las disposiciones anímicas (Davidson, 1998; Silva, 2003;
Silva, 2005b), en la conceptualización de la restricción ali-
menticia crónica. Si la modulación afectiva es una variable
central en el desarrollo de los patrones alimenticios y de
sobrealimentación en el DC, entonces la comprensión de
las características emocionales de los individuos involu-
crados (y no sólo las condiciones en las que la activación
emocional ocurre), es fundamental para el avance de este
campo de investigación. En la segunda parte de este artículo
(Silva, aceptado), se esbozará un modelo neurocientífi co
derivado de investigaciones empíricas (Silva, et al. 2002;
Silva, Livacic-Rojas & Slachevsky, 2006; Silva & Pizzagalli
2006), que intenta abordar y resolver en parte el dilema
planteado. Así mismo, a partir de la evidencia de los efectos
de la psicoterapia en regiones cerebrales asociadas al estilo
afectivo (Silva & Slachevsky, 2005) y un modelo general de
regulación afectiva (Silva, 2005b), se propondrá un marco
de referencia para el tratamiento psicoterapéutico para los
comedores emocionales o DC.
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