Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2005
Iván Alejandro Arenas S.
RESULTADOS DE PSICOTERAPIA GRUPAL BREVE EN ESTUDIANTES
UNIVERSITARIOS DE LA QUINTA REGIÓN: ESTUDIO EXPLORATORIO BASADO
EN INSTRUMENTOS PROYECTIVOS
Terapia psicológica,
junio, año/vol. 23, número 001
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 37-47
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
Copyright 2004 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184
Resultados de Psicoterapia Grupal Breve en Estudiantes Universita-
rios de la Quinta Región: Estudio Exploratorio Basado en Instru-
mentos Proyectivos
Sort-term Group Psychotherapy Outcomes with College Students of Fifth Region:
Exploratory Study Based upon Projective Tests
Iván Alejandro Arenas S.*
Universidad Adolfo Ibáñez, Chile
rec: 09-noviembre-2004 acep: 20-abril-2005
Resumen
El presente artículo es una investigación exploratoria del Cambio en psicoterapia grupal en relación con algunas dimen-
siones de funcionamiento psíquico. Se informa sobre los resultados de un tratamiento grupal breve con estudiantes eva-
luados pre y post-tratamiento por medio del uso de una batería de pruebas proyectivas. Los resultados se organizan en
matrices de análisis cuyas significaciones tienden a indicar cambios focales en las dimensiones de función de identidad,
mayoritariamente, y en energía disponible y control de impulsos, en menor grado. Se analiza el alcance y las posibles
implicancias tanto de los cambios como de los no cambios. Se discute la sensibilidad mostrada por los instrumentos
utilizados así como las limitantes impuestas por los defectos metodológicos del estudio.
Palabras clave: psicoterapia grupal, pruebas proyectivas, resultados.
Abstract
The present article is an exploratory research about changes produced by group psychotherapy considering some dimensions
of psychological functioning. This work informs about outcomes of a short-term group treatment with University students,
evaluated on a pre and post - test modality with some projective tests. Results are organized at a matrix of analysis that
tends to indicate focal changes at Identity Function, Available Energy and Impulse Control. This work also analyzes the
outreach and possible consequences of changes and non-changes. Finally, this article discusses the sensibility showed by
the projective tests as well as their limitations due to methodological problems of the study.
Keywords: group psychotherapy, Projective Tests, outcomes
Introducción
La Psicoterapia de grupo se desarrolló de manera sig-
nificativa en las últimas décadas del siglo XX, al punto de
convertirse en alternativa viable de tratamiento para un sin-
número de dificultades psicológicas (Roth & Fonagy, 1996,
en Rice, 2003).
Así lo testimonian, por una parte, el creciente número
de estudios sobre diversos aspectos de esta modalidad de
psicoterapia en medios científicos especializados, interna-
cionales fundamentalmente (Dies, 1992, en Scheidlinger,
1996); y por otra, la fuerza con la que se ha extendido a
través de los servicios sanitarios de algunos países del
mundo (Scheidlinger, 1996, en Kaplan & Sadock, 1996).
En nuestro país, por su parte, la psicoterapia grupal ha
ganado fuerza y adeptos, principalmente a partir de los
tempranos aportes de Menzies Lyth (1980), Florenzano
(1984), Davanzo (1983) y, en época reciente, algunos de
sus colaboradores y discípulos (Thumala, 2003, en Véjar
& Oskenberg eds., 2003).
El espacio que esta modalidad de psicoterapia ha ido
ganando, tanto en el ámbito internacional como en nuestro
país, se explica, por una parte, por su flexibilidad para adap-
tarse a las necesidades y recursos tanto del paciente como
de la institución que ofrece el servicio. Algunos autores
han señalado la eficiencia del grupo para el tratamiento de
pacientes con alto potencial de cronicidad (Grijalvo & Insúa,
2001). En esta misma se ha enfatizado la necesidad de pri-
vilegiar el “pragmatismo, la integración y la clarificación
en función de la realidad económica actual" (Scheidlinger,
1996, en Kaplan & Sadock, 1996, pag. 10).
Por otra parte también destaca la búsqueda de alternati-
vas viables para tratar pacientes que puedan no beneficiar-
se, o incluso ser perjudicados, por tratamientos individua-
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* Correspondencia: e-mail: ivan.arenas@uai.cl
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les (Brook, 1996, en Kaplan & Sadock, 1996), necesidad
que ha conducido a la comprobación científica de sus re-
sultados (Piper, 1996, en Kaplan & Sadock, 1996).
Investigación en Psicoterapia Grupal Breve
A pesar de los grandes esfuerzos, iniciados hace ya va-
rias décadas, por demostrar vía método científico, la efec-
tividad de la psicoterapia en general y de sus diversas mo-
dalidades en particular, algunas no han sido suficientemente
estudiadas; entre ellas la psicoterapia breve y en especial,
la psicoterapia grupal breve.
Pocas investigaciones de las publicadas en los últimos
6 años en medios especializados exploran los resultados
de la psicoterapia grupal breve; entre ellos encontramos un
estudio de los efectos de psicoterapia grupal breve con
personas con duelo patológico (Piper, McCallum, Joyce,
Rosie & Ogrodniczuk, 2001), con jóvenes con trastornos
del hábito del comer y comorbilidades específicas (Grijalvo
& Insúa, 2001), con mujeres y desde una perspectiva ins-
pirada en conceptos de Winicott (Granucci, 2000), y com-
parando grupos dirigidos por terapeutas expertos versus
inexpertos (Burlingame & Barlow, 1996). En nuestro país,
por su parte, Cortés (2004), muestra los resultados de una
intervención grupal destinada al aprendizaje de habilida-
des de conducción de grupos entre profesionales del ámbi-
to de la Salud.
Estudios meta-analíticos han demostrado la equivalen-
cia de efectos de psicoterapia individual y grupal
(Burlingame & Barlow, 1996; Holmes & Kivlingham,
2000), la semejanza de los tamaños de efecto [1] de trata-
mientos grupales e individuales (Piper & Joyce, 1996) y la
efectividad general de la psicoterapia grupal breve (Piper
& Joyce, 1996).
De las investigaciones antes citadas, todas ellas se ba-
san en la utilización de sofisticados sistemas de medición
[2], cuyo objetivo central es el entregar una medida
confiable y válida.
La mayoría de las encuestas y test nos entregan una
visión validada, estandarizada, confiable, de la presencia
de cambios, lo que no necesariamente va de la mano de
apreciar qué mecanismos internos operaron para hacer que
una persona, inicialmente depresiva, ansiosa,
hipocondríaca, etc., cambie internamente.
El presente estudio se propone analizar el mecanismo
de cambio en la operatoria psíquica interna de pacientes en
psicoterapia grupal breve, usando para ello una batería de
pruebas proyectivas que, si bien no cuentan con la ventaja
de disponer de normas y estándares, sí, en cambio, han sido
diseñadas con el propósito de explorar la operatoria
intrapsíquica humana.
Sirve de guía al presente estudio la pregunta: ¿es posi-
ble llegar más allá de la encuesta y del síntoma, antes de
recurrir a la teoría y al reporte del clínico, con el fin de
entender el proceso de cambio que tiene lugar en la “psi-
que" humana producto de una psicoterapia grupal breve.
Y junto a esto: ¿es, una prueba proyectiva, sensible al cam-
bio que puede tener lugar en una psicoterapia grupal bre-
ve. He aquí un primer aspecto que explorar.
Un segundo aspecto relevante: una psicoterapia grupal
breve, ¿produce cambios positivos en el funcionamiento
psíquico de los participantes., y ¿en qué aspectos de dicho
funcionamiento., ¿los afectos, las defensas, la relación con
la realidad, todos ellos.
En virtud de lo anterior, el propósito central del presen-
te estudio, de carácter exploratorio, es analizar los resulta-
dos de una psicoterapia grupal breve, aplicada a jóvenes
universitarios de la Quinta Región, a través de Test
Proyectivos. Estos instrumentos que, a pesar de los inne-
gables problemas de confiabilidad y validez que presen-
tan, se utilizan con el fin de apreciar los cambios en la
operatoria psíquica de los sujetos tratados.
Método
Participantes
Se organizaron, en colaboración con los Servicios Mé-
dico y Psicológico de dos Universidades que forman parte
del Consejo de Rectores de la Quinta Región, dos grupos
psicoterapéuticos breves (12 sesiones de 90 minutos cada
una y frecuencia semanal). La alternativa de psicoterapia
grupal se ofreció a todos aquellos estudiantes inscritos en
lista de espera para atención psicológica en los menciona-
dos Servicios.
Entre aquellos que aceptaron, se realizó un “screening"
preliminar (a cargo de profesionales de los Servicios Mé-
dicos de las instituciones colaboradoras) consistente en una
entrevista personal cuyo propósito fundamental fue explo-
rar la presencia de los criterios de exclusión de tratamiento
grupal breve (presencia de un trastorno psicótico, presen-
cia de Depresión Profunda; presencia de Depresión Me-
lancólica o Distimia; Abuso de Substancias; Trastornos del
Hábito de la Alimentación) [3].
De los 26 jóvenes inicialmente seleccionados, 10
(38,5%) decidieron no iniciar el tratamiento, y 5 (19,2%)
lo abandonaron dentro de las primeras tres sesiones. Esto
dio por resultado la conformación de dos grupos de 5 y 6
integrantes respectivamente, que terminaron el tratamien-
to completo; es decir, 11 participantes (42,3%) terminaron
la última sesión. Es importante hacer notar que los jóvenes
entrevistados por profesionales de los respectivos Servi-
cios fueron directamente indicados a psicoterapia grupal
breve, con lo que el proceso de composición grupal fue
obviado. Las posibles consecuencias de este proceder se
analizan en la discusión de este trabajo.
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Procedimiento
Se organizaron dos grupos psicoterapéuticos breves, de
12 sesiones de 90 minutos cada una y frecuencia semanal;
la alternativa de psicoterapia grupal fue ofrecida a aquellos
estudiantes inscritos en la lista de espera para atención psi-
cológica en los antes mencionados servicios médicos. Una
vez conformados, dichos grupos operaron en el período
comprendido entre mediados de agosto y principios de
noviembre del año 2003.
En términos del modelo de tratamiento utilizado, la
psicoterapia grupal poseyó algunas de las características
que diversos autores han asociado a la generación de me-
joría y cambio (Piper, McCallum, Joyce, Rosie &
Ogrodniczuk, 2001; Granucci, 2000; Klein, 1996, en Kaplan
& Sadock, 1996; Mackenzie 1996, entre otros). En gene-
ral, dichos autores han puesto de manifiesto la importancia
de: (1) seguir un cuidadoso proceso de selección de los
participantes, (2) atender a la composición de un grupo
acorde las exigencias del formato de tiempo limitado, (3)
administrar el tiempo, en el sentido del foco permanente
en la terminación y (4) terapeutas con roles contenedores y
activos (Klein, 1996, en Kaplan & Sadock, 1996;
Mackenzie 1996).
En cuanto al proceso de selección de los participantes,
éste incluyó los criterios de exclusión sobre la base del diag-
nóstico antes mencionado, exploración que estuvo cargo
de los profesionales de los Servicios Médicos de las insti-
tuciones referidas. Si bien se intentó promover la homoge-
neidad de los criterios de derivación, es probable que, dado
que los profesionales colaboradores no utilizaron instru-
mentos de exploración estandarizados comunes, exista al-
gún grado de heterogeneidad de criterios de selección; las
posibles repercusiones de esta heterogeneidad se analizan
y discuten en los comentarios de este trabajo.
Respecto de la administración del tiempo, los partici-
pantes fueron informados, desde el inicio del tratamiento,
tanto del número de sesiones contempladas en el tratamiento
(doce, en total) como de la fecha de término estimada, lo
cual, como establecen algunos autores, mantuvo al tiempo
como foco permanente del trabajo (Mackenzie, 1996)
Por último, los roles del dúo de terapeutas se caracteri-
zaron por la contención y actividad interpretativos dentro
de lo permitido, nuevamente, por el formato temporal del
grupo; es decir, con una función de sostén, apoyo y empatía
(Granucci, 200) unida a una actividad interpretativa focal,
dada la menor posibilidad de elaboración determinada por
el tiempo limitado (Klein, 1996, en Kaplan & Sadock,
1996).
Instrumentos
Los participantes fueron evaluados en pre y post-test,
por medio de una batería de pruebas proyectivas; tanto en
el pre como en el post-test se utilizaron las mismas prue-
bas, aspecto cuyas posibles consecuencias se analizan en
las conclusiones de este trabajo. No se contó con grupo
control, tema cuyas repercusiones se ponderan en la discu-
sión de este trabajo.
Las pruebas que compusieron la batería de tests
proyectivos fueron el Test de la Figura Humana, el Test de
la Persona Bajo la Lluvia y el Test de Colores de Lüscher
[4], todos ellos analizados por evaluadores expertos de re-
conocida trayectoria y vasta experiencia en el ámbito lo-
cal, que no tuvieron contacto alguno con los grupos tera-
péuticos ni con sus participantes.
Con el objeto de informar los resultados y dado el ca-
rácter cualitativo de la información que este tipo de prue-
bas entrega, se generó un sistema de categorías que permi-
ten, en primer lugar, entender las dimensiones en que di-
chas pruebas están o no indicando cambios y, en segundo
lugar, organizar dicha información de forma coherente y
sintética.
Esto dio como resultado el desarrollo de matrices de
análisis de resultados que combinan, por una parte, una
concepción del cambio y, por otra, una conceptualización
acerca de la operatoria intrapsíquica sustentada en el mo-
delo psicoanalítico.
Matrices de Análisis
Para el diseño de las matrices de análisis de resultados
de las pruebas gráficas utilizadas, nos centramos, como se
indica anteriormente, en dos dimensiones fundamentales,
a saber, (1) el cambio producido por una psicoterapia y (2)
las dimensiones de la operatoria intrapsíquica en las que
tal cambio puede tener lugar.
Respecto del Cambio, se trata de un concepto difícil de
definir, en especial dada la diversidad de enfoques que abor-
dan el fenómeno desde posiciones epistemológicamente
diversas (Sanhueza, 2003). Si bien no hay un acuerdo ab-
soluto respecto de lo que es el cambio en psicoterapia, si se
reconocen varios tipos o “grados" de cambio, en un conti-
nuo que va desde el Cambio Terapéutico al Deterioro, pa-
sando por la Remisión Espontánea y el No Cambio (Bergin
& Lambert, 1978, en Sanhueza, 2003).
Esto llevo a formular cuatro dimensiones sobre las cua-
les se comparan los resultados arrojados por las pruebas
gráficas de los participantes (Sanhueza, 2003):
(1) Cambio Terapéutico Global (C++): Entendido como
aquel beneficio obtenido por un participante en una
psicoterapia, que afecta positivamente todas las dimen-
siones de su existencia, es decir, el sentir, el pensar y el
actuar. Se trata del tipo de cambio que, desde una pers-
pectiva analítica, se denominaría re-estructuración di-
námica de la personalidad, es decir, un cambio genera-
lizado de su funcionamiento psíquico, que redunda en
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una mayor integración de las tres áreas antes mencio-
nadas (sentir, pensar y actuar).
(2) Cambio Terapéutico Focal (C+): Referido a aquel cam-
bio circunscrito a un área específica o más delimitada
de la personalidad, con frecuencia de índole más bien
conductual o sintomática, que favorece la adaptación
del sujeto a la sociedad en la cual vive. Se trata de una
reducción de la intensidad de las conductas y/o sínto-
mas que indica en una reducción de la psicopatología
que los causa, con la consecuente mejoría en la calidad
de vida y en la capacidad de actuar de una persona,
pero sin que se produzca una resolución de las causas
del trastorno.
(3) No Cambio (NC): Es decir, mantención de la misma
operatoria intrapsíquica una vez terminado un tratamien-
to. El sujeto no presenta cambio alguno ni en su estado
ni en las situaciones que lo acompañan.
(4) Deterioro (C-): Visto como el daño que un procedimien-
to psicoterapéutico puede causar en una persona, en tér-
minos de reducir su nivel de madurez comportamental,
sentimental y/o intelectual. Cruzamos estas dimensiones
del cambio con algunas que tienen directa relación con
la operatoria intrapsíquica. Estas categorías surgen, pa-
ralelamente, del reporte de resultados de los expertos y
de los planteos de la teoría psicoanalítica respecto de las
funciones del aparato mental. Las dimensiones de la
operatoria intrapsíquica son:
1-. Energía Disponible para la Actividad y el
Psiquismo:
Freud postuló, en el “Proyecto de una Psicología Cien-
tífica" (Freud, 1985 [1991]), una distinción entre energía
libre y energía ligada, distinción que a posteriori lo llevó a
dos conceptos fundamentales del psicoanálisis, a saber,
proceso primario y proceso secundario (Laplanche &
Pontalis, 1994).
A pesar de ser, el tema de la energía, motivo de debate
dentro de la comunidad psicoanalítica (Laplanche &
Pontalis, 1994), usamos este concepto con la intención de
explorar la medida en que el aparato psíquico es capaz de
transformar la energía pulsional, es decir, la energía deri-
vada de las pulsiones, libidinal o sexual y emanada del ello
y ponerla al servicio de las demás instancias y actividades
psíquicas.
Queremos explorar, en este sentido, si se produce tal
transformación que permita al individuo utilizar dicha ener-
gía de forma consciente y para los propósitos propios de su
existencia particular (estudiar, trabajar, vincularse) o si, en
cambio, tal transformación es incompleta, inestable o inexis-
tente.
El cruce de las dimensiones de cambio y energía dispo-
nible da como resultado las siguientes categorías de com-
paración:
E/C++: La energía del individuo pasa de ser inexistente,
reprimida o fluctuante a estar disponible, de forma es-
table, para las operaciones del psiquismo, permitiendo
a la persona las realizaciones propias de su etapa de
vida, en lo referente a conducta, pensamiento y senti-
miento.
E/C+: La energía del individuo pasa de ser inexistente o
reprimida, a ser fluctuante, de forma que está disponi-
ble para ciertas operaciones del psiquismo, pero no para
las restantes. Podríamos ejemplificar esto señalando
cómo un joven puede recuperar su capacidad para estu-
diar (memoria, atención, concentración) sin por ello
mejorar su capacidad para integrar los afectos a los de-
más aspectos de su existencia.
E/NC: La energía del individuo se mantiene en el mismo
estado que una vez iniciado el tratamiento, por ejem-
plo, es fluctuante o no está ni siquiera disponible. Es
decir, no se registra cambio alguno en la dimensión.
E/C-: La energía del individuo, que en un principio del tra-
tamiento estaba disponible o fluctuaba, al terminar éste
no está ni siquiera disponible o se registra excesiva.
2-. Ansiedades Predominantes:
Desde la perspectiva psicoanalítica, podemos asumir
la existencia de diferentes niveles de este concepto; po-
demos hablar, por ejemplo, de angustia automática o de
angustia real (Freud, 1926); desde la perspectiva
Kleiniana, podemos vincular la idea de angustias al con-
cepto de posición, de manera tal que para cada una de las
posiciones planteadas por esta autora, esquizo-paranoide
y depresiva, existe un tipo específico de angustias o an-
siedades predominantes, persecutoria y depresiva (Klein,
1952 [1991]).
En base a esos planteamientos, asumiremos que la an-
siedad depresiva es, en términos evolutivos, “mejor" que
la persecutoria, en la medida que implica un mayor grado
de integración y síntesis de los objetos (Klein, 1952 [1991]).
Consideramos adecuado, además, incluir una dimensión que
nos permitiese explorar la presencia de ansiedades más
disruptivas aún, para lo cual incluimos las relativas a la
pérdida del contacto con la realidad.
El cruce de las dimensiones de cambio y ansiedades
predominantes ha dado como resultado las siguientes cate-
gorías de comparación:
A/C++: las ansiedades presentes al principio del tratamiento
se han modificado, llegando a ser de poca intensidad y
esencialmente depresivas; la reactivación de duelos,
pérdidas y separaciones se da en el contexto del térmi-
no del tratamiento y puede ser explicada por éste. El
monto de las ansiedades no resulta invalidante y es to-
lerado, integrado, compensado y utilizado por el apara-
to psíquico del sujeto.
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A/C+: las ansiedades presentes al iniciarse el tratamiento,
ya sean de pérdida del contacto con la realidad o de
índole persecutoria, se han moderado, haciéndose más
manejables para el sujeto; junto a esto, empiezan a co-
brar un carácter más depresivo, que se puede asociar a
una incipiente mejoría en la integración de afectos agre-
sivos y, con esto, de los objetos internos.
A/NC: las ansiedades del individuo poseen la misma natu-
raleza que al inicio del tratamiento; no se registra mo-
dificación alguna en este aspecto.
A/C-: las ansiedades, que en un principio eran leves, ma-
nejables, no invalidantes y esencialmente depresivas,
se acompañan ahora de elementos persecutorios o de
pérdida del contacto con la realidad, lo cual significa
un claro empeoramiento del estado del sujeto.
3-. Defensas Utilizadas:
El concepto de defensa es, sin duda alguna, uno de
los aspectos capitales de la teoría y la técnica del psi-
coanálisis (y de sus diversas tecnologías derivadas). Con
el fin de obtener una visión a la vez sintética y precisa
del concepto de defensa, podemos decir que se trata de
todas aquellas operaciones psíquicas que protegen al
individuo del peligro y el dolor psíquicos por mediación
del Yo y de manera fundamentalmente inconsciente
(Greenson, 1988).
Dada la dificultad inherente al diferenciar, a partir de
pruebas proyectivas, entre los diversos tipos de defensa [5],
usamos aquí un criterio “tópico", en el sentido de distin-
guirlas sobre la base de su nivel. Siguiendo a Gill (1963,
en Greenson, 1988), entendemos como defensas inferiores
o bajas a aquellas inconscientes, automáticas y patógenas;
y como superiores o altas, a aquellas conscientes, volunta-
rias y adaptativas. Entendemos, también, que no existen
defensas puramente altas o bajas, motivo por el cual defi-
niremos su carácter según la “condición predominante"
A partir de lo anterior, el cruce de las dimensiones de
cambio y defensas utilizadas ha dado como resultado las
siguientes categorías de comparación:
D/C++: para defensas conscientes, voluntarias, adaptativas
(“altas"). En este sentido, entenderemos que defensas
que inicialmente se evaluaron como predominantemente
inconscientes, involuntarias y patógenas, se han rees-
tructurado, como consecuencia de lo cual el funciona-
miento psíquico del individuo se ha modificado en di-
chos sentidos.
D/C+: si bien esta dimensión no implica una reestructura-
ción de la defensa, sí implica una mejoría “tópica", en
el sentido de que la función defensiva está más cerca
de la consciencia, es más voluntaria, menos patógena,
más adaptativa (Gill, 1963, en Greenson, 1988).
D/NC: para todas aquellas situaciones en las que el funcio-
namiento defensivo del sujeto conserva las mismas ca-
racterísticas que al momento de aplicarse el pre-test e
iniciarse el tratamiento.
D/C-: para el deterioro de una función defensiva que, al
iniciarse el tratamiento, era mejor que en el momento
de terminarlo; mejor, ya sea en el sentido tópico hasta
ahora utilizado, es decir, más alta (menos inconsciente,
menos automática, menos patógena), o en el sentido de
disponer de defensas efectivas para el afrontamiento
de situaciones ansiedades, conflictos, etc.
4-. Función de Identidad:
Entenderemos aquí como identidad a aquella experien-
cia de diferenciación respecto de los demás y del entor-
no, que deriva del proceso de individuación, del senti-
miento de mismidad y de la integración social, los así lla-
mados vínculos de integración espacial, temporal y so-
cial (Grinberg & Grinberg, 1993). Desde el punto de vis-
ta operacional, entendemos aquí que una identidad sana
implica la integración de las distintas partes del sí mismo
(como opuesta a la disociación de partes rechazadas de
uno mismo), la diferenciación yo / no yo, la estabilidad
temporal de la identidad (como opuesta a la inestabilidad
en la representaciones de sí mismo y los objetos) y la ca-
pacidad para relaciones de objeto (Grinberg & Grinberg,
1993).
A partir de lo anterior, el cruce de las dimensiones de
cambio y de función de identidad ha dado como resultado
las siguientes categorías de comparación:
FI/C++: una identidad que, antes del tratamiento se revela-
ba como frágil e inestable en términos de integración
de sus partes (p.e. sí mismo corporal), diferenciación
del mundo externo, capacidad para relaciones de obje-
to (p.e. evitadas desde ansiedades persecutorias), se ha
modificado drásticamente en el curso del tratamiento,
revelando ahora una integración, diferenciación, la es-
tabilidad y fortaleza incipientes o de hecho ya logra-
das.
FI/C+: la función de identidad de la persona tratada pre-
senta mejorías en alguno de los aspectos mencionados,
pero no en todos. Por ejemplo, se observa una mejoría
en la capacidad de relación objetal, pero sin que esto se
acompañe de una mayor integración de partes disocia-
das del sí mismo; o se observa una mayor capacidad de
diferenciación yo-no yo, pero no aún de relaciones de
objeto.
FI/NC: la función de identidad del individuo permanece
inalterada, no revela cambios de ninguna índole en nin-
guna de sus dimensiones (integración, diferenciación,
estabilidad).
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FI/C-: se aprecia un empeoramiento de la función de iden-
tidad de la persona tratada, de manera tal que una o
más de las dimensiones mencionadas se han deteriora-
do producto del tratamiento.
5-. Control de Impulsos:
Dada la limitación que el espacio nos impone, no nos
aventuraremos a definir o delimitar, tarea de suyo comple-
ja, el concepto de impulso en la teoría psicoanalítica. Para
obtener una visión introductoria al tema, el lector puede
recurrir a textos que abordan con mayor amplitud el tema
(Laplanche & Pontalis, 1994).
En esta dimensión, en particular, nuestro interés reside
en determinar la medida en que está presente o ausente, en
determinada persona, la capacidad para ejercer un adecuado
control sobre sus emociones, afectos, acciones y conductas,
en especial en la medida que puedan significar un peligro
potencial tanto para sí misma como para los demás.
El cruce de las dimensiones de cambio y de control de
impulsos ha dado como resultado las siguientes categorías
de comparación:
CI/C++: para aquellas situaciones en las que el sujeto ha
desarrollado una capacidad de resistir y manejar im-
pulsos potencialmente dañinos, que no se encontraba
presente en su repertorio de recursos psíquicos, antes
de iniciar el tratamiento. Esta capacidad, además, po-
see un carácter estable y no depende ni del tipo ni de la
intensidad de estímulos a los que el sujeto se vea ex-
puesto.
CI/C+: en aquellas circunstancias en las que el sujeto ha
logrado, en comparación con el período previo al inicio
del tratamiento, un mejor nivel de control y manejo de
sus impulsos frente a la mayoría de los estímulos, pero
ya sea frente a cierto tipo (p.e. la rabia), cierta intensi-
dad (p.e. tristeza intensa) o duración (p.e. estado de
estrés sostenido) de éstos, dicha capacidad se ve dismi-
nuida. Una vez superado el estímulo crítico, el indivi-
duo puede volver a desempeñarse normalmente, en tér-
minos de control de su conducta impulsiva.
CI/NC: en todas aquellas circunstancias en las que el nivel
de resistencia y manejo de los impulsos no presente
cambio alguno al ser comparado entre los estados pre y
post-tratamiento, pudiendo darse esto tanto en el senti-
do que la psicoterapia no perjudique una capacidad de
la que el sujeto originalmente disponía, como en el de
no favorecer una mejoría.
CI/C-: para aquellas circunstancias en las que se observe
que, luego de la psicoterapia, el individuo muestra un
deterioro, de cualquier grado o tipo, en su capacidad de
resistir y manejar sus impulsos, deterioro que antes del
tratamiento no se encontraba presente.
Resultados
En la Tabla Nº 1 se pueden observar los cambios detec-
tados según cada dimensión, expresados en términos por-
centuales. [Insertar Tabla Nº 1 aquí]
Cerca del 55% de las personas tratadas en psicoterapia
breve grupal tienden a no cambiar en la dimensión de An-
siedades Predominantes, mientras un 9% presenta un dete-
rioro en la misma dimensión. Sólo un 36% de las personas
tratadas presenta mejorías en esta categoría, al compararse
su estado previo con su estado posterior al tratamiento.
Esto significa que para la mayoría de los individuos
tratados en psicoterapia grupal breve, la naturaleza e inten-
sidad de las ansiedades tiende a mantenerse inalterada, exis-
tiendo, inclusive, un pequeño porcentaje de empeoramien-
to en ambos sentidos.
Por otra parte, el 63% de los sujetos tratados no presenta
cambios en la dimensión de Función Defensiva, mientras un
9% muestra, inclusive, un empeoramiento en su condición
al terminar el tratamiento. Tan solo un 27% de las personas
tratadas presenta mejorías en esta dimensión, lo que, en tér-
minos globales, tiende a indicar que la psicoterapia grupal
breve no produjo cambios en el ámbito defensivo.
Nos parece de suma relevancia observar que las dos
dimensiones que presentan la mayoría de sus resultados
inclinados hacia el extremo NC/C- de la distribución de
tipos de cambio son, precisamente, las correspondientes a
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ansiedades y defensas. A partir de estos resultados, parece
ser que (1) ansiedades y defensas son dos dimensiones del
funcionamiento psíquico que tienden a moverse juntas, el
cambio en una dimensión se acompaña del cambio en la
otra; (2) el nivel de profundidad, en la conflictiva
intrapsíquica de los sujetos tratados, al que fue posible ac-
ceder desde este tratamiento breve, no permitió la re-
estructuración de ansiedades, defensas y, por ende, del con-
flicto nuclear.
Siguiendo con los resultados, se puede observar que el
45,5% de las personas tratadas presenta cambios focales en
la dimensión de Energía disponible, resultado al que se agrega
un 9% para el cual el cambio fue más estable y duradero
(C++). Por su parte, para un 45,5% no se registraron cam-
bios. Muy similar es la situación en la dimensión de control
de impulsos, para la cual un 54,5% presenta cambios focales
y un 45,5% no presenta cambios de ningún tipo.
Discusión
En términos del diseño del presente estudio, es impor-
tante considerar que el uso de una muestra pequeña, como
es el caso, carece de representatividad estadística. Clara-
mente, el presente trabajo responde a las características de
un estudio exploratorio, situado medio a medio en el terre-
no de los diseños pre-experimentales. En este sentido, nos
hemos situado fuera de dicha representatividad estadística,
con un afán mucho más cualitativo que cuantitativo.
Naturalmente, esta opción no está exenta de desventa-
jas; entre otras, a la falta de un tamaño de muestra significa-
tivo se suma, entre otras, el hecho de que un estudio
exploratorio de carácter pre-experimental hace imposible un
tratamiento más sofisticado de los datos recogidos, lo cual
limita de sobremanera las posibilidades de interpretación de
los resultados y, muy probablemente, su generalización. Es
en virtud de estas significativas objeciones que, en la fase
siguiente de esta investigación en curso, hemos incorporado
grupo control, instrumentos estandarizados de medición (lo
que hizo más compleja la batería de pruebas, originalmente
limitada a las tres pruebas proyectivas antes mencionadas) y
un protocolo de investigación menos flexible.
Ahora bien, en cuanto al objetivo central de este estudio,
el de examinar la respuesta de una batería de pruebas
proyectivas para la determinación de la presencia de cam-
bios luego de un tratamiento grupal breve, creemos estar fren-
te a un instrumento de la sensibilidad suficiente como para
Por último, la dimensión que muestra el comportamiento
más positivo de los resultados es, llamativamente, la de
Función de Identidad; desde la definición operacional en-
tregada en páginas anteriores, deberíamos decir que cerca
del 73% de las personas tratadas por medio de psicoterapia
grupal breve presenta, luego del tratamiento, cambios
focales o en la capacidad de relación de objeto o en la inte-
gración del sí-mismo o en la diferenciación yo-mundo ex-
terno (no en todas, pues esto configuraría un cambio tipo
C++), mientras un 27,3% no presenta cambios. Respecto
de este resultado, en la sección siguiente analizaremos sus
posibles significados.
Podríamos decir que en estas dos dimensiones, Ener-
gías Disponibles y Control de Impulsos, los resultados son
más positivos, en el sentido de indicar que más del 50% de
las personas tratadas presentan mejorías, pero considera-
mos que este asunto no se resuelve por porcentajes, sino
por la capacidad de dar solución efectiva a conflictos inter-
nos que deterioran la calidad de vida de nuestros pacientes,
de todos nuestros pacientes. Este punto será tratado más en
extenso en los comentarios de este trabajo.
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº1, 37 - 47
detectar tanto cambios como no cambios (y lamentablemen-
te algunos deterioros también) en la muestra tratada.
Creemos especialmente valioso que la batería, además,
sea sensible para discriminar entre los diferentes tipos o
niveles de cambio y que, en ese contexto, entregue una vi-
sión realista del tipo de mejoría que es posible esperar en
un formato grupal breve, circunscribiéndolo, además, a una
dimensión específica (y no a todas las exploradas) de la
operatoria psíquica.
Ahora bien, en términos de los resultados indicados por
medio del uso de esta batería, al comparar a los participan-
tes, podemos apreciar que existen aspectos de la operatoria
psíquica que tienden a mantenerse inalterados; es especial-
mente interesante observar que dos dimensiones que tien-
den a no cambiar son las de Ansiedades predominantes y
Defensas.
Consideramos que esto tiene que ver con que la psico-
terapia breve grupal no logra, en este estudio en particular,
la resolución del conflicto nuclear de los participantes y,
por consiguiente, las ansiedades y defensas que dicho con-
flicto moviliza tienden a mantenerse inalteradas.
A lo anterior se debe sumar al grupo, como variable
importante en términos de amplificar ansiedades que des-
de las interpretaciones que diversos investigadores, desde
distintas perspectivas (Slavson, 1943, 1952, 1976; Foulkes
& Anthony, 1957; Bion, 1963 [1991]; Foulkes, 1969, 1981;
Yalom, 1975; Pines & Hearst, 1996, en Kaplan & Sadock,
1996) han desarrollado para entender la vida mental de los
grupos, resulta plausible afirmar que las ansiedades
despertadas por una situación grupal son significativas,
primitivas, y tienen que ver con las dificultades para esta-
blecer vínculos de intimidad y cercanía; por otra parte, cree-
mos que el tema de la intimidad y la cercanía es un tópico
que jóvenes de las características de éstos, no necesaria-
mente han resuelto de manera satisfactoria.
Es decir, la situación grupal probablemente amplifica
tanto las angustias resultantes de la cercanía forzada con
desconocidos como las derivadas de los conflictos nuclea-
res de los participantes, con lo cual las operaciones defensi-
vas tienden a volverse más rígidas, para hacer frente a esta
doble amenaza. Creemos que en la medida que, en la histo-
ria del participante, las defensas hayan sido más funciona-
les, es probable que tiendan a mantenerse más refractarias a
la influencia de tratamiento y la situación grupal (más aún si
se trata de una intervención en formato de tiempo limitado).
Al analizar las mejorías que muestra la matriz de
Energía Disponible para la Actividad y el Psiquismo,
los resultados parecen indicar que las manifestaciones
sintomáticas que conformaban el motivo de consulta
inicial de los jóvenes estudiantes (cerca del 54%), cen-
tradas en dificultades para atender, concentrarse y estu-
diar (es decir, usar su energía psíquica para sus respecti-
vas actividades académicas) parecen haberse reducido
una vez terminado el tratamiento.
En términos de explicar este resultado, sólo podemos
hipotetizar que la remoción de alguna capa del conflicto
focal (probablemente asociada a dificultades de índole
interpersonal y, por ende, a la falta de una red de apoyo)
puede haber permitido la liberación de energía psíquica que,
previamente, se encontraba al servicio de equilibrar dicho
conflicto focal. Creemos que, a partir de un estudio de se-
guimiento, podría ser posible determinar, entonces, si esta
mejoría focal se inscribe en la dimensión de la remisión de
síntomas, la sustitución de síntomas o si verdaderamente
significa el inicio de una mejoría estable y duradera.
Por otra parte, el análisis de la matriz de Control de
Impulsos indica cambios focales positivos para más del 50%
de los participantes, sin indicar deterioros en la condición
del restante porcentaje. Este resultado parece indicar que
algunos de los participantes lograron un mejor nivel de
control y modulación de impulsos; algunas posibles con-
secuencias de esto son: (1) la reducción del potencial de
conductas de riesgo dirigidas hacia sí mismos y los demás;
(2) una mejor inserción social de jóvenes que, hasta el
momento de ser tratados, presentaban dificultades impor-
tantes en el plano de las relaciones interpersonales y
afectivas. Esto debe guardar relación con la actuación de
uno de los factores curativos por excelencia de un grupo,
el aprendizaje interpersonal (Yalom, 1975).
Pero nos parece muy llamativo el resultado observado
en el ámbito de la Función de Identidad; se trata, al igual
que en las matrices anteriores, de cambios focales positi-
vos, que podrían estar fundamentalmente relacionados con
una mejor integración a la personalidad de algunos aspec-
tos antes escindidos, proyectados o negados, lo que en al-
gunos casos condujo a la mejor diferenciación y en otros al
establecimiento de relaciones interpersonales (de objeto)
algo más maduras, según lo que es posible apreciar a tra-
vés de las pruebas utilizadas.
Por ello, y recordando la importancia que diversos in-
vestigadores, tanto desde la psicología clínica como desde
la de los grupos (Sprott, 1964; Anzieu & Martin, 1971; Luft,
1976; Lewin, 1978; Olmsted, 1996; Anzieu, 1998) han otor-
gado a los grupos en cuanto generador y sostén de la iden-
tidad, a aquél otro generalizado en virtud del cual se cons-
truye la propia y personal visión de sí mismo, nos parece
razonable pensar que el grupo de psicoterapia breve, inde-
pendientemente de su técnica específica y de los conteni-
dos movilizados por intermedio de ésta, puede haber cum-
plido una labor correctora, al estilo de la experiencia emo-
cional correctiva (Alexander & French, 1960), sobre algu-
nas vulnerabilidades de identidad de los participantes. Ve-
mos, en este punto, un tema digno de explorar de forma
más acabada en futuras investigaciones
Otro aspecto de sumo interés derivado del análisis de
las matrices, es el de los patrones de cambio; el asunto es
el siguiente: ¿podemos esperar patrones de cambio
prototípicos en psicoterapia grupal breve., ¿existe alguna
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constante que nos permita asociar tal cambio con tal otro
cambio.
Si nos centramos en el aspecto de “la constante", el
análisis de las matrices parece sugerir que la constante es
la mejoría en la función de identidad (FI); esta dimensión
indica cambios focales positivos en prácticamente todos
los participantes. Consideramos complejo establecer algu-
na asociación estable entre la constante FI y otra de las
dimensiones evaluadas por la matriz, no obstante lo cual es
importante recordar las mejorías en las dimensiones de
control de impulsos y energías disponibles en un porcenta-
je de los participantes.
Desafíos Metodológicos
Creemos que los siguientes aspectos del presente es-
tudio podrían considerarse falencias: (1) el objetivo fun-
damental, probar la sensibilidad de una batería de instru-
mentos, no necesariamente es concordante con la idea de
probar los efectos de un tratamiento; (2) la ausencia de
grupo control; (3) el tamaño de la muestra explorada; (4)
las diferencias de criterio en lo tocante al proceso de se-
lección de los pacientes y composición de los grupos te-
rapéuticos; (5) el no poseer mecanismos para aislar va-
riables asociadas al período evolutivo de los participan-
tes, especialmente en lo concerniente al tema de la identi-
dad; (6) la falta de formación y entrenamiento formales
en psicoterapia grupal de los profesionales a cargo de los
grupos.
En cuanto a probar una batería de pruebas proyectivas,
tenemos presente que nos encontramos en una fase
exploratoria de la viabilidad de usar las pruebas como un
medio de probar los efectos de un tratamiento; creemos
que es un aporte interesante el desarrollo de las matrices de
análisis, pero también estamos conscientes de que su uso
recién empieza, de que no es posible, ni siquiera deseable,
por ahora, que sean un instrumento afinado y óptimo.
En relación con esto, surgen dos brechas importantes
que creemos menester explorar en futuras investigaciones.
La primera, referente a la necesidad de vincular la produc-
ción de un sujeto en una determinada prueba gráfica con
indicadores medibles y de significación estándar. Es decir,
es necesario que podamos generar categorías cada vez más
precisas sobre la base de las cuales entender los resultados
(dibujos) obtenidos a través de estos instrumentos. Preten-
demos lograr que un grupo de indicadores (trazo, tamaño,
etc.) puedan ser convertidos a un indicador cuantitativo y a
un significado cualitativo simultáneamente, sobre la base
de los cuales evaluar los efectos de cualquier tipo de trata-
miento.
La segunda, la brecha existente entre los instrumentos
proyectivos y las encuestas estandarizadas; creemos fun-
damental explorar el grado de acuerdo que existe entre
ambos tipos de instrumentos, respecto de los cambios ex-
perimentados por personas sometidas a un cierto tipo de
tratamiento. Tenemos la certeza de que “baterías mixtas"
de este tipo pueden aumentar la potencia de las investiga-
ciones en torno a los resultados de la psicoterapia, pero
para llegar al momento en que dichas baterías operen efec-
tivamente, es menester hacerlas dialogar primero.
Volviendo al tema de las posibles debilidades del pre-
sente estudio, el tópico del grupo control, posiblemente sea
la principal. Las limitaciones de no contar con un medio
para contrastar los cambios y no cambios observados en
este trabajo dificulta la validación y generalización de sus
conclusiones y, posiblemente, nos induce a errores de apre-
ciación respecto de los resultados globales. Por ejemplo, el
no disponer grupo control en este estudio, hace difícil afir-
mar con certeza si tanto cambios como no cambios se pue-
den atribuir al tratamiento o al crecimiento y maduración
de los participantes debido a su desarrollo normal.
En la segunda etapa de esta exploración, de hecho, he-
mos incorporado al grupo control para determinar el im-
pacto real que dos formas distintas de intervención grupal
(psicoterapia versus taller temático), ejercen sobre jóvenes
de características similares a los del presente estudio. Qui-
zás a partir de los resultados de dicha etapa podamos for-
marnos una impresión más real de la magnitud de cambios
y no cambios.
Y derivado de lo anterior, el tamaño de la muestra uti-
lizada en este trabajo es bastante pequeño, lo que clara-
mente constituye un problema no menor a la hora de pre-
tender la generalización de sus resultados. Aspiramos a lo-
grar un mayor arraigo de la psicoterapia grupal en la mente
de las personas que requieren de ayuda psicológica, pero
por ahora sólo hemos encontrado temor, duda y, en mu-
chas ocasiones, rechazo manifiesto. Basta mirar el porcen-
taje de personas que, en el contexto de este estudio, deci-
den no iniciar el tratamiento, aunque esto les signifique
quedar sin posibilidades de atención psicológica alguna.
Además de las certezas (que entre otras cosas debemos
a los estudiosos de los procesos grupales) que nos permi-
ten explicar dicho porcentaje y entenderlo como casi una
constante, nos intriga el saber si hay culturas mejor predis-
puestas para el trabajo grupal de aspectos tan íntimos como
aquellos propios del acontecer psíquico o si más bien se
trata de un efecto directo de la falta de entrenamiento for-
mal de los terapeutas a cargo del proceso grupal (selec-
ción, composición y tratamiento).
Por otra parte, las diferencias de criterio en lo tocante
al proceso de composición de los grupos terapéuticos son
un aspecto no menor. De hecho, consideramos que una pro-
porción nada despreciable del éxito en psicoterapia grupal
(en especial breve) depende de una correcta selección de
los pacientes y una sistemática composición del grupo (aun-
que se trate de un grupo heterogéneo) [6].
En la práctica, nuestra dificultad fundamental radicó, a
nuestro juicio, en el proceso de homogeneizar criterios de
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IVÁN ALEJANDRO ARENAS S.
TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº1, 37 - 47
inclusión de pacientes y formación del grupo; es decir, ve-
mos en los protocolos de investigación una herramienta
fundamental para componer grupos cuyos efectos se pue-
dan analizar reduciendo al mínimo la interferencia de va-
riables tales como la diferencia de criterios de selección e
inclusión. En virtud de esto, la fase siguiente de este estu-
dio incorpora una exploración preliminar del acoplamien-
to de los candidatos a través de una entrevista grupal
diagnóstica, por así llamarla.
Así también, el no poseer mecanismos para aislar va-
riables asociadas al período evolutivo de los participantes,
especialmente en lo concerniente al tema de la identidad,
constituye un grave problema a la hora de entender y valo-
rar los cambios positivos observados desde la batería utili-
zada en el presente estudio.
Creemos que se trata de un problema de fondo, pues no
nos sentimos capacitados para responder con el menor
margen de error a la cuestión de si los cambios observados
se deben a la influencia del tratamiento por sí solo o, por el
contrario, derivan de la maduración natural de los partici-
pantes, algo tardía, pero natural. Y si bien pensamos que,
en último término, el grupo puede haber funcionado como
gatillante de tales cambios, aun así no podemos afirmarlo
sin dudas razonables. He aquí otro aspecto para el cual, en
último término, un grupo control habría permitido una vi-
sión más clara, menos interferida.
Por último, creemos necesario dedicar al tema la falta
de entrenamiento formal en psicoterapia grupal de los te-
rapeutas de este estudio, un breve comentario.
De la literatura científica revisada, encontramos sólo
un artículo dedicado a estudiar los efectos de psicoterapia
grupal guiada por terapeutas expertos versus no expertos
(Burlingame & Barlow, 1996); este trabajo indicó que si
bien bajo la dirección de ambos, experto y no-experto, se
producen cambios, el patrón de estos cambios varía
sustancialmente, siendo los cambios, para terapeutas ex-
pertos, sostenidos y continuos aún una vez terminada la
intervención y para terapeutas no-expertos, sostenidos du-
rante el tratamiento y reduciéndose sensiblemente una vez
terminado éste (Burlingame & Barlow, 1996). Sobre la base
de esta evidencia, es dable pensar que los terapeutas a car-
go de los grupos investigados, en su calidad de no-exper-
tos, hayan producido cambios correspondientes con los
resultados de la investigación antes citada. Y es muy razo-
nable que así sea: después de todo, si bien el grupo es de
por sí un agente terapéutico poderoso, es fundamental
aprender a encaminar y usar ese poder; los factores curati-
vos no funcionan por arte de magia en un grupo, sino en la
medida que el profesional a cargo del grupo enseña al gru-
po a utilizarlos en pro de la curación.
Como cierre a esta comunicación, y derivado del punto
anterior, consideramos que sólo en la medida que los pro-
fesionales nos califiquemos apropiadamente en el uso de
las destrezas terapéuticas nos será posible ofrecer a nues-
tros clientes, en todo nivel (público y privado, asistencial y
académico), con cualquier propósito válido y responsable
(tratamiento, investigación, educación), intervenciones
potentes, eficaces y eficientes, humanas y ajustadas a sus
necesidades, capacidades y motivaciones genuinas. Y, por
qué no explicitarlo también, intervenciones probadas.
Notas
[1] La medida denominada “tamaño de efecto" fue desa-
rrollada por Cohen (1988, en Piper, McCallum, Joyce,
Rosie & Ogrodniczuk, 2001) y tiene como propósito
medir la magnitud del impacto de una variable sobre
otra (en este caso, tratamiento sobre mejoría). Consiste
en la diferencia entre las medias pre y post-tratamiento,
dividida por la desviación estándar pre-tratamiento.
[2] Entre los instrumentos más frecuentemente utilizados
para tales fines podemos encontrar, por ejemplo, el
Symptom Checklist (SCL90-R), el Inventory of
Interpersonal Problems-IIP (Horowitz, Rosenberg,
Bauer, Ureno & Villasenor, 1988); el Pathological Grief
Items-PGI (Pigerson et al., 1995) , Group Atmosphere
Scale-GAS (Silbergeld et al., 1975) y Escala de Alian-
za Grupoterapéutica (Pinsoff & Catherall, 1986), entre
otros; muy pocas de las señaladas escalas, encuestas o
cuestionarios, poseen normas chilenas.
[3] En cuanto a los criterios de inclusión, se manejaron los
siguientes: (1) presencia de síntomas ansiosos y/o de-
presivos; (2) problemas de atención y concentración;
(3) conflictos de relación interpersonal y/o familiares.
[4] Tanto el Test de la Figura Humana como el de la Persona
bajo la son test proyectivos gráficos que tienen por objeti-
vo el obtener información representativa de dos grandes
áreas del funcionamiento psíquico, a saber, la imagen cor-
poral y el Yo ideal y las imágenes parentales y/o significa-
tivas internalizadas (Weinstein, 2002, en Javier, 1999);
por su parte, el Test de la Persona bajo la lluvia pretende,
además, “obtener la imagen corporal del individuo bajo
condiciones ambientales desagradables, tensas, en las que
la lluvia representa el elemento perturbador", lo que favo-
rece la aparición de las defensas de la persona, otro de los
aspectos explorados por la prueba (Querol & Chaves,
1997). Por su parte, el Test de Diagnóstico de Colores de
Lüscher es una herramienta que, en palabras de su crea-
dor, “mide directamente y con 1040 criterios, el estado
psicovegetativo, y esto sin considerar las desviaciones
verbales filtradas a través de la consciencia" (Lüscher, en
Del Longo, 2001). Se trata de un instrumento de fácil apli-
cación que “fotografía de manera exhaustiva y completa
los mecanismos profundos, la dinámica inconsciente, las
máscaras comportamentales, las áreas de tensión a nivel
psicosomático, etc., ofreciendo toda una gama de infor-
mación de gran utilidad en el campo clínico, educativo,
laboral y de consejería" (Del Longo, 2001).
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[5] El lector puede recurrir a Ana Freud (1954), teórica que
establece un sistemático y comprensivo análisis de las
diversas defensas a las que puede recurrir el aparato
psíquico, así como a sus relaciones con los niveles y
estructuras del psiquismo. Recientemente P. Gray (1994)
ha devuelto el foco del interés en psicoanálisis al análi-
sis de las defensas.
[6] Debemos aclarar que este no es en lo absoluto un tema
nuevo, siendo posible rastrear sus orígenes hasta inves-
tigadores destacados en la historia de la psicoterapia
grupal (Foulkes & Anthony, 1957; Yalom, 1975;
Slavson, 1976; Foulkes, 1981), así como también en
investigadores más recientes (Salvendy, 1996, en
Kaplan & Sadock, 1996)
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