Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2006
Margarita Loubat O.
CONDUCTAS ALIMENTARIAS: UN FACTOR DE RIESGO EN LA ADOLESCENCIA.
RESULTADOS PRELIMINARES EN BASE A GRUPOS FOCALES CON
ADOLESCENTES Y PROFESORES
Terapia psicológica,
junio, año/vol. 24, número 001
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 31-37
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
TERAPIA PSICOLÓGICA
2006, Vol. 24, Nº 1, 31–37
Copyright 2006 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184
Conductas Alimentarias: Un Factor de Riesgo en la Adolescencia.
Resultados Preliminares en Base a Grupos Focales con Adolescentes
y Profesores
*
Eating Habits: A Risk Factor During Adolescente. Preliminary Results Based on Focal
Groups with Adolescents and Teachers
Margarita Loubat O. (DESS)
**
Universidad de Santiago de Chile. USACH
(Rec: 17 agosto 2005 – Acep: 14 marzo 2006)
Resumen
En este estudio se analizan las conductas alimentarias de adolescentes de escasos recursos económicos,
como un factor de riesgo y el rol de la educación como factor protector. La metodología es de carácter
cualitativo, con un diseño no experimental. Los procedimientos de muestreo fueron no probabilísticos de
naturaleza intencionada. Se recabó la información en base a grupos focales con una muestra de alumnos y
profesores, por separado. El análisis de los datos se hizo con técnicas de análisis de contenido. Se concluye
que los alumnos tienen una conducta básica alimentaria sana y saludable entregada en su escuela y por plani-
ficación del Estado. Se discuten los resultados en torno al rol de la escuela como factor protector.
Palabras Claves: adolescencia, alimentación, riesgo, escuela, factores protectores.
Abstract
This research aims at analyzing the eating habits of a group of adolescent from deprived areas like risk
factor and the role of education in protecting youngsters. This corresponds to the first stage of a bigger
project looking into eating habits and their influence on eating disorders. The methodology is of qualitative
nature, with a non experimental design. The sampling method was deliberately non probabilistic. The
information was obtained through focal groups with students and teachers, separately. The analysis of the
data was conducted by means of contents assessment. The results indicate that the adolescents have a healthy
basic nourishing behavior thanks to the food supplied in the school by the State. The discussion considers
the results in terms of the school role as a protective factor.
Key Word: adolescence, nourishment, risk, school, protecting factor.
*
Este artículo forma parte de un proyecto sobre Conductas Alimentarias
de Adolescentes y su incidencia en los Trastornos de la Alimentación.
Dicyt Nº 030193LO. Universidad de Santiago de Chile.
**
E mail: mloubat @lauca .usach. cl
Introducción
En la actualidad, en Chile, hay poca investigación so-
bre las conductas alimentarias, su relación con los trastor-
nos alimentarios de los adolescentes y las estrategias de
prevención y enfrentamiento espontáneo o sistemático por
parte de los educadores, quienes están en contacto directo
con ese grupo etáreo. Es por ello que parece necesario rea-
lizar una investigación al respecto (Atalah, 1993).
Lo que se busca es conocer si las conductas alimenta-
rias de los adolescentes constituyen un factor de riesgo de
trastornos alimentarios en un proceso progresivo de agudi-
zación del problema debido a situaciones sociales,
socioeconómicas, culturales, familiares –en distinto grado
de incidencia– que tienden a crear condiciones para una
alimentación inadecuada que lleva a los jóvenes a comer
en exceso o –en su defecto– a privarse de la alimentación
con los consiguientes riesgos en la salud (Andrade &
Zacarías, 1997; Albala et al., 1998).
Para el tratamiento de este problema, se considera que
el sistema de educación podría constituirse en un vehículo
de prevención de riesgo frente a estas conductas y actuar
de manera intersectorial con el sector salud.
En esta primera etapa, se trató de averiguar cómo se
alimentan los jóvenes y qué conocen respecto de los tras-
tornos de alimentación. También se indagó qué saben al
respecto los profesores y cómo actúan enfrentados a la pro-
blemática. Como ya fue señalado, lo que se expone, forma
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parte de resultados preliminares de un estudio de mayor
envergadura, que analiza las conductas alimentarias de ado-
lescentes escolares de sectores populares como un factor
de riesgo, su incidencia en los trastornos alimentarios y el
rol de la educación como factor protector.
La conducta alimentaria, como objeto de estudio, tiene
por sí misma gran relevancia ya que representa una res-
puesta biológica inherente a todo ser vivo. Siendo una con-
ducta básica de todo ser humano, se ha ido complejizando
más y más a través de los años, por factores económicos,
sociales y laborales, entre otros. A ello se agrega, que por
lo menos en nuestro medio, coayuda a agravar la posibili-
dad de riesgo de desarrollar conductas alimentarias poco
saludables, la estimulación que se realiza, a través de los
medios de comunicación, de ideales de belleza que lejos
están de nuestra realidad nacional y de nuestros orígenes
étnicos, los cuales inciden en la insatisfacción corporal de
muchos jóvenes. Al respecto de esto último, Raich, Mora
& Marroquiin, (1999), realizaron un estudio longitudinal
el cual arrojó evidencia de que la insatisfacción corporal es
el principal factor predictor del trastorno alimentario en la
adolescencia.
Ya hace mas de cuatro siglos que Richard Morton, se
refiriera por primera vez al tema y a sus trastornos. Hoy se
sabe que el problema es muy complejo y que requeriría en
su tratamiento, una intervención preventiva precoz, donde
se consideraran realizar acciones intersectoriales involu-
crando a la familia, al medio escolar, al sistema de salud y
sobre todo público, considerando en éste último su priori-
dad en el campo de la prevención. Deseable también sería
involucrar a los medios de comunicación en esta tarea, desde
una mirada educativa y preventiva.
Es sabido que los trastornos de alimentación como ano-
rexia nerviosa, bulimia nerviosa y comer compulsivo, son
graves y que afectan a un número creciente de adolescen-
tes, especialmente mujeres, en porcentajes realmente alar-
mantes, considerando que estos trastornos –por sí solos–
pueden llevar a desequilibrios orgánicos graves e, incluso,
poner en peligro la vida de quienes los padecen. Se estima
que la prevalencia es de un 25 por ciento en escolares y
adolescentes en perturbaciones del tipo anorexia, bulimia
y obesidad (Carrasco, 2000). En el caso del comer com-
pulsivo, estudios realizados por Spitzer y citados por Vic-
toria Holtz (1995) muestran que aproximadamente del 15
al 50% de las personas que acuden a clínicas para bajar de
peso padecen ese trastorno y que las mujeres son 1.5 veces
más propensas que los hombres a tener estos patrones ali-
mentarios. Probablemente se tiene mayor recurrencia por
la difusión de modelos asociados al éxito social donde se
valora la figura estilizada (Olivares et al., 1999). En Chile,
se conoce superficialmente cuáles son los hábitos alimen-
tarios que conducen a estas realidades, especialmente en el
caso de adolescentes de bajos recursos económicos, en
donde la situación menos aún ha sido dimensionada. En el
caso de la anorexia, antes se pensaba que era un trastorno
que afectaba a los niveles socio económicos medio y alto,
hoy Behar, (2004), dice que también afecta estratos socio-
económicos mas bajos y citando a la American Psychiatric
Associaton, (2000), habla de la necesidad de dimensionar
la problemática en países en vías de desarrollo (Bravo,
1991).
Todo lo anterior lleva a considerar que se está frente a
un problema de salud aparentemente progresivo, que se
agravaría con el consumo de productos poco nutritivos y
altamente calóricos, de bajo costo y ampliamente masifi-
cados (Cervera et al., 1993: Muzzo et al., 1999), que debe
ser estudiado sistemáticamente, con la finalidad de organi-
zar políticas preventivas a ser implementadas a través del
sistema de salud y de educación (Ministerio de Salud,
MINSAL, 1999). Considerando además lo que desde la
disciplina psicológica es posible hacer, pues, su estudio
requeriría una mirada multifactorial e incluso multidisci-
plinaria, más aún si se desea hacer un abordaje desde la
perspectiva de la Psicología de la Salud, la cual considera
al individuo en forma integral y pone fundamentalmente
énfasis en un eje de acción preventiva y en el abordaje de
equipos multidisciplinario.
Desde una perspectiva evolutiva y bio–psico–social,
estos trastornos pueden ser definidos como “pautas anor-
males de conducta alimentaria que reflejan una disrupción
en los procesos evolutivos y que asocian con cursos bioló-
gicos, cognitivos, psicosociales y emocionales desadapta-
tivos" (Attie & Broooks–Gunn,1995, en Carrasco, 2000).
En efecto, el proceso de alimentación desempeña un
papel destacado en la organización emocional desde la tem-
prana infancia, ya que es a través de él que se desarrollan
las primeras relaciones con el mundo externo (Ajuriaguerra,
1983; Astete & Becerra, 2000), también los primeros vín-
culos, los primeros apegos inter relacionales. J. Zutt, cita-
do por Gustavo Figueroa (2004), hace presente que el co-
mer en el hombre está referido a la sociabilidad, a la esfera
de las relaciones humanas profundas, superando la
animalidad y la lucha por la supervivencia. Este autor, dice
Figueroa, fue uno de los primeros en desarrollar una mira-
da desde la antropología
Con el ánimo de clarificar en qué consisten los trastor-
nos mencionados se cita a Marcelli & Braconnier (1986),
quienes haciendo referencia a H. Bruch analizan las per-
turbaciones alimentarias refiriéndose a dos componentes:
perturbaciones ponderales de un lado, (obesidad o anorexia)
y perturbaciones de los hábitos alimentarios por otro, los
que generalmente iban ligados y/o uno es consecuencia del
otro. Dentro de las conductas desviantes distinguen tres ti-
pos de perturbaciones en los hábitos de comer a) compor-
tamientos alimentarios inestables: hambre intensa, crisis
de bulimia, b) comportamientos alimentarios cuantitativa-
mente inadecuados: hiperfagia, tendencia a “picar", res-
tricción global o selectiva con influencia de los medios de
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EN BASE A GRUPOS FOCALES CON ADOLESCENTES Y PROFESORES
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comunicación y c) comportamientos alimentarios cualita-
tivamente alterados: exclusión alimentaria, en los cuales la
absorción del alimento toma significaciones simbólicas
diversas en general hechas de peligro y amenazas. El DSM
IV (1995) distingue como trastorno alimentario a la ano-
rexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno de con-
ducta alimentaria no especificado, entendiendo éste último
como un trastorno de la conducta alimentaria que no cum-
ple los criterios para ningún trastorno de la conducta
alimentaria específica.
En relación específica a la anorexia nerviosa, Simon &
Fontaine (1994), dicen que es un trastorno que aparece
habitualmente al inicio de la adolescencia, que es 9 veces
mas frecuente en la mujer que en el hombre; que la inci-
dencia de las formas clínicas afecta al 0,01 % de las muje-
res entre 16 y 25 años; que se observa vulnerabilidad al
trastorno en nadadoras, gimnastas, modelos, bailarinas y
actrices. En el 50% de los casos la anorexia se asocia a
episodios de bulimia y vómitos. Las secuelas de la desnu-
trición pueden aparecer 10 o 15 años después del inicio del
trastorno, pudiendo presentarse osteoporosis y fracturas,
insuficiencia cardiaca y renal, retraimiento y desinserción
socio–profesional.
Los mismos autores refiriéndose a la bulimia dicen que
es una ingesta rápida e incoercible de una gran cantidad de
comida, que los estudios de prevalencia en Francia mues-
tran que el 2% de las mujeres entre 16 y 25 años presentan
este comportamiento y que la bulimia comienza habitual-
mente en la adolescencia o al inicio de la edad adulta. Refie-
ren que la bulimia se observa en el curso de una anorexia
nerviosa (50%), en sujetos de peso normal entregados a ver-
daderos episodios compulsivos y asociada a la obesidad.
La anorexia, literalmente significa falta de apetito
(orexia: deseo, apetencia, anhelo). La mayoría de las defi-
niciones de anorexia son de naturaleza sindromática, pri-
vilegiando éstas unos u otros síntomas según la orienta-
ción teórica particular. Generalmente, se señala como dis-
tintivo de anorexia nerviosa el trastorno en los hábitos rela-
cionados con el comer o en el comportamiento de ingestión
anormal a causa de la restricción voluntaria de la ingesta por
un deseo manifiesto (Ardiles, 1983). Algunos datos históri-
cos señalan que fue Richard Morton en 1689, como ante-
riormente mencionamos, quien entregó la primera descrip-
ción médica (Holtz, 1995; Carrasco, 2000; Ardiles, 1983).
Posteriormente, Charles Laségue en 1873, William Gull en
1874, Worthington en 1875, Charcot en 1890, estudiaron
clínicamente el trastorno (Habermas, 1989 citado por Ardiles,
1983). Lucas en 1881, Freud en 1895 y en 1914 hacen con-
tribuciones; Janet en 1903, Binswanger & Zutt contribuyen
desde el enfoque fenomenológico, Deutsch, Waller &
Kaufman, desde el psicoanalítico. En los años 60, se agre-
gan formulaciones desde la psicología del yo; y también una
aproximación inspirada en el enfoque conductual da origen
al diseño y aplicación de técnicas de condicionamiento ope-
rante en el tratamiento de la anorexia (todo esto desarrollado
en Ardiles, 1983).
En relación a la bulimia, el término se deriva de “bulimy"
en griego y se traduce como hambre excesiva o “hambre
de buey". Se considera como consecuencia de un estado de
ánimo anormal que conduce a un deseo exagerado de ali-
mento y frecuentes ingestiones que pueden ligarse a vómi-
tos severos y copiosos movimientos del vientre. Holtz
(1995), entregó numerosos antecedentes históricos de la
bulimia nerviosa, desde las bacanales romanas en las cua-
les se estimulaba la garganta con plumas o se ingerían emé-
ticos con el fin de vomitar después de la glotonería, hasta
su descripción en el DSM IV.
Respecto del grupo de comedores compulsivos, el DSM
IV (1995) los incluyó en el síndrome “Trastorno de la Con-
ducta Alimentaria no especificada", describiéndolo como
episodios recurrentes de atracones de comida en ausencia
del uso regular de conductas compensatorias inapropiadas
características de la bulimia nerviosa. Existe –según Holtz–
gran controversia respecto de los alcances de este síndro-
me y algunos opinan que se deberían incluir también cier-
tas formas de obesidad como trastornos psiquiátricos y/o
de la salud mental.
Es interesante señalar que, a casi 400 años de que Morton
hiciera su primer reporte sobre el trastorno anorexia, estos
trastornos alimentarios ya tipificados y confirmada su gra-
vedad, continúan siendo un problema para los investiga-
dores, la salud pública y la educación. Más aún su magni-
tud aún se desconoce, sobre todo en nuestro ámbito nacio-
nal. Es preciso subrayar que ello se hace crítico en las rea-
lidades de adolescentes. Ante la pregunta: ¿qué causa un
trastorno de alimentación. se debe entender que su etiolo-
gía es compleja y múltiple, pues tiene que ver con factores
socioculturales, familiares, psicológicos, metabólicos e in-
cluso se cree que, también, biogenéticos (Barrera, 1998).
El tema de los trastornos alimentarios viene estudiándose
desde el año 1689, pero la preocupación se intensificó en
las últimas décadas en virtud a la agudización social de
esta realidad. Una persona no puede superar del problema
con sólo tener “fuerza de voluntad", ya que el padecimien-
to es sumamente complejo. El pedirle a un adolescente
envuelto en síntomas de anorexia, bulimia o comer com-
pulsivo que, simplemente, “coma bien y deje de hacerse
daño" puede sumirlo aún más en la depresión y en senti-
mientos de impotencia, pues ni la persona misma sabe cómo
comenzó el problema ni cómo detenerlo. La complejidad
de la unidad biológica, psicológica, cultural y social del
individuo puede inducirlo a desarrollar conductas alimen-
tarias de riesgo, por lo cual es necesario considerar a la
escuela como un ente protector y tender a realizar políticas
preventivas con enfoque de riesgo.
El concepto riesgo en salud se entiende como la proba-
bilidad de que acontezca un hecho indeseado que afecta a
la salud de un individuo o de un grupo. La idea fundamen-
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tal del trabajo con enfoque de riesgo, es que brinda una
medida de la necesidad de atención en salud. El conoci-
miento del riesgo o de la probabilidad de que se presenten
problemas en salud permite anticipar una atención adecua-
da y oportuna a fin de evitar daño. Se considera que exis-
ten factores de riesgo y factores protectores. Entendiéndo-
se por factor de riesgo “la característica o cualidad de una
persona o comunidad, que se sabe que va unida a una ma-
yor probabilidad de daño a la salud" (Pancer & Geoffrey,
1996). Dentro de los factores protectores, el ámbito social
ha cobrado especial relevancia y también se dice que la
familia tiene un fuerte impacto. El concepto de riesgo ha
sido, en epidemiología, un concepto que tiene relación con
riesgo biológico, no obstante este concepto se está expan-
diendo al medio psicosocial y de la conducta.
Respecto del concepto “factor protector" corresponde
a las condiciones o los entornos capaces de favorecer el
desarrollo de individuos o grupos y, en muchos casos, de
reducir los efectos de circunstancias desfavorables. Se pue-
den distinguir entre internos, que se refieren a lo propio de
la persona (autoestima, seguridad, sentido del humano,
concepción positiva de uno mismo, etc) y externos que re-
fieren a las condiciones del medios que actúan reduciendo
la probabilidad de daño (familia extendida, apoyo de adul-
tos significativos, extensión de redes de apoyo) (Munist &
cols., 1998; Montes et al., 1999). En este caso nos interesa
la escuela y particularmente los profesores.
Esta investigación pretende contribuir al desarrollo del
conocimiento de la magnitud y causas de los trastornos ali-
mentarios de los adolescentes chilenos. Esta es una prime-
ra etapa de un trabajo que tiene mayores proyecciones por
lo tanto, en esta oportunidad la aproximación al problema
se realiza a través de grupos focales con adolescentes y
profesores de sectores de menores ingresos económicos,
frente a los cuales aparentemente existe carencia absoluta
de información sobre el tema que preocupa. Para ello, se
seleccionaron cuatro establecimientos de educación básica
de dos comunas del Gran Santiago, desfavorecidas socio
económicamente. Cabe hacer notar que, sólo hecho de
aproximarse a estos establecimientos a través de las res-
pectivas corporaciones de educación municipal, y estable-
cer vinculación con los maestros y adolescentes, significó
poner el tema en discusión y destacar su importancia.
Por último se señala que los objetivos en esta etapa
del estudio, fueron investigar sobre las conductas alimen-
tarias de adolescentes de sectores de menores recursos
económicos, analizar si significan un factor de riesgo y a
su vez, indagar si la escuela se constituye con un rol de
factor protector.
Método
El diseño de la primera etapa del estudio fue no expe-
rimental y transeccional pues no se intentó la manipula-
ción deliberada de variables y ésta se realizó en un corte
de tiempo determinado. En este estudio se trabajó con
muestras no intencionadas. La técnica escogida para la
recolección y análisis de datos fue de tipo cualitativa. Se
trabajó con la técnica de los grupos focales, es decir, en-
trevistas grupales dirigidas. Se realizaron grupos con
alumnos y con profesores de cuatro colegios (Cook &
Reichardt, 1986; Ruiz, 1996).
Universo y Muestra
El universo de estudio correspondió a adolescentes que
asistían regularmente a dos escuelas de Enseñanza Básica
Municipal de la Comuna de Quinta Normal y dos escuelas
de Enseñanza Básica de la Comuna de Pudahuel.
La muestra fue no probabilística de tipo intencionada y
correspondió a un número total de 51 participantes (aprox.
12 estudiantes en cada grupo focal). Los estudiantes cursa-
ban 7º u 8º año de enseñanza básica y comprendían el ran-
go de edad entre 12 y 16 años.
El universo de estudio en el caso de los profesores co-
rrespondió a sólo tres de las escuelas, contando la muestra
con un número total de 28 participantes. Los profesores
estaban a cargo de jefaturas de la enseñanza básica.
Procedimientos de análisis de datos
Los resultados se analizaron en base a las frecuencias y
porcentajes de las categorías arrojadas y mediante el análi-
sis de contenido.
Resultados
1. Resultados de los Focus Group con los estudiantes
La discusión arrojó los siguientes resultados:
a. Al preguntar sobre qué es la Anorexia, se observaron
en total pocas frecuencias de respuestas que entregan
alguna definición de este concepto (total f = 10). La
categoría que más destaca es la definición de Anorexia
como un “Adelgazamiento Extremo" (50%).
b. En la definición de Bulimia, nuevamente observamos
pocas respuestas relativas al concepto (4 frecuencias
en total), agrupándose el mayor porcentaje en la cate-
goría que la define como “Ingesta y vómito inducido"
(75%).
c. En la pregunta relativa a las formas de prevención de
problemas o trastornos alimenticios, el mayor porcen-
taje de respuestas se ubica en la categoría de “Alimen-
tación Saludable" (34,62%). En segundo lugar vemos
que la categoría con mayor frecuencia es la de “Hacer
Ejercicios" (28,85%), y finalmente destaca la categoría
de “Adecuada Autoestima" (19,23%).
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EN BASE A GRUPOS FOCALES CON ADOLESCENTES Y PROFESORES
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d. Los grupos etáreos vulnerables a sufrir trastornos ali-
menticios, serían en opinión de los jóvenes, los “Ado-
lescentes" (59,38%) y los “Adultos" (34,38%).
e. En la temática relacionada al rol de la escuela, la di-
mensión referida a los ramos que consideran el tema de
la alimentación, está representada principalmente en tres
categorías. La categoría de mayor frecuencia es “Cien-
cias. Naturales" (55%), la siguen con igual número de
frecuencias, las categorías de “Técnico Manual" y “No
presencia de ramos que toquen el tema" (20%).
f. En la pregunta sobre los conocimientos entregados acer-
ca de la alimentación por parte de la escuela, en total se
encuentran escasas respuestas (total f = 4), destacándo-
se la dimensión “Sobre enfermedades" (50%).
g. Acerca de la utilidad de la información entregada por
la escuela, los jóvenes entregan más frecuencias de res-
puestas relativas a su utilidad (70,59%), en compara-
ción la consideración de esta información como poco
útil (29, 41%).
h. En torno a las personas o instituciones a las que se re-
curriría en caso de dificultades alimenticias, los jóve-
nes señalan principalmente a los “Especialistas" y a los
“Padres", ambas categorías con 40%.
i. En la dimensión de evaluación de la presencia de ac-
ciones por parte de la escuela en torno a la alimenta-
ción, se destaca la categoría de respuestas denominada
“Nada de intervenciones" (70,5%), la dimensión res-
tante es la que indica que en la escuela hay escasas in-
tervenciones (29,41%).
j. Finalmente, la discusión con los jóvenes respecto a la
información que consideran importante que se les en-
tregue, arrojó una mayor frecuencia de respuestas en la
categoría relativa a “Sobre alimentación saludable" (f
= 75%).
2. Resultados de los Grupos Focales con profesores
La discusión arrojó los siguientes resultados.
a. En relación a si la alimentación es un tema de impor-
tancia para los profesores, la categoría: es importante
porque una alimentación saludable es necesaria, obtu-
vo un 71.43% (71%). La categoría: es importante para
un buen estado físico y psicológico, tuvo un 14.28%
(14%). El 10 % mencionaron que era importante para
el físico, refiriéndose a la estética y a un 5% no les pre-
ocupa el tema de la alimentación (Figura 1).
b. En relación a cómo se aborda en la escuela el tema de
la alimentación, los profesores respondieron con ma-
yor frecuencia a la categoría: se aborda a través de un
programa de entrega de alimentos, con un 40.98%
(41%), seguida por la categoría: alimentos vendidos en
el kiosko 22.95% (23%), la cual hace alusión a la pre-
ocupación que manifiestan los profesores respecto del
tipo de alimentos que allí se expenden. Al interior de
ésta categoría se encuentran las subcategorías: no es
posible controlar los alimentos vendidos en el kiosko
(57.14%) y sí es posible controlar los alimentos vendi-
dos en el kiosko (42.85%).
c. En relación a si consideran que el tema de la alimenta-
ción en la escuela ha sido bien abordado, los profesores
destacan con igual porcentaje (26%) el señalar que no
ha sido bien abordado por la dificultad para cambiar
los hábitos y para controlar a los niños en el casino. En
tercer lugar se destaca que no está bien abordado por la
falta de apoyo de los apoderados con un 16.66% (17%).
d. Con respecto a cómo debería abordarse el tema de la
alimentación en la escuela, los profesores indican con
un igual porcentaje realizar un abordaje directo con los
alumnos y con los apoderados, con un 28.57% (29%),
y en tercer lugar, abordar la alimentación como un con-
tenido transversal, es decir, en los diferentes ramos de
la malla curricular con un 21,42% (21%).
e. En torno a identificar conductas de riesgo de la alimen-
tación, se observa que los profesores destacan el comer
comida chatarra con un 45%, seguido por una escasa
alimentación (25%).
f. Al preguntar a los profesores sobre los trastornos o en-
fermedades relacionadas con la conducta alimentaria,
destacan la obesidad, el sobre peso y la gordura con un
34.78% (36%) y en segundo lugar comparten la ano-
rexia y la bulimia un porcentaje de un 10. 86% (11%).
Cabe mencionar que a los profesores del primer ciclo
básico se les dificultó identificar la bulimia y la ano-
rexia como trastornos de la conducta alimentaria.
g. Al solicitarles definir los trastornos de la conducta
alimentaria que conocían, sólo se refieren a la anorexia
(73,33%) y a la bulimia (26,66%). Con respecto a las
definiciones que sobresalen respecto de la anorexia
(36,36%), aluden a no comer y a una distorsión de la
imagen corporal y no querer subir de peso. En la defini-
ción de bulimia resalta el considerarla como un trastorno
en la cual la persona come y se provoca el vómito (75%).
h. Al preguntarles respecto de acciones que podrían ha-
cerse en la escuela respecto de los trastornos alimenta-
rios, “hablar con los apoderados sobre la alimentación
de los alumnos" con un 25.80% (26%), seguida por “ha-
blar con los apoderados cuando se sospecha de un tras-
torno", con un 22,58% (23%). Un 16% opina realizar
una derivación a especialista, un 13% creen interesante
hablar con los alumnos, un 10% habla de realizar ac-
ALIMENTACIÓN
SALUDABLE
ESTADO
FÍSICO
Y
PSICOLÓGICO
FIGURA
ESTÉTICA
NO
PREOCUPA
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ciones para regular la ingesta alimentaria, un 6% moti-
var el ejercicio y por último un 6% es partidario de un
control anual del peso.
i. Al preguntarles cuál creen que sería el tipo de vincula-
ción ideal entre los sistemas de salud y educación, los
profesores se refieren, en un 67%, que lo ideal sería rea-
lizar campañas respecto de la alimentación, seguido por
(22%) apoyo directo de profesionales y por último reali-
zar programas en que participen apoderados y alumnos.
Discusión
La propuesta planteada en este estudio fue investigar
respecto de las conductas alimentarias de adolescentes de
sectores de menores recursos y si éstas constituyen un fac-
tor de riesgo y analizar si la escuela funciona como factor
protector.
Antes de hacer referencia a las conclusiones, se desea
destacar un elemento del contexto que parece fundamen-
tal: la alimentación de los sectores socio económicos des-
favorecidos esta cubierta por el Ministerio de Educación a
través de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas
(JUNAEB), el cual a través del Programa de Alimentación
Escolar (PAE) entrega, raciones de desayuno u once, desa-
yuno y almuerzo, dependiendo del Índice de Vulnerabili-
dad Escolar,( IVE). Tienen acceso a este tipo de protección
institucional, los alumnos que asisten a establecimientos
educacionales municipales y particulares subvencionados
del país, en los niveles de educación prebásica, básica y
media. Es interesante señalar que, en el año 2002, el pro-
grama Mundial de Alimentos (PMA), organismo depen-
diente de las Naciones Unidas, reconoció el programa de
alimentación escolar de Chile como uno de los cinco me-
jores del mundo y le solicitó ser socio fundador de la Red
Latinoamericana de Alimentación Escolar (LA RAE). Esta
Red comenzó a operar en Marzo del 2004 y su sede princi-
pal está en nuestro país.
Los adolescentes que participaron en la investigación
obtenían ese beneficio y, por lo tanto, una de las conclusio-
nes del estudio es que los alumnos tienen en base al pro-
grama mencionado, una conducta básica alimentaria sana
y saludable; ello fue ratificado por alumnos y profesores.
Se agrega que, en los resultados de los grupos focales con
alumnos, se menciona mayoritariamente la necesidad de
desarrollar una alimentación saludable para no tener pro-
blemas alimentarios. Y si bien estos adolescentes, no reco-
nocen por sus nombres los trastornos alimentarios tienen
noción de lo que ello significa.
No obstante, los adolescentes no reconocen acciones
específicas preventivas o educativas por parte de su comu-
nidad escolar en lo específico, y manifiestan interés en que
se les informe mas acerca de una alimentación saludable.
En el en el caso de los profesores, un 85%, consideran
a la alimentación como un tema importante, pero existe un
significativo y sorprendente 15% que no lo considera im-
portante. Reconocen como trastornos de la conducta
alimentaria a la obesidad, a la anorexia y la bulimia, pero
sólo un 16% piensa en la derivación a un especialista en
caso de identificar un trastorno. El 67% no considera la
necesidad de un trabajo conjunto salud y educación y solo
un 11% considera necesario realizar programas conjuntos
salud y educación con apoderados y alumnos. En definiti-
va el abordaje y la responsabilidad del tema de la alimenta-
ción, lo ubican mayoritariamente en el exterior (apodera-
dos, Ministerio de Educación, sector Salud, etc.). Estos re-
sultados no irían en beneficio de un trabajo intersectorial y
menos bajo el concepto de red en beneficio de la salud. El
concepto de red alude a vínculos que se establecen entre
personas, grupos y o instituciones que, teniendo cada uno
sus propias características reconocen la necesidad de crear
lazos y aunar esfuerzos para el cumplimiento de objetivos
comunes (Ministerio de Salud, 2001).
Interesa señalar entonces que, aunque el sistema edu-
cacional ha desarrollado políticas concretas respecto del
tema de la alimentación, un número significativo de profe-
sores –en el caso de las escuelas estudiadas– no parecen
estar funcionando como agentes educativos amplios, y en
el caso de la alimentación y de la prevención de sus trastor-
nos, no se estaría cumpliendo plenamente con el rol pro-
tector. Habría que indagar si se trata de un fenómeno gene-
ralizado y desde luego cuáles son las razones.
En efecto sería ideal que la comunidad educativa en su
conjunto estuviera en condiciones de efectuar una labor pre-
ventiva y también de detección y pesquisa de alumnos en
riesgo, de esta manera y con una trabajo intersectorial fluido
entre salud y educación, los educadores –por su relación cer-
cana con el adolescente y su grupo familiar– podrían consti-
tuirse en vehículo de prevención de riesgo de conductas ali-
mentarias inadecuadas, las que podrían derivan en trastor-
nos en general para la salud o quizás en trastornos específi-
cos como bulimia, anorexia y comer compulsivo.
En definitiva se concluye que los alumnos tienen una
conducta básica alimentaria sana y saludable incentivada
desde su colegio de referencia y por planificación del Esta-
do. No obstante, el profesorado no coadyuva plenamente
en esta tarea, por lo tanto la escuela no cumple plenamente
con el rol de factor protector.
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