Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2005
Stefano Vinaccia / Hamilton Fernández / Omar Amador / Ruht Estela Tamayo / Aída
Vásquez / Francoise Contreras / Sergio Tobon / Bonifacio Sandin
CALIDAD DE VIDA, ANSIEDAD Y DEPRESIÓN EN PACIENTES CON
DIAGNÓSTICO DE SÍNDROME DE COLON IRRITABLE
Terapia psicológica,
diciembre, año/vol. 23, número 002
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 65-74
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
Calidad De Vida, Ansiedad y Depresión en Pacientes con
Diagnóstico de Síndrome de Colon Irritable
Quality of Life, Anxiety and Depression in Patients Diagnosed with Iirritable Bowel
Syndrome (IBS)
Stefano Vinaccia
*
Hamilton Fernández
Omar Amador
Ruht Estela Tamayo
Aída Vásquez
Universidad de San Buenaventura, Medellín, Colombia
Francoise Contreras
Universidad Santo Tomás, Bogotá, Colombia
Sergio Tobon
Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia
Bonifacio Sandin
Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid, España
(Rec: 25 sept. 2005 – Acep: 30 nov. 2005)
Resumen
El propósito de este estudio fue evaluar la calidad de vida, ansiedad y depresión en 73 personas diagnostica-
das con Síndrome de Colon Irritable (SCI) y observar si existe relación entre estas variables. Para ello se
utilizó el cuestionario de calidad de vida SF36 y la escala de ansiedad y depresión hospitalaria HAD. No se
observó un detrimento severo en la calidad de vida de estos pacientes probablemente debido a que algunas
dimensiones que han demostrado tener un impacto importante sobre ella, se encontraban altamente preser-
vadas. Por otro lado la ansiedad y depresión se relacionaron significativamente con algunas dimensiones de
la calidad de vida de estos pacientes. Los resultados encontrados confirman la importancia de considerar los
factores psicológicos sobre la percepción de calidad de vida de los pacientes con SCI, no solo por las pun-
tuaciones obtenidas en estas escalas sino por la correlación entre ellas, que consolidan un patrón de calidad
de vida particularmente asociado a factores cognitivos, emocionales y sociales.
Palabras clave: Síndrome de colon irritable, calidad de vida, ansiedad, depresión.
Abstract
The purpose of this study was to evaluate quality of life, anxiety, and depression in 73 patients diagnosed
with Irritable Bowel Syndrome (IBS) and to establish whether there was a relationship between them. The
SF36 questionnaire and the HAD anxiety and depression scale were used. No severe deterioration in the
quality of life of these patients was observed, maybe be due to the fact that some dimensions that have
shown to have a great impact on it were highly preserved. The relationship between anxiety and depression
and some of the quality of life dimensions in these patients was significant. These results confirm the relevance
of considering the psychological factors present in the perception of the quality of life in patients with IBS.
This, not only based on the results obtained on these scales, but also on the correlation among them, which
consolidate a pattern of quality of life particularly associated to cognitive, emotional, and social factors.
Key Words: irritable bowel syndrome, quality of life, anxiety, depression
TERAPIA PSICOLÓGICA
2005, Vol. 23, Nº 2, 65 – 74
Copyright 2005 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184
*
Correspondencia: Email: vinalpi47@hotmail.com
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STEFANO VINACCIA / HAMILTON FERNÁNDEZ / OMAR AMADOR / RUHT ESTELA TAMAYO / AÍDA VÁSQUEZ /
FRANCOISE CONTRERAS / SERGIO TOBON / BONIFACIO SANDIN
TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº2, 65 – 74
Introducción
En las últimas décadas, las investigaciones sobre cali-
dad de vida en pacientes crónicos han aumentando vertigi-
nosamente, tanto por la alta incidencia y prevalencia de
este tipo de trastornos, como por su carácter permanente,
que obliga a cambios importantes en los hábitos y estilos
de vida (Vinaccia, Tobón, Moreno, Cadena & Anaya2005a;
Vinaccia et al., 2005b; Vinaccia, Contreras, Palacios, Marín
& Tobón, 2005c).
Schwartzmann (2003) sostiene que el aumento en la
esperanza de vida, hace que la calidad de vida sea el obje-
tivo primordial en la atención de estos pacientes.
Por sus características, las enfermedades crónicas sue-
len afectar de manera importante varios aspectos de la vida
de los pacientes (Rodríguez–Marín, 1995), desde la fase
inicial aguda, en la que los pacientes sufren un periodo de
crisis caracterizado por un desequilibrio físico, social y
psicológico –acompañado de ansiedad, miedo y desorien-
tación– (Brannon & Feist, 2001), hasta la asunción del ca-
rácter crónico del trastorno, que implica en mayor o menor
medida, cambios permanentes en la actividad física, labo-
ral y social de los pacientes, condición que suele durar toda
la vida (Latorre & Beneit, 1994).
Una de estas enfermedades crónicas es el síndrome de
colon irritable (SCI), el cual es un desorden ampliamente
extendido en la población mundial (Tobon, Sandin &
Vinaccia, 2005a; Tobon, Sandin & Vinaccia, 2005b; Tobon,
Vinaccia & Sandin, 2004).
El SCI representa entre 2,4 y 3,5 millones de visitas
médicas anuales en los Estados Unidos (Everhart & Renault,
1991), convirtiéndose en uno de los diagnósticos más co-
munes en gastroenterología. Además, se calcula que aproxi-
madamente el 28% de los pacientes que consultan a los
gastroenterólogos tienen SCI. El coste indirecto del SCI
para el sistema de salud es significativo (Cash & Chey,
2003) y se calcula que en los Estados Unidos el coste pro-
medio de atención es de 300 millones de dólares por año,
atención que es más costosa que la brindada a otros pa-
cientes con enfermedades gastrointestinales no irritables o
no funcionales. Debido a la alta prevalencia de este trastor-
no, su impacto en la alteración de la calidad de vida y los
altos costes económicos que representa para el sistema sa-
nitario, actualmente es una de las enfermedades gastroin-
testinales que más atención está recibiendo por parte de los
clínicos, los investigadores y los laboratorios que fabrican
productos farmacéuticos (Talley & Spiller, 2002).
El término de
colon o intestino irritable
fue probable-
mente acuñado en 1944 por Peters y Bargen (1944). En
general, el SCI se define como un trastorno intestinal de
naturaleza funcional dado por dolor o malestar abdominal
asociado con un cambio en los hábitos intestinales (estre-
ñimiento o diarrea) (Drossman et al., 2000). Recientemen-
te, se ha planteado la controversia respecto de si el SCI es
una entidad médica independiente o forma parte de un sín-
drome funcional general, junto con otros trastornos tales
como la dispepsia funcional y el reflujo gastroesofágico
funcional. Frente a este asunto, los estudios sobre agrupa-
miento de síntomas gastrointestinales han podido consta-
tar que hay una serie de síntomas que tienden a agruparse
en un factor común, correspondiente con el SCI (Camillero,
Heading & Thompson, 2002), por lo que puede decirse que
este trastorno es un problema médico independiente.
Dado que no se conoce con claridad el mecanismo
patofisiológico que justifica el síndrome (Drossman et al.,
2000), es importante hacer un diagnóstico diferencial, y
descartar otras enfermedades con síntomas similares tales
como la enfermedad diverticular, o la enfermedad infla-
matoria intestinal (Thompson, 2002). Una explicación pos-
tula que el síndrome puede deberse a una falla en la regula-
ción entre el sistema nervioso central y el sistema nervioso
entérico, sin embargo los análisis de laboratorio no han
apoyado esta hipótesis (Mach, 2004).
Se han documentado algunos factores desencadenantes
asociados con la aparición de los síntomas, entre ellos están
los cambios vitales, los conflictos laborales, las dificultades
económicas o interpersonales, el consumo de ciertos alimen-
tos (Bernstein, 2002), la ingesta de fármacos y el abuso de
sustancias psicoactivas (Hahn, Kirchdoerfer, Fullerton &
Mayer, 1997), algunos factores hormonales (Drosmam, et
al., 1988) e incluso estados psicológicos como ansiedad, pá-
nico, depresión, autoexigencia, frustración, baja autoestima,
necesidad de aprobación social y rigidez para el cumplimiento
de las normas sociales, entre otros (Drossman, 1997).
Diversos estudios señalan también, la presencia de al-
teraciones psicológicas entre estos pacientes; se ha encon-
trado que estas personas manifiestan conductas de ansie-
dad, depresión y fobias con mayor frecuencia que la pobla-
ción general y que los pacientes con enfermedad digestiva
orgánica (Drossman et al., 1993; Drossman, 1995). De igual
forma, los individuos que consultan por problemas intesti-
nales suelen referir alteraciones emocionales, muestran
mayor preocupación por su salud, valoran más negativa-
mente su estado físico, y exhiben más conductas de enfer-
medad que otro tipo de pacientes, lo que puede asociarse
con la calidad de vida percibida (Drossman, 1999). Distin-
tos estudios coinciden al señalar que la calidad de vida de
los sujetos con trastornos funcionales gastrointestinales es
inferior a la de los pacientes con enfermedad orgánica
(Drossman, Sandler, McKee & Lovitz, 1982).
La calidad de vida es un concepto complejo que inclu-
ye el bienestar físico, mental y social percibido por el indi-
viduo, felicidad, satisfacción y recompensa (Schwartzmann,
2003). En este sentido, se asume que la calidad de vida
tiene componentes objetivos (condiciones materiales y ni-
vel de vida) y subjetivos (definiciones globales basadas en
el bienestar cuyos marcadores son la satisfacción y la feli-
cidad). Dentro de este contexto, surge el concepto de cali-
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DE COLON IRRITABLE
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dad de vida relacionada con la salud, aspecto determinante
en cuanto repercute en el resto de los elementos y valores
presentes en la calidad de vida total (Vinaccia, 2005). Des-
de el punto de vista subjetivo, la calidad de vida relaciona-
da con la salud es la valoración que realiza una persona, de
acuerdo con sus propios criterios, del estado físico, emo-
cional y social en que se encuentra en un momento dado, y
refleja el grado de satisfacción con una situación personal,
a nivel fisiológico (sintomatología general, discapacidad
funcional, situación analítica, sueño, respuesta sexual),
emocional (sentimientos de tristeza, miedo, inseguridad,
frustración), y social (situación laboral o escolar, interac-
ciones sociales en general, relaciones familiares, amista-
des, nivel económico, participación en la comunidad, acti-
vidades de ocio, entre otras) (Schwartzmann, 2003).
Independientemente de los factores culturales, el sín-
drome de intestino irritable afecta la calidad de vida de los
pacientes, principalmente por su incidencia en los ámbitos
cotidianos, como el laboral, social, sexual, actividades do-
mésticas y ocio, entre otras (Tobon, Sandin & Vinaccia,
2005), existe evidencia sobre el deterioro de la calidad de
vida de estos pacientes en cuanto suele constituir un factor
limitante a nivel social (Drossman, et al., 2000). Al parecer
la calidad de vida no se ve deteriorada solamente por la
severidad de los síntomas, sino por su relación con facto-
res psicosociales, que son los predictores más importantes
de la calidad de vida en estos pacientes (Tobon, Sandin &
Vinaccia, 2005).
Se ha encontrado que en los pacientes con Síndrome de
Colon Irritable, el detrimento en la calidad de vida suele de-
berse principalmente a limitaciones en la función física, so-
cial, rol emocional y vitalidad (Locke, Yawn, Wollan &
Lydick, 1999; Hahn, et al., 1997), esta última más afectada
en la población masculina (Thompson, 2002). Talley, Owen,
Óbice y Patterson (1996) encontraron que el dolor constitu-
ye la condición que más afecta la calidad de vida en estos
pacientes (principalmente en mujeres), en cuanto que repre-
senta disminución en su capacidad laboral en términos de
funcionamiento cotidiano y social (Whitehead et al., 1982).
Hahn et al., (1997) sostienen que con el aumento de la
severidad de los síntomas, la salud mental y el rol emocio-
nal se ven más afectados, lo que influye de manera impor-
tante en el bienestar percibido de estos pacientes. Una per-
cepción de calidad de vida deteriorada, se asocia a una de-
ficiente satisfacción con respecto a la salud mental, un dé-
bil control frente a sus emociones, y altos niveles de ansie-
dad y depresión (Gralnek et al., 2000); estas emociones
negativas suelen ser habituales en estos pacientes, debido
en gran medida al curso incierto del trastorno (Tobon,
Sandin & Vinaccia, 2005). Drossman et al., (2000) argu-
mentan que es probable que los factores emocionales como
el miedo, el agotamiento, la preocupación y el cansancio
contribuyan a un reducido repertorio dentro de las activi-
dades del individuo que padece SCI.
En este sentido, la depresión y la ansiedad en los pacien-
tes con SCI, pueden deberse en parte al impacto negativo de
esta enfermedad crónica sobre la calidad de vida percibida
(Drossman, 1995). La depresión es una respuesta emocional
que suelen experimentar los pacientes como consecuencia
del proceso de adaptación a la enfermedad crónica; esta re-
acción aparece habitualmente de forma retardada, ya que
debe pasar un cierto tiempo hasta que los individuos com-
prendan todas las implicaciones que tiene su condición de
enfermos crónicos (Lazarus & Folkman, 1986).
En algunos pacientes crónicos la depresión puede ser
grave y prolongada, con intensos sentimientos de indefen-
sión, desesperanza, dependencia con respecto a los demás
y una innecesaria restricción de actividades; en estos ca-
sos, los pacientes deben recibir una intervención psicoló-
gica para tratar este problema (Rodríguez–Marín, 1995).
Las teorías cognitivas por su parte, suponen que ciertos
procesos cognitivos juegan un papel fundamental en el ini-
cio, curso y remisión de la depresión, tras un suceso vital
que suponga una pérdida, privación o un fracaso, lo cual es
frecuente en los pacientes crónicos (Brannon & Feist, 2001).
Los pacientes con SCI suelen puntuar más alto en ansiedad
que en depresión, sin embargo ambas variables pueden ac-
tuar como catalizadores para que un paciente con Síndro-
me de Intestino Irritable busque asistencia médica, más que
ser la causa del síndrome (Walker et al., 1990).
La ansiedad, por su parte, puede ser considerada como
un factor de riesgo en tanto pueda distorsionar la conducta
del paciente, su relación con el personal médico, con su
propia familia, e incluso influir negativamente en el cum-
plimiento de las prescripciones médicas
(Chakraborti et al.,
(1996)).Walker et al., (1990) afirman que la falta de infor-
mación, los síntomas físicos y la carencia de educación del
paciente respecto al síndrome, dan lugar a menudo a una
creciente ansiedad. Para reducir estos estados de ansiedad,
la relación del personal de salud con el paciente suele ser
muy importante. Bernstein (2002) afirma que el personal
de salud debe disminuir y eliminar incertidumbres y temo-
res explicando al paciente la naturaleza de la enfermedad,
educar sobre los síntomas y dar esperanza en mejorarlos,
aclarando que el SCI es una condición crónica y recurren-
te. No obstante en ocasiones el personal de salud suele sen-
tirse poco preparado para ayudar a los pacientes a manejar
estas reacciones emocionales (Moos & Schaefer, 1984).
Método
Se utilizó un diseño correlacional, en el que se estudian
las características de las dimensiones de calidad de vida de
los pacientes, y sus niveles de ansiedad y depresión. Se
realizaron análisis correlacionales para observar si existía
relación entre dichas dimensiones y la presencia de ansie-
dad y depresión en esta población.
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FRANCOISE CONTRERAS / SERGIO TOBON / BONIFACIO SANDIN
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Participantes:
Se trabajó con una muestra no probabilística de 73 pa-
cientes con diagnóstico diferencial de SCI, de los cuales el
86,3% eran mujeres y el 13,7% eran hombres, que asistían
a consulta externa a un centro médico de la ciudad de
Medellín (Colombia).
Instrumentos
Para evaluar el nivel de ansiedad y depresión se utilizó la
Escala de Ansiedad y Depresión Hospitalaria (HAD), en la
versión en castellano desarollada en Colombia por Rico,
Restrepo y Molina (2005). El coeficiente alfa de Cronbach
encontrado en la validación fue de 0.85. El HAD utiliza una
escala tipo Likert con 4 posibilidades de respuesta que van
de 0 hasta 3 para evaluar de manera situacional la ansiedad y
la depresión, con relación al periodo actual. La puntuación
total en cada subescala de 7 preguntas se obtiene sumando
los ítems correspondientes, en un rango de 0 a 21. A mayor
puntuación, más altos niveles de ansiedad o depresión.
La calidad de vida se evaluó mediante el Cuestionario
de salud SF 36, diseñado por el Health Institute, New
England Medical Center, de Boston Massachussets, para
medir conceptos genéricos de salud relevantes a través de
la edad, enfermedad y grupos de tratamiento (Ware &
Sherbourne, 1992). El SF36 es un instrumento psicométri-
camente sólido, para evaluar calidad de vida relacionada
con la salud en términos de funcionamiento físico y psico-
lógico; sus ítems detectan tanto estados positivos como
negativos de salud. El SF 36, ha sido traducido y adaptado
para ser utilizado internacionalmente a través del proyecto
International Quality of Life Assessment (IQUOLA), su
traducción al castellano siguió un protocolo común a todos
los países que participan en el proyecto IQUOLA, y se basó
en el método de traducción y retrotraducción por profesio-
nales y la realización de estudios piloto (Alonso, Prieto &
Anto, 1995; Alonso et al., 1998).
El SF 36 evalúa las ocho dimensiones siguientes: Fun-
ción Física (limitaciones físicas), Rol Físico (interferencia
en el trabajo y actividades diarias), Dolor Corporal (intensi-
dad del dolor y su efecto en las actividades), Salud General
(valoración personal de la salud), Vitalidad (sentimiento de
energía), Función Social (interferencia en la vida social ha-
bitual), Rol Emocional (interferencia en el trabajo u otras
actividades diarias), Salud Mental (depresión, ansiedad, con-
trol emocional y de la conducta), y Evolución declarada de
la salud (valoración de la salud actual comparada con la de
un año atrás). El SF 36 puntúa en una escala de 0 a 100, las
cifras más altas indican una mejor calidad de vida.
Procedimiento:
Los pacientes, quienes acudían a consulta externa en
centro medico de la ciudad de Medellín, eran informados
acerca de los objetivos de la investigación previo diagnós-
tico médico. Una vez recibida la información se solicitaba
a los pacientes el consentimiento para participar en la in-
vestigación, comentándoles acerca del secreto ético de la
información, que no obtendrían remuneración económica
por su participación y se les recordó que podrían retirarse
de la investigación cuando ellos así lo consideraran.
Una vez obtenido el consentimiento informado, se relle-
nó la ficha de datos sociodemográficos y se les entregaba los
dos instrumentos a aplicar (SF36 y HAD). En general, los
pacientes requirieron poca ayuda y orientación para contes-
tar los instrumentos, debido a su buen nivel educativo.
Resultados:
Como se puede observar, en la Tabla 1, la muestra estuvo
conformada principalmente por personas menores de 50 años
(78%), mayoritariamente mujeres (86,3%). A nivel so-
cioeconómico se observa que el 61,6% de la muestra pertenecia
a un estrato medio–alto y alto, mientras que el 38,4% pertene-
cen a un estrato medio–bajo. Acorde con lo anterior, el 63%
han realizado estudios superiores a la educación media, un
porcentaje muy reducido de ellos se encuentran desempleados
(4,1%). Cerca del 80% de la muestra está ubicada por igual en
la categoría de solteros y casados, un porcentaje reducido per-
tenece a un estado civil diferente.
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DE COLON IRRITABLE
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Los resultados obtenidos en el SF36 permiten describir
la calidad de vida de los pacientes, con respecto a cada una
de las dimensiones que evalúa el instrumento. En la tabla 2
se pueden apreciar las medidas de tendencia central de las
puntuaciones obtenidas.
Tal como se observa en la Tabla 2, a nivel descriptivo
se evidencia que la función física obtiene la puntuación
más alta de todas las dimensiones del SF36, lo que indica
que esta función no se ve seriamente limitada por la pre-
sencia de la enfermedad. La puntuación media de la di-
mensión rol físico es algo inferior a la anterior (74,3), sin
embargo atendiendo a la distribución de frecuencias, el
61,6% puntúa en el nivel máximo de la escala (100), lo que
explica los valores en las medidas de tendencia central
(mediana y moda). El 30% de la muestra obtiene puntua-
ciones de 50 e inferiores en esta dimensión.
Con respecto a la dimensión de dolor corporal, se ob-
serva una puntuación más baja (60,3) y se aprecia que las
personas tienden a agruparse principalmente en puntuacio-
nes bajas y medias. Solo el 19,2% de los participantes ob-
tuvieron puntuaciones altas en la escala (superiores o igua-
les a 80), lo que indica que se trata de un grupo de personas
en las que el dolor, aunque no los incapacita, sí esta pre-
sente en una alta proporción de pacientes.
Tabla 1
Características sociodemográficas de los 73 participantes
Género
Mujer
63 (86,3)
Hombre
10 (13,7)
Estado civil Soltero
29 (39,7)
Casado
29 (39,7)
Unión libre
2 (2,73)
Separado
7 (9,58)
Viudo
6 (8,21)
Nivel educativo Primaria
3 (4,1)
Secundaria
24 (32,8)
Técnico
13 (17,8)
Universitaria 30 (41,1)
Postgrado
3 (4,1)
Estrato
2
5 (6,85)
3
23 (31,5)
4
16 (21,9)
5
21 (28,7)
6
8 (10,9)
Edad
19–32
33 (45,2)
33–50
24 (32,8)
51–75
16 (21,9)
Ocupación
Ama de Casa 17 (23,2)
Estudiante
5 (6,85)
Empleado
48 (65,7)
Desempleado
3 (4,1)
Frec. (%)
Tabla 2
Valores normativos correspondientes a las diferentes dimensiones del SF 36
Media
81,7
74,3
60,3
54,9
56,3
69
62,1
60,3
Mediana 90
100
62
52
55
75
100
60
Moda
100
100
62
52
40
63
100
52
DT
23,22
37,49 20,98
21,20
24,82 27,41
43,50
21,56
Función Rol
Dolor Salud Vitalidad Función Rol
Salud
física
Físico
general
social emocional mental
En la dimensión de salud general se obtienen las pun-
tuaciones más bajas (54,96), y muestra un comportamien-
to bajo la curva normal y bastante simétrico. El 43,8% de
las personas puntuaron 50 o menos en la escala, el 36,9%
obtuvo puntuaciones superiores a 50 pero inferiores o igua-
les a 75, solo el 19,3% obtuvo puntuaciones superiores a
75 en la escala. Como cabría esperar de acuerdo con lo
anterior, la variable vitalidad tuvo un comportamiento si-
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milar, su puntuación media también fue baja (56,3), el 48%
de la muestra obtuvo puntuaciones iguales o inferiores a 50,
el 35,6% obtuvo puntuaciones mayores de 50 y menores o
iguales a 75, puntaje superado solo por el 16,3% de los par-
ticipantes. De acuerdo con distribución de frecuencias, el
grupo de personas de la muestra manifiestan en una propor-
ción importante, sentimientos de cansancio y agotamiento.
En la función social las puntuaciones fueron relativa-
mente altas (69.01); el 80,8% de los participantes obtuvie-
ron puntajes iguales o superiores a 50, agrupándose princi-
palmente en los puntajes superiores o iguales a 63. Al pa-
recer se trata de una población en la que se percibe que los
problemas de salud física o emocional no interfieren de
manera importante en la vida social de estas personas. Acor-
de con estos resultados, la dimensión rol emocional obtu-
vo un puntaje medio de 62.1, más de la mitad de los parti-
cipantes (52%) obtienen el puntaje máximo en la escala,
(100), lo que indica que para ellos, los problemas emocio-
nales no interfieren gravemente en su trabajo u otras acti-
vidades diarias, mientras que el 48% percibe interferencia,
en mayor o menor proporción.
Finalmente, con respecto a la salud mental, que incluye
depresión, ansiedad, control de la conducta y control emo-
cional, se observa un puntaje promedio bajo (60,33), muy
similar al obtenido en la dimensión de dolor corporal. En
esta variable, la distribución de frecuencias es bastante si-
métrica, el 54,8% de los participantes obtuvieron puntajes
iguales o inferiores a 60 en la escala, el restante 45,2%
supera esta puntuación, observándose valoraciones disper-
sas en toda la escala. En general se observa que cerca de la
mitad de la población determina que su salud mental se
encuentra afectada en mayor o menor proporción.
En la Tabla 3 se presentan las puntuaciones obtenidas en
ansiedad y depresión, evaluadas a través de la escala HAD.
Sub–escalas HAD
Media
Mediana
Moda
Desviación típica
Ansiedad
9,62
9,00
8
2,88
Depresión
4,67
4,00
1
3,55
Tabla 3
Valores normativos obtenidos en la escala HAD
Como se aprecia en la Tabla 3, la media de las puntua-
ciones obtenidas en la sub escala de ansiedad fue de 9,62,
la cual ubica a la muestra en el rango de 8–10, que indica a
nivel general, que se trata de una población que aunque no
tiene un trastorno definido de ansiedad, tampoco carece de
ella; este rango corresponde a casos dudosos de ansiedad.
En la sub–escala de depresión, por su parte, se observa un
descenso importante en las puntuaciones, su media fue de
4,67, que ubica a la muestra en el rango de 0–7, que corres-
ponde a ausencia del trastorno.
La escala HAD, provee unos rangos de puntuación para
sospechar si el trastorno ya sea de ansiedad o depresión
está ausente, es dudoso, o está presente (0–7, 8–10, 11–21,
respectivamente). En la Tabla 4 se presenta la distribución
de la población en cada una de estas categorías.
Sub–escala HAD
Trastorno ausente
Casos dudosos
Trastorno presente
Ansiedad
19 (26%)
28 (38,3%)
26 (35,5%)
Depresión
56 (76,7)
13 (17,8)
4 (5,5%)
Tabla 4
Distribución de los participantes en las categorías de la escala del HAD
Con respecto a la ansiedad, el puntaje mínimo obteni-
do fue 4, ninguna persona superó el puntaje 19 en ansie-
dad. Se observa una distribución similar en las tres catego-
rías, alcanzando un porcentaje algo mayor en las catego-
rías de dudoso y presente. En la sub escala de depresión, se
observan puntuaciones notablemente más bajas, la pobla-
ción se agrupa de manera importante en el rango de tras-
torno ausente (76,7%), un pequeño grupo de personas está
en trastorno dudoso, y es mínimo el porcentaje de personas
que puntuaron en trastorno presente (5,5%). El rango mí-
nimo fue de 0, ninguna persona superó el puntaje de 15.
Los resultados obtenidos en los instrumentos fueron
sometidos a un análisis correlacional para observar el com-
portamiento de las variables en el estudio. Los resultados
de la correlación de Pearson aplicada a las dimensiones de
calidad de vida, se presentan en la tabla 5.
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DE COLON IRRITABLE
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº2, 65 – 74
Se encontraron correlaciones directas y positivas entre
algunas escalas del SF36; Vitalidad con rol emocional (0,56)
y salud mental (0,61); función social con rol emocional (0,52)
y salud mental (0,56); salud mental y rol emocional (0,62).
Posteriormente, las dimensiones de calidad de vida y
las variables de ansiedad y depresión fueron también so-
metidas a un análisis correlacional, en la tabla 6 se presen-
tan estos resultados.
Tabla 5
Correlación entre las variables de calidad de vida evaluada por el cuestionario SF 36
F. Física
–
–
–
–
–
–
–
–
R. Físico
–
–
–
–
–
–
–
–
Dolor
–
–
–
–
–
–
–
–
Salud G.
–
–
–
–
–
–
–
–
Vitalidad
–
–
–
–
–
–
0,56
0,61
F. Social
–
–
–
–
–
–
0,52
0,56
R. Emocional –
–
–
–
–
–
–
0,62
Salud mental –
–
–
–
–
–
–
–
Función Rol
Dolor Salud Vitalidad Función Rol
Salud
física
Físico
general
social emocional mental
Tabla 6
Correlación entre las dimensiones de calidad de vida evaluada por el cuestionario SF 36 y la ansiedad y depresión,
obtenidas mediante la escala HAD
HAD
Ansiedad –0,14
–0,22 –0,33
–0,24
–0,50 –0,45
–0,47
–0,61
HAD
Depresión –0,34
–0,37 –0,37
–0,48
–0,61 –0,53
–0,54
–0,64
Función Rol
Dolor Salud Vitalidad Función Rol
Salud
física
Físico
general
social emocional mental
La ansiedad correlacionó de manera inversa y signifi-
cativa con las dimensiones de vitalidad (–0,50), y salud
mental (–0,61). También de manera inversa, la depresión
correlacionó con las dimensiones de vitalidad y salud mental
(–0,61 y –0,64 respectivamente), adicionalmente la depre-
sión correlaciono también de manera inversa con función
social (–0,53) y rol emocional (–0,54). La ansiedad y la
depresión mostraron una asociación significativa y positi-
va (0,51).
Discusión
En esta investigación se encontró un deterioro en la
calidad de vida de los pacientes con síndrome de colon irri-
table, tal como ha sido documentado en otros estudios
(Gralnek, et al., 2000; Camilleri et al., 2002; Hahn et al.,
1997), sin embargo este detrimento no fue severo, lo cual
coincide con estudios previos en los que se ha encontrado
que los pacientes con este tipo de trastornos exhiben patro-
nes de respuesta menos graves a la enfermedad y menores
perturbaciones emocionales asociadas, al compararlos con
otros pacientes con trastornos gastrointestinales, como la
colitis ulcerativa (Vinaccia et al., 2004). Estos hallazgos,
son contrarios a lo planteado por Drossman et al. (1997),
quienes afirman que la calidad de vida de los individuos
con trastornos funcionales gastrointestinales es inferior a
la de otros pacientes con enfermedad orgánica. Al compa-
rar estos resultados con los obtenidos en población sana
colombiana de la ciudad de Medellín con el cuestionario
SF36 (García & Lugo, 2002), se observan las siguientes
relaciones nivel de Medias: función física: 81.7 – 93.9; rol
físico: 74.3 – 90.3; dolor corporal: 60.3 – 82; salud gene-
ral: 54.9 – 84.4; vitalidad: 56.3 – 75.8; función social: 69 –
85.8; rol emocional: 62.1 – 86.3; salud mental: 60.3 – 79.5.
El no encontrar un grave deterioro en la calidad de vida
de estos pacientes, como sucede con otras enfermedades
crónicas, es probable que se deba por una parte, a las ca-
racterísticas propias del trastorno, como la benignidad de
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los síntomas y la nula posibilidad de muerte debido al sín-
drome y por otra, a las características diferenciales que
adquiere la calidad de vida, de acuerdo con el detrimento
que se presente en cada una de las dimensiones que la com-
ponen y su relación entre ellas.
En este sentido, el escaso menoscabo en la calidad de
vida tiene que ver con que algunas dimensiones que han
demostrado tener un impacto importante sobre ella, se en-
contraban altamente preservadas; tal es el caso de la fun-
ción y rol físico (Levy, Whitehead, vonKorff & Feld, 2000;
Drossman, et al., 2000; Hahn et al., 1997; Whitehead et al.,
1982). Estas dos dimensiones obtuvieron puntuaciones al-
tas (81,7 y 74,3 respectivamente), lo que indica que se tra-
ta de pacientes que no perciben serias limitaciones frente a
actividades físicas cotidianas (incluyendo el autocuidado),
ni consideran que su salud física interfiere de manera rele-
vante en su trabajo y demás labores diarias. En concordan-
cia con lo anterior, se encontró que la función social tam-
bién está conservada en buena medida (69), otro aspecto
que ha demostrado tener gran impacto sobre la calidad de
vida del paciente crónico (Whitehead et al., 1982).
Con respecto a las dimensiones de calidad de vida más
afectadas en estos pacientes, fueron como sigue: salud gene-
ral (54,9), vitalidad (56,3), salud mental (60,3), dolor (60,3)
y rol emocional (62,1); todas ellas dimensiones más relacio-
nadas con características cognitivas con alto contenido emo-
cional, que con capacidades físicas propiamente. Estos ha-
llazgos coinciden con otros estudios en los que se ha encon-
trado que el rol emocional, la salud mental, la vitalidad y el
dolor, son variables que afectan de manera importante la
calidad de vida de estos pacientes (Levy et al., 2000; Hahn
et al., 1997; Whitehead et al., 1982; Drossman et al., 2000).
Estos hallazgos confirman lo planteado por Bennett y
Wilkinson (1985), quienes encontraron que el deterioro no
se debe solamente a la severidad de los síntomas, sino a su
relación con factores psicosociales, que son los predictores
más importantes de la calidad de vida en estos pacientes.
La vitalidad y la función social tienen un impacto im-
portante en la calidad de vida en cuanto correlacionaron de
manera significativa y positiva tanto con rol emocional,
como con salud mental, las cuales a su vez, demostraron
correlacionar entre sí. Es decir, a mayor sentimiento de
energía y vitalidad y mayor función social, menor es el
grado en el que los problemas emocionales interfieren en
el trabajo u otras actividades diarias y mejor salud mental,
es decir, menor depresión, y ansiedad, y mejor control
emocional y de la conducta.
Las anteriores correlaciones indican el impacto de los
procesos psicológicos sobre la percepción de calidad de
vida de esta población de pacientes con síndrome de intes-
tino irritable, no solo por las puntuaciones obtenidas en
estas escalas sino por su correlación entre ellas, que conso-
lidan un patrón de calidad de vida particularmente afecta-
do por factores cognitivos, emocionales y sociales.
Por otra parte, diversos estudios señalan la presencia
de trastornos psicológicos entre pacientes con disturbios
inflamatorios del intestino, caracterizados por altos nive-
les de ansiedad y depresión (Solmaz, Kavuk & Sayar, 2003;
Chakraborti et al., 1996; Hazlett–Stevens, Craske, Mayer,
Chang & Naliboff, 2003). Incluso con mayor frecuencia
que la encontrada en pacientes con enfermedad digestiva
orgánica (Roth, 2003), no obstante, contrario a estos resul-
tados pero acorde con las características de calidad de vida
de estos pacientes, se encontraron bajos niveles de ansie-
dad y depresión, lo que redunda favorablemente en la cali-
dad de vida percibida. Estos resultados coinciden con in-
vestigaciones previas realizadas por Vinaccia et al., (2004)
en las que se encontró que los pacientes con SCI manifies-
tan menos niveles de depresión y menor propensión a la
ansiedad al compararlos con otro trastorno gastrointestinal
con una clara base orgánica como la colitis ulcerativa.
Acorde con lo planteado por Rico, Restrepo y Molina
(2005) estos pacientes puntuaron más alto en ansiedad que
en depresión (9,62 y 4,67 respectivamente). Sin embargo,
vale la pena destacar, que aunque sin considerar que se tra-
te de un diagnóstico claro si se atiende a los rangos que
provee la escala HAD, un número importante de pacientes
están ubicados en las categoría de trastorno presente de
ansiedad (35,5%), aspecto relevante si se tiene en cuenta
que la ansiedad se considera un factor de riesgo, en cuanto
puede distorsionar la conducta del paciente, afectar su re-
lación con el personal médico, con su familia, e incluso
influir negativamente en el cumplimiento de las prescrip-
ciones médicas
(Solmaz et al., 2003). En este sentido, el
reducir estos estados de ansiedad, implica optimizar la re-
lación del personal de salud con el paciente, pues en oca-
siones la falta de información y la carencia de educación
del paciente respecto al síndrome, dan lugar a menudo a
una creciente ansiedad (Hazlett–Stevens et al., 2003).
Bernstein (2002) afirma que el personal de salud debe
informar y orientar de manera oportuna al paciente para
disminuir o eliminar incertidumbres, explicando la natura-
leza de la enfermedad, educar sobre los síntomas y ofrecer
recursos para su alivio, aclarando que ésta es una condi-
ción crónica y recurrente. No obstante, en ocasiones el per-
sonal de salud puede estar poco preparado principalmente
para ayudar a los pacientes a manejar sus reacciones emo-
cionales (Moos & Schaefer, 1984).
La importante relación de la ansiedad y la depresión
con la calidad de vida de los pacientes con SCI, se aprecia
a través de las correlación positiva hallada entre ellas, y
por las relaciones inversas encontradas justamente sobre
las variables que están afectando la calidad de vida de es-
tos pacientes. A mayor ansiedad menores sentimientos de
energía y vitalidad, y mayor detrimento en la salud mental,
y a mayor depresión, menores sentimientos de vitalidad,
menor función social, rol emocional y salud mental. Estas
correlaciones confirman nuevamente el impacto de los as-
CALIDAD DE VIDA, ANSIEDAD Y DEPRESIÓN EN PACIENTES CON DIAGNÓSTICO DE SÍNDROME
DE COLON IRRITABLE
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº2, 65 – 74
pectos emocionales y sociales sobre la calidad de vida de
los pacientes con SCI, y confirman su importante asocia-
ción con la depresión. En este estudio, la depresión afectó
más dimensiones de la calidad de vida que la ansiedad, lo
que ha sido ampliamente documentado (Hahn et al.,1997).
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