Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2007
Ximena Palacios Espinosa
EVOLUCIÓN DE LAS TEORÍAS COGNOSCITIVAS Y DEL TRATAMIENTO
COGNOSCITIVO CONDUCTUAL DE LA ANOREXIA NERVIOSA
Terapia psicológica,
junio, año/vol. 25, número 001
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 73-85
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
Evolución de las Teorías Cognoscitivas y del Tratamiento
Cognoscitivo Conductual de la Anorexia Nerviosa
The Evolution of Cognitive Theories and Behavioral Therapy for Anorexia Nervosa
Ximena Palacios Espinosa
*
Universidad del Rosario, Colombia
(Rec: 17 de Octubre 2006 Acep: 30 de Abril 2007)
Resumen
La anorexia nerviosa es el trastorno del comportamiento alimentario (TCA) que representa las tasas de
mayor mortalidad de los trastornos psiquiátricos, aunque el interés de los investigadores ha estado particu-
larmente centrado en la bulimia nerviosa; quizás porque su incidencia es mayor, pero también porque la
complejidad del curso clínico de la anorexia nerviosa supone la exposición a la constante frustración del
terapeuta y del paciente. Las bizarras conductas que desarrollan estas personas desencadenan en estados de
inanición e infrapeso severos que por lo general han obligado a recurrir a tratamientos intrahospitalarios
donde la persona recibe manejo médico e interdisciplinario. En estos casos, el tratamiento psicológico suele
ser de tipo comportamental. Este artículo pretende presentar la evolución temporal que han tenido las teorías
cognoscitivas y el tratamiento cognoscitivo conductual para la anorexia nerviosa, resaltando el valor de las
cogniciones en el mantenimiento de este TCA.
Palabras clave: Anorexia nerviosa, teorías cognoscitivas, tratamiento cognoscitivo conductual, trastornos
del comportamiento alimentario (TCA)
Abstract
Anorexia nervosa is the eating disorder (ED) that represents the highest mortality rate among psychiatric
disorders, though the interest of investigators has been particularly centered on bulimia nervosa; probably
because it`s incidence is higher, but also because the complexity of the clinical course of anorexia nervosa
supposes a frustrating scenario that is constant for the therapist and the patient. The desadapatives behaviors
that these patients develop unleash in starvation and extremely low weight that in general are bound to resort
to hospital treatments, where the person receives medical and interdisciplinary managing. In these cases,
the psychological treatment is based in behavior therapy. This article presents the temporary evolution that
cognitive theories and cognitive behavioral treatment for anorexia anorexia nervosa have followed, high-
lighting the value of cognitions in the maintenance of this eating disorder.
Key Words: anorexia nervosa, cognitive theories, cognitive behavioral therapy, eating disorders (ED).
Introducción
La anorexia nerviosa es el trastorno del comportamiento
alimentario (TCA) que representa las tasas de mayor mor-
talidad de los trastornos psiquiátricos. De acuerdo con
Hoeck (2006), la incidencia de la anorexia nerviosa es de
aproximadamente 8 personas por 100.000 cada año. Se ha
visto un sustancial incremento de este trastorno desde 1935
hasta 1999, en mujeres cuyas edades oscilan entre los 15
y los 24 años.
En Colombia hay ausencia de datos relacionados con
el comportamiento epidemiológico de este trastorno. No
obstante, continúa considerándose como un patrón de
conducta desadaptativo, propio de algunos subgrupos
poblacionales (es el caso de modelos y reinas de belleza,
mujeres de clase social alta o media alta y de sociedades
industrializadas), lo que podría mantener que se ignoren
otros grupos y se reconozca el impacto de este TCA en la
dinámica de la sociedad actual. Precisamente, se observa un
interés creciente de los investigadores (Wilson & Fairburn,
1993; Sloan, 1999; Schmidt & Treasure, 2006) en la iden-
tifi cación e importancia de los factores de mantenimiento
del comportamiento de las personas con anorexia nerviosa
por considerar que su abordaje podría resultar francamente
efectivo en el manejo de la problemática. De hecho, uno de
los grandes desafíos para la psicología ha sido el trabajo
terapéutico con estos pacientes ya que la complejidad que
caracteriza al cuadro clínico que se desarrolla supone el
afrontamiento de numerosos y recurrentes fracasos terapéu-
ticos que se traducen en cortos periodos de estabilización
* Correspondencia a: Ximena Bla ncos Espinosa. E-mail: xime na .pala cios64@urosario.edu.co
TERAPIA PSICOLÓGICA
2007, Vol. 25, Nº 1, 73–85
Copyright 2007 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184 (impresa) · ISSN 0718-4808 (en línea)
o remisión y recaídas frecuentes que generan un deterioro
físico y emocional signifi cativo de los pacientes, de sus
familias y de otros signifi cantes.
El deterioro físico ha sido comúnmente abordado por
la terapéutica médica, dando soporte de tipo biológico
y estabilizando metabólica y ponderalmente al paciente.
Mientras que en lo que respecta a la intervención de las
consecuencias emocionales y afectivas de la persona con
anorexia nerviosa, su desarrollo ha sido más bien tortuoso, poco
lineal y progresivo, aunque se ha investigado particularmente
desde la terapia cognoscitivo–comportamental, observándose
una combinación de técnicas propias de la modifi cación de
conducta en el abordaje de esta problemática. La terapia
cognoscitiva ha tenido una evolución relativamente corta
pero a su vez, ha reportado benefi cios signifi cativos en el
avance de la terapia de este TCA.
El presente artículo está dirigido a describir el desarrollo
de las teorías cognoscitivas sobre anorexia nerviosa y el
tratamiento que a nivel cognoscitivo y conductual ha tenido
lugar en esta problemática.
El reconocimiento de las cogniciones en el desarrollo y
mantenimiento de la anorexia nerviosa se debe al psicoa-
nalista Hilde Bruch (1973), citado por Fairburn, Shafran
& Cooper (1998). No obstante, solo una década más tarde
se da inicio a la construcción teórica para comprender el
papel de las cogniciones en el desarrollo, mantenimiento
y evolución de este TCA. Durante la década de los años
ochenta, se realizan cuatro grandes y signifi cativos aportes
teóricos en el desarrollo de las teorías cognoscitivas de la
anorexia nerviosa. El primero de ellos tiene lugar en 1982
con Garner y Bemis, en 1983 con Guidano & Liotti, en 1986
con Fairburn, Cooper & Cooper y en 1990 con Vitousek &
Hollon (Figura 1).
Para Garner & Bemis (1982), en los anoréxicos están
presentes distorsiones cognoscitivas que estarían explicando
el mantenimiento de la anorexia nerviosa, entre ellas la
abstracción selectiva que hace referencia a la focalización de
un detalle del contexto, generalmente un aspecto negativo,
que es exagerado por la persona, e ignorándose el contexto
total (Navas, 1998); la sobregeneralización que son juicios
extremistas o predicciones basadas en un solo incidente,
la magnificación de los estímulos, el razonamiento
dicotómico o absolutista es aquel que conlleva el englobar
toda información en una o dos categorías dicotómicas:
bueno-malo, aceptación-rechazo, y por consiguiente, no
admiten matices intermedios. Este mismo autor resalta que
el perfeccionismo subyace a esta forma de pensamiento;
la personalización y autorreferencia (la persona hace una
interpretación egocéntrica de hechos interpersonales)
y el pensamiento supersticioso (mantienen y alimentan
creencias basadas en una relación de causalidad entre
hechos no contingentes). Además, reconocen la función de
factores predisponentes no resueltos tales como con. ictos
familiares relacionados con conflictos referidos a la
búsqueda de autonomía o a la maduración, lo que explicaría
el mantenimiento de estados crónicos del trastorno. De
hecho, Garner & Bemis (1982) enfatizan que las personas
anoréxicas tienen un deseo de retener el síntoma central
e incluso de experimentar pensamientos y emociones
displacenteros que lo mantienen. E insisten en que esto
es lo que marca la diferencia de los trastornos depresivos,
fobias y trastornos de ansiedad, con los que frecuentemente
se le compara. Así, mientras que la situación inicial es de
desdicha e infelicidad, la pérdida de peso es de placer en
la medida en que les proporciona alivio.
También en 1982, y en congruencia con los aportes de
Garner & Bemis (1982), Slade propuso un análisis funcional
que resalta la necesidad de control como fundamental para
desarrollar y mantener la anorexia nerviosa. De acuerdo con
esta propuesta, el mecanismo de mantenimiento se da por
reforzamiento positivo. De esta manera, cada vez que la
persona restringe la ingesta de alimento o ayuna completa-
mente, experimenta sentimientos de logro al confi rmar que
dispone de esa singular capacidad de rechazar o de desechar
el alimento (ver Figura 2).
En 1983, Guidano & Liotti plantean que el cuadro clíni-
co de la anorexia nerviosa está esencialmente caracterizado
por un défi cit en las estructuras cognoscitivas asociadas a
la identidad personal.
Durante siete años consecutivos cesa la producción de
nuevas teorías cognoscitivas sobre la anorexia nerviosa
(Figura 1), hasta 1990 con la contribución teórica de
Vitousek & Hollon. Ellos comparten con Garner & Bemis
la postura de que la conducta de las personas con anorexia
Figura 1. Evolución temporal de las teorías cognoscitivas sobre anorexia nerviosa
1973
Hilde
Bruch
1982
1983
1986
1990
1997
1998
2004
2005
Garner
y
Bemis
Guidano
y
Liotti
Fairburn
Cooper y
Cooper
Vitousek
y
Hollon
Cooper
Cooper
Waller
et al.
Fairburn,
Shafran y
Cooper
Wolff
y
Serpell
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº1, 73–85
nerviosa se mantiene por ideas sobrevaloradas sobre el peso
corporal y la fi gura y resalta que estas suelen estar precedidas
por el perfeccionismo, el ascetismo y las difi cultades en la
regulación del afecto (Vitousek & Hollon, 1990; 1993;
1994, citados por Faiburn, Shafran & Cooper, 1998). Según
Fairburn (1998), este es el legado de la premisa actual
que se refi ere a la preocupación por la fi gura y el peso
corporal como mantenedores de la conducta desadaptativa
característica de la persona con anorexia nerviosa.
Nuevamente durante siete años después de los aportes
de Vitousek & Hollon en 1990, viene otro cese en la
construcción de nuevas teorías cognoscitivas sobre la
anorexia nerviosa. Por consiguiente, es en 1997 que Cooper,
a partir de las cuatro contribuciones teóricas mencionadas
hasta el momento, planteó nueve hipótesis relacionados con
los TCA. Fue un trabajo muy signifi cativo que ha dado lugar
al desarrollo de importantes trabajos de investigación en
anorexia nerviosa, aunque no puede obviarse que el interés
para fi nales de los años noventa, está focalizado en la bulimia
nerviosa. A continuación se enuncia cada una de ellas y
algunas de las evidencias reportadas en la literatura.
Primera hipótesis. El tratamiento psicológico de los TCA
basado en un modelo (por ejemplo, la terapia cognoscitiva),
puede ser efectivo.
Evidencia. En 1997, no existía evidencia alguna de que
la terapia cognoscitiva ni cualquier otro tratamiento fuera
verdaderamente efectivo en el tratamiento de la anorexia
nerviosa (Fairburn, 1998). Aunque se prueban diversas
técnicas y estrategias de intervención, se evidencia un alto
índice de recaídas, recuperación espontánea y abandono
del tratamiento. Por consiguiente, desde entonces aumenta
el interés de los investigadores con respecto a este tema
(Gempeler, 2004; Gowers, 2006; Gowers & Bryant-Waugh,
2004; Halmi, 1998; Herzog et al., 1999; NICE, 2004) pero
se mantiene el interés en la bulimia nerviosa, lo que es
evidente en la producción literaria y científi ca.
Segunda hipótesis. Los pensamientos automáticos
podrían re. ejar aspectos concernientes con la comida, la
alimentación, el peso y la fi gura.
Evidencia. Para 1997, el interés por la investigación
sobre pensamientos automáticos declina signifi cativamente,
pese a haber sido uno de los principales temas de interés
en la década de los años ochenta cuando se hicieron las
grandes contribuciones teóricas en relación con la teoría
cognoscitiva y la anorexia nerviosa.
Tercera hipótesis. Existe un fuerte respaldo de que a la
conducta anoréxica subyacen ideas irracionales acerca de
la comida, la alimentación, el peso y la fi gura.
Evidencia. Desde 1997 hasta la actualidad se ha
mantenido el interés por las actitudes, las suposiciones
y las reglas subyacentes a los TCA. De hecho, se han
realizado estudios que podrían clasifi carse en algunos de
los siguientes dos tipos de estudios: (1) aquellos focalizados
en la evaluación específi ca y detallada de las cogniciones
y (2) aquellos focalizados en la evaluación general de la
importancia del peso y de la fi gura en la determinación del
autoconcepto.
Una particularidad de estos estudios es la utilización de
cuestionarios y otros instrumentos psicométricos, como por
ejemplo: Mizes Anorectic Cognitions (MAC) de Mizes et
al., 2000; Eating Disorders Belief Questionnaire (Cooper et
al., 1997); Eating Disorder Examination (EDE) de Cooper
& Fairburn (1987); Shape and Weight Based Self Steem
(Geller, Jonhston & Madson, 1997); Anorectic Cognitions
Questionnaire (Mizes & Klesges, 1989). De hecho, Mizes
& Christiano (1995) resaltan el papel de la evaluación de las
cogniciones en los avances de las propuestas cognoscitivas
para explicar la anorexia nerviosa.
Cuarta hipótesis. Las creencias irracionales (“core be-
liefs") re. ejarían la evaluación negativa de sí mismo.
Evidencia. En el artículo de Cooper en 1997, solamente
se presentó un estudio relacionado con las creencias
Figura 2. Análisis funcional de la restricción alimentaria en anorexia nerviosa
Antecedente
Respuesta
Consecuencia
Procedimiento
H ora de comer
S ec rec ión de á ci do gástri co
que indica
sensación de
hambre
M otor: Rest ricc i ón del
alimento
C og : E xperiencia de log ro “lo
logré nuevamente"
M ot or: E vita c ión
R eforzamiento positivo
Refo rza m iento negativo
Cognoscitivo:
Pensamientos asociados al temor
de ganar peso. “Si como voy a
engordar y me veré terrible"
Nota. Debe resaltarse el papel de las cogniciones como moderadoras entre el antecedente y la respuesta de restricción alimentaria.
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irracionales y su relación con la evaluación negativa del sí
mismo. Desde entonces, se han consolidado dos grandes
grupos de investigación interesados en este tema: (1) uno
que ha utilizado la entrevista semiestructurada detallada,
para proporcionar información sobre este aspecto, y (2)
otro que ha realizado una importante serie de estudios
utilizando el Eating Disorder Belief Questionnaire, y que
ha confirmado que, en efecto, las creencias negativas
sobre sí mismo, son características tanto de las personas
con anorexia nerviosa como con bulimia nerviosa. Las
conclusiones de estos grupos pueden considerarse válidas
pues ambos grupos, de manera independiente, han utilizado
gran variedad de medidas y de metodologías obteniendo las
mismas conclusiones.
Un estudio reciente, Dingemans, Spinhoven & van Furth
(2006) utilizaron el Young Schema Questionnaire (YSQ),
con el objetivo de comparar las creencias irracionales mal-
adaptativas en grupos de personas con anorexia nerviosa y
bulimia nerviosa, por supuesto introduciendo un grupo de
control. El cuestionario de autorreporte agrupa 16 creencias
irracionales maladaptativas en cuatro dominios o grandes
factores, de acuerdo con Lee & Duna (1999), citados por
Dingemans, Spinhoven & van Furth (2006) (Tabla 1).
La desconexión, primer dominio del YSQ, se refi ere
al sentimiento de considerar que no se puede ser querido,
estimado e incluso de que se es indeseable (Dingemans,
Spinhoven & van Furth, 2006).
Tabla 1. Creencias irracionales maladaptativas en los TCA según Lee & Duna (1999)
Dominio
Creencias irracionales maladaptativas
I. Desconexión
1. abandono/inestabilidad: creencia acerca de que las relaciones cercanas van a desaparecer inminente-
mente.
2. Defectuosidad /vergüenza: creencia acerca de que se es imperfecto e inadecuado, por lo que se puede
avergonzar a otros.
3. Deprivación emocional: creencia acerca de que las propias necesidades emocionales jamás deben ser
conocidas por otros.
4. Desconfi anza /abuso: creencia acerca de que los demás van a aprovecharse siempre de uno.
5. Aislamiento social: creencia acerca de que uno está solo en el mundo, a diferencia de otras personas, y
que no hace parte de una comunidad.
6. Restricción emocional: creencia acerca de que uno siempre debe inhibir las emociones e impulsos
porque cualquier expresión de sentimientos podría herir a otros o afectar su autoestima, generar indis-
posición y retaliaciones o abandono.
II. Autonomía afectada 7. Dependencia/incompetencia: creencia acerca de que uno no es capaz de manejar las responsabilidades
diarias de manera competente e independiente
8. Vulnerabilidad de ser herido y de enfermar: creencia acerca de que siempre se es susceptible de
experimentar una catástrofe.
9. Sentirse atrapado: creencia acerca de que se carece de una identidad individual por sobre involucrarse
con otros.
10. Ausencia de autoefi cacia: creencia acerca de que se es incapaz de hacer algo bien.
11. Vivir subyugado: creencia acerca de que uno debe someterse al control de otros para evitar conse-
cuencias negativas.
12. Autocontrol y autodisciplina insufi cientes: creencia acerca de que uno no puede controlar totalmente
sus impulsos y sentimientos.
III. Límites afectados 13. Derecho/grandiosidad: creencia acerca de que las personas están autorizadas, pueden hacer o decir
siempre lo que deseen aun lastimando a otros.
14. Temor a la pérdida de control: creencia acerca de que uno siempre debe inhibir emociones e impul-
sos, y la razón para ello es el temor a la pérdida de control.
IV. Control excesivo 15. Au to sacr ifi cio: creencia acerca de que uno debe sacrifi car sus necesidades por ayudar a otros.
16. Altos estándares de exigencia/hipercrítica: creencia acerca de que uno debe esforzarse por alcanzar
estándares irreales.
Nota. Adaptado a partir del Young Schema Questionnaire con base en la información proporcionada en: Dingemans, A.E., Spinhoven,
Ph., & van Furth, E.F. Maladaptive core beliefs and eating disorder symptoms. Eating Behaviors, Volume 7, Issue 3, August 2006,
p. 258-265.
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El segundo dominio, el de la autonomía afectada, hace
referencia a cómo las expectativas acerca de sí mismo y del
ambiente interfi eren con la habilidad percibida para separar,
sobrevivir, funcionar de manera independiente o alcanzar
logros. Incluye el sentido de percepción de sí mismo como
un error, lo que lleva a la persona a depender o diferir de
otros, ser vulnerables y sentirse incapaz de tener sufi ciente
autocontrol y autodisciplina para actuar efectivamente
(Dingemans, Spinhoven & van Furth, 2006).
El tercer dominio se denomina límites afectados y se
refi ere a la defi ciencia de límites internos, responsabilidad
hacia otros o metas orientadas a largo plazo. Se observa
una importante difi cultad para respetar los derechos de los
demás, cooperar con otros, hacer contratos o compromisos y
establecer metas personales realistas, así como intolerancia
para experimentar emociones displacenteras (Dingemans,
Spinhoven & van Furth, 2006).
Y fi nalmente, el cuarto dominio, llamado control ex-
cesivo, representa un énfasis en este tipo de control pero
especialmente con sentimientos y elecciones, la ejecución,
los deberes, el perfeccionismo y el seguimiento de reglas
(Dingemans, Spinhoven & van Furth, 2006).
Quinta hipótesis. Estilos disfuncionales de razonamiento
o errores y prejuicios en el procesamiento de la información
podrían estar presentes en los asuntos relacionados con la
comida, la alimentación, el peso y la fi gura.
Evidencia. Para probar esta hipótesis se han realizado
diferentes investigaciones en el campo de la atención y de
la memoria. Con respecto a la atención, se ha utilizado el
paradigma stroop. Por ejemplo, Green, Corr & de Silva
(1999) encontraron que en la ejecución de una tarea modi-
fi cada del stroop, los anoréxicos mencionaron más lenta-
mente las palabras sobre la imagen corporal y las asociaron
signifi cativamente a las palabras neutrales, concluyendo
que estas personas mostraron tener la capacidad de conec-
tar las naturaleza de la fi gura corporal con los esquemas,
dotándolos de valor afectivo.
Con respecto a la memoria, Hermans, Pieters & Eelen
(1998) realizaron un estudio con doce pacientes anoréxicas
y 12 pacientes en el grupo control. Los dos grupos debían
observar series de 64 palabras. Cabe aclarar que había cuatro
tipos de palabras: relacionados con anorexia, positivas,
negativas o neutrales. Como resulta obvio, los tres últimos
tipos no estaban relacionados con anorexia. Aquellas del
primer tipo, las relacionadas con anorexia, tenían la misma
connotación afectiva que las palabras de control neutral.
Los participantes debían completar un test de memoria
explícita y los resultados demostraron una fuerte memoria
de este tipo para las palabras relacionadas con anorexia en
los pacientes con este trastorno alimentario, a diferencia
del grupo control.
Es necesario resaltar que los estudios relacionados con
el procesamiento de la información han evolucionado de la
evaluación simple de la presencia o ausencia de prejuicios
en pacientes con TCA cuando se presentan estímulos
relacionados con la alimentación, la comida, el peso y la
fi gura, a la comprobación de que las creencias negativas
de sí mismo tienen un papel importante en el desarrollo de
los TCA hasta el punto de dar origen al desarrollo de un
modelo que ha sido denominado transdiagnóstico y que se
explicará posteriormente.
Sexta hipótesis. Podría existir una relación causal entre
las suposiciones subyacentes y los autoesquemas relacio-
nados con la conducta de comer, particularmente con la
conducta restrictiva.
Evidencia. Esta hipótesis no ha sido objeto de estudios
relevantes hasta el momento. Aunque posiblemente
pudieran encontrarse correlaciones espurias al respecto, no
se han diseñado estudios que permitan evaluar la causalidad
que plantea la hipótesis. Luego, es necesario resaltar la
difi cultad para establecer este tipo de relaciones en los
escenarios clínicos.
Séptima hipótesis. La restricción dietaria mediada por
el pensamiento dicotómico puede resultar en episodios de
atracones.
Aunque Cooper (2005) plantea que no hay estudios
relevantes al respecto, Hetherington et al. (2000), realizaron
un estudio en el que trabajaron sobre la relación entre la
restricción dietaria y los atracones pero no contemplaron el
pensamiento dicotómico. De hecho, Tenconi et al. (2006)
acaban de presentar los resultados de su investigación sobre
predictores de los atracones en las personas anoréxicas
clasifi cadas en el subtipo restrictivo y no hay mención
alguna a los pensamientos y menos aún, a las distorsiones
cognoscitivas de tipo dicotómico.
Octava hipótesis. El estilo de pensamiento conduce
procesos que podrían favorecer el desarrollo y mantenimiento
de las creencias negativas sobre sí mismo.
Evidencia. En la actualidad, no existe evidencia
empírica para comprobar esta hipótesis en personas con
anorexia nerviosa. No sucede igual con respecto a las per-
sonas con bulimia nerviosa, con quienes Spranger, Waller
& Bryant-Waugh (2001) realizaron una investigación al
respecto, encontrando resultados que soportan la hipótesis
planteada.
Novena hipótesis. La experiencia temprana podría ser
importante en la formación de creencias negativas sobre
sí mismo.
Evidencia. Respaldan esta hipótesis cuatro estudios
cuyas conclusiones se mencionan a continuación.
Cooper, Todd & Wells (1998) realizaron un estudio con
personas anoréxicas y bulímicas, encontrando que para
ambos grupos existe una relación causal entre experiencias
tempranas negativas y el desarrollo de creencias negativas
sobre sí mismo.
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº1, 71–85
Leung et al. (1999) encontraron que existe alguna
relación entre las creencias negativas sobre sí mismo y las
experiencias tempranas de apego negativas.
En el año 2002, Turner & Cooper realizaron entrevistas
semiestructuradas a un grupo de personas con anorexia
nerviosa y a un grupo control. Encontraron que en el primer
grupo había relaciones muy claras entre las experiencias
negativas y el desarrollo de creencias negativas sobre sí
mismo.
Finalmente, Sarin & Abela (2003) hacen un interesante
estudio desde el enfoque cualitativo, utilizando entrevistas
a profundidad y construyendo a partir de ellas historias de
vida de los pacientes con TCA y encontrando evidencias
positivas para nutrir la hipótesis.
Es absolutamente necesario continuar desarrollando
investigaciones que permitan recolectar mayor evidencia
empírica sobre estas hipótesis e igualmente, replicar los
estudios ya disponibles.
Para continuar con el recorrido temporal de las teorías
cognoscitivas, Wolff & Serpell (1998) construyen el
modelo cognoscitivo sobre la anorexia nerviosa, el cual
resulta particularmente útil para identifi car el contenido
específi co de las creencias y de las conductas típicas de
seguridad, así como en la importancia de la rumiación o
la vergüenza sobre la comida o la conducta de comer, el
peso y la fi gura. Introdujo así mismo, la importancia de
considerar las creencias que el paciente tenga acerca de
su enfermedad y propuso el reconocimiento de creencias
pro–anorexia y anti–anorexia.
En ese mismo año, Fairburn, Shafran & Cooper (1998)
hacen una propuesta teórica a la que denominan modelo
de la anorexia nerviosa. De acuerdo con estos autores, el
eje central de la problemática las personas con anorexia
nerviosa es el autocontrol. Por ello, el modelo que proponen
está basado en el autocontrol, lo que se traduce, de acuerdo
con esta postura, como la necesidad extrema de mantener
la conducta de control. Descripción muy distante de la del
modelo de elección del autocontrol de Rachlin (1974) según
la cual el autocontrol es un concepto que permite describir
elecciones hechas por organismos en diferentes puntos del
tiempo. Esto quiere decir que los organismos, humanos
o no, seleccionan un reforzador más grande y retrasado
sobre uno más pequeño pero inmediato; o prefi eren una
estimulación dolorosa inmediata pero pequeña con relación
a una más fuerte pero retrasada (por ejemplo cumplir con un
procedimiento médico invasivo). Esta clase de autocontrol
se conoce como “autocontrol molecular" porque describe
elecciones realizadas entre montos y retrasos discretos de
reforzadores y condiciones aversivas (Rachlin, 1989).
Pero también existe otro tipo de autocontrol, denomi-
nado “autocontrol molar" porque la elección se realiza
entre un refuerzo o condición aversiva individual y una
tasa general de reforzamiento o castigo (Rachlin, 1989). Un
ejemplo de ello en las personas anoréxicas podría descri-
birse como dejar de comer un plato deseado, lo que podría
ser un refuerzo pequeño e inmediato que confi rmaría su
capacidad de control, mientras que comerlo generaría una
alta tasa general de castigo en el futuro, debido a la expe-
riencia de culpabilidad. Efectivamente, Rachlin considera
que no comer es una respuesta de autocontrol, aunque no
está claro que no emitir una respuesta sea una respuesta. Por
consiguiente, en esta conceptualización, “el autocontrol no
es un problema de foco de control (control interno versus
control externo), sino un problema de la dimensión tempo-
ral, un problema de reforzadores y condiciones aversivas
inmediatas versus diferidas" (Rachlin, 1974).
La necesidad de autocontrol se dirige principalmente
a la comida y consideran los siguientes mecanismos de
retroalimentación en la conducta del anoréxico nervioso:
(1) el ayuno promueve el sentido de control, (2) los aspec-
tos de la inanición motivan la restricción dietaria y (3) las
consideraciones extremas sobre el peso y la fi gura motivan
la restricción dietaria.
Al respecto del control, Dalgleish et al. (2001) con-
cluyen que las personas con TCA tienen una percepción
de control particularmente más baja pero en relación con
el control de los eventos del mundo y que asociado a esta
percepción, suelen subyacer estados de ánimo depresivos
que deben ser siempre considerados.
Seis años más tarde, Fairburn et al. (2003) presentan
la teoría transdiagnóstica; su planteamiento central es
que los TCA se caracterizan por la misma psicopatología
y los pacientes oscilan entre un diagnóstico y el otro. Y
reconocen cuatro mecanismos de mantenimiento comunes
a los TCA, aunque discriminan alguna diferenciación en
la topografía en que se presentan en personas con anorexia
nerviosa y en personas con bulimia nerviosa. Estos son:
(1) el perfeccionismo clínico, del que resaltan que es
particularmente superior en las personas con anorexia
nerviosa, (2) la baja autoestima, característica de los cuadros
de anorexia nerviosa crónica, (3) la irritabilidad, poco
representativa en el mantenimiento de este trastorno y (4)
las difi cultades interpersonales que de acuerdo con estos
autores se presentan en una alta proporción en las mujeres
con anorexia nerviosa.
Es importante resaltar que tanto el modelo de la anorexia
nerviosa de Fairburn, Shafran & Cooper (1999) como la
teoría transdiagnóstica de Fairburn et al. (2003), han dado
lugar al establecimiento de cinco predicciones, a saber:
(1) el humor negativo tiene una relación causal con los
atracones, (2) la necesidad de autocontrol es importante,
especialmente en la anorexia nerviosa, (3) la restricción
dietaria podría promover el sentimiento de control, (4)
el perfeccionismo es particularmente importante en la
anorexia nerviosa, y (5) las difi cultades interpersonales
son importantes.
Posteriormente, aparecen nuevas propuestas teóricas
(Figura 1) las cuales han sido consideradas como la se-
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº1, 73–85
gunda generación de teorías y son la de Waller, Kennerley,
y Ohanian (2004) y la de Cooper (2005). Su objetivo es el
de estudiar detalladamente las cogniciones, su contenido
preciso y sus relaciones con la emoción y la conducta.
La teoría propuesta por Waller et al. (2004), explica entre
otras las razones por las cuales las personas desarrollan
anorexia nerviosa o bien, bulimia nerviosa. En relación con
la anorexia nerviosa, estos autores plantean que se mantiene
por un mecanismo de evitación primaria en el que no comer
es la vía para prevenir las cogniciones que generan malestar
psicológico (distrés) así como las emociones negativas que
puedan experimentarse durante la emisión de la conducta
de comer o como consecuencia de ella. De esta teoría se
ha derivado una hipótesis importante: la anorexia nerviosa
podría estar asociada con un proceso primario de preven-
ción del afecto, generado por las creencias negativas que
la persona tiene de sí misma. El gran aporte de esta teoría
está en que proporciona elementos para pensar en que existe
una relación entre la cognición, el afecto y las conductas
relevantes para los TCA.
La teoría de Cooper et al. (2005), ha dirigido sus
esfuerzos a la identifi cación de los diferentes tipos de
pensamientos automáticos que se desarrollan solo en las
personas con bulimia nerviosa, desafortunadamente para el
interés de este artículo. No obstante, algunos de estos tipos
de pensamientos pueden ser relevantes para la anorexia
nerviosa: pensamientos permisivos, de pérdida de control y
negativos, entre otros. Igualmente, estos autores proponen
que existen diferentes tipos de suposiciones subyacentes y
creencias negativas sobre sí mismo en los autoesquemas
negativos. También se preocuparon por el mantenimiento de
los atracones, conducta que como se mencionó previamente
puede desarrollarse en las personas con anorexia nerviosa
del subtipo restrictivo.
Dos grandes grupos de estudiosos han nutrido esta
segunda generación de teorías. Uno de ellos se dedica
a identificar los pensamientos automáticos relevantes
para la anorexia nerviosa y el otro, a la identifi cación de
factores de riesgo con el objeto de construir un modelo
de vulnerabilidad al estrés que considere los elementos
o factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales.
La identifi cación de los factores de riesgo daría lugar a
la predicción de un mejor o peor pronóstico. Además, el
planteamiento de este modelo representa un primer intento
por integrar los resultados de diferentes investigaciones y
campos teóricos relacionados con los TCA a una perspec-
tiva cognoscitiva y enfatizar así en la etiología, el curso y
el contenido de las creencias negativas de sí mismo, los
esquemas y los supuestos subyacentes a la alimentación, la
comida, el peso y la fi gura.
Una particularidad de la teoría cognoscitiva sobre la
anorexia nerviosa es que su evolución no es congruente con
la evolución del tratamiento cognoscitivo para ella. Esto hace
referencia a que las propuestas de intervención cognoscitiva
para este TCA han sido signifi cativamente escasas (Figura
3). Además, debe resaltarse que la anorexia nerviosa ha
sido de difícil tratamiento. Al respecto, Mountford et al.
(2004), plantean que la relativa y pobre efectividad de
los tratamientos para este trastorno se debe a la defi ciente
conceptualización del mismo. Como puede observarse en la
Figura 3, el tratamiento de la anorexia nerviosa en la década
de los años setenta estaba fundamentado en intervenciones
de tipo psiquiátrico, por lo que los aspectos cognoscitivos
comprometidos eran trabajados a través de psicofármacos.
Además, durante veinte años (1977-1997), el tratamiento
fue esencialmente médico y conductual y es en 1997 cuando
empiezan a aparecer propuestas cognoscitivas para el
abordaje de la problemática.
Aun así, desde los inicios de la terapéutica de la anorexia
nerviosa, se ha reconocido la importancia del abordaje
multidisciplinario e interdisciplinario. Por supuesto, se
priorizan intervenciones de unos u otros profesionales de
acuerdo con el estado clínico del paciente. Es el caso de
los pacientes con infrapeso severo, para quienes la atención
es primordialmente médica con el objeto de estabilizarlos
ponderal y metabólicamente.
No obstante, los escenarios de acción han sido siempre
los mismos: hospital, hospital día y consultorio. Por lo
tanto, los procesos se realizan a nivel intrahospitalario o
ambulatorio. Los procesos característicos en la evolución
del paciente con anorexia nerviosa demuestran que suelen
rotar por estos diferentes escenarios.
En Colombia, el sistema de seguridad social en salud
admitiría con difi cultad tratamientos de hospital de día, por
lo cual se recurre preferiblemente a la hospitalización en
casos donde la supervivencia del paciente está en franco
riesgo.
Tradicionalmente, durante la hospitalización, el trata-
miento es médico, farmacológico y conductual, y se uti-
lizan estrategias tales como administración de altas dosis
de antipsicóticos, alimentación por sonda nasogástrica.
La yeyunostomía no es tratamiento de elección en estos
casos. Manejo por enfermería que pretende dar cuidados
permanentes, vigilancia y control, reposo en cama y dieta
hipercalórica. Además, se introducen técnicas de modifi -
cación de conducta para iniciar la incorporación de con-
ductas de afrontamiento y de autocontrol en los pacientes.
No obstante, de acuerdo con Bowers, Evans & Andersen
(1997), el tratamiento multidisciplinario hace énfasis en
intervenciones a nivel psicosocial, nutricional, recreacio-
nal y médico y un énfasis primario en el restablecimiento
gradual del peso corporal pues se tiene claridad de que
un aumento desproporcionadamente acelerado del mismo
podría generar consecuencias negativas como edema, falla
cardíaca congestiva y difi cultades gastrointestinales.
En términos generales, el modelo cognoscitivo con-
sidera que todos los TCA tiene un patrón común fi nal de
múltiples eventos o experiencias (Garner & Garfi nkel,
79
EVOLUCIÓN DE LAS TEORÍAS COGNOSCITIVAS Y DEL TRATAMIENTO COGNOSCITIVO CONDUCTUAL
DE LA ANOREXIA NERVIOSA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº1, 71–85
1985) en el que varias experiencias vitales, ideas distor-
sionadas específi camente relacionadas con el yo, el mundo
y el futuro (tríada cognoscitiva) son aprendidas creando
vulnerabilidad para el desarrollo del trastorno. Reconoce
que son vulnerables de desarrollar ideas relacionadas con
que la pérdida de peso puede ser un medio para aliviar el
distrés psicológico y la disforia, las personas con rasgos de
introversión, sensibilidad y tendencia al aislamiento. Por
consiguiente, de acuerdo con Bowers, Evans & Andersen
(1997), hacer dieta, perder peso y desear la delgadez son
factores que las personas con TCA manipulan con el obje-
tivo de ejercer control sobre su ambiente.
El tratamiento cognoscitivo deberá dirigirse
fundamentalmente a la modifi cación de las cogniciones
que tiene la persona con TCA. Es decir, a la reestructuración
de las ideas irracionales y estilos atribucionales negativos
y a la modifi cación de las conductas desadaptativas que se
generan a partir de ellas (Bowers, Evans & Andersen, 1997).
Así, una primera propuesta relacionada con el tratamiento
cognoscitivo de la anorexia nerviosa se realiza en 1997
con el programa de tratamiento cognoscitivo del entorno,
el cual parte de la premisa de que los pacientes se afectan
por su ambiente. En la medida en que se concibe que el
entorno es un microcosmos del mundo del paciente, la
terapia estará dirigida a que el paciente reconozca, conozca
y acepte sus problemas, de manera tal que pueda darles un
nuevo sentido o signifi cado y reestructure y modifi que sus
patrones de pensamiento negativo y sus creencias (Bowers,
Evans & Andersen, 1997). De acuerdo con la propuesta
inicial, este programa de tratamiento contempla igualmente
el trabajo interdisciplinario y multidisciplinario, y debe
estar constituido por un grupo psicoeducativo, terapeutas
ocupacionales, psiquiatras, psicólogos, auxiliares de
enfermería, trabajadores sociales y nutricionistas.
Fairburn, Cooper & Shafran (2003), plantean que en los
casos de anorexia nerviosa y bulimia nerviosa hay presencia
de una distorsión cognoscitiva central caracterizada por la
sobrevaloración de la conducta de comer, el control del peso
y la fi gura y además, están presentes cuatro mecanismos de
mantenimiento del trastorno, ya mencionados previamente.
El planteamiento terapéutico de estos autores se ha denomi-
nado tratamiento transdiagnóstico. Está basado en la teoría
cognoscitivo-conductual transdiagnóstica y parte de la idea
de que todos los trastornos del comportamiento alimentario
comparten los mismos mecanismos de mantenimiento y por
consiguiente, pueden ser abordados de una manera seme-
jante con excelentes resultados. No obstante y en contradic-
ción con lo anterior, Wilson (2004) plantea que la efi cacia
de los tratamientos varía según el TCA y que la efectividad
de los tratamientos para la anorexia nerviosa está aún en una
fase de estudio que requiere de investigaciones con diseños
de grupos randomizados, frente a lo cual indica además que
existe una importante difi cultad dada la complejidad en la
consecución de las muestras. Por lo anterior, anota que es
fundamental la colaboración interinstitucional.
El tratamiento transdiagnóstico está estructurado en
un proceso de varias etapas (Tabla 2) y tiene diferentes
características que se describen a continuación (Fairburn,
Cooper & Shafran, 2003): (1) Está diseñado para ser sensible
a todas las formas clínicas de TCA independientemente del
tiempo de evolución de los mismos. (2) El diagnóstico preciso
del TCA no es relevante para el tratamiento. Lo realmente
relevante son las características psicopatológicas presentes
y los procesos que las mantienen. (3) Está diseñado para ser
aplicado en pacientes en condiciones normales y puede ser
aplicado por terapeutas de ambos sexos sin necesidad de
entrenamiento especial. (4) Se aplica en dos versiones. Una
de 20 sesiones y otra de 40 sesiones. La segunda versión
está indicada para pacientes con infrapeso severo (índices
de masa corporal (IMC) inferiores o iguales a 17.5). De
acuerdo con la versión elegida, la duración es de 20 a 40
semanas respectivamente, con sesiones iniciales dos veces
a la semana. El estilo y contenido son fundamentalmente
los mismos, exceptuando que en el tratamiento más largo se
incluyen estrategias dirigidas a lograr un aumento ponderal
que permita la estabilización del paciente. (5) El tratamiento
es absolutamente idiográfi co. (6). Tiene cuatro etapas
:
Figura 3. Evolución del tratamiento cognoscitivo de la anorexia nerviosa
Psiquiátrico
Aspectos
cognoscitivos
comprometidos
reciben farmacoterapia
Programa de
tratamiento
del entorno
Terapia cognoscitiva
experiencial basada
en la realidad virtual
APA- Guías
Tratamiento médico y conductual
Desarrollo de teorías
1997
1999
2000
2003
1977
Modelo
cognoscitivo
de la anorexia
nerviosa
1998
M
M
u
l
l
t
i
i
d
i
i
s
s
c
i
p
l
l
i
n
a
r
r
i
i
o
2002
Terapia de
aceptación y
compromiso
Modelo
transteórico
de Prochaska
Guías
APA
revisadas
2006
80
XIMENA PALACIOS ESPINOSA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº1, 73–85
Durante toda la década de los años noventa, se consoli-
dan diversas propuestas relacionadas con la utilización de
la realidad virtual (Hodges et al., 1993, 1995, 1996; North,
North & Coble, 1996, 1997; Glantz et al., 1996, 1997 y
Riva et al.,1999). Pero interesa particularmente la propuesta
de Riva et al. (1999), la terapia cognoscitiva experiencial
basada en la realidad virtual, pues su objetivo es esencial-
mente cognoscitivo, pero que está fundamentada en el
tratamiento cognoscitivo-comportamental. Permite evaluar
y dar tratamiento a los TCA, es una terapia estructurada y
de corta duración (Tabla 3), sus benefi cios se ven a las 8
semanas y puede desarrollarse de forma individual y grupal
(entrenamiento en habilidades asertivas y entrenamiento
para la evaluación y consolidación de la motivación) y
el manejo es interdisciplinario: psicólogos, psiquiatras y
nutricionistas).
De acuerdo con Riva et al. (1999), sus principales
objetivos son: (1) generar satisfacción con la imagen cor-
poral, para lo cual se crea y utiliza un ambiente virtual, y
(2) motivar para el cambio. A través del método socrático
que es la técnica central en toda la terapia, se espera mini-
mizar la distorsión de sí mismo y favorecer la motivación
para el cambio y el descubrimiento y reconocimiento de la
distorsión corporal.
Este programa de tratamiento debe ser impartido por
terapeutas y psicólogos con formación y dominio en terapia
cognoscitivo-comportamental, quienes además deben tener
la capacidad de reconocer la necesidad del apoyo de tipo
farmacológico concomitante con la terapia y por supuesto,
de aceptarlo (Riva et al., 1999). La técnica central de esta
terapia es el método socrático, a través del cual se utilizan
series de preguntas, relacionadas con el contenido del am-
biente virtual para ayudar así a los pacientes a sintetizar
información y generar conclusiones sobre sí mismos.
Tabla 3. Estructura de la terapia cognoscitiva
experiencial basada en realidad virtual.
Sesión
Objetivos
1
Evaluar cualquier estímulo que pueda elicitar una
conducta alimentaria anormal, centrando la aten-
ción en los aspectos relacionados con la comida, la
alimentación, el peso y la fi gura.
2 a 5
Evaluar y modifi car los síntomas de ansiedad rela-
cionados con la exposición a la comida y la expe-
riencia del paciente con su cuerpo.
Nota. Adaptado de Riva et al. (1999).
Para el año 2000, la Asociación Americana de Psicología
(APA), edita unas guías para el manejo psicológico de las
personas con anorexia nerviosa y con bulimia nerviosa. Una
tercera edición de estas guías es publicada en junio de 2006
y en ella los siguientes objetivos terapéuticos en el manejo
de las personas con anorexia nerviosa: (1) restablecer un
peso saludable, lo que necesariamente se vincula a la recu-
peración de la ovulación y los ciclos menstruales normales
en los pacientes de sexo femenino, un funcionamiento
sexual y un restablecimiento de niveles hormonales en
pacientes de sexo masculino y un crecimiento y desarrollo
físico y sexual normales en pacientes niños y adolescen-
tes; (2) dar tratamiento a las complicaciones físicas; (3)
promover la motivación del paciente para cooperar en el
restablecimiento de patrones de alimentación saludables y
Tabla 2. Etapas del tratamiento transdiagnóstico
Etapa
Duración
Objetivos
I Inicial intensiva 4 semanas
(8 sesion es)
1. Enganchar y educar al paciente
2. Formular el caso
3. Obtener la mayor cantidad de información sobre la modifi cación de la conducta
II
1 a 3 semanas
(1 a 3 sesiones)
1. Revisar detalladamente el progreso
2. Reconocer y caracterizar las barreras para el cambio
3. Realizar una evaluación inicial de la contribución que han tenido cada uno de los
cuatro mecanismos de mantenim iento
4. Utilizar la información obtenida para crear, junto con el paciente, una formulación
revisada y extendida
III
Aproximadamente
13 a 15 semanas
(13 a 15 sesiones)
Ocupa la parte más prolongada del tratamiento y está basada esencialmente en la for-
mulación revisada.
1. Enfatizar en la modifi cación de la psicopatología de la conducta alimentaria
2. Abordar otros procesos identifi cados durante la formulación
3. Modular los cuatro mecanismos
IV
No especifi cado 1. Asegurar que se mantengan los cambios
2. Cerrar el proceso
Nota. Adaptado de Fairburn, Cooper & Shafran (2003). Esta tabla muestra las cuatro etapas del tratamiento transdiagnóstico de 20
semanas de duración.
81
EVOLUCIÓN DE LAS TEORÍAS COGNOSCITIVAS Y DEL TRATAMIENTO COGNOSCITIVO CONDUCTUAL
DE LA ANOREXIA NERVIOSA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº1, 71–85
participar en el tratamiento; (4) educar en el establecimiento
de patrones de alimentación y nutrición saludables; (5)
ayudar a los pacientes a reconocer y modifi car los patrones
cognoscitivos disfuncionales, actitudes, motivaciones, con-
. ictos y sentimientos relacionados con el TCA; (6) tratar las
condiciones psiquiátricas asociadas, incluyendo alteracio-
nes en el humor y la regulación de los impulsos, así como
problemas de autoestima y comportamiento; (7) favorecer
tanto el soporte familiar como el counselling y la terapia
apropiados; y (8) prevenir las recaídas (APA, 2006).
Con respecto a los aspectos cognoscitivos, en estas
guías se especifi ca que la recuperación ponderal puede
generar una disminución considerable e incluso una desa-
parición de pensamientos asociados con el suicidio y otras
obsesiones no necesariamente relacionadas con la comida.
Al respecto, Bowers (2002) indica que las intervenciones
iniciales están dirigidas a la rehabilitación nutricional y al
restablecimiento de las conductas alimentarias normales
pues entre otros, la inanición interfi ere con la habilidad para
pensar claramente e intensifi ca algunas de las distorsiones
cognoscitivas. No obstante, no se enfatiza ni se describe el
tratamiento cognoscitivo para su manejo. Defi nitivamente,
las intervenciones para esta asociación siguen siendo de
carácter más conductual, pero no desconocen por ello el
papel de las cogniciones en el proceso, ni el de la biología,
la sociedad y la cultura.
El objetivo esencial de estas guías ha sido asistir a los
pacientes con anorexia nerviosa en la toma inteligente de de-
cisiones frente al tratamiento (Bowers, 2002). No obstante,
este mismo autor resalta que la combinación de pérdida de
peso extrema y distorsiones cognoscitivas, creencias negati-
vas sobre sí mismo y esquemas distorsionados contribuyen a
considerar intratable la anorexia nerviosa. Y además, indica
que las intervenciones cognoscitivas dependen en gran
medida de la habilidad de la persona para pensar.
En relación con la prevención de la anorexia nerviosa,
Jansen (2001) plantea que al no conocerse bien los factores
de mantenimiento de los TCA, las estrategias dirigidas a
la prevención son complejas. No obstante, recientemente
varios autores han trabajado sobre el tema de la preven-
ción de este TCA. Es el caso del estudio de Tenconi et al.
(2006), quienes intentaron identifi car factores predictores
de atracones en pacientes con anorexia nerviosa subtipo
restrictivo; el de Troisi (2006), cuyo estudio sugiere que
un estilo de apego inseguro puede ser uno de los factores
implicados en la etiología de la insatisfacción corporal y
por consiguiente, un factor de riesgo para los TCA. Su
estudio analizó y confi rmó la asociación existente entre la
ansiedad por separación a temprana edad, el apego inseguro
y la insatisfacción corporal, en una muestra clínica de 96
mujeres. Treinta y una con anorexia nerviosa y sesenta y
cinco con bulimia nerviosa. Por su parte, Bachner-Melman
et al. (2006), encontraron que las conductas de mujeres
altamente atléticas son compatibles con las anoréxicas e
incluso propusieron el término “atletas anoréxicos" que está
respaldado por rasgos de personalidad similares a los de las
personas anoréxicas, así como actitudes y conductas simil-
ares. Por consiguiente, estas conductas altamente atléticas
así como las otras variables ya mencionadas, pueden ser
predictoras del desarrollo de TCA. Ya a nivel de prevención
terciaria, Keel et al. (2005), realizaron un estudio dirigido a
la identifi cación de posibles predoctores de recaídas en los
pacientes con TCA. Indican que éstas ocurren en un 36%
de las mujeres con anorexia nerviosa y que presentar este
trastorno alimentario de subtipo purgativo es un factor de
riesgo importante para el desarrollo de síntomas bulímicos,
así como la distorsión de la imagen corporal.
Sin embargo, la producción de artículos al respecto no
es alta ni concluyente y aún quedan diversos interrogantes
relacionados con la prevención de los TCA, específi camente
de la anorexia nerviosa; y por supuesto, uno de ellos estaría
especialmente dirigido al diseño y desarrollo de estrategias
para prevenir considerando el papel de las cogniciones en
la etiología, mantenimiento y recaída de este TCA.
En el año 2002, Bowers presenta la terapia cognoscitiva
para la anorexia nerviosa, fundamentada esencialmente en
la terapia de aceptación y compromiso, tiene como énfasis
asistir a las personas en la comprensión de que la fuente
del distrés no es una experiencia negativa privada sino que
surge para evitar, para eliminar experiencias negativas y
tener experiencias de control. Esta terapia, cuyo marco
de referencia teórico es el conductismo radical, concibe
las cogniciones como conductas, por lo que no contempla
el contenido del pensamiento sino su funcionalidad en el
contexto en el cual tienen lugar. Uno de los principales
objetivos de esta terapia es el de eliminar la rigidez, que
como se ha mencionado previamente, es una característica
fundamental de las personas con anorexia nerviosa. Por
consiguiente, según Hayes, Strosahl & Wilson (1999),
emplea algunos procedimientos básicos como la aceptación,
estar en el presente, el desarrollo y el compromiso con los
valores propios, el descubrimiento del yo como contexto y
la desactivación del pensamiento (cognitive defusion).
Para Orsillo & Batten (2002), la terapia de aceptación
y compromiso asume que los clientes se fusionan con el
contenido psicológico de los eventos verbales privados tales
como pensamientos, sentimientos y recuerdos. En otras
palabras, los eventos privados se tornan más simbólicos que
las mismas palabras o experiencias físicas y son igualados
con la verdad y la realidad.
Entre otras, una posible aplicación de la terapia de acep-
tación y compromiso a la anorexia nerviosa es el ejercicio
del observador en el cual el paciente es llevado a un estado
de relajación y observación para experimentar directamente
un sentido trascendente de sí mismo, que es separado de
sus recuerdos, roles, cuerpo, pensamientos y sentimientos
y que ha demostrado ser muy útil en este TCA (Orsillo &
Batten, 2002).
82
XIMENA PALACIOS ESPINOSA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº1, 73–85
En congruencia con lo anterior, Hasler et al. (2003)
plantean que uno de los principales problemas de los
pacientes con TCA es su baja motivación para el tratamiento
y sugieren que el modelo transteórico de Prochaska se
consolida como un marco teórico promisorio para el
desarrollo y la comprobación de técnicas específicas
dirigidas a incrementar la motivación para el cambio. Al
reconocer que el cambio de conducta es gradual y que no
es lineal, es comprensible y explicable que la motivación
sea . uctuante de acuerdo con el momento o etapa del
proceso de cambio y por consiguiente, es susceptible de
ser incrementada según se reconozcan las necesidades de
la persona en cada una de esas etapas.
En el año 2006, Schmidt & Treasure presentan el
modelo cognoscitivo interpersonal de mantenimiento de la
anorexia nerviosa subtipo restrictivo, que está fundamen-
tado en otros modelos de la anorexia nerviosa en los que,
como se mencionó previamente, no se enfatiza en el rol del
peso y de la fi gura en el mantenimiento de las conductas
y cogniciones anorécticos. Este modelo combina factores
intra e interpersonales en el mantenimiento de ésta, a sa-
ber: (1) perfeccionismo/rigidez cognoscitiva, (2) evitación
experiencial, (3) creencias pro anorexia y (4) respuesta de
cercanía a otros. Proponen integrar estos factores a aquellos
factores de mantenimiento asociados a la inanición en estos
pacientes.
Conclusiones
Como pudo observarse, el trabajo en teorías cognoscitivas
sobre anorexia nerviosa no ha sido estático y ha dado lugar
a procesos de investigación interesantes y necesarios para
nutrir una serie de hipótesis que se han planteado alrededor
del papel de la cognición en este TCA. La producción en
este tema tampoco ha sido . uida y continua. Se conocen
algunos periodos de estancamiento específi camente en
relación con la anorexia nerviosa, contrario a lo que sucede
con la bulimia nerviosa, y este es un tema sobre el que habría
que generar investigación.
Si bien la identificación de factores de riesgo se
constituye en un interés para la comunidad investigativa,
está claro que estos no se han explorado desde la teoría
cognoscitiva, lo que explica que los estudios sobre el tema
como por ejemplo el de Tenconi et al. (2006), no contemplen
la participación de las cogniciones en el desarrollo y las
recaídas de la anorexia nerviosa.
Es fundamental que las ideas que van surgiendo como
producto de las investigaciones desarrolladas en el área de
los TCA, sean incorporadas en la estructura de las teorías
cognoscitivas. Un amplio y pobremente explorado campo
teórico espera ser nutrido empíricamente. Pero quizás, una
de las más inmediatas necesidades en este campo de estudio
está en la traducción de estas nuevas teorías cognoscitivas
sobre la anorexia nerviosa, en tratamientos cuya efectividad
pueda ser objeto de estudio.
Las diversas perspectivas teóricas cognoscitivas han
mostrado un cambio en su objeto de estudio en el tiempo.
Inicialmente, se consideró fundamental establecer el papel
de las cogniciones en el origen y desarrollo del trastorno,
interés que fue evolucionando hasta la focalización en
el interés de éstas en el mantenimiento de las conductas
desadaptativas.
En general, perder peso, independiente del TCA del
que se trate, se traduce en una estrategia de control por la
cual se produce reforzamiento para la persona de alguna o
algunas de las siguientes maneras; aunque por supuesto debe
siempre considerarse que el análisis es idiográfi co y por
consiguiente, no puede ni debe reducirse a la generalización
de las consecuencias que se mencionan a continuación.
(a) Reforzamiento positivo cuando: (1) obtiene la
atención de otros, bien sea familia, signifi cantes, etc., que
demuestran su preocupación por las conductas restricti-
vas, la pérdida de peso signifi cativa, el evidente deterioro
físico y emocional, las conductas desadaptativas asociadas
con la conducta de comer, entre otros. (2) Inicialmente, la
persona obtiene reconocimiento social de algunas perso-
nas por el control que muestra ante la ingesta de comida,
califi cándosele incluso como “juiciosa", “disciplinada",
“admirable", etc. (3) Aumenta su autoefi cacia al percibirse
“capaz" de restringir la cantidad calórica en la ingesta, ayu-
nar, aplazar una o varias comidas, rechazar “tentaciones",
aprender a no percibir el hambre como hambre sino como
discriminativo de malestar.
(b) Reforzamiento negativo cuando: (1) se aísla para
evitar las críticas que hacen los demás de su aspecto físico,
su conducta desadaptativa, su enfermedad. (2) disminuye
la probabilidad de sentir malestar al no comer o evitar las
situaciones en las que generalmente la interacción supone
alimentarse. (3) la evidencia de la disminución ponderal
disminuye su ansiedad ante la idea de que está con so-
brepeso.
Debido a las dimensiones que ha venido adquiriendo
la presentación de la anorexia nerviosa, actualmente es
necesario y pertinente considerar además de los psiquia-
tras, la participación de médicos, específi camente gastro-
enterólogos, endocrinólogos, y ginecólogos en el manejo
multidisciplinario de ésta.
De acuerdo con Dalgleish et al. (2001) parece existir
consenso en relación con que los TCA no son patologías o
desórdenes primarios sino que representan una adaptación
secundaria a una serie de difi cultades psicológicas.
La evolución de la teoría cognoscitiva para la expli-
cación y comprensión de la anorexia nerviosa ha sido
lenta. La presentación de la anorexia nerviosa pareciera
haberse restringido a subgrupos poblacionales específi cos
que representan una minoría (¿prejuicio.), lo que podría
83
EVOLUCIÓN DE LAS TEORÍAS COGNOSCITIVAS Y DEL TRATAMIENTO COGNOSCITIVO CONDUCTUAL
DE LA ANOREXIA NERVIOSA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2007, Vol. 25, Nº1, 71–85
explicar el lento desarrollo de las teorías explicativas y los
tratamientos. No obstante, es el desorden psiquiátrico con
mayores tasas de mortalidad.
Aunque las nuevas teorías incluyan factores cognos-
citivos y reconozcan su importancia en la explicación y
mantenimiento de los TCA, el análisis y el conocimiento de
cómo podrían ser traducidos en una experiencia coherente y
explícitamente cognoscitiva del desarrollo y mantenimiento
de los TCA, es todavía pobre. No obstante, el tratamiento
transdiagnóstico de Fairburn, Cooper & Shafran (2003) para
el abordaje de los TCA y que está igualmente basado en los
factores de mantenimiento, es el único que al momento de la
publicación del artículo tenía tres años de comprobación de
la efi cacia catalogada como satisfactoria. Hasta el momento
no hay disponibilidad de más artículos que permitan seguir
el proceso de este tratamiento en la praxis.
Es necesario nutrir la investigación sobre tratamiento y
comprensión de la anorexia nerviosa a nivel cognoscitivo:
(1) traduciendo las teorías en protocolos de investigación;
(2) replicando estudios; (3) considerando el aporte de otros
modelos de la psicología de la salud en la modifi cación de
las conductas desadaptativas de los pacientes con anorexia
nerviosa; y (4) considerando el papel de las creencias nega-
tivas sobre sí mismo, ideas irracionales y otros aspectos
cognoscitivos en la prevención de la anorexia nerviosa y
otros TCA.
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