Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2005
Alfried Längle
LA BÚSQUEDA DE SOSTÉN. ANÁLISIS EXISTENCIAL DE LA ANGUSTIA
Terapia psicológica,
diciembre, año/vol. 23, número 002
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 57-64
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
La Búsqueda de Sostén. Análisis Existencial de la Angustia
The Search for Support. An Existential Analytic Approach to Anxiety
Alfried Längle
*
Viena
(Rec: 23 sept. 2005 – Acep: 20 nov. 2005)
Resumen
La angustia, en tanto estado de excitación generalizado, es expresión de un ser amenazado no sólo de la
existencia física, sino también de la existencia psíquica y espiritual. La amenaza pone en peligro las estruc-
turas que dan sostén al ser humano y garantizan la conservación del Dasein. Sin sostén, sin protección por la
que se puede vivir confiado en el mundo, uno se siente des–acogido. En el contexto existencial es la angustia
un parámetro subjetivo que sirve para medir la amenaza del Dasein –en su totalidad–, o de aspectos parcia-
les de la existencia en los que el ser humano se siente amparado, sostenido. Después de una exposición del
acceso existencial a la angustia y de una división simple de las formas de angustia, resultantes de ese análi-
sis, se hará aquí una breve referencia de los métodos de tratamiento de los que dispone el AE para afrontar
la angustia: el trabajo profundo para la búsqueda de sostén, los trabajos para perfilamiento de posición, la
derreflexión (Frankl) y la intención paradojal (Frankl).
Palabras clave: Angustia, Análisis Existencial, estructura existencial, métodos de tratamiento.
Abstract
From an existential analytic point of view, anxiety is considered a prominent theme in human existence. The
experience of being threatened is commonly related to physical and material aspects of life. On a deeper
level, however, anxiety is linked to a search for foundational and supporting structures. Anxiety arises when
a person loses a sense of safety, of being held and having shelter in the world. Anxiety, therefore, can be
perceived as the subjective experience and feeling of threat to one’s immediate existential structure.
This paper outlines the existential analytic approach to understanding fear and anxiety. The paper considers
the basic classification of anxieties and provides an overview of specific existential methods of treatment.
These include: the search for foundational structures of existence, the method of ascertaining one’s position,
dereflexion (Frankl) and paradoxical intention (Frankl).
Key words: Anxiety, Existential Analysis, existential structures, treating methods
*
Correspondencia: alfried@laengle.info. Traductor: Prof. Dr. N.A. Es-
pinosa, Mendoza.
Definición y descripción
Neuro–fisiológicamente puede ser definida la angustia
como un estado generalizado de excitación, el que
psicológi-
camente
se traduce por un sentimiento de una amenaza o pe-
ligro, al que el ser humano se siente
existencialmente
expues-
to. El individuo vivencia una falta (parcial) de protección.
La amenaza física o psíquica pone al ser humano, como
ser personal–existencial, frente a su posible destrucción o la
pérdida de
sostén
y de
estructuras
ordenadas que, de acuer-
do a la 1ª motivación fundamental (Längle 1992, 2002), le
dan el suelo para el despliegue de su “poder–ser". En la an-
gustia se le hace evidente al ser humano la potencial aniqui-
lación de su existencia por causa de una amenazante pérdida
de sostén en el mundo. Se hace patente el abismo (el no
tener piso en que apoyarse). Desde el punto de vista formal–
genético la angustia consiste en un trastorno de la relación
entre el propio poder (valor, capacidades, medios a disposi-
ción, apreciación de competencias) –por una parte– y las
inestabilidades (fragilidad, no confiabilidad, incertidumbre)
del mundo –por otra parte–. La persona se vivencia despro-
tegida, indefensa, impotente, no a la altura de la situación.
La reacción general (reacción de coping) contra este estado
de indefensión y el sentirse sin suelo en que apoyarse es el
reflejo de sostén (tensión muscular, reacción de alarma del
cuerpo y de la psique) y la búsqueda de protección, seguri-
dad y sostén, en vistas del abismo de la existencia.
Historia del surgimiento de la angustia
Desde el punto de vista histórico–evolutivo reconoce
la angustia tres diferentes campos de origen. Se la puede
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2005, Vol. 23, Nº 2, 57 – 64
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describir como resultado de la constitución (a) bio–psico-
lógica, (b) socio–cultural y (c) existencial del “ser–en–el–
mundo".
a) La angustia es un fenómeno ampliamente extendido
en la “
naturaleza
". Todos los animales superiores la cono-
cen. Por el contrario, es desconocida en las plantas y entre
los animales inferiores. Para generar la angustia se precisa
un complejo sistema nervioso. Por el principio de la
“reaferencia", esto es, del rápido “feedback" nervioso, que
hace posible también un acelerado almacenamiento de in-
formación, puede el organismo detectar informaciones peli-
grosas para la vida y ponerse al instante en un estado de
máxima tensión, que es la base de la vivencia de angustia.
Su núcleo neuronal es el ARAS (sistema reticular de activa-
ción ascendente, Guttmann, 1973). Este enfoque evolutivo
de la angustia pone al descubierto una cosa: que la angustia
humana reconoce el mismo origen que la animal. Por eso,
los mecanismos animales de la angustia en el ser humano
son investigables experimentalmente también en animales.
b) La angustia tiene también un origen
“social"
, tanto
entre los animales como entre los seres humanos. Aun cuan-
do no de idéntica forma, se registran en los seres humanos
luchas por imponer jerarquías, roles de líderes, por asegu-
rar el coto, la alimentación y la reproducción, lo que lleva
al desarrollo de angustias tendientes a la conservación del
individuo y del sistema. La transferencia de la angustia del
individuo al grupo y viceversa ya pudo ser observado por
los antiguos griegos en sus rebaños de cabras, las que,
enceguecidas por el pánico, no rara vez se despeñaban ca-
yendo en el precipicio. Los griegos creían que el dios “Pan"
se había metido en el rebaño, por lo que todavía hoy se
denomina “pánico" a la huida incontrolada y ciega ante un
peligro que se experimenta como destructivo. En el ser
humano, la angustia individual está en una especial y com-
pleja relación recíproca con los miedos colectivos y los
condicionamientos sociales. Vivimos en una era de la an-
gustia –así lo decía A. Camus a mediados de nuestro siglo–
. El miedo de las guerras, de la bomba atómica, de las
inestabilidades económicas, del desempleo, de la pérdida
de control en política, economía y ciencia fue en la década
de los 50 especialmente grande. Al miedo de la guerra fría
le sucedió el de la destrucción del medio ambiente y el
terror. ¿Pero, cada siglo no tiene sus propios miedos, que
olvidamos prestando atención sólo a los nuestros. Guerras
de 30 años, de 100 años, pestes, hambrunas, persecuciones
religiosas, campos de concentración, arbitrio estatal pro-
vocaron en todas las épocas grandes miedos.
El sociólogo americano David Riesmann (1987, en
Baeter, 1987) ve en la angustia hoy una función de sustitu-
ción para un ser humano –el moderno– “dirigido desde afue-
ra": “Cuando el hombre ya no tiene ningún fin inequívoco
para perseguir, ninguna brújula que le indique cómo se ha
de orientar para conseguirlo, entonces le ayuda su angustia
para agudizar sus sentidos que lo alertan, tempranamente,
de dónde vienen las exigencias sociales. El ser humano está
como programado para una angustia difusa, que lo dispone
antes de cualquier acción". El ser humano moderno –en su
posición frente a los semejantes– se deja, según Riesmann
(1987, en Baeter, 1987), dirigir primeramente por la an-
gustia; se conduce de modo tal que la angustia se reduce,
disminuye su virulencia.
También Niklas Luhmann le asigna a la angustia en nues-
tra época una parecida función. La angustia se hace equiva-
lente al “sentido". Temas relativos a miedos pueden contar
con alta cuota de atención tanto en ambientes públicos como
en las conversaciones privadas. “El que aquí manifiesta des-
interés, se hace sospechoso de irresponsabilidad y de falta de
corazón", escribe Dirk Baecker (1987). Este autor muestra la
sustitución del “sentido" por la angustia cuando dice: “El len-
guaje cargado de angustia posibilita quitarle el cuerpo al ries-
go de una carencia de competencia".
Asimismo constata Luhmannn que en la actual socie-
dad la “comunicación de la angustia" siempre es apreciada
como un acto de habla auténtico, siguiendo lo escrito por
Baecker. A nadie, que afirma que ha tenido angustia, se le
puede discutir esto. Esto vale como un moderno a priori.
De esta forma, el influjo sociocultural de la angustia exhi-
be hoy un cambio de significación y de función. Como sín-
toma de nuestro tiempo no es sufrida la angustia sólo pasi-
vamente, sino sirve como sustituto de un vacío de conteni-
dos vivenciales y de competencia.
c) La tercera raíz de la angustia se encuentra en la “
con-
frontación espiritual
" de la persona, con las condiciones
específicas, las posibilidades y peligros de su Dasein.
Heidegger (1979, p. 184) trabajó en “Ser y Tiempo" –de
modo insuperable– la angustia, presentándola como uno
de los temples fundamentales del ser humano, que perte-
nece pues esencialmente a la constitución de él como
Dasein. En el “angustiar–se" ve él un modo fundamental
del “ser–en–el–mundo". La angustia hace patente al mun-
do en su “des–acogimiento" (Unheimlichkeit), porque en
la angustia se desvanece –como un engaño– la familiari-
dad que tenemos con las cosas cotidianamente. La angus-
tia pone al ser humano frente a la posibilidad de la irrup-
ción de la “nada", que siempre está ya ahí y que pertenece
al mundo, asediando al Dasein ininterrumpidamente y en
todas partes. En el des–acogimiento de la angustia en me-
dio del Dasein se experiencia el ser humano aislado y arro-
jado –retrotraído– sobre sí mismo. En la angustia se mani-
fiesta el “estar entregado del Dasein a sí mismo" (p. 192).
En el fondo se encuentra el ser humano entregado a sí mis-
mo en su estado de “yección" en el mundo. Pero está, por
eso mismo, en peligro de escapar de este hecho fundamen-
tal de la vida, recurriendo al cotidiano “estar caído", incli-
nado al mundo: el ser humano se refugia en la tranquiliza-
dora familiaridad y confianza que aportan los entes
intramundanos. Pero si la angustia no debe ser negada ni
pasada por alto, sino puede ser percibida cara a cara, en-
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tonces ayuda al ser humano a hacerle patente su ser propio
y auténtico, lo que no es más que su “poder–ser", su “posi-
bilidad de ser". El Dasein asume así su ser auténtico (p.
191), en vez de huir a lo aparentemente familiar de la vida
cotidiana. Esa huida es llamada por Heidegger el “estar
caído" en la existencia inauténtica y enajenante. En la re-
velación de la existencia auténtica reside pues el valor de
la angustia: este modo fundamental de hallarse el Dasein
en el mundo resulta del estado de yecto del Dasein en el
mundo por el que es permanentemente amenazado: lo que
amenaza es “nada" y viene “de ninguna parte".
Siguiendo a S. Kierkegaard (1960), que ve en la angustia
la posibilidad que el Dasein tiene de escamotearse, para Viltor
v. Gebsattel (1968) es la angustia “angustia del devenir".
“El ser humano, que decide su devenir o llegar a ser en liber-
tad, auto–responsabilidad y auto–determinación, está ame-
nazado por la posibilidad del fracaso total, o sea, de –llegan-
do a ser– llegar a ser nada". Para v. Gebsattel el punto de
gravedad de la angustia humana está pues en el impedimen-
to del desarrollo del ser humano, de su poder–devenir–él
mismo. Al contrario de Heidegger, llama la atención que v.
Gebsattel habla más de “llegar a ser" que de “ser".
En Frankl (1982) debe estar la angustia en última instan-
cia fundada en la finitud de la existencia. Esta limitación de
la humana existencia en el tiempo es la razón esencial de la
búsqueda de sentido de parte del ser humano. Por la finitud
el ser humano está exigido a darle forma, a configurar cada
día su vida plenamente, porque cada día queda inscripto lue-
go, sin posibilidad de subterfugio alguno, en el “debe" o
“haber" del tiempo vital. Si tuviese el ser humano por delan-
te un tiempo infinito para vivir, podría darse también un tiem-
po infinito y no tendría que afanarse para llenar de sentido
cada instante de su vida. Según Frankl, detrás de la búsque-
da de sentido está la angustia por la caducidad y nadidad de
una vida vacía de sentido (Frankl, 1982, p. 83).
Un poco menos filosóficamente decimos hoy en el Aná-
lisis Existencial que el ser humano que se angustia es “la
persona en busca de sostén". Esta persona experiencia que
su poder–ser está amenazado por la “aniquilación", encuen-
tra su existencia radicada en un campo de tensión entre el
ser potencial y el potencial no–ser, con lo que descubre
una estructura básica esencial, propia de la existencia, a
saber, el caer desde la “altura del ser" a la “profundidad del
no–ser" o del “poder–no–ser".
De lo que se trata en las descriptas dimensiones del sur-
gimiento de la angustia es de la protección –de parte del
ser humano– de contenidos plenos de sentido. En la angus-
tia biológica anida la conservación instintiva de la vida
natural. En la angustia socio–cultural se trata de la puesta
en cuestión de la ligazón y recíproca dependencia en una
comunidad, en un grupo social. Los miedos existenciales
son expresión de la vigilia y el tomar en serio de la volun-
tad de ser y de una actitud vital personalizada. Cuando la
persona ya no quiere seguir viviendo, se apagan las angus-
tias existenciales y se afloja la voluntad de configurar la
propia vida. Conocer a la angustia en su significación ori-
ginaria permite comprender su carácter de “señal" y, así,
apreciar el valor que tiene para la vida.
Cuando la angustia se hace patológica representa un
motivo de sufrimiento. En este caso, el individuo aparece
tan comprometido por la angustia, que ya no es más libre
para el cumplimiento de sus actos, según sea la situación en
que se encuentra. La calificación de “patológica" de la an-
gustia es pertinente cuando ella impide el cumplimiento de
los actos vitales. Entonces la angustia lleva al ser humano a
buscar sostén. Un índice de la patología es que la búsqueda
de sostén es “sobrevalorada", pues el angustiado quiere cer-
ciorarse de que el sostén es tal, que le da suficientes “garan-
tías". La angustia patológica es el sufrimiento por la imposi-
bilidad de hallar en la vida seguridades absolutas.
Fenomenología de las dos formas básicas de angustia
El método “fenomenológico" se ofrece como el más
adecuado para poner en descubierto la esencia de la angus-
tia (Chessick, 1995; Marx, 1987). Dado que la angustia es
un fenómeno del vivenciar subjetivo, un acceso fenome-
nológico a la esencia de la angustia humana ha de prestar
atención a la vivencia subjetiva de la angustia. Aquí hay
dos preguntas para hacer: 1) ¿Cuál es el contenido de la
vivencia de angustia. (¿"De qué se trata en la vivencia de
angustia".) 2) ¿De qué modo y forma es vivenciada la an-
gustia. (¿"Cómo vivencia la persona la angustia". “Hay
formas diferentes de vivenciar la angustia".) Este modo de
proceder abre una perspectiva, en la que los fenómenos
singulares avanzan juntos hacia un punto de fuga, tras del
cual o en su profundidad –o sea, “tras" sus formas particu-
lares de aparecer– se unen, en una unidad que los abraza.
La angustia se refiere siempre a algo futuro, por venir,
de algún modo inminente, que todavía no ha llegado del
todo. En toda forma de angustia se siente que todavía hay
posibilidades abiertas, las que son vivenciadas como una
inseguridad
y que representan una amenaza. La persona
puede vivir la angustia a dos niveles: en la conmoción in-
mediata de las estructuras dadoras de sostén y en la actitud
frente a la angustia, o sea, la angustia genera una actitud de
angustia de la angustia.
a) Angustia fundamental (la angustia por el “no–
poder–ser" = “me dejan caer")
La conmoción consiste en el “hacerse insegura de la
existencia". Lo que hasta ayer ofrecía sostén (por ej. salud,
puesto de trabajo, pareja, imagen de sí mismo, seguridad
en el tránsito, etc.) pierde firmeza y confiabilidad. Esta es
la experiencia del “nada es seguro". La percepción inme-
diata del tambaleo de lo hasta ahora firme genera la emo-
ción de la
angustia fundamental
. La posibilidad del no–
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poder–ser se hace patente en medio de la realidad. La “nada"
irrumpe en la existencia. Es como si a uno le hubiesen quitado
el piso bajo los pies, con lo que se pierde el apoyo y se hace
evidente el peligro de caer en la nada sin–fondo.
Para el AE la angustia fundamental es algo inherente al
ser–humano. La angustia fundamental puede ser provoca-
da en circunstancias gravosas para el individuo que afec-
tan su pensamiento, su obrar y sentir, impidiendo el cum-
plimiento de sus actos, paralizándolo, horrorizándolo o atra-
vesándolo por el pánico. O puede también adoptar la for-
ma de una “rotura en el mundo", aglomerándose en un con-
creto “por algo" –“por algo" por lo que se siente miedo–.
La angustia fundamental se experiencia así como un “agu-
jero" en la realidad que asusta (fobia) y paraliza al Dasein,
por ej. fobia cardíaca, colapso–fobia, etc.
b) Angustia de expectativa (miedo, fobia = angustia
por la angustia = “no soporto esto")
La otra forma de la angustia, que el ser humano puede
experienciar, reside en un plano por encima de la anterior y
consiste en la “actitud" miedosa frente al miedo. La esen-
cia de esta angustia es la expectativa, el estar al acecho
de..., por lo que se la ha llamado
angustia de expectativa o
expectante
(Frankl 1983, p. 99). En tanto reacción secun-
daria a la angustia es la angustia expectante una actitud
pusilánime, uno no se siente capaz de afrontar la angustia.
Hay un déficit de sostén en uno mismo, por lo que se pre-
siente que se va a claudicar cuando la angustia irrumpa por
algún motivo determinado. Lo que está afectado aquí es el
ánimo de la persona a que le falta el valor para no desplo-
marse en la situación angustiante. La causa que produce la
angustia expectante no es pues la conmoción del sostén
que ofrece de suyo siempre el mundo, sino “la pérdida del
sostén en uno mismo". Lo que está puesto en cuestión es la
capacidad, disposición “corajuda" para una adecuada con-
frontación con el mundo. En vez de esto aparece una acti-
tud de búsqueda de protección, que contrae, limita –temá-
ticamente– la referencia al mundo y a sí mismo. Tal con-
tracción y fijación es la fobia, que no es más que una fija-
ción de la angustia de expectativa.
La definición pues de la angustia –que es lo común en
la descripción de las mencionadas dos formas de angustia–
es: un estado generalizado de excitación vivenciado ante
una amenaza o peligro. Al ser humano se le hace de algún
modo patente la potencial “aniquilación" de su existencia
por causa de la pérdida de sostén en el mundo –se eviden-
cia “lo abismal" del mundo, su “sin fondo"–. Esto provoca
un espontáneo “reflejo de sostén", en forma de tensión
anímica y corporal, que lleva a reacciones de coping psí-
quicas de huida o lucha con lo hostil.
Psico–patogénesis de la angustia desde la
perspectiva analítico–existencial
En correspondencia con las dos formas descriptas de
angustia, hay “dos modelos vivenciales" que llevan al sur-
gimiento de la angustia. La angustia fundamental surge,
como se ha dicho, por el
derrumbe de las estructuras (del
mundo) que sustentan al Dasein.
La experiencia de lo que-
bradizo, caduco y limitado del mundo, inclusive del pro-
pio cuerpo y de la propia psique (los que, desde el punto de
vista existencial, son parte del mundo), patentiza la “po-
tencial inanidad" de la existencia. Esto aparece en contra
de la naturaleza del ser humano, el cual de suyo aspira a
existir, vivir. El disparador de la angustia no precisa ser
siempre algo sufrido por uno mismo. Es suficiente a veces
la simple observación de lo frágil de la existencia, por ej.
ver cómo otra persona colapsa o mirar en la tumba abierta
de un conocido. La
angustia fundamental
es un encuentro
con la “nada", que a través de los ojos huecos de la caduci-
dad y la muerte puede penetrar en el Dasein paralizándolo.
Es el encuentro con la pura y simple falta total de apoyo,
que chupa al ser humano hacia abajo y le impide hacer pie.
La “confianza" del “poder–ser–en el mundo" se pierde. Este
confrontarse con la nada potencial, que amenaza voltear la
existencia, puede acendrarse hasta lo insoportable, llevan-
do al individuo al suicidio, que es un último intento de hui-
da, cuando ya no es posible hallar ningún apoyo.
La angustia de expectativa surge, como hemos visto, por
la formación de una
actitud de defensa frente a la angustia.
¿Cómo ocurre esto. Después de una vivencia de angustia
fundamental –o del roce pasajero de la angustia fundamen-
tal– se hace la persona la pregunta, “cómo" puede “seguir
viviendo" con tal sentimiento molesto, y cómo puede “dis-
minuir" su “influjo dañino". Es preciso advertir que el senti-
miento de angustia ejerce un influjo inmediato dañino, que
afecta al “coraje para vivir", para confrontarse con el mun-
do. La pérdida de coraje es frenada por la adopción de una
actitud interna de apoyo (se busca en uno mismo el apoyo).
Esta actitud persigue dos objetivos: impedir una repetición
de la vivencia angustiante y procurarse un refugio. De esta
forma, la angustia, que flotaba libremente, es exorcizada, se
la localiza, haciéndola tratable, aprehensible.
El impedimento de nuevas vivencias angustiantes protege
al ser humano de sentimientos desagradables. Pero más que
esto, lo que hace es no agregar nuevas heridas que sigan debi-
litando el coraje para vivir. Con este fin, se acude a las típicas
“reacciones de coping de angustia", como: las evitaciones,
huidas, luchas y el reflejo de posición de muerto.
El otro objetivo de la actitud de protección está en la
procura de seguridades. Dado que la amenaza se mantiene
latente, el pusilánime vive prometiéndose un apoyo, donde
fuere que esté: la cercanía de un amigo, de un pariente,
repite rituales rígidos u otros conjuros, que le garantizan
seguridad. Con esto ocurre una “potenciación" patológica
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del apoyo: se absolutiza algo relativo. La sobrevaloración
del sostén es una actitud inadecuada, desde el punto de
vista existencial, porque hace experienciable justamente la
fragilidad de la existencia y porque puede llevar, por su
presencia omnímoda, a la constitución de un férreo cintu-
rón de angustias de expectativa: pues es esta reiterada acti-
tud de búsqueda de apoyo, mediante la cual la angustia es
puesta a raya, lo que al fin mantiene la angustia, o sea, con
cada acecho de la angustia acecha la angustia.
Los dos modelos de vivencia de surgimiento de la an-
gustia referidos –angustia fundamental y angustia expectan-
te– se fundan, vistos analítica–existencialmente, en la con-
moción o puesta en peligro de las
cuatro condiciones funda-
mentales para una existencia lograda.
Intentemos seguida-
mente poner en concordancia la emergencia de la angustia
con esas cuatro condiciones básicas que a todo ser humano
se le exigen para el cumplimiento de su existencia.
a) En la experiencia de “apoyo confiable" intuye el ser
humano el profundo sostén que el “Ser" desde el fondo
ofrece (el “Ser como fundamento" o “fondo del Ser"). Lla-
mamos a esta experiencia: “confianza básica o fundamen-
tal" o “confianza originaria en el Dasein" (Frankl, 1983).
Cuando esta confianza es cuestionada se moviliza una in-
tensiva
angustia fundamental
y una desconfianza en la fir-
meza de las estructuras vivenciables y experienciables. El
aflojamiento de la confianza originaria es vivenciada regu-
larmente de modo psicótico. En las formas menos intensas
de angustia fundamental se aprecian todos los grados de
“intranquilidad", de “inseguridad", los que son la base para
los desarrollos neuróticos (por ej. miedo de que “en cada
momento pueda pasar cualquier cosa").
En el origen de la
angustia expectante
se encuentran las
otras tres condiciones básicas de la existencia, que se mon-
tan sobre la primera condición (fondo del Ser) y que, por
esto mismo, contienen siempre el elemento dador de apoyo,
o sea, las otras condiciones amplían y especifican el apoyo.
Mientras que la angustia fundamental significa un “impedi-
mento, liso y llano, del ser", en la angustia expectante se
trata en lo esencial de una especie de “inhibición del llegar a
ser", para usar el concepto de v. Gebsattel (1968): lo que
está en peligro es el desarrollo de relaciones (con las otras
personas y las cosas), el desenvolvimiento del sí mismo y la
puesta de los actos estrictamente personales. La angustia ex-
pectante surge o de experiencias traumáticas al nivel de es-
tas tres dimensiones fundamentales de la existencia o por la
activación de copings contra la angustia básica. Dado que
estas estrategias no van a la raíz de la angustia, ellas sólo
pueden morigerar la angustia, pero no hacerla desaparecer.
Sin embargo, tienen gran efecto a nivel vivencial.
Vemos a continuación la conexión de la angustia con
las otras tres condiciones básicas de la existencia.
b) La relación a “valores" y la vivencia de “cercanía"
siempre son vivificantes. Pero en esto se experiencia tam-
bién un “estar sostenido". Cuando valores, de los que uno
depende, se pierden (por ej. en la relación de pareja), se
siente hundirse en la nada (por pérdida del sostén) y el
dolor corroe la voluntad de vivir. Lo patológico se mani-
fiesta la mayoría de las veces en pequeños acontecimien-
tos, por ej. las bacterias pasan a ser una amenaza para la
“salud" (bacterio–fobia) y entonces se las combate con la
compulsión a lavarse. En otro caso, cuando los valores cum-
plen la función de tapar “inseguridades", se los toma como
muy “importantes" (sobre–valoración) y su pérdida es te-
mida fóbicamente (sentimiento de catástrofe). Pensemos en
la “eritro–fobia", donde el valor “seguridad de sí mismo y
tranquilidad" es sobrevalorado, terminando en la actitud: ¡"Lo
más importante en la vida es, al fin, jamás sonrojarse!".
c) El perfilamiento de “lo propio" por relación a “lo de
los demás" hace posible “encontrarse a sí mismo". De aquí
se desprenden los actos tendientes a una auto–identifica-
ción, como asimismo el interno tomar posición con res-
pecto a sí mismo y el tomar partido por sí mismo (hallazgo
de sostén interno). La carencia de tomas de posición com-
prometidas con uno mismo, como su debilidad (esto siem-
pre está unido a “delimitaciones" de uno con respecto a los
demás), conducen a un exceso de libertad (angustia como
“vértigo de libertad", de la que habló Kierkegaard, 1960).
El ser humano está a la merced de la falta de sostén y de
relaciones y corre peligro de perderse internamente como
un juguete de las circunstancias. El individuo se vivencia
como una “nada", que no conoce “lo suyo", “lo propio" y
se le hace patente su dependencia por causa de una caren-
cia de lazos consigo mismo, que le certificarían de su pro-
pia identidad. Por otro lado, una delimitación de sí mismo
demasiado restrictiva lleva a un estrechamiento interno y
coarta el ser sí mismo (“¡Si éstos supieran cómo soy propia-
mente!"). En ambos casos, que nosotros conocemos en el
cuadro del comportamiento “histriónico", se están buscan-
do la libertad y la auto–confirmación y evitando fóbicamente
la estrechez como todo lo que ponga límites. Pues en la limi-
tación amenaza emerger la nada interna. Típicos de tales
miedos son la claustro–fobia y la fobia social.
d) El Dasein se logra, en última instancia, por su “en-
trega a lo plenamente valioso y a lo pleno de sentido". La
persona madura existencialmente se vivencia libre para el
comercio con el mundo. En esta tarea la propia vida es
irreemplazable, y la persona se realiza en el mundo. Pero,
si una persona –por trastornos a nivel de los planos prece-
dentes o por una actitud de cierre al mundo– no puede abrir-
se al mundo, entonces su vida está atravesada por una an-
gustia de vacío e inanidad (vacío existencial, Frankl 1982,
18f.). La angustia de que “todo podría no valer nada" o de
que la propia vida no tiene sentido se procura eliminar
mediante el activismo (estar siempre ocupado, ser impres-
cindible) y por “narcóticos" (distracción en diversiones,
alcohol, drogas). Puesto que la angustia por estos medios
no es tocada realmente, sino sigue allí latente, más aún,
puede extenderse sin que el sujeto lo advierta, se convierte
en la base para el desarrollo de las adicciones.
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Terapia analítico–existencial de la angustia
La distinción diagnóstica entre angustia fundamental y
angustia expectante tiene, además de la importancia para
la comprensión de los fenómenos de angustia, relevancia
terapéutica. Ambas formas de angustia piden diferentes
modos de proceder en la terapia.
Como se ha visto, la angustia fundamental ocurre por
una conmoción de las estructuras o soportes (del mundo),
en los que el ser humano confía para vivir. Este soporte no
es otra cosa que “lo que es", la realidad, el conjunto de las
cosas que nos rodean, “lo dado", “lo que encontramos allí"
cuando venimos al mundo y lo que, de una u otra manera,
ofrece “resistencia" y “sostén" al ser humano. Cuando los
entes amenazan desaparecer el individuo es invadido por
la emoción de la “falta de piso". A este sentimiento de la
“evanescencia de lo que es" hay que hacerle pues frente
terapéuticamente en su mismo plano.
La angustia funda-
mental
precisa, en primera línea,
presencia y sostén
, a los
efectos de que el “Ser" sea de nuevo experienciable y
vivenciable. Se le puede llamar a este modo de proceder
“trabajo ontológico a nivel del fondo del ser".
La angustia expectante, en tanto emerge de una actitud
de defensa frente al sentimiento de angustia, no es, como
se vio, una experiencia directa de la fragilidad del ser, sino
surge de una previsión de su “potencial" evanescencia y de
los “sentimientos de angustia reales, desagradables, que
están conectados siempre con esa fragilidad". El aferrarse
a determinados apoyos que ofrecen seguridad no adorme-
ce sin embargo a la angustia. Toda evitación de eso y pug-
na con eso que se teme, no ayuda para la eliminación del
miedo. De aquí que la angustia precise de un cambio de la
actitud –defensiva– con la que se la quiere enfrentar, por-
que la defensiva deja al angustiado “a distancia" de su
Dasein real.
La angustia expectante
exige pues
confronta-
ción con la angustia
–confrontación con las realidades
generadoras de angustia– y un paralelo desmontaje de las
actitudes evitativas y prometedoras de seguridad para el
individuo, las que bloquean el acceso al “Ser" e impiden la
distensión, la tranquilidad de ánimo, el abrirse al Ser. La
confrontación con la angustia no arranca pues con la inme-
diata vivencia del Ser, sino hace pie en la “actitud que está
a la base, en la toma de posición (temporaria) de la persona
con respecto a su Dasein" y en la disposición posible para
un juego “mano a mano" con el mundo.
¿Cómo ocurre este trabajo en concreto. El tratamiento
general de la
angustia fundamental
–vía experiencia
ontológica del fundamento del Ser– tiene lugar sobre to-
dos los elementos que proporcionan presencia y apoyo. Aquí
es importante que alguien esté “presente", que acompañe
al angustiado (en la terapia, es el terapeuta). Ese alguien
debe sostener al paciente, “aguantando" junto con él su
angustia, revivida al describirla. Ese alguien “oye", “pre-
gunta qué pasa", “acompaña", “siente junto con" y no “ata-
ca" a la angustia con tales o cuales técnicas y terapias. Así
puede el paciente vivenciar el sostén real, desde el cual el
terapeuta hace frente a la angustia. Además, el terapeuta
ofrece regularidades y estructuras y trabaja con el paciente
para que éste establezca en su vida estructuras y regulari-
dades propias. La confianza que emana de este trabajo po-
sibilita que el paciente sienta más y más sostén. El contac-
to subjetivo con el Ser ocurre a través de un “exacto ver" el
mundo y sus condicionamientos, o sea, un abrirse a lo
“dado", a “lo que acontece" y “podría acontecer". Se trata
de una “descripción" de los problemas y una “observación"
de las situaciones generadoras de angustia. Lo concreto
“des–angustia". Experiencia corporal concreta, por ej. en
un deporte, proporciona nuevas formas de sostén. Se le
aclara al paciente los síntomas corporales de la angustia
para que los tome como reacciones corporales “normales".
Pero no se habla demasiado tiempo de esto, pues una fija-
ción de la atención en estos síntomas no ayuda para nada
en el plan de hallazgo de sostén, sino –al contrario– au-
menta la inseguridad. Una escueta “explicación" es sufi-
ciente, porque los síntomas deben perder su apariencia de
magnitudes independientes e intranquilizadoras, para pa-
sar a ser meros fenómenos concomitantes de la angustia.
Eventualmente se pueden medicar psicofármacos. El tra-
bajo ontológico pone en práctica el llamado por Frankl “giro
existencial" (Frankl 1982, p. 72), o sea, la dedicación, de
parte del paciente, al mundo y las tareas que el ser en el
mundo plantea al ser humano. Esas tareas reclaman al
Dasein que salga de sí y vaya allí donde se lo precisa. En
esta “salida" del paciente se revisan las “pretensiones" y
“exigencias" subjetivas, para ver si y cómo se acomodan
con las del mundo, con los reclamos de la situación. De lo
que se trata es de lograr una estructura total que ensamble
la persona y su mundo. Por último, se tematiza el trazado
del extremo marco de referencia, en el que el paciente se
comprende (Fe, lo que será después de la muerte, pregunta
por el Primer Principio, o sea, Dios).
El tratamiento general de la
angustia expectante
tiene
como fin la confrontación de la actitud de defensa frente a
la angustia, lo que ha de conducir a la tranquilidad de áni-
mo. El principio básico es el “aprender a aguantar la an-
gustia". Mediante la observación del disparador de la an-
gustia, de los sentimientos de angustia y de las “temidas"
consecuencias, se logra –en un
in crescendo
que requiere
de tiempo– la “fe en uno mismo" (sentimiento de que uno
“es capaz de aguantar" la angustia).
Hay que tematizar y relativizar las sobre–valoraciones
inconscientes. La pérdida de valores sobre–valorados es,
en pequeño, vivenciable como experiencia de muerte. Una
vez que se ha traspuesto “el portal de la muerte" (por ej.,
con la pregunta: “¿Qué haría Ud. si eso que Ud. teme apa-
reciese.") puede abrirse paso el duelo liberador de la vida
no vivida. Compromisos y tomas de posición son discuti-
dos para que el paciente pueda salir del pensamiento en
LA BÚSQUEDA DE SOSTÉN. ANÁLISIS EXISTENCIAL DE LA ANGUSTIA
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“posibilidades" y “bagatelas". Se problematizan identifi-
caciones demasiado fuertes (cuando el “yo" está atado sobre-
manera con la profesión, la familia o el prestigio social). Por
último, se ha de promover la entrega a valores auténticos, sen-
tidos personalmente y a contenidos de vida (sentido), como lo
piensa Frankl (1983) en la práctica de la “derreflexión". Con
esto se vehiculiza la “apertura al mundo".
En cuanto a métodos específicos de la terapia de la
angustia ofrece el AE los tres siguientes:
El método logoterapéutico de la derreflexión (Frankl
1983, p. 176) consiste en un consciente dejar de prestar
atención a los contenidos y sentimientos de angustia. El
paciente es invitado a una dedicación consciente al “senti-
do" y “valores" de la situación. La reflexión es capaz de
bloquear, por una observación temerosa, procesos autóno-
mos (como el dormirse, el distenderse, el orgasmo, el de-
seo de emocionarse o de relacionarse con otros). La
derreflexión hace posible la tranquilidad de ánimo necesa-
ria para que la existencia se empiece a llenar con el sentido
y los valores. La derreflexión, sin embargo, tiene un peli-
gro: que puede ser avivada la actitud –temerosa– evitativa
del paciente, que el valor no pueda ser rescatado de la an-
gustia o que no se sea capaz de captar el ser–amenazado.
Por estas desventajas, que pueden asociarse con la apli-
cación de la derreflexión, aconsejamos, antes de dar curso
a la derreflexión, anteponer el método de búsqueda de
posición personal (Längle, 1994). La –lenta y progresi-
va– búsqueda de posición de la persona, frente a los conte-
nidos generadores de angustia, representa un tratamiento
causal parcial. El primer paso (posición hacia afuera) con-
siste en una exacta observación del disparador de angustia
(“¿Dónde ve Ud. el peligro.", “¿Qué puede pasar realmen-
te."). El segundo paso (posición hacia adentro) es una apre-
ciación de las propias fuerzas (“¿Podría Ud., siquiera una
vez, mantenerse firme en la situación de angustia."). El
tercer paso (posición para lo positivo) es una aplicación a
lo cada vez positivo de la situación (“¿Qué es lo que está en
juego para mí propiamente."). Con esto se pasa directamen-
te a la derreflexión, como la describió Frankl: una real ocu-
pación con lo valioso y pleno de sentido de la situación, en
vez de un pegarse angustioso y vaciante en los miedos
intrapsíquicos. La desventaja de la BPP puede estar en una
finalización prematura de la terapia, dado que el paciente se
siente liberado de las vivencias que lo agobiaban, sin que se
hayan trabajado aún las angustias profundas en su raíz.
En los marcos de la Logoterapia y AE el método más
conocido para el tratamiento de la angustia es el diseñado
por V. Frankl en 1929 (publicado por primera vez en 1939):
la intención paradojal (Frankl 1939; 1983, p. 159). Se
trata de –paradojalmente– desearse para uno mismo o pro-
ponerse hacer justo eso que se teme. La IP es una técnica
para el tratamiento de ese corset de la angustia de expecta-
tiva. Por medio del trato lúdico y pleno de humor de la
realidad, el individuo se distancia de sí mismo, de su vi-
vencia de angustia. Este auto–distanciamiento tiene un efec-
to liberador (además de Frankl, Ascher M. 1985; Froggio
G. 1990). Como desventaja de este método puede anotarse
una sobre–exigencia del paciente y un sentimiento de “no
ser tomado en serio" por el terapeuta.
Para un trabajo profundo de las angustias básicas pue-
de echarse mano del “Análisis Existencial Personal"
(Längle 1993, p. 133), como método psicoterapéutico ines-
pecífico. A través de los tres momentos principales –y los
pasos intermedios– que conforman este método se posibi-
lita un trabajo –metódicamente dirigido– de los
life–events
traumatizantes.
Consideración final
Para la comprensión existencial es la angustia más que
un trastorno del “encontrarse bien" y la angustia patológi-
ca más que una enfermedad de la que se puede salir rápida-
mente. La angustia es más bien una emoción, que remite a
una realidad que tiene que ver fundamentalmente con nues-
tra existencia. A este carácter de “remitir" o “referirse" a
otra cosa no le hace justicia un tratamiento que pretende
eliminar la desagradable angustia únicamente con medica-
mentos o que, con determinadas técnicas, le hace perder
sus aristas o hace que el individuo se olvide de la angustia.
El contenido de la angustia es demasiado valioso para la
existencia, como para que se la trate para sacársela de en-
cima, sin poner en relieve su valor (Längle, 1987).
K. Jaspers (1974) escribió una vez: “La angustia por el
propio ser es un rasgo básico del ser humano lúcido (...).
Donde la angustia desaparece, hay ser humano, pero su-
perficialmente". Siguiendo este pensamiento, consideramos
que el fin de una terapia lograda está en la transformación
de una angustia, que asusta y le hace perder la cabeza a la
persona, en una “angustia vidente", que observe la situa-
ción hasta su profundidad y que saque de su carácter de
cosa “vulgar" lo “fundamental" y “decisivo".
Para el AE es la angustia más que sólo una señal, ella es
la “
via regia
" que lleva a la profundidad del Dasein.
Nosotros vemos el sentido profundo de la angustia en
buscar todo aquello que pueda darle al ser humano sostén
para su vida en este mundo; por otro lado, en aprender a
dejar ser todo lo que viene del mundo; y en aceptar los lími-
tes de la existencia. Sólo quien en última instancia es capaz
de dejar–ser la vida, puede comprometerse con la vida. Así
podemos comenzar a vivir “al fin" o “de modo finito".
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