Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2006
Jaime Yasky P. / Sebastián Santana A. / Ariel Segovia F.
RESPECTO DE LA INFLUENCIA DE LA PSICOTERAPIA EN LA SALUD FÍSICA:
REPORTE DE UNA INVESTIGACIÓN EXPLORATORIA
Terapia psicológica,
diciembre, año/vol. 24, número 002
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 169-173
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
Respecto de la In. uencia de la Psicoterapia en la Salud Física:
Reporte de una Investigación Exploratoria
About the In. uence of Psychotherapy on Physical Health: An Exploratory Research
Report
Jaime Yasky P.
1
Sebastián Santana A.
Ariel Segovia F.
(Rec: 8 agosto 2006 - Acep: 9 de noviembre 2006)
Resumen
En la investigación exploratoria que aquí se reseña, se evaluó la in. uencia de la psicoterapia, realizada
por psicólogos clínicos de diversas orientaciones teóricas, sobre la salud física de los clientes. A través de
entrevistas se recogieron las impresiones de los clientes, las que al ser analizadas arrojaron evidencia que
apoya la hipótesis que la psicoterapia tiene un efecto benéfi co, aunque no específi co, sobre la salud física
de los clientes.
Palabras Clave: Psicoterapia, salud física, salud mental, percepción, cliente.
Abstract
The exploratory research here resumed dealt with the evaluation of the in. uence of psychotherapy prac-
ticed by clinical psychologists of different theoretical orientations on the physical health of some clients.
Through interviews, the perceptions of the clients were gathered, which when they were analized, showed
evidence that supports the hypothesis that psychotheraphy has a benefi cial effect, although not specifi c, in
the physical health of clients.
Key Words: Psychotherapy, physical health, mental health, perception, client.
TERAPIA PSICOLÓGICA
2006, Vol. 24, Nº 2, 169–174
“Mente sana, cuerpo sano". Probablemente la mayoría
conocemos este dicho popular que sugiere una relación
entre el bienestar emocional o espiritual y la salud física, y
probablemente una gran cantidad de personas efectivamente
cree que las cosas son así; que es cierto que una cosa lleva
a la otra. A juzgar por lo que se observa en las últimas déca-
das, pareciera que las disciplinas preocupadas por la salud
mental -léase la psiquiatría y la psicología, desde sus distin-
tas escuelas- parecieran estar aproximándose a una similar
conclusión o concepción. Son varias las investigaciones que
han relacionado el estado emocional con el desarrollo de
enfermedades (por ejemplo, Almagiá, 2003; Cohen, Tyrrell
& Smith, 1991; Vera-Villarroel & Buela-Casals, 1999). A
esto se suma la inclusión de parámetros de evaluación de la
salud física en sistemas diagnósticos como el DSM-IV, y el
desarrollo de la llamada perspectiva psicosomática (Marty,
1990; Lolas, 1995). Todos ejemplos de la puesta en cuestión
del sobrentendido divorcio entre cuerpo y alma.
Paralelamente, también en las últimas décadas, ha proli-
ferado la investigación en torno a la psicoterapia (Lambert &
Bergin, 1994; Bagladi, 2003) intentándose establecer si ésta
es efectiva y los modos en que lograría tal efectividad, en
un contexto de coexistencia de diversas formas de concebir
tanto a la psicoterapia como la forma de abordar su estudio.
Sin embargo, aparentemente no se han desarrollado esfuerzos
importantes por investigar y conocer si es que la psicoterapia
tiene o puede tener efectos -positivos o negativos- sobre la
salud física de quienes participan de ella como pacientes.
La investigación que aquí se reseña, investigación de
tipo exploratorio y descriptivo, trató de indagar si existen
indicios que apoyan la idea de que la psicoterapia in. uye
positivamente en la salud física de los pacientes. Su preten-
sión fue establecer si existen bases para suponer tal relación,
para así propiciar el desarrollo de investigaciones en mayor
escala, provocando un fundamentado interés por el tema.
No se pretendió indagar en el cómo es que la psicote-
rapia puede o logra in. uir positivamente en la salud física,
ni tampoco estudiar los casos en que la psicoterapia no
incide en la salud física o lo hace en el sentido contrario,
los que son temas que también debieran ser investigados,
para aportar complementariamente a esclarecer en mayor
medida la relación entre lo anímico y lo corporal.
Copyright 2006 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184
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Correspondencia a: Jaime Yasky, E-mail: jaimeyasky@gmail.com
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JAIME YASKY P. / SEBASTIÁN SANTANA A. / ARIEL SEGOVIA F.
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Se estima que esta investigación reviste importancia
en diferentes frentes. Por un lado, a nivel técnico, puede
estimular la realización de estudios más específi cos de
cómo es que la psicoterapia in. uye en la salud física de
los pacientes, es decir, a través de qué medios es que la
psicoterapia puede in. uir sobre la salud física, lo que a su
vez podría eventualmente redundar en intencionar de mejor
forma las intervenciones técnicas. Estas inquietudes a su
vez se enmarcan en otras mayores, de interés disciplinario,
que guardan relación con intentar desentrañar la relación
entre lo anímico y lo corporal, esclarecer cómo o cuáles son
los mecanismos de tal relación y de qué tipo son tales rela-
ciones (si son unívocas, bidireccionales, de subordinación,
de paralelismo, etc.). Por otro lado, esta investigación –y
otras ulteriores– podrían tener un impacto social y gremial
importante, pues de establecerse una relación entre psico-
terapia y salud física, se podría ampliar el reconocimiento
del tipo de benefi cio que se presta a las personas a través
de esta actividad, lo que a su vez podría aportar mayor
fundamento para las demandas gremiales y sociales de
reconocimiento de la importancia de la psicoterapia, tanto
por parte de actores públicos, con el consiguiente impacto
en las políticas públicas, como de parte de los actores
privados, tales como Isapres y seguros de salud, lo que
también pudiera incidir en la ampliación de la cobertura
de prestaciones psicológicas.
Método
Como se mencionó con anterioridad, se realizó una
investigación exploratoria, que consistió en recoger la per-
cepción de pacientes a través de entrevistas en un formato
semi-estructurado, en que lo estructurado consistía en la
formulación de algunas preguntas claves y lo no previa-
mente estructurado residía en la abierta indagación en las
respuestas cuando fue necesario.
Los pacientes entrevistados estaban siendo atendidos,
en el momento de la investigación, por psicólogos clínicos
acreditados, estableciéndose como criterios de selección
para participar en la investigación que fueran mayores
de edad y que llevaran un tiempo mínimo de seis meses
en psicoterapia. No se consideró ni el sexo, ni el motivo
de consulta, ni el nivel socioeconómico y educacional de
éstos. La selección de psicólogos clínicos acreditados tuvo
la doble intención de, por un lado, establecer un criterio de
homologación de la formación y calidad de los psicotera-
peutas incluidos en el estudio, y por otro lado, respaldar la
existencia de una instancia de acreditación de la calidad
de la formación de quienes ejercen en psicología clínica.
Se consideraron pacientes que estuviesen en procesos psi-
coterapéuticos de a lo menos seis meses de duración, en
atención a resultados de estudios (Lambert & Bergin, 1994)
que señalan que este es el tiempo promedio en que podría ser
esperable encontrar efectos benéfi cos en los pacientes.
Las preguntas a realizar fueron ensayadas y revisadas a
través de una aplicación piloto a un paciente, y sometidas
a una evaluación por jueces expertos –psicólogos clínicos
acreditados– escogiéndose fi nalmente 18 preguntas, a las
que se agregaron las necesarias y pertinentes para esclare-
cer las opiniones de los pacientes durante las entrevistas
mismas. Se tuvo especial celo en no inducir las respuestas
de los pacientes a través de no explicarles sino hasta el
fi nal de la entrevista el tema particular del que trataba la
investigación y a través de establecer un orden en las pre-
guntas que evitara que los pacientes pudieran deducir que
lo que se estaba indagando era la relación entre el proceso
psicoterapéutico y su salud física.
Las entrevistas fueron realizadas por duplas de investi-
gadores y fueron grabadas en audio, el que posteriormente
fue trascrito para realizar el análisis de su contenido. Ade-
más se tomaron notas justo después de la entrevista respecto
a impresiones y otros datos de la situación de entrevista que
no quedaron registrados en la grabación de audio.
En definitiva las entrevistadas fueron siete, todas
mujeres, cuyas edades . uctuaban entre 31 y 44 años, de
ocupaciones diversas y la mayoría casadas y con hijos, las
que llevaban entre 6 meses y 4 años en psicoterapia. El
hecho de que fueran todas mujeres no fue intencional sino
que respondió a las características del muestreo, que fue
complejo pues implicó considerar la disposición tanto de
los psicólogos como de los pacientes para participar en la
investigación, sobreponiéndose a la general tendencia a la
privacidad y confi dencialidad. Se entrevistaron pacientes
que participaban en psicoterapias, que según sus terapeu-
tas, eran de orientación cognitivo-conductual, humanista,
psicoanalítica y sistémica. La cantidad fi nal de participantes
en la muestra se estableció por saturación teórica.
Resultados
A continuación se presentan los principales resultados
organizados según las categorías conceptuales que orien-
taron al estudio, las cuales conformaron las preguntas y
temáticas investigadas en las entrevistas y a través de las
cuales se analizó lo comunicado por las entrevistadas.
1. Consideración de su estado de salud
Respecto a cómo consideraron los sujetos que había
sido su salud en los últimos años, se encontraron diversos
resultados. Cabe señalar que la pregunta era general, se
refería a la salud “sin apellido", sin embargo, se encontró
que espontáneamente los sujetos tendían a diferenciar ex-
plícita o implícitamente entre salud mental y salud física,
declarándose mal en el aspecto mental y en general bien
en salud física.
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No obstante lo anterior, en el transcurso de la entrevista
la mayoría manifestó padecer dolencias físicas que, aparen-
temente, no consideraron importantes o no tuvieron presentes
a la hora de evaluar el estado general de su salud física.
Dentro de la idea de salud mental “mala" se mencionó
sintomatología de tipo ansiosa, depresiva, crisis de pánico,
bulimia, con. ictos interpersonales en el ámbito de pareja,
materno - fi lial y laboral, inseguridad e incapacidad en la
toma de decisiones, entre otros problemas.
Dentro de las problemáticas físicas que posteriormente
reportaron se mencionaron dolores estomacales (colon
irritable), dolores musculares, alergias, meteorismos, caída
de pestañas y cefaleas.
2. Motivación para asistir a psicoterapia
Entre los motivos para asistir a psicoterapia no se en-
contró ningún tipo de problemática común entre los sujetos,
sino que acudieron en pos de ayuda psicoterapéutica por
diversos motivos, no explicitándose problemáticas o sinto-
matología física como motivo para consultar.
3. Percepción de cambios a lo largo del proceso
psicoterapéutico
Respecto a si habían percibido cambios a lo largo de
su proceso psicoterapéutico, todos los sujetos percibieron
cambios en su bienestar que atribuyeron a la psicoterapia,
cambios que . uctuaban en cuanto a su intensidad o espectro
de in. uencia en sus vidas. Entre otros, reportaron cambios
en seguridad en sí misma, adquisición de herramientas
adecuadas para enfrentar diversas problemáticas, mejoría
en las relaciones interpersonales, posibilidad de proyección
de vida y disminución de sintomatología tal como crisis de
pánico, angustia y depresión.
Todos los sujetos reportaron que su psicoterapia ha sido
una experiencia positiva, expresando califi cativos tales
como “fantástica", “salvadora en momentos críticos" y
“recomendable para otros".
4. Percepción de cambios producidos por la
psicoterapia en salud física
Respecto a si la psicoterapia ha producido algún cambio
en su salud física, todas las personas entrevistadas afi rmaron
espontáneamente que existía una estrecha relación entre
salud psíquica y salud física.
Afi rmaron además que la psicoterapia había mejorado
su salud física, es decir, creían que la mejoría en salud física
experimentada se debía a la mejoría emocional obtenida
como resultado del proceso psicoterapéutico. No sabían o
no explicaban claramente cómo ocurría la in. uencia de la
psicoterapia en su salud física, pero sí percibían una relación
entre salud emocional y salud física.
La única discrepancia a esta tendencia provino de una
paciente, identifi cada como terapeuta . oral, que si bien creía
que existía una relación entre salud mental y salud física, y
que también creía que la psicoterapia podría mejorar la salud
física afi rmó que, en su caso particular, fueron las . ores de
Bach y no la psicoterapia las que resultaron efectivas para
disminuir sus dolencias físicas.
5. Participación en algún tipo de tratamiento
para sus dolencias físicas antes o en paralelo a la
psicoterapia
Respecto a si los sujetos se sometieron a algún trata-
miento paralelo para tratar sus dolencias o enfermedades fí-
sicas, la mayoría de los sujetos (seis de siete) manifestó que
antes de asistir al psicólogo acudieron a otros especialistas
del área médica, tales como gastroenterólogo, nutricionista,
kinesiólogos y dermatólogos, para tratar síntomas de orden
físico. También algunos manifestaron que paralelo a la
psicoterapia y a veces por indicación de su psicoterapeuta,
acudían a tratamientos psiquiátricos, farmacológicos.
Sin embargo, la mayoría manifestó que los tratamientos
médicos y psiquiátricos sólo disminuyeron momentánea-
mente la sintomatología de orden físico y emocional, atri-
buyendo los cambios logrados más estables, tanto a nivel
físico como emocional, a la psicoterapia.
Los resultados están en línea con lo planteado por Lam-
bert & Bergin (1994), en el sentido que los efectos de la
psicoterapia igualan o incluso superan los efectos esperados
con ciertos tratamientos psicofarmacológicos.
6. Percepción de cambios específi cos provocados
por la psicoterapia en la salud física
Respecto a qué cambios específi cos percibían los pa-
cientes que habían tenido como resultado de su psicoterapia,
la mayoría (seis de siete) reiteró que la psicoterapia había
in. uido en su salud física y lo había hecho en la dirección
de disminuir y hasta eliminar su sintomatología o malestar
físico. Señalaban que percibían cambios tales como alivio
de dolor de cabeza, cese del meteorismo, disminución del
sobrepeso y de dolores musculares.
Del total de los sujetos solo uno no atribuyó cambios
en su salud física a la psicoterapia, atribuyendo su mejoría
física a las . ores de Bach.
Discusión y Alcances
Como se dijo antes, la investigación realizada se orientó
a explorar la existencia de señales o evidencias que apun-
taran a que la psicoterapia in. uyó en la salud física de los
pacientes sometidos a ésta, según la percepción de estos
mismos.
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En tal sentido se puede concluir, en términos genera-
les, que a través de la metodología utilizada, se encontró
evidencia que sugiere que, según las percepciones de los
pacientes, la psicoterapia efectivamente resulta útil para
mitigar o resolver las problemáticas por las cuales consul-
tan y la sintomatología de salud mental que presentan, y
además, como efecto colateral, no intencionado, permite
experimentar una mejoría de ciertas dolencias físicas,
mejoría que los entrevistados en su mayoría atribuyeron al
efecto de la psicoterapia.
Para los pacientes no era claro en qué momento y cómo
es qué la psicoterapia in. uía en su salud física: lo que les era
claro –si prestamos credibilidad a sus opiniones– es que tal
mejoría ocurría, que era contemporánea al proceso psicote-
rapéutico y que esta mejoría en lo físico se relacionaba con
la mejoría experimentada en su bienestar anímico.
A modo de discusión quisiéramos abordar dos puntos
relativos al formato de la investigación. En primera instan-
cia señalar que la investigación realizada fue de carácter
exploratorio, por lo que sus resultados deben ser tomados
como indicios, como señales que apuntan en cierta direc-
ción, por lo que no tiene valor conclusivo. Esto vale como
reconocimiento de una de sus debilidades: que se basó en
un muestra pequeña cuya representatividad es incierta, por
tanto sus resultados valen en cuanto potencial punto de
partida de otras investigaciones que se animen a abordar
el problema planteado en mayor escala, permitiendo así
establecer con un mayor grado de certeza lo insinuado por
los resultados de la presente investigación.
Otro aspecto discutible de la investigación es el uso
de las percepciones de los pacientes como referente váli-
do para conocer la relación entre la participación en una
psicoterapia y la experimentación de cambios benéfi cos
en el estado de salud física de parte de los pacientes. Se
puede aducir que los pacientes pueden estar equivocados,
que sus percepciones o atribuciones pueden ser inexactas o
incorrectas, selectivas o tendenciosas, que pueden omitir, se
pueden olvidar de datos, pueden magnifi car otros, pueden
establecer relaciones arbitrarias entre eventos en función
de la in. uencia ejercida por otras variables (por ejemplo,
que el deseo o necesidad de mantener idealizada a la psi-
coterapia o a la persona del psicoterapeuta determine que
tiendan a resaltar lo positivo por sobre lo negativo de su
psicoterapia, menospreciando el efecto que otras medidas
o acciones hayan podido tener sobre su estado de salud).
A esto se puede contestar que se tuvo particular cuidado en
las entrevistas por no develar el sentido de la investigación,
indagándose independientemente, en preguntas separadas y
en un orden que no indujera el establecimiento de relaciones
por proximidad acerca del estado de salud física y acerca
de la psicoterapia. Sin embargo esta respuesta no resuelve
la discusión, pues aun así se podría sostener que a pesar de
los esfuerzos por evitarlo, las respuestas de los pacientes
manifi estan sesgos personales, sesgos que inclusive pueden
haber existido previo al inicio de la psicoterapia, particu-
larmente si se recuerda que la idea de que existe relación
entre salud física y salud mental es parte del patrimonio
del sentido común.
También se puede aducir que la gente que asiste a psi-
coterapia no es gente común en el sentido de que el tomar
la decisión de asistir a psicoterapia supone ya la creencia
y la expectativa, aunque sea potencial, de su efectividad,
por lo que podrían estar más propensos a reconocer posi-
bles efectos positivos inclusive en su salud general. Todos
los entrevistados estaban en tratamientos en curso, por lo
que podemos suponer que consideraban útiles o exitosos
tales tratamientos, o por lo menos seguían sosteniendo la
expectativa de que les pudiesen ser de ayuda, lo que podría
explicar que continuasen asistiendo. Esto podría explicar
la similar tendencia a valorar el efecto de la psicoterapia
sobre su salud física, lo que es posible dado el tamaño y
los criterios de elección de la muestra.
Por tanto, vale aclarar que una cosa es afi rmar qué es
lo que los pacientes creen y otra cosa es afi rmar que lo
que creen es efectivo o correcto. Partiendo de la base que
los pacientes no están mintiendo u omitiendo información
deliberadamente, lo que afi rman debe ser tomado como
válida expresión de su postura subjetiva, la que por las
razones antes señaladas puede ser más o menos fi dedigna
en el reconocimiento de hechos experimentados y ciertas
correlaciones entre éstos.
Estas y otras objeciones en similar línea son válidas, en
el sentido de que son factibles, por tanto deben ser atendidas,
estudiadas, incorporadas a futuros diseños de investigación,
cosa que también habría que haber sugerido si los resultados
del estudio hubiesen apuntado en otra dirección.
Sin embargo, en consonancia con lo planteado por Mar-
mar (en Krause, 2005), estas objeciones no son sufi cientes
para desestimar de plano el valor que tenga el considerar las
opiniones o percepciones de los pacientes como referente
válido de investigación en este tema.
La selectividad o tendenciosidad de las opiniones de una
persona es un problema propio e inalienable del estudio en
psicología, suena de perogrullo decirlo, pero atendiendo
a la aprehensión que a veces se observa por enfrentar lo
subjetivo en el estudio de lo psíquico, se hace importante
subrayar que al estudiar un fenómeno psicológico es inevi-
table enfrentarse con las complejidades que el acontecer psí-
quico presenta: intentar resolver las difi cultades a través de
rechazar o descalifi car el fenómeno de plano justamente en
virtud de las complejidades que nos presenta al estudiarlo,
es un sinsentido que se aleja de la tarea de la disciplina.
Desde una perspectiva más amplia, como es planteado
por algunos autores (Domínguez, 1991; Clavero, 1992) que
abordan el concepto de salud, no se puede abordar este tema
sin considerar las opiniones o sentimientos de los propios
involucrados, pues el sentirse sano o enfermo, el sentirse
bien o mal es ante todo una experiencia subjetiva, es una
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EXPLORATORIA
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experiencia sentida, siendo el sentir, o sea, la percepción
conciente de este sentir, el principal referente que todos
tenemos para emitir un juicio respecto a nuestra salud. Es
cierto que existen enfermedades o condiciones de salud que
ocurren sin sentimientos de malestar, y también es cierto
que se experimentan “malestares" a los que no es posible
atribuir un origen preciso a nivel orgánico, pero estas son
las excepciones, no suelen ser la regla, por lo cual la indaga-
ción de las variaciones del estado de salud de un individuo
prescindiendo del reporte de su propia experiencia sentida,
que es el referente último al cual recurre una persona para
pronunciarse respecto a su estado de salud, no parece tener
mucho sentido.
La noción que tenemos de nuestra salud física se basa en
el registro conciente que tenemos de nuestras sensaciones
somáticas. Sabemos que no percibimos todos los procesos
somáticos en curso, de hecho la mayoría pasa inadvertido
para nuestra conciencia, existiendo entre ellos procesos
patógenos que transcurren con ausencia de sensaciones de
dolor o malestar, lo que ha impulsado el importante desa-
rrollo tecnológico que la medicina ha experimentado en la
función diagnóstica. Sin embargo, parece ser consensual
que el estado que llamamos salud se refi ere a un estado
en que más allá que se registren sensaciones somáticas de
bienestar, lo defi nitorio es la ausencia de sensaciones de
dolor o malestar, lo que sustenta la clásica defi nición de
salud como “el silencio de los órganos" dada por Claude
Bernard (en Gómez, 2001). En el común de los casos,
el no dar crédito como referente válido a la ausencia de
sensaciones somáticas de malestar, implica un estado de
desconfi anza que es difícil de considerar sano.
Pensando en las proyecciones de esta investigación,
sería deseable realizar investigaciones en mayor escala, que
impliquen ampliar la muestra y hacerla más variada, lo que
permitiría obtener resultados más representativos y confi a-
bles. Debieran poderse abordar los cuestionamientos aquí
planteados, relativos a cómo las expectativas depositadas
en la psicoterapia y cómo ciertas creencias previas podrían
estar in. uyendo en los que los pacientes perciben respecto
al posible efecto benéfi co que la psicoterapia podría estar
teniendo sobre su salud física.
Como se planteó en la investigación, a pesar de que la
noción de que el bienestar anímico es determinante del bien-
estar físico es una creencia establecida en el sentido común,
no está incorporada al sentido común una consecuencia
lógica de este razonamiento: que la psicoterapia, en cuanto
práctica válida para reestablecer el bienestar anímico, podría
ayudar también, por lo menos colateralmente, al reestable-
cimiento del bienestar físico. Este desconocimiento tal vez
se inserte y responda a una lógica cultural característica de
nuestra era, que se manifi esta en las políticas de salud tanto
públicas como privadas, relacionada con la orientación al
trabajo y a la productividad como criterios de salubridad,
lógica que enfatiza y supone que el estar bien físicamente es
sufi ciente para mantenerse o reestablecerse en cuanto ente
productivo, instrumental a fi nalidades organizacionales, sin
mayor consideración por el bienestar anímico o personal,
con una tácita proposición de una relación intrapersonal e
interpersonal alienada.
Sin adscribir a esta lógica, pero operando desde ella, los
autores sostienen que es posible demostrar a través de la
investigación, con argumentos válidos de costo-benefi cio
económicos y productivos, que la psicoterapia puede ser
efectiva para mitigar, contrarrestar y prevenir por lo menos
colateralmente la ocurrencia de dolencias de orden físico,
por lo que el costo de los servicios psicoterapéuticos se
compensa por el ahorro que pudiera signifi car en el menor
uso de otras prestaciones de salud y por la consiguiente
disminución en el ausentismo laboral.
Por otro lado resulta interesante la posibilidad de indagar
en el futuro más específi camente la intimidad del vínculo entre
la actividad de psicoterapia y sus efectos en la salud físicas
de los pacientes. De qué manera o por qué medios es que la
psicoterapia puede tener un efecto benéfi co sobre la salud física
de los pacientes es un tema que implica abordar el problema
más general de las relaciones psico-somáticas, de cómo están
relacionados o imbricados lo psíquico y lo somático. Partiendo
de la base que la psicoterapia efectivamente cumple el pro-
pósito de ayudar al paciente en su bienestar anímico, y que
los pacientes también experimentan una mejoría en su salud
física, es dable suponer que tal mejoría en su salud física pasa
por o resulta de una mejoría en su situación anímica, lo que
afi rma la relación entre ambos planos y sugiere la existencia
de por lo menos una dirección en tal relación.
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