Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2005
Stefano Vinaccia / Francoise Contreras / Carmencita Palacio / Andrés Marín / Sergio
Tobon / Emilio Moreno San Pedro
DISPOSICIONES FORTALECEDORAS: PERSONALIDAD RESISTENTE Y
AUTOEFICACIA EN PACIENTES CON DIAGNÓSTICO DE ARTRITIS REUMATOIDE
Terapia psicológica,
junio, año/vol. 23, número 001
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 15-24
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
Copyright 2004 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184
Disposiciones Fortalecedoras: Personalidad Resistente y
Autoeficacia en Pacientes con Diagnóstico de Artritis Reumatoide
Strengthening Dispositions: Personality Hardiness and Self-efficacy in Patients
Diagnosed with Rheumatoid Arthiritis
Stefano Vinaccia*, Francoise Contreras** Carmencita Palacio* Andrés Marín*
Sergio Tobon*** Emilio Moreno-San Pedro****
Universidad de San Buenaventura*, Medellín, Colombia
Universidad de Santo Tomas**, Bogotá, Colombia
Universidad de Antioquia***, Medellín, Colombia
Universidad de Tamaulipas****, México
rec: 21-abril-2005 acep: 02-mayo-2005
Resumen
El propósito de esta investigación fue describir, relacionar y evaluar la capacidad predictiva de las variables de persona-
lidad resistente y autoeficacia sobre percepción de dolor, depresión y limitaciones funcionales en una muestra disponible
de 66 pacientes con diagnóstico de artritis reumatoide. De acuerdo con los resultados, los pacientes evidencian una
personalidad resistente consolidada en cuanto las tres subescalas del constructo (compromiso, control y reto) son eleva-
das y correlacionan entre sí. Así mismo, se observan altos niveles de autoeficacia, poca incapacidad funcional, escasos
síntomas depresivos y baja interferencia e intensidad de dolor. La capacidad funcional correlacionó positiva y
significativamente con intensidad de dolor, y la interferencia del dolor pudo predecirse a partir de la autoeficacia, lo que
hace que esta última constituya una variable fundamental de intervención sobre la percepción del dolor, y demás variables
estrechamente relacionadas con él (depresión, discapacidad funcional, estrategias de afrontamiento). Se pone de mani-
fiesto la necesidad de continuar evaluando la capacidad predictiva de las variables involucradas en experiencia de las
enfermedades crónicas.
Palabras clave: Personalidad resistente, autoeficacia, dolor, depresión, limitación funcional, enfermedad crónica, artritis
reumatoide.
Abstract
The purpose of this research was to describe, connect and evaluate the predicting capacity of the personality hardiness and
self-efficacy variables involved in pain perception, depression and functional limitations in an available sample of 66
patients diagnosed with rheumatoid arthritis. According to these results, patients demonstrated personality hardiness
inasmuch as the three subscales of interpretation (commitment, control and challenge) were elevated and correlated
within each other.
High levels of self-efficacy, low functional incapacity, rare depressive symptoms and low interference and intensity of
pain were also observed. Functional capacity correlated positively and significantly with the intensity of pain, and the
interference of pain was predicted by self-efficacy, which indicates that the latter constitutes a key intervention variable in
the perception of pain and other variables closely related to it (depression, functional incapacity, coping strategies). The
need to continue evaluating the predicting capacity of the variables involved in the experience of chronic illness is
established.
Key words: Hardiness personality, self-efficacy, pain, depression, functional limitation, chronic illness, rheumatoid arthritis
Introducción
Las enfermedades crónicas constituyen trastornos de
larga duración y pocas expectativas de tratamiento
(Valdivia, Bastías & Márquez, 2002), suelen representar
crisis en la vida de las personas y producir un impacto
psicoemocional profundo que afecta al paciente y alteran
notablemente las relaciones familiares (Valdivia, Bastías
& Márquez, 2002; Wolfe & Cathey, 1999; Rudy, Kearns &
Turk, 1988). En los últimos años se ha desarrollado un fuerte
interés por estudiar diferentes aspectos psicosociales de la
vida de estos pacientes (Teva, Bermúdez, Hernández &
Buela-Casal, 2004; Martín, Sánchez & Sierra, 2003).
La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria
multisistémica crónica, que afecta las articulaciones, pro-
vocando dolor persistente, inflamación, distintos grados de
* Direccion: Apto Aereo 81240 Envigado Antioquia Colombia. Email:
vinalpi47@hotmail.com
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STEFANO VINACCIA, FRANCOISE CONTRERAS, CARMENCITA PALACIO, ANDRÉS MARÍN,
SERGIO TOBON, EMILIO MORENO-SAN PEDRO
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deformaciones, alteraciones funcionales, atrofia muscular,
en ocasiones con compromisos extra-articulares (Revenson
& Felton, 1998). La artritis reumatoide aqueja aproxima-
damente al 1% de la población humana, con una inciden-
cia mujer-varón de 3:1, y produce síntomas diversos, como
rigidez matinal, fatiga, dolor, incapacidad funcional y de-
presión (Ballina & Rodríguez, 2000).
La progresión de la enfermedad lleva a la destrucción
articular, con consecuencias incapacitantes, lo que produ-
ce una reducción progresiva de la movilidad, además de
manifestaciones extra-articulares con afección de los órga-
nos internos (Anaya, 1999). Esta incapacidad creada por la
artritis se incrementa por lo general en los primeros años
del diagnóstico, para posteriormente volverse más lenta al
final de la vida del paciente; es posible que después de trein-
ta años de persistencia se acelere otra vez con todos sus
síntomas (Leight, Frics & Parkh, 1992).
Al no conocerse la causa de la enfermedad, el trata-
miento médico de la artritis reumatoide sigue siendo el de
paliar o minimizar el deterioro por medio de diferentes
fármacos que el paciente toma (metotraxate, antimaláricos,
leflonomida y/o agentes biológicos anti-TNF, etc.), los cua-
les, a dosis altas y durante tiempo prolongado, pueden pro-
vocar diversos efectos secundarios (Ballina & Rodríguez,
2000).
Una condición como esta, puede potencialmente mo-
dificar la percepción que se tiene de sí mismo, dificultar el
desenvolvimiento autónomo del paciente, generar pérdida
de independencia, producir alteraciones en la autoimagen
con sentimientos de impotencia y desesperanza (Rudy,
Kearns & Turk, 1988; Walsh, Blanchard, Kremer &
Blanchard, 1999), acompañados de afectividad negativa
(depresión y ansiedad), dolor e incapacidad funcional
(Wolfe & Hawley, 1998; Gempp, Avendaño & Muñoz,
2004), que afecta la calidad de vida de las personas, no
solo por la presencia de esta variada sintomatología física
sino por la vulnerabilidad emocional que incrementa la
sensación de malestar y agrava el curso de la enfermedad
(Silman & Horchberg, 1998).
Varios estudios han evidenciado la existencia de facto-
res psicológicos que inciden y en cierta forma modulan la
experiencia de vivir con una enfermedad crónica como la
artritis, pues pese a sus síntomas e incapacidad funcional
asociada, la forma en que la persona asume su nueva con-
dición tiene importantes implicaciones sobre la adaptación
del paciente a la enfermedad, su evolución y tratamiento.
Identificar estos factores y comprender la forma en que
interactúan permitirá una mejor aproximación a la enfer-
medad crónica, con importantes implicaciones para su abor-
daje (Vinaccia, Cadena, Contreras, Juárez & Anaya, 2004;
Tobon, Vinaccia, Cadena & Anaya, 2004 ; Cadena, et al.,
2003).
Dentro de dichos factores psicológicos están las carac-
terísticas de personalidad, que de acuerdo con varios estu-
dios, favorecen la vulnerabilidad o la resistencia a las en-
fermedades (Gispen & Jansen, 2002; Resnick, Kilpatrick,
Best & Kramer, 2001) y puede ejercer influencia positiva
o negativa en el padecimiento de los trastornos de salud
(Peñacoba, Rigueiro, Sanz & Moreno, 2001). Dentro de
esta área, la llamada personalidad resistente o Hardiness,
constituye un constructo psicológico cuyas características
suponen factores protectores, que le permiten al individuo
el mantenimiento de la salud, a pesar de condiciones ad-
versas o de alto riesgo, y facilitan un mejor afrontamiento
y adaptación a la enfermedad (Peñacoba & Moreno, 1998).
El concepto de personalidad resistente fue definido
como una constelación de características que funcionan
como una fuente de resistencia ante los acontecimientos
estresantes (Kobasa, Maddi & Kahn, 1982), que se va con-
solidando a través de las experiencias (Peñacoba & More-
no, 1998).
Los componentes esenciales del constructo de perso-
nalidad resistente son compromiso, control y reto. Kobasa,
Maddi y Kahn (1982) definieron el compromiso, como el
interés hacia el valor de lo que uno es y está haciendo, la
tendencia a implicarse en diferentes situaciones y activida-
des (estudio, trabajo y demás interacciones), tiene que ver
con la autoestima e implica la posibilidad de ayudar a otros
a nivel grupal y comunitario. De acuerdo con estos auto-
res, la posibilidad de interrelacionarse y ayudar a los otros
es vista como una fuente de éxito en el afrontamiento del
estrés, que a su vez contribuye a mantener la salud. El con-
trol fue definido por estos autores como la tendencia a creer
que uno mismo ejerce influencia sobre los eventos y resul-
tados de sus propias acciones. Los individuos que puntúan
alto en control minimizan las creencias de indefensión ante
los eventos displacenteros y buscan explicaciones sobre el
porqué de los hechos (Boyle, Grap & Younger, 1991). Esta
percepción implica la capacidad de predecir los eventos,
incorporarlos, transformarlos en metas y de alguna manera
dirigirlos hacia su bienestar. Peñacoba y Moreno (1998)
sostienen que el componente de control es una variable
fundamental para la conservación de la salud aun en cir-
cunstancias de fracaso.
El reto por su parte, se basa en la creencia de que el
cambio es la norma de la vida. Los sujetos con esta ca-
racterística, perciben los cambios como oportunidad para
desarrollarse, buscan nuevas experiencias y se aproximan
a ellas con flexibilidad cognitiva (Peiró, 1993). Este com-
ponente se relaciona con la capacidad de aceptación al cam-
bio, aquello que hace parte de una fuente estresante, puede
ser interpretada como una oportunidad, canalizando los
esfuerzos cognitivos y comportamentales para afrontar la
situación.
Mansilla (1993) sostiene que este componente favore-
ce la salud ya sea a través de la capacidad para percibir
positivamente el cambio, o por la ausencia de esfuerzos
cognitivos para percibir la situación como amenazante, lo
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que da como resultado la efectividad en el afrontamiento y
la creatividad para la búsqueda de recursos para la resolu-
ción de conflictos.
Dadas estas características Kobasa, Maddi y Kahn
(1982) plantean que la personalidad resistente puede dis-
minuir la reacción del individuo ante determinados estí-
mulos estresantes, en cuanto los interpreta menos
amenazantes al percibirlos como positivos y/o controlables,
lo que incidirá en las estrategias o estilos de afrontamiento
utilizados.
La autoeficacia es otra variable psicológica ampliamente
estudiada en pacientes con artritis. El concepto, introduci-
do por Bandura (1977), se define como las creencias acer-
ca de la propia capacidad para organizar y ejecutar las ac-
ciones requeridas para manejar las situaciones futuras, tie-
ne que ver con el hecho de que las personas crean y desa-
rrollen autopercepciones acerca de su capacidad, y con base
en ellas, creen metas, y controlen lo que son capaces de
hacer. De acuerdo con Bandura (1986), estos individuos
poseen un sistema interno que les capacita para ejercer con-
trol sobre sus pensamientos, sentimientos, motivaciones y
conductas, y proporciona a la persona un mecanismo de
referencia, sobre el cual se percibe, regula y evalúa su con-
ducta. Para Bandura (1988) la autoeficacia influencia la
conducta humana de varias maneras: (1) a través de las
elecciones que hacen las personas y las conductas que rea-
lizan, (2) motiva a la persona a realizar tareas en las cuales
se siente competente y confiada, (3) determina cuánto es-
fuerzo desplegará la persona para realizar la tarea y (4) pre-
dice cuánto tiempo perseverará en su realización, y cómo
se recuperará al enfrentarse a situaciones adversas.
En el caso de las enfermedades crónicas como la artri-
tis, la autoeficacia percibida, o valoración que el paciente
hace sobre la eficacia de las estrategias empleadas, parece
ejercer un importante papel tanto en la modulación de la
intensidad percibida del dolor como en su posterior trata-
miento (Strahl, Kleinknecht & Dinnel, 2000). Así mismo,
en estos pacientes la autoeficacia puede tornarse negativa
y consecuentemente relacionarse con sintomatología de-
presiva que a su vez guarda relación con la incapacidad
funcional, la deformidad y las alteraciones propias de la
enfermedad (Parker, et al., 1992).
Otra variable ampliamente estudiada y que al parecer
interactúa con otros factores psicológicos implicados en la
experiencia de la artritis y en su afrontamiento, es la per-
cepción de dolor. Las investigaciones realizadas por Pincus,
Callahan, Bradley, Vaughn y Wolfe (1999) plantean que el
dolor es uno de los síntomas más frecuentes, que aparece
en prácticamente la totalidad de pacientes con artritis
reumatoide, junto con la fatiga, rigidez articular y trastor-
nos psicológicos. No obstante, el dolor se asume como un
complejo fenómeno senso-perceptual de naturaleza
multidimensional, modulado por factores fisiológicos,
motivacionales y cognitivos, sujeto a influencias sociales
e individuales (Asmundson, Norton & Norton 1999; Craig,
1994; Taylor, Lorentzen & Blank, 1990). La interpretación
y el significado de la sensación de dolor se desarrolla con
la experiencia a través de asociaciones positivas, negativas
y contextuales a tal punto que la exposición al dolor en las
etapas iniciales de la vida transforma la naturaleza de su
expresión posterior (Gaskin, Green, Robinson & Geisser,
1992), de igual forma, el significado específico del dolor y
las experiencias anteriores pueden condicionar la experien-
cia presente y dicho significado influirá sobre su experien-
cia futura (Dean & Wadden, 1989).
Por todo ello, algunas personas con artritis, sufren de
dolor persistente y presentan discapacidades que no siem-
pre coinciden con lo que podría esperarse en función de la
enfermedad, lo que pone de relieve la importancia de los
factores psicosociales que afectan o modulan la percep-
ción de dolor, constituyendo una perspectiva de interven-
ción psicológica muy importante dada su posibilidad de
modificación. La percepción del dolor crónico, es un fenó-
meno influenciado por factores cognitivos-emocionales, en
ocasiones asociado con la presencia de distorsiones
cognitivas similares a las de los pacientes deprimidos (Arntz
& De Jong, 1993; Ackerman & Stevens, 1989), en los que
los pensamientos catastróficos producen conductas de es-
cape y una hipervigilancia al dolor (Katz & Yelin, 1993);
el paciente suele anticipar la ocurrencia del episodio dolo-
roso, con componentes obsesivos que facilitan su manteni-
miento e incremento (Spears, 1997). Lo anterior, sumado a
las creencias en torno a la existencia de enfermedad, su
duración y persistencia, parecen influir tanto sobre la in-
tensidad percibida del dolor como sobre los niveles de
discapacidad, consumo de medicamentos, cumplimento del
tratamiento, y la utilización de servicios de salud (Barra,
2003; Pincus, Esther, DeWalt & Callahan, 1998; Beutler,
Engle, Oro-Beutler, Daldrup & Meredith, 1986).
La experiencia del dolor en los pacientes con artritis y
las estrategias de afrontamiento implementadas se influ-
yen mutuamente. Si estas últimas no son adaptativas, ha-
rán que el paciente se abstenga de realizar actividades físi-
cas por temor a sentir el dolor, lo que puede además de
incrementarlo, discapacitarle aun más. Así, el catastrofismo
(pensamientos negativos respecto al futuro), rezar/esperar
y la indefensión (creencia de inhabilidad para utilizar cual-
quier estrategia) se han asociado con niveles más altos de
dolor, depresión y distrés (Strahl, Kleinknecht, & Dinnel,
2000), por lo que es conveniente que la intervención en
estos pacientes esté orientada hacia la interrupción de las
cogniciones de indefensión y catastrofismo (Katz & Yelin,
1993).
Es tal la importancia de los estilos de afrontamiento en
la experiencia de dolor, que la percepción de desamparo o
el afrontamiento no adaptativo, determinan en gran parte
el pronóstico de la enfermedad, pues los pacientes con peo-
res recursos psicológicos presentan mayor grado de dolor,
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fatiga e incapacidad (Pincus, Esther, DeWalt & Callahan,
1998).
Una variable que se asocia con el dolor, son los sínto-
mas depresivos, altamente frecuentes en los pacientes con
artritis reumatoide (Katz & Yelin, 1993). La asociación entre
depresión y dolor constituye otro fenómeno complejo de
difícil comprensión, en el cual no es claro cuál precede a
cuál; lo que es evidente es que la presencia de estados de-
presivos se asocia con el incremento en la percepción de
dolor en los pacientes con artritis reumatoide (Schwartz,
Slater, Birchler & Atkinson, 1991; Frank, et al., 1988), y
mayor percepción del dolor en estos pacientes se asocian
con estados depresivos (Parker, et al., 1992). Parker, et al.
(1992) plantean que la depresión es secundaria al dolor, y
que constituye un fenómeno con innegables repercusiones
afectivas y emocionales, que se traducen en la frecuente
aparición de trastornos ansiosos o depresivos secundarios
en pacientes con cuadros dolorosos.
Dean y Wadden (1989), por su parte, encontraron que
los enfermos con dolor más intenso eran más propensos a
desarrollar depresión; otros autores estiman que más que
la intensidad del dolor, es su frecuencia la que determina
un mayor riesgo de depresión (Craig, 1994; Callahan,
Kaplan & Pincus, 1991), Huyser y Parker (1999) conside-
ran que el dolor favorece la aparición de emociones nega-
tivas, otros autores sostienen que la relación se da a la in-
versa, es decir, las emociones negativas son las que ejercen
influencia sobre la percepción del dolor (Vinaccia, Ramírez
& Toro, 2001; Murphy, Creed & Jayson, 1988). En cual-
quier caso, lo que se ha evidenciado es que el dolor y la
depresión están asociados.
El deterioro en la capacidad funcional es otro de los
síntomas más significativos en la artritis reumatoide
(Pincus, Callahan, Sale, Brooks, Payne & Vaughn, 1984),
y se ha relacionado con un aumento en el riesgo de mor-
talidad en estos pacientes (Reilly, Cosh, Maddison, Rasker
& Silman, 1990). La artritis reumatoide produce un sig-
nificativo descenso en las actividades y habilidades fun-
cionales de los pacientes (Wolfe & Cathey, 1999) e inter-
fiere en la capacidad del paciente para participar en acti-
vidades sociales y de ocio (Wolfe & Hawley, 1998), lo
cual a su vez relaciona la percepción de dolor y la depre-
sión que presentan estos pacientes, constituyendo una re-
lación intrincada y compleja en la que no es claro cuál de
las variables es la que ejerce influencia sobre la otra. Es
lógico pensar que las limitaciones funcionales provoquen
en los sujetos estados emocionales negativos, pero tam-
bién estas emociones negativas parecen influir en la ca-
pacidad funcional (Strahl, Kleinknecht & Dinnel, 2000;
Wells, Stewart & Hays, 2000; Burns, Johnson, Mahoney,
Devine & Pawl, 1996; Katz & Yelin, 1995; Kerns,
Rosenberg & Jacob, 1994; McCracken, Zayfert & Gross,
1992). Nuevamente, no es claro en qué sentido se da la
influencia entre las variables; es probable que la
discapacidad funcional genere depresión en los pacientes
con artritis reumatoide (Strahl, Kleinknecht & Dintel,
2002) o que la depresión contribuya a la discapacidad
funcional (Reilly, Cosh, Maddison, Rasker & Silman,
1990). En cualquier caso, el dolor correlaciona positiva-
mente con la incapacidad funcional que sufren los pacien-
tes con dolor crónico (McCracken, Zayfert & Gross, 1992)
y tiene un importante valor predictivo sobre la incapaci-
dad de estos pacientes (Strahl, Kleinknecht & Dinnel,
2000).
Se ha demostrado que la incapacidad funcional es el
mayor predictor de depresión en los pacientes con artritis
reumatoide (Newman, Okifujy, Turk & Curran, 2001;
Newman, Fitzpatrick, Lamb & Shipley, 1989), y que los
pacientes deprimidos tienen peor funcionalidad que aque-
llos que no lo están (Wells, Stewart & Hays, 2000), en otros
trabajos el dolor se presenta conjuntamente con la depre-
sión y la incapacidad funcional, los pacientes depresivos
reportan dolor en más articulaciones, más severo y frecuen-
te, mayor incapacidad funcional y limitación física, más
días en la cama, mayor preocupación en torno a su enfer-
medad, y actividades más limitadas que los pacientes no
deprimidos. De igual forma, la depresión se asocia con ca-
racterísticas clínicas, funcionales menos favorables y uso
más frecuente de servicios sanitarios (Pincus, Esther,
DeWalt & Callahan, 1998; Katz & Yelin, 1993).
Estos hallazgos junto con los de otros estudios apoyan
la correlación entre depresión, dolor e incapacidad funcio-
nal (Chandara, Eals, Steingart, Bellamy & Allen, 1987),
sin embargo, en esta relación surgen algunos problemas
metodológicos que pueden sobreestimar la prevalencia de
la depresión en pacientes con artritis reumatoide o elevar
falsamente su puntuación. Por ejemplo, existen muchos
síntomas propios de la depresión, como la fatiga o los pro-
blemas de sueño, que son a la vez manifestaciones típicas
de la artritis reumatoide, y por tanto se solapan. Este pro-
blema parece estar presente tanto si se utilizan entrevistas
clínicas estandarizadas para evaluar la depresión, como si
se usan cuestionarios estandarizados, dado que son sensi-
bles a los aspectos somáticos de la enfermedad, por ello,
estos pacientes pueden ser inapropiadamente clasificados
como deprimidos (Callahan, Kaplan & Pincus, 1991), por
lo que habría que interpretar con cautela los resultados do-
cumentados en la literatura.
Por otra parte, la prevalencia de la depresión dentro de
la población con artritis reumatoide parece variar en fun-
ción del instrumento utilizado y en función del tamaño de
la muestra. Creed (1990) sostiene que los resultados obte-
nidos cuando se evalúa la depresión a partir de cuestiona-
rios estandarizados son sensiblemente más altos que aque-
llos que se obtienen con entrevista clínicas. Frank, et al.
(1988), evalúo la depresión sirviéndose de criterios diag-
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nósticos, y sus resultados muestran índices de prevalencia
más bajos.
A pesar de estas discrepancias, prácticamente todos los
autores están de acuerdo con el hecho de que la prevalen-
cia de la depresión en pacientes con artritis reumatoide es
considerablemente más alta que la de la población normal,
siendo muy similar a la de otros pacientes con enfermeda-
des crónicas (Walsh, Blanchard, Kremer & Blanchard,
1999; Hawley & Wolfe, 1993; Young, 1992; Creed, 1990;
Frank, et al., 1988; Cassileth, Lusk & Strouse, 1984).
Método
Diseño
Se utilizó un diseño descriptivo correlacional, en el que
las variables fueron también sometidas a análisis
multivariados, tomándose como variables predictoras la
personalidad resistente y la autoeficacia y como variables
criterio las limitaciones funcionales, depresión y percep-
ción de dolor.
Participantes:
La muestra no aleatoria de sujetos disponibles estuvo
conformada por 66 pacientes (36% hombres, 64% muje-
res), con edades comprendidas entre los 45 y 80 años, con
diagnóstico diferencial de Artritis Reumatoide basado en
el criterio del Colegio Americano de Reumatología (Arnett,
1987), que asistían a tratamiento médico en una clínica
privada de la ciudad de Medellín (Colombia).
Instrumentos:
Para evaluar personalidad resistente se utilizó el Inven-
tario de puntos de vista personales (PVS) adaptado por
Kobasa y Moreno (1985), se trabajó con la versión en es-
pañol de Peñacoba, Rigueiro, Sanz & Moreno (2001), la
cual contiene 50 ítems, y provee 3 sub-escalas (compromi-
so, control y reto). La autoeficacia fue evaluada mediante
la Escala de autoeficacia percibida en personas con artritis,
desarrollada por Lorig, Chastain y Ung (1989), se trabajó
con la versión en español de González, Ritter y Loring
(1995), del departamento de medicina de la universidad
Stanford (California). Esta escala tiene dos componentes:
el primero hace referencia a la posibilidad de percibir efi-
cacia en la reducción del dolor y de esta manera poder lle-
var a cabo actividades cotidianas, y el segundo tiene que
ver con la autoeficacia percibida en el control de la depre-
sión debida a la incapacidad funcional en la artritis.
Para medir la capacidad funcional o la discapacidad del
paciente, se aplicó el Cuestionario de Evaluación de Salud de
Stanford (SHAQ), el cual ha sido validado en Colombia
(Rodríguez, Plata & Gutiérrez, 1998). Este instrumento eva-
lúa la habilidad, dificultad o imposibilidad del paciente para
realizar 20 actividades, agrupadas en 8 categorías, y mide la
intensidad del dolor mediante una escala visual análoga. La
percepción de dolor fue evaluada mediante el Inventario bre-
ve de dolor (BIP-Sp) versión en Español de Badia et al. (2003),
el cual estima la intensidad máxima, mínima y media del do-
lor, el tipo de tratamiento o medicamento que recibe para ali-
viarlo, la mejoría experimentada con el tratamiento, y las áreas
en las que el dolor ha interferido (actividad general, estado del
ánimo, capacidad de caminar, trabajo, relaciones con otras
personas, sueño y actividades recreativas).
Finalmente se aplicó la escala de depresión (CES-D),
elaborada por Radloff en 1977 y adaptada al español por
Casullo (1998). La escala evalúa los estados afectivos
disfóricos como pérdida de interés en actividades labora-
les, educativas o recreativas cotidianas; igualmente, mide
otros síntomas como cambios en el apetito, alteraciones
del sueño, fatiga, sentimientos de culpa o autorreproche,
dificultades para la concentración, lentificación psicomotriz
e ideas o intentos de suicidio. Esta escala tipo likert está
compuesta por 20 ítems, cuyas afirmaciones refieren a
sintomatología depresiva y puntuaciones de cero (0) a tres
(3) según la frecuencia en días.
Procedimiento
Una vez seleccionados los pacientes que cumplían los
requisitos para participar en el estudio (edad, diagnóstico y
asistencia a la unidad), y haber contado con su consenti-
miento informado para la participación voluntaria en esta
investigación, se procedió a la aplicación de las pruebas, lo
que tomó un tiempo aproximado de una hora por cada pa-
ciente.
Resultados
En la tabla 1 se ofrecen las características
sociodemográficas de los participantes en el estudio. Como
se puede observar, algo más de la mitad de los participan-
tes son mujeres (63,3%), predomina el estrato
socioeconómico medio (66%) y alto (15%), más de la mi-
tad con estudios universitarios (63,6%), con edades entre
los 45 y 80 años, observándose un agrupamiento relevante
en el rango de 45 a 60 años (75%). El 48,5% son casados y
se observa que la gran mayoría de los participantes tiene
una ocupación, ya sea trabajando (32%) o estudiando (57,6);
solo el 7,5% afirma no trabajar.
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Tabla 1
Características sociodemográficas de los participantes en el estudio
Variables
Frecuencia
Variables
Frecuencia
(porcentaje)
(porcentaje)
Género
Masculino
24 (36,4)
Estrato
2
5 (7,5)
Femenino
42 (63,6)
socioeco-
3
27 (40,9)
nómico
4
17 (25,7)
Edad
45-60
50 (75,7)
5
10 (15)
61-80
16 (24,3)
6
2 (3,3)
No responden
5 (7,6)
Estado civil
Soltero
15 (22,7)
Nivel de
Ninguno
1 (1,5)
Casado
32 (48,5)
estudios
Primaria
4 (6)
Unión libre
3 (4,5)
Secundaria
18 (27,2)
Separado
8 (12)
Universitarios
42 (63,6)
Viudo
8 (12)
No responde
1 (1,5)
Ocupación
Trabaja
21 (32)
actual
No trabaja
5 (7,5)
Estudiantes
38 (57,6)
Ama de casa
2 (3)
Los resultados obtenidos en cada uno de los instrumentos utilizados, permiten a nivel descriptivo, caracterizar la muestra
de pacientes con respecto a cada una de las variables estudiadas; en la tabla 2 puede observarse la media y desviación típica en
cada uno de los instrumentos utilizados.
Tabla 2
Media y desviación típica obtenida en cada uno de los instrumentos utilizados
Escala
Media D.Típica
Escala
Media D.Típica
PVS
Compromiso
18,33
6,53
Autoeficacia Autoeficacia 50,41 13,38
Control
28,78
7,00
(CES-D) Depresión 20,83 8,49
Reto
31,42
5,63
(BIP-Sp) Intensidad 19,87 6,84
de dolor
Stanford Capacidad
9,45
7,71
Interferencia 30,43 12,23
SAC
funcional
del dolor
De acuerdo con los resultados, la muestra presenta
medias elevadas en personalidad resistente, con altos
puntajes en cada una de las subescalas (compromiso, con-
trol y reto), de igual forma se trata de personas que mues-
tran una autoeficacia elevada (50,41), junto con bajos ni-
veles de incapacidad funcional de acuerdo con el cuestio-
nario de evaluación de salud de Stanford SHAQ (9,45), lo
que indica que son personas que pueden llevar a cabo efi-
cazmente actividades de la vida diaria. Acorde con lo ante-
rior, los puntajes bajos del CES-D (20,83) señalan que son
pacientes que no presentan síntomas depresivos, ni esta-
dos afectivos disfóricos (como pérdida de interés en acti-
vidades laborales, educativas o recreativas cotidianas).
De manera similar, los participantes puntúan niveles
bajos el BIP-Sp, esto es, en intensidad e interferencia del
dolor (media de 19,87 y 30,43 respectivamente) lo que pone
de manifiesto que los participantes no perciben el dolor
como incapacitante y se desempeñan adecuadamente en
todas las áreas de desempeño. Posteriormente, los resulta-
dos fueron sometidos a un análisis correlacional mediante
la matriz de Pearson, las correlaciones halladas se presen-
tan en la tabla 3.
DISPOSICIONES FORTALECEDORAS: PERSONALIDAD RESISTENTE Y AUTOEFICACIA EN PACIENTES
CON DIAGNÓSTICO DE ARTRITIS REUMATOIDE
21
TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº1, 15 - 24
En orden de significancia estadística, se encontró co-
rrelación positiva entre las subescalas de control y com-
promiso evaluadas en la personalidad resistente (0,810), lo
que permite inferir que el incrementar el control podría tam-
bién favorecer el compromiso y viceversa. Del mismo
modo, aunque en menor medida, el reto también
correlacionó con el compromiso (0,646) y con el control
(0,531). De esta manera, las tres subescalas que evalúan la
personalidad resistente correlacionaron entre sí de forma
positiva, lo cual consolida el constructo de personalidad
resistente que se evidencia en este estudio, y podría contri-
buir al afrontamiento de la enfermedad, que al menos a
nivel descriptivo manifiestan estos pacientes con artritis
reumatoidea.
Al someter las demás variables al análisis se encontró
que la intensidad del dolor y la capacidad funcional (0,541)
correlacionan de manera positiva, el aumento en la percep-
ción de la intensidad del dolor, afecta la capacidad funcio-
nal del paciente, lo que altera la realización de actividades
cotidianas. Finalmente, se halló correlación positiva entre
la intensidad del dolor y la interferencia del mismo (0,532),
lo que implica que a menor intensidad del dolor percibido,
menor interferencia de este en las actividades diarias, rela-
ciones interpersonales, estado de ánimo, capacidad de tra-
bajo y actividades recreativas.
Con el fin de conocer el nivel predictivo de las varia-
bles como personalidad resistente y autoeficacia en las va-
riables criterio como la capacidad funcional, el dolor y la
depresión, se llevó a cabo una regresión lineal; de acuerdo
con los resultados obtenidos, no se encontraron coeficien-
tes de correlación significativos entre las variables
predictoras y las criterio, excepto la encontrada entre inter-
ferencia de dolor y autoeficacia (0,001), lo que indica que
la autoeficacia podría ser predictora de la interferencia que
el dolor. En la tabla 4 se presentan estos resultados.
Tabla 4
Resultados de la regresión lineal
Reto Compromiso Control Autoeficacia
Depresión 0.402 0.376 0.515 0.712
Intensidad 0.402 0.669 0.253 0.105
del dolor
Interferencia 0.594 0.517 0.612 0.001
del dolor
Capacidad 0.968 0.873 0.967 0.248
funcional
Discusión
De acuerdo con los resultados de este estudio, se evi-
dencia en estos participantes una personalidad resistente
en buena medida consolidada, en cuanto todos los compo-
nentes del constructo (compromiso, control y reto) se pre-
sentan en niveles altos y aparecen correlaciones significa-
tivas entre ellos. Al parecer, estas características de perso-
nalidad constituyen un importante factor protector para estas
personas (Peñacoba, Rigueiro, Sanz & Moreno, 2001;
Peñacoba & Moreno, 1998), quienes a pesar de los sínto-
mas propios de la artritis reumatoide como la rigidez mati-
nal, la fatiga y la inflamación de las articulaciones, no pre-
sentan alteraciones en la capacidad funcional que les impi-
dan poder desempeñarse eficazmente en sus actividades
diarias (el 92,5% mantiene actualmente alguna ocupación).
Tabla 3
Análisis correlacional de las variables estudiadas
Capacidad Autoeficacia Depresión Compromiso Control Reto
Intensidad Interferencia
funcional
del dolor del dolor
Capacidad
1 -0,048
-0,004 -0,207 -0,154 -0,141
0,541 0,425
funcional
Autoeficacia -0,048
1,000
0,122 -0,434 -0,447 -0,261 -0,252 -0,258
Depresión -0,004
0,122
1,000 -0,180 -0,236 -0,127 -0,097 0,036
Compromiso -0,207 -0,434
-0,180 1,000 0,810 0,646
0,016 -0,021
Control
-0,154 -0,447
-0,236 0,810 1,000 0,531
0,183 -0,038
Reto
-0,141 -0,261
-0,127 0,646 0,531 1,000
0,033 -0,081
Intensidad
0,541 -0,252
-0,097 0,016 0,183 0,033
1,000 0,532
del dolor
Interferencia 0,425 -0,258
0,036 -0,021 -0,038 -0,081
0,532 1,000
del dolor
22
STEFANO VINACCIA, FRANCOISE CONTRERAS, CARMENCITA PALACIO, ANDRÉS MARÍN,
SERGIO TOBON, EMILIO MORENO-SAN PEDRO
TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº1, 15 - 24
Aunque las tres dimensiones de este constructo mostraron
puntuaciones altas, el componente de reto fue el más alto,
lo cual tiene que ver con la flexibilidad cognitiva (Peiró,
1993), y los esfuerzos comportamentales para afrontar el
cambio.
En términos generales, el estudio evidencia que la per-
sonalidad resistente favorece la salud probablemente por
que los estímulos se perciben como menos amenazantes o
controlables, lo que tiene importantes implicaciones sobre
las estrategias de afrontamiento utilizadas (Mansilla, 1993;
Kobasa, Maddi & Kahn, 1982). Se sugiere en próximos
estudios, evidenciar las estrategias de afrontamiento
implementadas en este tipo de poblaciones, y su relación
con la experiencia de la enfermedad reumática.
Acorde con los resultados anteriormente descritos, es-
tos pacientes no reportaron altos niveles de síntomas de-
presivos, ni manifestaron estados afectivos disfóricos, co-
múnmente presentes en los pacientes con diagnóstico de
artritis reumatoide (Cadena, Cadavid, Ocampo, Vélez &
Anaya, 2002; Young, 1992). De igual forma, los pacientes
obtuvieron puntajes bajos en el inventario de dolor, tanto
en intensidad como en interferencia en las actividades, es-
tado del ánimo, capacidad de caminar, trabajo, relaciones
con otras personas, sueño y actividades recreativas. Estos
resultados ponen de manifiesto que los participantes no
perciben el dolor como incapacitante, lo que les permite
también desempeñarse adecuadamente.
Lo anterior puede verse favorecido por lo menos a ni-
vel descriptivo, con el alto nivel de autoeficacia encontra-
do en estos pacientes, lo que constituye un recurso impor-
tante en la percepción del control de dolor y consecuente-
mente en la realización de actividades cotidianas, facili-
tando el afrontamiento a la enfermedad. Estos pacientes
con alta autoeficacia creen en su capacidad para manejar la
situación, ejerciendo control sobre sus pensamientos, mo-
tivaciones y conductas (Bandura 1986), lo cual puede ejer-
cer un papel modulador en la percepción de dolor (Strahl,
Kleinknecht & Dinnel, 2000) que, como se dijo anterior-
mente, en este estudio fue bajo.
Bajos niveles de autoeficacia se relacionan con
sintomatología depresiva y con mayor incapacidad funcio-
nal. En este estudio, estos resultados se confirman pero a la
inversa, esto es, alto nivel de autoeficacia, escasa
sintomatología depresiva, menor percepción de dolor y
menos limitaciones funcionales. Resultados similares ob-
tenidos en otros estudios, confirman que altos niveles de
autoeficacia disminuyen el dolor experimentado y la inca-
pacidad funcional (Vinaccia, Contreras, Restrepo, Cadena
& Anaya, 2005; Abraido-Lanza, Vásquez & Echevarría,
2004). En términos generales, alta autoeficacia se asocia
con personalidad resistente (Kazis, Meenan & Anderson,
2001), contribuyendo efectivamente al afrontamiento de
esta enfermedad crónica.
El nivel de depresión y la incapacidad funcional de es-
tos pacientes fue bajo, lo cual ratifica la relación entre es-
tas variables, lo que ha sido ampliamente documentado.
No obstante, aunque varios autores sostienen que la preva-
lencia de la depresión en pacientes con artritis reumatoide
es considerablemente alta (Walsh, Blanchard, Kremer &
Blanchard, 1999; Hawley & Wolfe, 1993; Young, 1992;
Creed, 1990; Frank, et al., 1988; Cassileth, Lusk & Strouse
1984), en este estudio no se pudo confirmar. Aunque no se
encontró correlación entre depresión y capacidad funcio-
nal (Pincus, Esther, DeWalt, Callahan, 1998), desde el aná-
lisis descriptivo se observan niveles bajos de depresión y
alta capacidad funcional.
La intensidad del dolor y la capacidad funcional sí
correlacionaron de manera positiva, lo que altera en algu-
nos pacientes la realización de actividades cotidianas, lo
cual se verifica con la correlación significativa entre inten-
sidad e interferencia del dolor. En la regresión lineal no se
encontraron coeficientes de correlación significativos en-
tre las variables predictoras y las criterio, excepto entre in-
terferencia de dolor y autoeficacia (0,001), lo que indica
que la autoeficacia podría predecir la interferencia del do-
lor. En este sentido, la autoeficacia estaría ejerciendo in-
fluencia sobre la conducta de dolor (Bandura, 1988), me-
diante las conductas que las personas creen que son capa-
ces de realizar y a través de la motivación para comprome-
terse en ellas. Este factor daría gran relevancia a la varia-
ble autoeficacia, como mediadora de la interferencia de
dolor y por ende de la discapacidad manifestada por estos
pacientes. De esta manera, la autoeficacia variable poten-
cialmente modificable, adquiere importantes implicaciones
en la percepción de interferencia de dolor y por ende en
todas las demás variables conceptualmente asociadas a ella
(depresión, discapacidad funcional, estrategias de afronta-
miento). Los bajos niveles de dolor y discapacidad funcio-
nal, aunque no aparecen correlacionados, sí permiten com-
prender las posibles relaciones directas e indirectas entre
las variables, que deben ser estudiadas con mayor profun-
didad, enfatizando en el componente cognitivo emocional
del dolor (Craig, 1994), y su posibilidad de intervención.
Al respecto recientes investigaciones plantean que, en
ausencia de un tratamiento médico verdaderamente eficaz
para los pacientes con Artritis Reumatoide, factores psico-
lógicos como una alta autoeficacia podrían tener una gran
importancia en la calidad de vida de estos pacientes (Marks,
Allegrante & Loring, 2005).
Se sugiere en próximos estudios esclarecer la forma en
que estas y otras variables ejercen influencia sobre la for-
ma en que las personas asumen una enfermedad crónica
como la artritis. Se recomienda el uso de análisis
multivariados que permitan establecer la capacidad
predictiva de las variables sobre el afrontamiento de la en-
fermedad, la percepción de síntomas y en general la cali-
dad de vida percibida del paciente con artritis reumatoide.
DISPOSICIONES FORTALECEDORAS: PERSONALIDAD RESISTENTE Y AUTOEFICACIA EN PACIENTES
CON DIAGNÓSTICO DE ARTRITIS REUMATOIDE
23
TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº1, 15 - 24
De acuerdo con la literatura disponible (Huyser & Parker,
1999; Craig, 1994; Parker, et al., 1992; Schwartz, Slater,
Birchler & Atkinson, 1991; Dean & Wadden, 1989; Murphy,
Creed & Jayson, 1988; Frank, et al., 1988, entre otros), se
observa que aún no es claro si son los síntomas depresivos
los que influyen sobre la percepción de dolor, o si es la
intensidad e interferencia del dolor la que favorece la apa-
rición de síntomas depresivos. De igual forma, no es claro
según la revisión de la literatura (Strahl, Kleinknecht &
Dinnel, 2000; Wells, Stewart & Hays, 2000; Pincus, Esther,
DeWalt & Callahan, 1998; Burns, Johnson, Mahoney,
Devine & Pawl, 1996; McCracken, Zayfert & Gross, 1992;
Reilly, Cosh, Maddison, Rasker & Silman, 1990), la rela-
ción entre discapacidad funcional, depresión y dolor, es
decir, si el descenso en las capacidades funcionales y la
escasa participación en actividades sociales son las que
inciden en la percepción de dolor o si es este el que influye
sobre la discapacidad funcional, produciendo un
decremento en la participación de actividades sociales.
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