Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2005
María Clara Rodríguez / Patricia Díaz / Silvana Niño / María Samudio / María Silva
EL DESPLAZAMIENTO COMO GENERADOR DE CRISIS: UN ESTUDIO EN
ADULTOS Y ADOLESCENTES
Terapia psicológica,
diciembre, año/vol. 23, número 002
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 33-43
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
El Desplazamiento como Generador de Crisis:
Un Estudio en Adultos y Adolescentes
*
Displacement as a Crisis Generator: A Study in Adults and Adolescents
María Clara Rodríguez
**
Patricia Díaz
Silvana Niño
María Samudio
María Silva
***
Facultad de Psicología, Universidad de La Sabana, Colombia
(Rec: 11 mayo 2005 – Acep: 9 sept. 2005)
Resumen
En este artículo se presentan los resultados de una investigación que buscó analizar los factores que se deben
tener en cuenta a la hora de comprender el desplazamiento como un evento generador de crisis y las condi-
ciones para su intervención. Se trabajó con un grupo de 50 adultos con edades entre 20 y 55 años y 50
adolescentes entre 12 y 18 años de edad, que habían desarrollado estrés postraumático posterior a haber sido
desplazados de su lugar de origen. Se utilizó una metodología descriptiva y las medidas se establecieron a
partir de una entrevista semiestructurada inicial, la Escala de Diagnóstico de Estrés Postraumático (PSD) de
Foa, La Escala de Estrategias y Estilos de Afrontamiento para adultos de Fernández Abascal y Escala de
Afrontamiento para Adolescentes (ACS) de Frydenberg y Lewis. Los resultados mostraron que la condición
de desplazamiento, si bien es un factor que contribuye a la crisis, los eventos que lo acompañan, se conside-
ran también detonantes del Desorden de estrés Postraumático. Las amenazas de reclutamiento y contra la
vida, así como los homicidios y las torturas directas o indirectas se constituyen en eventos de mayor riesgo.
Igualmente, los niveles de severidad presentes, afectan el nivel de funcionamiento en las diferentes áreas de
la vida y se observa variabilidad en la selección de estrategias como una fuente positiva de afrontamiento.
Palabras Claves: Desplazamiento, Estrés Postraumático, Estrategias de Afrontamiento.
Abstract
This paper presents the results of a research project whose aim was to analyze the factors that should be kept
considered when trying to understand displacement as a crisis generation factor and the conditions for its
treatment. Two groups were chosen, one composed of 50 adults aged 20 to 55 and another one of 50 adolescents
aged 12 to 18, both of which had developed posttraumatic stress disorder after displacement from their place
of origin. A descriptive methodological approach was used and the measures were taken from an initial
semi–structured interview, Foa’s Posttraumatic Stress Disorder Scale (PSD), Fernández Abascal’s Scale of
Strategies and Styles of Coping for Adults and Frydenberg and Lewis’s Adolescent Coping Scale (ACS).
The results showed that even when the condition of displacement is a contributing factor to the crisis, the
events accompanying displacement also trigger the Posttraumatic Stress Disorder. Threats of recruitment
and threats against life, as well as homicides and direct or indirect torture are major risk events. Likewise,
present severity levels affect the performance levels in the different areas of life; variability is observed in
the selection of strategies as a positive coping source.
Key words: Displacement, Posttraumatic Stress Disorder, Coping strategies
*
Esta investigación fue apoyada en su proceso de ejecución por la Cruz Roja Colombiana, Seccional Bogotá. Agradecemos a Maribel Monroy, Trabajadora
Social, y Patricia Fernández, Psiquiatra, quienes nutrieron con sus aportes permanentes el trabajo.
**
Psicóloga de la Universidad de los Andes, Magíster en Investigación de la Universidad Pedagógica y profesora Asistente y directora del proyecto de investi-
gación en Contexto y Crisis de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Sabana. Colombia. Correspondencia a maria.rodriguez1@unisabana.edu.co
y mariarb@unisabana.edu.co
***
Estudiantes de último año de pregrado, de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Sabana.
TERAPIA PSICOLÓGICA
2005, Vol. 23, Nº 2, 33 – 43
Copyright 2005 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184
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MARÍA CLARA RODRÍGUEZ / PATRICIA DÍAZ / SILVANA NIÑO / MARÍA SAMUDIO / MARÍA SILVA
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La exposición a eventos que se consideran traumáticos
ha sido un punto sobre el cual muchos investigadores han
concentrado sus esfuerzos, en un intento por comprender
cómo las personas reaccionan de acuerdo con los recursos
de los cuales disponen. Lo anterior, responde al reconoci-
miento que la psicología ha hecho, sobre las diferentes ex-
periencias que las personas han tenido a lo largo de sus
vidas y que en su valoración, han sido reconocidas como
amenazantes. Si bien esta valoración de amenaza está rela-
cionada con las consecuencias que de ella se derivan, no
estamos lejos de validar en diferentes poblaciones efectos
psicológicos perdurables en el tiempo, que amenazan su
bienestar y calidad de vida.
Colombia, considerada como un país de alto riesgo, es-
pecialmente por las condiciones de violencia que allí se ge-
neran y que se expresan en la creación de estados de terror
que permean la vida subjetiva como un medio de control
social, ha llevado a tomar conciencia de la responsabilidad
que tenemos de avanzar en un intento por comprender y
aproximarnos a esta problemática para dar respuesta desde
nuestro saber como profesionales de las ciencias sociales.
En un primer momento es importante considerar que
debemos abordar las consecuencias de la violencia, a tra-
vés de la identificación de aquellos factores que inciden de
manera directa sobre la vida personal y familiar de las per-
sonas expuestas a ella.
Así, el marco de trabajo deberá atender a los procesos
que se generan antes, durante y después del evento, como
una forma de asumir un enfoque centrado en los factores
de riesgo. En orden de hacer una breve conclusión que
recoja esta experiencia y la de otros investigadores como
Freedy, Kilpatrick y Resnick (1992, citados por Abueg,
Woods & Watson, 2000), quienes coinciden en el propó-
sito de avanzar en esta línea de trabajo, es importante re-
conocer que factores tales como las características demo-
gráficas y culturales, experiencias previas traumáticas,
eventos recientes, historia psiquiátrica, recursos de afron-
tamiento, red de apoyo social, características de la situa-
ción traumática tales como, la forma de exposición, la
magnitud del evento, la percepción de control y de ame-
naza así como el nivel de severidad de los síntomas y la
pérdida de recursos, deberán ser considerados durante la
evaluación e intervención, así como en las propuestas de
prevención, con el fin de atender a la calidad de vida de
las personas afectadas.
Una forma de violencia que en la actualidad afecta a la
población, es el desplazamiento forzado que lleva a los
habitantes del campo a huir de sus lugares de origen, por-
que sus vidas o su integridad física, su seguridad y libertad
personal han sido violadas. Este fenómeno, que ha venido
en aumento desde 1994, ha sido valorado como un atenta-
do a la dignidad humana por ACNUR (2001) y catalogado
como una de las más graves infracciones a las normas del
Derecho Internacional Humanitario (DIH).
El desplazamiento como un fenómeno complejo, en el
cual convergen innumerables factores, ha sido reconocido
como un evento generador de crisis en el ser humano. Esta
situación fue valorada por Palacios (1999) cuando consi-
deró que Colombia ha sido un país que ha sufrido de vio-
lencia a lo largo de toda su historia. Esta violencia ha gene-
rado un sinnúmero de transformaciones en la vida de todos
sus habitantes y una de estas transformaciones se refleja en
las consecuencias psicológicas de las personas desplaza-
das. Dentro de esta población son los niños y los jóvenes
los más afectados, al lado de las mujeres y los ancianos.
Este sufrimiento se ve reflejado, generalmente, en el mie-
do, las pesadillas, los pensamientos repetitivos sobre los
hechos dolorosos, el deseo de huir de lo que nos recuerda
los momentos difíciles, que es lo que se llama estrés pos-
traumático (TEP).
Esta reacción sintomática constituye una forma de res-
puesta biológica universal del ser humano ante un hecho
traumático, entendido como un evento que supera el umbral
de tolerancia física y/o psicológica de un individuo o un gru-
po de individuos, puesto que transgrede cualquier tipo de
experiencia humana. De acuerdo con Klein, Caspi y Gil
(2003), el trastorno por estrés postraumático (TEP) es una
condición altamente debilitante la cual afecta aproximada-
mente el 8% de la población general en los Estados Unidos,
y 15% a un 30% a grupos específicos de alto riesgo tales
como sobrevivientes de guerra, personas que han experimen-
tado cierta clase de tortura o que han sido violadas.
La variabilidad en las consecuencias observadas, per-
mite establecer que estas en gran medida dependen del mo-
tivo del desplazamiento, de los recursos de afrontamiento,
la edad, el género y la cultura. Las investigaciones y progra-
mas de atención han identificado en los niños problemas clí-
nicos importantes y alteración en los procesos académicos y
sociales. En las mujeres y los hombres los cambios de roles
fruto de las demandas del contexto actual, generan discre-
pancias y cambios en las formas habituales de relación en el
núcleo familiar. A nivel comunitario, se observan dificulta-
des en las nuevas relaciones que deberán establecerse entre
la población receptora y la población desplazada (Red de
Solidaridad Social y Cruz Roja, 2001).
Otros problemas de mayor complejidad y que acompa-
ñan este proceso de crisis, están relacionados con la situa-
ción de incertidumbre que se genera en relación con su fu-
turo inmediato, a la falta de empleo, la discriminación a la
que se ven sometidos y a los problemas de adaptación frente
a los cambios culturales a los que se ven enfrentados.
Castaño, Jaramillo y Summerfield (1998), en un estu-
dio con 83 personas víctimas de la violencia sociopolítica,
encontraron que los sobrevivientes de masacres presentan
problemas de adaptación y síntomas del desorden de estrés
postraumático, así como desconfianza y miedo crónico. En
este estudio, igualmente se encontró que la presencia de
cuadros depresivos era significativa así como las alteracio-
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nes emocionales y de comportamiento. Los problemas re-
lacionados con el funcionamiento familiar y los procesos
de culpa, eran reconocidos como fuentes de caos al interior
del grupo familiar.
Los estudios llevados a cabo por la Universidad Nacio-
nal y la Corporación (AVRE, 2000), han encontrado que
los individuos después de haber vivido el desplazamiento
atraviesan por un estado afectivo muy difícil, especialmente
después de haber sido testigos o sobrevivientes de situa-
ciones de tortura. Predominan los estados de hipervigilancia,
problemas de sueño, irritabilidad y baja tolerancia a las si-
tuaciones de conflicto percibidas ahora como desbordantes
y sin salida. Estas situaciones pueden llevarlos a procesos
de somatización, pero lo que predomina es un estado de
negación de lo que sienten y de lo que han vivido. Poste-
rior a la situación del desplazamiento, se observa que las
personas canalizan sus energías en la búsqueda de formas
de supervivencia, sin tener en cuenta su situación emocio-
nal; sin embargo a mediano plazo los problemas somáticos
se hacen evidentes.
El impacto sobre grupos poblacionales particulares ha
sido también objeto de interés. La proporción de mujeres
desplazadas es mayor en comparación con otros grupos
poblacionales, en su gran mayoría son cabeza de familia, y
se encuentra que en su historia han sido víctimas de abuso
sexual y violencia intrafamiliar (Grupo Temático del des-
plazamiento, 2001). Los adolescentes, de igual manera se
convierten en una población de alto riesgo, al ser separa-
dos de las figuras que representan soporte y protección, así
como la destrucción de un mundo que le genera sentimien-
tos de indefensión, impotencia e intensa rabia y dolor (Be-
llo, Mantilla & Mosquera, 2000).
La mayoría de estudios en el campo del estrés generado
por eventos traumáticos, se han realizado en poblaciones que
han vivido experiencias relacionadas con la guerra, como en
el caso de los excombatientes y las víctimas de abuso sexual
(Helzer, Robins & McEvoy, 1987; New & Abell,1995 y
McCarroll, Ursano & Fullerton, 1993). Es así como la ca-
racterización de las consecuencias se ha dado en un contex-
to clínico, desde el cual el DSMIV (Manual de Diagnóstico
Psiquiátrico, 1994), ha incluido un conjunto de categorías
de síntomas que describen el malestar psicológico posterior
a la exposición a un acontecimiento traumático. Una prime-
ra categoría se relaciona con la reexperimentación del even-
to (pensamientos intrusivos), evitación de todo aquello que
le recuerde el evento y la hiperactivación fisiológica (res-
puesta exagerada de sobresalto).
Desde una visión nomotética, la clasificación que rea-
liza el DSMIV del Trastorno por Estrés Postraumático
(TEP) hace referencia a un trastorno de ansiedad que se
desarrolla en respuesta a un trauma psicológico o físico
extremo relacionado con una amenaza a la vida propia, al
de un cónyuge o un miembro de la familia. Dada su inten-
sidad y naturaleza produce una reacción emocional que
involucra respuestas de miedo, horror, indefensión y des-
amparo extremo (Bobes, Bousono, Calcedo & Gonzáles,
2000). En algunos casos, es suficiente ser testigo de un
acontecimiento estresante o tener conocimiento de una
amenaza seria o daño a personas cercanas para desarrollar
un Trastorno por Estrés Postraumático (TEP), mientras que
en otros, la experiencia del evento traumático en sí misma
no es suficiente para generarlo. A juicio de Klein, Caspi y
Gil (2003) el desarrollo de un cuadro clínico de estrés pos-
traumático resulta ser relativo, puesto que mientras algu-
nos sobrevivientes a una experiencia traumática desarro-
llan ciertas reacciones propias del TEP en las primeras se-
manas después del evento, otros se adaptan efectivamente
dentro de aproximadamente tres meses. Esta parece ser una
fase crítica, durante la cual, para la mayoría de las perso-
nas, aparecen las respuestas de estrés. Aquellos que no lo-
gran recuperarse después de los tres meses están en alto
riesgo de desarrollar algún trastorno mental crónico. Una
pequeña parte de las personas que han sufrido algún even-
to traumático no se recupera, aun después de muchos años
de tratamiento. Bajo esta mirada lo que se está proponien-
do es que aunque ciertos hechos y sus consecuencias ten-
gan un alto potencial traumático, no siempre las respuestas
emocionales frente a ellos deben ser consideradas traumá-
ticas o patológicas (Gómez, 2002).
Contrariamente, en aquellos casos en los que ser testi-
go de un evento traumático es condición suficiente para
desarrollar TEP, el desarrollo e intensidad de los síntomas
dependerá directamente de la relación o vínculo afectivo
que se tenga con la/ las personas victimas del suceso o con
el lugar donde ha ocurrido. Igualmente dependerá de la
evaluación que hace el individuo acerca de las probabili-
dades de que el evento le hubiera ocurrido a él.
En cualquier caso, lo traumático está dado por la con-
fluencia de varios factores: a) la intensidad y magnitud del
evento, b) el grado de exposición al mismo, c) la historia,
d) la preparación previa, e) los sistemas de soporte y sos-
tén disponibles, f) la incapacidad del sujeto para responder
adecuadamente, y g) el tiempo de duración de los efectos
patógenos en la organización del psiquismo. El traumatis-
mo se caracteriza entonces, por un aflujo de estímulos ex-
cesivo en relación con la tolerancia del sujeto y su capaci-
dad de controlar y elaborar psíquicamente dichas excita-
ciones (Gómez, 2002). En este punto Bobes et al., (2000,
p.27), hacen hincapié en la relación que se establece entre
el potencial traumático de un evento y las características
personales de un individuo, al señalar que “el hecho de
desarrollar o no TEPT depende directamente de la evolu-
ción de las víctimas en función del mayor o menor peso de
los factores de vulnerabilidad y protección.
En la evaluación de los factores relacionados con el
desarrollo del trauma, la intensidad, la duración y proximi-
dad de la exposición al acontecimiento constituyen facto-
res muy importantes que determinan la probabilidad de la
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aparición del trastorno. Cuando el evento es suficientemente
severo o prolongado en el tiempo y repetido, las conse-
cuencias en la salud mental a largo plazo tienden a ser pro-
nunciadas y continúan siendo de riesgo potencial. Aspec-
tos como la calidad del apoyo social, los rasgos de perso-
nalidad y los trastornos mentales preexistentes, pueden in-
cidir también de manera directa, sin embargo en ausencia
de factores predisponentes puede aparecer cuando el acon-
tecimiento es extremadamente traumático (Echeburúa &
DeCorral, 1996). En este mismo sentido, Bessel (1987)
estableció que es necesario considerar factores tales como
la severidad del estímulo, la predisposición genética, la eta-
pa del desarrollo, el sistema social de soporte, los traumas
anteriores y la personalidad preexistente, por cuanto estos
contribuyen de manera importante al proceso de adapta-
ción frente a una situación crítica.
Otros aspectos que se hace necesario considerar, han sido
revisados por Resick y Schnike (1992,1993, en Caballo,
1997), quienes plantearon que el trauma no solo se limita al
temor y que los individuos que desarrollan estrés postrau-
mático, pueden también experimentar otras emociones como
ira, venganza o tristeza, estos estados emocionales surgen
directamente del trauma, pero así mismo de las interpreta-
ciones que hacen las personas sobre los acontecimientos
traumáticos y del papel que han jugado en él.
No es posible avanzar en la evaluación del impacto so-
bre la vida de las personas sin revisar el papel activo que
estas tienen frente a las situaciones críticas. Este tema ha
sido ampliamente discutido desde investigaciones en las
cuales no todas las personas expuestas a situaciones traumá-
ticas desarrollan trauma. Si bien algunos investigadores en
este campo como Bonanno (2004) consideran que hemos
subestimado la capacidad del ser humano en su proceso de
recuperación, se hace necesario valorar las estrategias que
los seres humanos han desarrollado a lo largo de su ciclo de
vida para afrontar de manera adaptativa la adversidad de su
entorno. Esto nos lleva a plantear como importante revisar
el papel que juegan las estrategias de afrontamiento como
factor de protección a la hora de comprender la diversidad
de reacciones de las personas frente a situaciones adversas.
Algunas personas experimentan estrés agudo, del cual es
difícil su recuperación. Otras lo experimentan con menor
intensidad y por un período de tiempo menor. Un grupo
menor, parece recuperarse rápidamente, pero en el tiempo
empieza a presentar problemas de salud. Un grupo mayor de
personas no interrumpe su funcionamiento en las diferentes
áreas de su vida, lucha por mantener este equilibrio. Palacio
(1999) cita algunas investigaciones llevadas a cabo con ni-
ños, expuestos a la violencia de manera crónica, pocos pre-
sentaron estrés postraumático. La interpretación frente a esta
respuesta de adaptación funcional a las situaciones poten-
cialmente adversas está sustentada en un proceso de
resiliencia psicológica reforzada por la familia, los estilos
de afrontamiento y el sistema de creencias. La persona tiene
la capacidad de transformar el acontecimiento estresante,
aunque una situación sea por sí misma generalmente negati-
va para la mayoría de las personas, siempre se podrá encon-
trar a alguien que no la perciba como tal.
Finalmente el apoyo social es crítico en la apreciación
de la dinámica del estrés postraumático. Este ha sido am-
pliamente estudiado desde dos perspectivas: una como un
“amortiguador" del deterioro causado por los efectos del
estrés y otra como un factor protector en la prevención del
estrés crónico (Wilson & Keane, 1997). Investigaciones lle-
vadas a cabo con veteranos de guerra del Vietnam, mostra-
ron que los síntomas como embotamiento emocional, incre-
mento en la irritabilidad y explosiones de ira, afectan de for-
ma significativa las dinámicas maritales, lo que llevaría a un
decremento en las interacciones y a la vez un cambio en el
apoyo proporcionado por la pareja. Dentro de esta misma
línea de trabajo, la habilidad de una familia para apoyar a un
sobreviviente de un evento traumático, tiene un impacto con-
siderable. En investigaciones con niños, se encontró que un
alto porcentaje desarrolló estrés postraumático, cuando sus
familias mostraban una baja capacidad de resiliencia o adap-
tabilidad (Fernández, Rodado y De La Rosa, 2003)
La revisión anterior nos permite comprender que la in-
vestigación ha avanzado hacia el reconocimiento de aque-
llos factores que inciden en la manifestación de problemas
relacionados con el ajuste psicológico, cuando las personas
han sido expuestas a condiciones de adversidad. De igual
manera, es importante considerar que si bien este camino ha
permitido construir propuestas de atención que respondan a
las necesidades particulares de una población y a la inter-
vención desde una perspectiva de prevención, son muchas
las preguntas que surgen y que aportan a estas propuestas.
La presente investigación busca analizar los factores que
permiten comprender el desplazamiento como un evento
generador de crisis y las condiciones para su intervención.
Método
Diseño
El presente estudio utilizó una metodología descripti-
va, por cuanto esta permite dar cuenta y analizar los dife-
rentes factores presentes en un fenómeno particular.
Participantes
Se trabajó con 50 adultos con edades comprendidas
entre 20 y 55 años y 50 adolescentes con edades compren-
didas entre 12 y 18 años beneficiarios de la Cruz Roja, y
que en entrevista psiquiátrica presentaban malestar psico-
lógico y síntomas relacionados con estrés postraumático,
posterior a la situación de desplazamiento forzoso. Esta
muestra fue seleccionada sobre la base de 133 entrevistas
diagnósticas en adultos y 135 en adolescentes.
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Instrumentos
Escala de Diagnóstico de Estrés Postraumático
(PSD)
desarrollada por Foa (1995). Esta escala consta de 49 ítems
los cuales incluyen la identificación del evento traumático
vivido por la persona evaluada, el tiempo en el cual se pre-
sentó el mismo, el nivel de severidad de los síntomas, de
acuerdo con cada una de las categorías diagnósticas, la du-
ración de los problemas reportados y la influencia de estos
en las diferentes áreas de la vida del individuo. Fue diseñada
para adultos entre 18 y 65 años. El nivel de confiabilidad es
de .74 su consistencia interna de .82 y su validez fue deter-
minada comparando el diagnóstico realizado por medio del
PSD con la entrevista clínica estructurada para el DSMIII–
R, dando un coeficiente de .59. El puntaje obtenido en esta
escala permite establecer la presencia o no del trastorno y
así mismo el nivel de severidad de los síntomas, a partir de
puntajes que van desde Ausencia de síntomas: cuando el
puntaje de severidad es 0 y no se clasifica como trastorno.
Leve: cuando la sumatoria de los puntajes de los crite-
rios B, C y D según el DSM IV se encuentran entre 1–10.
Moderado: si el puntaje oscila entre 11–20.
De Moderado a Severo: si el puntaje se encuentra entre
21–35.
Severo: si el puntaje esta entre 36–51
En ausencia de una escala para la población adolescen-
te, fue necesario hacer una prueba piloto de esta escala con
30 jóvenes entre los 12 y 18 años y simultáneamente con
30 adultos entre los 18 y 65 años, que no presentan males-
tar psicológico, para buscar indicadores que permitieran
aplicar la prueba a la población adolescente. Se utilizó la
prueba estadística t de Student, con un á de 0.05, cuyo re-
sultado arrojó una t de –0.51, valor no significativo que
indica que no existen diferencias significativas entre las
medias de los dos grupos.
Escala de Estilos y Estrategias de Afrontamiento
De-
sarrollada por Fernández Abascal (1997) para población
adulta. Esta escala consta de 72 ítems que evalúan 18 es-
trategias diferentes que puntúa en una escala Likert de 3
puntos y tres estilos de afrontamiento, uno centrado en el
método, en la conducta y en la evitación. La consistencia
interna es de .73.
Escala de Afrontamiento para Adolescentes
(ACS)
Desarrollada por Frydenberg y Lewis (2000) y adaptada al
español por Pereña y Seisdedos, TEA Ediciones. Consta
de 79 ítems y permite evaluar 18 estrategias de afronta-
miento, que se puntúa en una escala Likert de 5 puntos.
Igualmente, evalúa tres estilos de afrontamiento: uno diri-
gido a la solución de problemas, otro a la relación con los
demás y finalmente afrontamiento inadecuado. Los puntajes
oscilan entre 20 como mínimo y 100.
Procedimiento
Una vez seleccionados los participantes de acuerdo con
los resultados obtenidos en la entrevista semiestructurada,
se convocaron a una reunión, en la cual se les presentaron
los objetivos de la investigación y se advirtió sobre la ne-
cesidad de desarrollar programas de atención psicológica
de acuerdo con las necesidades establecidas en esta prime-
ra fase. Posteriormente, se procedió a firmar el consenti-
miento informado. Se inició la caracterización de la pobla-
ción objeto de estudio en términos de edad, género, nivel
de escolaridad, lugar del desplazamiento y tiempo transcu-
rrido entre el desplazamiento y la evaluación. Una vez ter-
minada esta valoración, se procedió a aplicar la escala
diagnóstica PDS con el fin de identificar la fuente de expo-
sición al evento traumático, el nivel de severidad y dura-
ción de los síntomas, así como la influencia de estos en las
diferentes áreas de funcionamiento.
Avanzando en el proceso de evaluación, se aplicó la
escala de estrategias y estilos de afrontamiento tanto a la
población adulta como adolescente, con el fin de ampliar
el marco comprensivo desde el cual se hace posible valo-
rar la forma en que las personas afrontan la situación ac-
tual, caracterizada por incertidumbre y angustia frente al
futuro y la forma en que han afrontado las amenazas a las
que se han visto abocados.
Resultados
Las situaciones que actuaron como detonantes para el
desplazamiento forzado y que a la vez fueron valoradas
como responsables de los niveles de severidad en los sín-
tomas de estrés postraumático presentes en la población,
se observan en la Figura 1.
Figura 1
Porcentaje de la población adulta y adolescente que
identificaron los eventos relacionados con el
desplazamiento
adultos
adolescentes
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº2, 33 – 43
Es importante anotar que las amenazas contra la vida y
de reclutamiento son consideradas como vitales a la hora de
evaluar los eventos que mayor impacto tienen sobre el ma-
lestar psicológico actual. Los homicidios de personas cerca-
nas a los participantes y los atentados guardan una relación
proporcional, seguida por los combates y las torturas.
Los niveles de severidad de los síntomas evaluados en
la Escala de Diagnóstico de Estrés Postraumático se distri-
buyen de la siguiente manera en la población adulta, el ni-
vel de Moderado a Severo, ocupa el primer lugar (70%),
seguido por el nivel Moderado (15%). Los niveles de Se-
vero (10%) y Leve (5%) se encuentran en porcentajes me-
nores, aunque son significativos a la hora de relacionarlos
con el nivel de funcionamiento actual.
En la población adolescente se encuentran porcentajes si-
milares a los de la población adulta, sin embargo se presenta
una distribución que, si bien guarda una proporción semejan-
te a la anteriormente observada, hay diferencias que son evi-
denciadas en la figura 2 así: Moderado a Severo 45%, segui-
do por un 30% de Moderado y 15% Leve y Severo 10%.
Figura 2
Niveles de severidad en los síntomas de Estrés Postraumático en adultos y adolescentes
Las fuentes de exposición son consideradas variables
importantes dentro de la evaluación del estrés postraumá-
tico. En este caso se observa que la fuente de exposición
directa, es quizás la que mayor impacto tiene sobre el de-
sarrollo de estrés postraumático en la población que ha te-
nido que abandonar su lugar de origen, por las amenazas,
los homicidios, los atentados y las torturas, como una ac-
ción que busca preservar su vida y la de sus familias. Sin
embargo, las fuentes de exposición indirecta aunque iden-
tificadas en menor porcentaje, son reconocidas también
como condiciones que deberán ser asumidas en el marco
de la adquisición (ver Figura 3).
Figura 3
Fuentes de exposición al evento traumático, en la población adulta y adolescente.
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Los niveles de deterioro en el funcionamiento fueron
considerados también como parte fundamental en la eva-
luación del estrés postraumático. Se observa variabilidad
en la distribución de los porcentajes alcanzados en ambas
poblaciones; un 50% presenta un nivel de deterioro seve-
ro, seguido por un nivel moderado (30%). Es importante la
valoración que conjuntamente hacen al impacto que el estrés
postraumático ha tenido en el ámbito familiar, especial-
mente por las implicaciones que este ha tenido sobre la
calidad de las interacciones, sin embargo, aunque para los
adultos el trabajo y para los adolescentes el área escolar
son las de mayor impacto, otras como la actividad social y
sexual son de especial relevancia. Igualmente se observa
que algunos de los participantes consideran que no existe
nivel de deterioro. (La figura 4 muestra esta distribución).
Figura 4
Niveles de deterioro en el funcionamiento en la población adulta y adolescente
Es evidente que los diferentes niveles de severidad tie-
nen implicaciones importantes en el nivel de funcionamien-
to actual y así mismo se vinculan las condiciones del con-
texto en el que se movilizan. Se presenta un efecto sumativo
de tipo inhibitorio, frente a las posibilidades que ellos perci-
ben como reales e ideales. El entorno adverso y no ajustado
a su realidad cultural, choca permanentemente, lo que hace
que perciban una discrepancia entre lo que esperan y lo que
logran en cada una de las áreas de funcionamiento vital.
Las estrategias de afrontamiento, que fueron evaluadas
a través del ACS en la población adolescente, muestran
variabilidad en relación con la forma en que las personas
enfrentan las situaciones adversas del entorno. En general
se observa que la selección de estrategias por las que optan
los jóvenes cuando deben asumir situaciones que deman-
dan la presencia de recursos, además de ser variable, en
ocasiones se centra en estrategias de tipo conductual. Por
ejemplo, la distracción física y buscar actividades relajantes
son las alternativas en primera elección de los jóvenes, por
cuanto estas son reconocidas como inhibidoras de las ex-
periencias emocionales actuales.
Igualmente importante, es el análisis comparativo a tra-
vés del estadístico t con un nivel de significación p ‹ 0.01 y ‹
0.05 de los grupos de estrategias de afrontamiento y su rela-
ción con el nivel de severidad de los síntomas. Los resulta-
dos muestran que para los diferentes niveles de severidad, y
la utilización de la estrategia “Relación con los demás" y
Tabla 1
Comparación de la estrategia de afrontamiento “Relación
con los demás" de acuerdo con los niveles de severidad
de los síntomas de estrés Postraumático
Niveles
Estadístico
t p
Leve–Moderado
0,11555 0,45458
Leve–Moderado Severo
0,96989 0,17872
Leve–Severo
1,35059 0,10087
Moderado– Moderado Severo 1,33239 0,09580
Moderado–Severo
1,46820 0,09012
Moderado Severo–Severo 1,15543 0,12921
“Solución de problemas" no existen diferencias significati-
vas en la población (tablas 1 y 3). Utilizan de manera no
discriminativa y general, diversas formas de afrontar la si-
tuación, lo que hace que no se perciba un patrón particular y
sistemático que haga de esta elección una posibilidad en el
futuro. Sin embargo para el grupo de estrategias de afronta-
miento inadecuadas, el análisis muestra que la condición nivel
de severidad Moderado en comparación con Severo y nivel
Severo en comparación con Moderado a Severo son signifi-
cativos. Esto es, cuando los jóvenes experimentan niveles
elevados de severidad, tienden a utilizar estrategias de afron-
tamiento inadecuadas (Ver tabla 2).
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº2, 33 – 43
Niveles
Estadístico
t p
Leve–Moderado
0,81676 0,21184
Leve–Moderado Severo
0,85561 0,20720
Leve–Severo
–1,46528 0,08427
Moderado–Moderado Severo 0,09178 0,46371
Moderado–Severo
–2,44482 0,02222*
Moderado Severo–Severo –3,67032 0,00057**
Tabla 2
Comparación de la estrategia de afrontamiento
“Afrontamiento Inapropiado" de acuerdo con los niveles
de severidad de los síntomas de estrés postraumático
* p< 0,05 ** p< 0,01
Niveles
Estadístico
t p
Leve–Moderado
0,78097 0,22311
Leve–Moderado Severo
1,22864 0,11472
Leve–Severo
0,26274 0,39880
Moderado–Moderado Severo 0,28681 0,38805
Moderado–Severo
–0,41324 0,34246
Moderado Severo–Severo –0,69460 0,25485
Tabla 3
Comparación de la estrategia de afrontamiento “Solución
de Problemas" de acuerdo con los niveles de los síntomas
de estrés postraumático
Desarrollo Personal
12.7 Negación
14.2 Conformismo
8.3
Resolver el problema
11.4 Respuesta Paliativa
13.1 Control emocional
8.3
Reevaluación positiva
10.8 Evitar el afrontamiento
12.8 Reacción Depresiva
7.9
Distanciamiento
9.8 Apoyo social al problema
11.3 Supresión de actividades
7.6
distractoras
Planificación
8.6 Desconexión comportamental 11.3 Refrenar el afrontamiento
7.6
Desconexión Cognitiva
8.3 Supresión de actividades
7.4 Expresión emocional
7.6
distractoras
Refrenar el afrontamiento
7.0 Apoyo social emocional
6.7 Planificación
6.3
Reacción depresiva
6.3 Control emocional
5.7 Desconexión cognitiva
5.9
Conformismo
5.7 Expresión emocional
3.5 Distanciamiento
5.6
Expresión Emocional
5.4 Conformismo
2.5 Apoyo social emocional
5.6
Apoyo social emocional
4.4 Reacción depresiva
2.1 Desconexión comportamental 4.6
Control emocional
2.9 Desconexión cognitiva
2.1 Reevaluación positiva
4.0
Apoyo social al problema
2.2 Refrenar el afrontamiento
1.8 Evitar afrontamiento
4.0
Supresión de actividades
1.9 Reevaluación positiva
1.4 Apoyo social al problema
3.6
distractoras
Desconexión comportamental 1.3 Planificación
1.4 Respuesta paliativa
3.6
Evitar el afrontamiento
0.6 Resolver el problema
1.4 Negación
3.3
Respuesta paliativa
0.6 Distanciamiento
0.7 Resolver el problema
3.3
Negación
0.0 Desarrollo personal
0.4 Desarrollo personal
3.0
N = 50 adultos
Tabla 4
Porcentaje de la población adulta que utiliza las diferentes estrategias de afrontamiento según la condición siempre, nunca y
ocasionalmente
SIEMPRE
% NUNCA
% OCASIONAL
%
EL DESPLAZAMIENTO COMO GENERADOR DE CRISIS: UN ESTUDIO EN ADULTOS Y ADOLESCENTES
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº2, 33 – 43
En los adultos, los resultados no son diferentes en rela-
ción con los obtenidos en la población adolescente. El 50%
de los adultos utiliza frecuentemente o siempre estrategias
de afrontamiento conductual, seguido por un 35% que uti-
liza estrategias activas. Esto es, suprimen actividades dis-
tractoras, resuelven el problema o buscan formas de expre-
sar sus emociones.
Igualmente importante es el hecho de que en la valora-
ción de las estrategias que por lo general nunca utilizan, se
ubican las relacionadas con la evitación. Esto reafirma la
condición activa del ser humano frente a la adversidad. Bajo
estas condiciones ellos no niegan que en su vida actual pre-
sentan dificultades, ni buscan respuestas paliativas, por el
contrario y como complemento a los resultados presenta-
dos en el párrafo anterior, es congruente el hecho de fre-
cuentemente utilizar estrategias activas y nunca utilizar
estrategias que eviten afrontar las dificultades propias de
estar en el destierro.
Finalmente, la variabilidad en el empleo de estrategias
de afrontamiento es evidente bajo la condición de uso oca-
sional. Los porcentajes de utilización según las diferentes
estrategias oscilan entre un 8.3% y 3.0%. Los adultos usan
esporádicamente estilos tanto cognoscitivos como conduc-
tuales, activos, pasivos y evitativos.
Discusión
El desplazamiento forzado por la violencia en Colom-
bia, se ha convertido en uno de los fenómenos sociales y
humanitarios más complejos y críticos de la realidad na-
cional. Lo anterior ha llevado a plantear desde diferentes
perspectivas la necesidad de trabajar hacia el establecimien-
to de los derroteros, que permitirían atender de manera
particular los efectos psicológicos de esta forma de violen-
cia. Avanzar en esta dirección ha sido posible en la medida
en que los resultados obtenidos en las diferentes poblacio-
nes han permitido identificar y a la vez describir los even-
tos que impactan sobre la vida y la experiencia de asumir
el desarraigo como una nueva condición que debe ser asu-
mida como parte de su cotidianidad.
Si bien los estudios, en su gran mayoría, han sido de
tipo descriptivo, estos han desentrañado en su objetivo aque-
llas condiciones que vulneran al individuo, cuando tienen
que afrontar situaciones de adversidad que superan en su
valoración el afrontamiento. Los primeros resultados que
deben ser discutidos aquí, están relacionados con el im-
pacto que generan las condiciones que acompañaron el
desplazamiento. Las amenazas, reconocidas en un alto por-
centaje como de mayor impacto, suelen ser valoradas como
eventos traumáticos que se potencializan al ser acompaña-
dos por la situación obligatoria de huir para salvaguardar
su integridad. En este mismo sentido, el homicidio y los
atentados juegan un rol central, por cuanto ellos así mismo
se constituyen en experiencias que son revividas de mane-
ra intrusiva y frecuente, generando desesperanza e incerti-
dumbre frente a la posibilidad de recuperar su bienestar.
La valoración del impacto que los eventos tienen sobre
las personas expuestas a ellos ha sido revisada en varios
estudios de tipo empírico, en los cuales se observan las
consecuencias psicológicas asociadas a eventos potencial-
mente traumáticos. Esta valoración deberá ir acompañada
de una evaluación de la historia de las personas afectadas,
en el sentido de reconocer en ellas que la experiencia pre-
via con eventos significativamente negativos, tienen un
efecto diferencial sobre la posibilidad de desarrollar estrés
postraumático (e.g. Bolton, Linz, Brito, Adler & Roemer,
2001). En este sentido, las vivencias relacionadas con el
abuso y el maltrato, en diferentes ciclos de la vida, permean
a la persona y la hacen más sensible y vulnerable al experi-
mentar nuevas experiencias dolorosas. Ejemplos de ello,
los encontramos en mujeres víctimas de la violencia do-
méstica (Flannery, 1995) y en niños y adolescentes vícti-
mas también de abuso por parte de sus cuidadores (Knell
& Ruma, 1996). Los adolescentes en el presente estudio
argumentaban cómo estas experiencias habían afectado sus
vidas y percibían que las amenazas contra su vida y de re-
clutamiento generaban en ellos mayor sensibilidad y ma-
lestar emocional.
Este factor asociado a la intensidad y grado de exposi-
ción, ha sido reconocido en veteranos de combate que fue-
ron capturados y torturados durante la segunda guerra mun-
dial, en el sentido de alcanzar el máximo nivel de severi-
dad, al compararlos con aquellos veteranos que no fueron
capturados ni torturados (Sutker, Allain & Winstead, 1993,
citados por McNally, 2003). La hipótesis de Dosis–Res-
puesta, discutida por Yehuda (1998), da cuenta de la rela-
ción entre la severidad del trauma y el posterior desarrollo
de estrés postraumático, la cual sugiere que los factores de
vulnerabilidad pueden ser particularmente importantes du-
rante la movilización a lo largo del espectro de horror y
catástrofe. La información sobre niños y adultos sobrevi-
vientes al holocausto, brinda una mejor perspectiva hacia
la relación entre la vulnerabilidad y la severidad del estresor.
Es posible que individuos altamente resilientes, puedan
escapar del destino de síntomas postraumáticos, después
de la primera o incluso la segunda vez que experimenten
eventos traumáticos, pero puede ser que la exposición re-
petida al estrés cause la erosión de esta resiliencia. Este
creciente riesgo es preocupante, especialmente cuando esta
población víctima de la violencia, ha sido amenazada y
desplazada, para llegar a un lugar en el cual existen pocas
garantías para su bienestar y seguridad.
Discutir bajo estas condiciones el desplazamiento como
generador de crisis, tiene una doble connotación y sentido
experiencial. Por un lado, este se constituye en un evento
que deberá ser valorado en su dimensión traumática, por
los eventos que lo acompañan, y por otro lado por las con-
secuencias que este genera. En el primer caso, las amena-
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MARÍA CLARA RODRÍGUEZ / PATRICIA DÍAZ / SILVANA NIÑO / MARÍA SAMUDIO / MARÍA SILVA
TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº2, 33 – 43
zas contra la vida, los homicidios de personas cercanas y
las torturas, son situaciones que en su experiencia generan
altos niveles de incertidumbre y estrés, seguidos por una
necesidad inminente de preservar su seguridad bajo condi-
ciones en las cuales se dispone de bajo soporte social. Va-
loradas desde esta perspectiva, son estas condiciones las
que ponen en riesgo la estabilidad emocional, que en con-
junción con las nuevas experiencias que de ellas se deri-
van, sobrevienen condiciones de mayor incertidumbre que
no aportan o contribuyen a generar nuevas oportunidades
para su adaptación. En el segundo caso, en una dimensión
temporal, el asumir el desplazamiento como una nueva
condición de vida exacerba los síntomas de estrés postrau-
mático y su correspondiente patrón de evitación, situación
que no permite que las personas puedan funcionar adecua-
damente en las diferentes áreas de actuación.
El nivel de funcionamiento actual se relaciona con el
nivel de severidad de los síntomas. Se observa en este caso
que el mayor porcentaje de personas evaluadas presentan
tanto mayores niveles de severidad de estrés postraumáti-
co en la categoría moderado a severo y así mismo mayor
impacto en el nivel de funcionamiento. En este sentido, se
observan dificultades en las relaciones familiares y socia-
les, alteración en los ciclos y frecuencia de búsqueda de
actividades recreativas, la vida sexual y la experiencia de
satisfacción general con la vida. Sin duda este panorama
deja entrever la forma en que el desplazamiento y los even-
tos asociados a él, afectan definitivamente el bienestar psi-
cológico de las personas que lo experimentan. No es extra-
ño entonces, encontrar en ellos la desesperanza y la melan-
colía como estados que se desprenden y acompañan el trán-
sito por una historia que no quisieran reconocer. Adicio-
nalmente, el nuevo lugar que los acoge, no ofrece las mis-
mas oportunidades de desarrollo y por el contrario los pone
en condiciones de mayor vulnerabilidad. Esto a su vez po-
dría ser visto como un factor de mantenimiento de los sín-
tomas de estrés postraumático.
Las estrategias de afrontamiento son otro punto sobre
el cual deberán ser discutidos estos resultados. El análisis
muestra tanto en los adultos como en los adolescentes que
desarrollaron estrés postraumático frente a las condiciones
generadoras de crisis, que ellos desplegaron toda una va-
riedad de estrategias, las cuales les permitieron asumir su
condición de seres humanos activos, frente a la adversi-
dad. Sin embargo, se observó que esta variabilidad proba-
blemente no facilitó abordar de manera eficaz la situación
para reducir los efectos nocivos de la misma. Rodríguez
(1995), estima que las personas utilizan diferentes estrate-
gias dependiendo de la gravedad percibida en la situación.
Al percibir mayor peligro o daño, se pondrán en marcha
varias estrategias, que también pueden depender de la mu-
tabilidad de la situación. Si la situación posiblemente cam-
bia, se movilizarán estrategias aproximativas, si se percibe
la situación como inmutable, las estrategias que se utiliza-
rán serán las cognoscitivas para tratar de resignificar la si-
tuación, minimizando su efecto negativo o la pasividad.
Finalmente, es importante considerar que estos resulta-
dos preliminares nos permiten comprender y analizar las
condiciones bajo las cuales esta población particular desa-
rrolla estrés postraumático. Igualmente, estos resultados
servirán de punto de partida para atender desde nuestro saber
las consecuencias psicológicas, que limitan la capacidad
de desarrollo de la población en situación de desplazamien-
to. Este análisis, si bien confirma y entra en coherencia con
resultados provenientes de otros contextos y poblaciones,
abre también nuevas posibilidades a la comprensión de las
condiciones bajo las cuales la violencia permea la vida de
las personas que la experimentan. Esta comprensión se
constituye en eje articulador de propuestas de atención,
donde las características ideográficas señalarán los derro-
teros de atención, en los cuales la preparación para asumir
la adversidad desde el desarrollo y la potenciación de es-
trategias de afrontamiento sea la alternativa.
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