Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2005
Claudio J. Pizarro
¿CUÁNTO COMPARTIR CON UN PACIENTE.: LAS INTERVENCIONES DE
AUTORREVELACIÓN DEL TERAPEUTA
Terapia psicológica,
junio, año/vol. 23, número 001
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 5-13
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
Copyright 2004 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184
¿Cuánto Compartir con un Paciente.: Las Intervenciones de
Autorrevelación del Terapeuta
How Much Should we Share with a Client.: Therapist Self-disclosure Interventions
Claudio J. Pizarro*
Universidad de Santiago de Chile, USACH
rec: 15-mayo-2005 acep: 03-mayo-2005
Resumen
Las intervenciones de autorrevelación del terapeuta son un tema no muy ampliamente tratado en la literatura psicológica
y con, aún, muchas interrogantes. Las posturas teóricas son divergentes y la investigación no aborda las dudas teóricas
principales ni es concluyente en lo realizado. Se exponen argumentos a favor y en contra de la autorrevelación del
terapeuta y se concluye que no es una intervención recomendable sino en ocasiones muy particulares.
Palabras Clave: Autorrevelación, Terapeuta, posturas teóricas.
Abstract
Self-disclosure as interventions has not been a well developed topic in the psychological literature. Authors present
contradictory theoretical positions and research, in general, has not taken into account variables mentioned by authors as
relevant and, its results are far from being conclusive. Pros and cons of self-disclosure are presented and it is concluded
that this intervention is not recommendable but for very specific situations.
Key Words:Self-disclosure, therapest, Theorrtic postures.
¿Cuánto compartir con un paciente.: Las interven-
ciones de autorrevelación del terapeuta
Es claro que en psicoterapia un paciente tiene que reve-
lar contenidos personales e íntimos al terapeuta. Lo que no
es tan claro es cuánta autorrevelación debe exhibir el psi-
cólogo en una relación terapéutica. En general, la inten-
ción de un terapeuta que produce una autorrevelación es
mejorar el vínculo con el supuesto de que tal intervención
aumentará la sensación de intimidad y entendimiento en la
relación terapéutica. Puede existir, además, la intención de
ofrecerse como modelo conductual al estar transmitiendo
el mensaje implícito de «yo tuve una experiencia similar a
la tuya y la superé.» Sin embargo, los terapeutas reportan
1
diferentes grados de autorrevelación en sus estilos terapéu-
ticos; van desde aquellos que no comparten ningún aspec-
to de sus vidas personales hasta aquellos que revelan as-
pectos de su historia personal que pueden ser similares a la
problemática del paciente (v. gr., experiencias con drogas).
De esta situación surgen una serie de preguntas, tales como:
¿está claro cuán efectiva (¿o dañina.) puede ser una inter-
vención de autorrevelación del terapeuta., ¿cuáles serían
las justificaciones teóricas para una autorrevelación., ¿qué
luz arrojan las investigaciones hechas al respecto. El pre-
sente trabajo aborda estas preguntas analizando la
autorrevelación tanto desde una perspectiva teórica como
desde los resultados de la investigación.
La autorrevelación desde una perspectiva teórica
Diversos autores han manifestado sus puntos de vista
respecto a la autorrevelación del terapeuta dentro de una
sesión de terapia, hallándose en la literatura encontradas
posturas, incluso dentro de una misma corriente teórica.
Hay autores que no sólo aceptan este tipo de intervención
sino que la consideran apropiada e incluso necesaria en
ciertos tipos de situaciones. Por ejemplo, Davidove (1982),
manifiesta que la autorrevelación del terapeuta sería un tipo
de intimidad que no está sujeta a ninguna moralidad
deontológica o principio inamovible sino que debería ser
aceptada o rechazada de acuerdo a cada caso específico. El
afamado psicoterapeuta Irvin D. Yalom (2000) nos revela
que él debería autorrevelarse más de lo que usualmente
hace, al menos en los procesos de terapia grupal, cuando
escribe en su libro Verdugo del Amor: Historias de Psico-
terapia:
“El tiempo es valioso en un grupo –ocho pacientes y
sólo noventa minutos- y no se utilizaría bien si los pacien-
tes escuchan los problemas del terapeuta. Los pacientes
* Ph.D. en Counseling Psychology, académico, Escuela de Psicología,
cjpizarro@usach.cl
1
Esta afirmación no se basa solamente en la revisión de la literatura sino
también en la experiencia de este autor en diferentes equipos clínicos y
de supervisión estadounidenses que incluyó la observación de distin-
tos grados de autorrevelación en los terapeutas en diferentes momen-
tos y situaciones.
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necesitan tener fe en que los terapeutas saben enfrentar y
resolver sus propios problemas.
Son racionalizaciones, claro. La verdadera causa era
falta de coraje. Consistentemente, he pecado por falta y no
por exceso de autorrevelación. Sin embargo, cada vez que
he compartido mucha información sobre mí mismo, los
pacientes siempre han sacado provecho al saber que yo,
como ellos, debo luchar con los problemas, de que soy hu-
mano" (p. 201).
Más recientemente, y en esta misma línea de pensa-
miento, Tantillo (2004) indica que una autorrevelación del
terapeuta es una “respuesta relacional juiciosa e informa-
da" (p. 68) que ayuda a empoderar al paciente y a trasladar
la relación hacia un vínculo de mutualidad. Ella recalca, en
todo caso, que una autorrevelación se debe hacer conside-
rando cuidadosamente una variedad de factores del paciente
tales como la historia vincular, nivel de funcionamiento,
grado de preparación para el cambio, entre otros.
Una posición completamente diferente es tomada por
algunos psicoanalistas quienes, comenzando con Freud,
abogan por una posición neutral del analista con el fin de
evitar contaminaciones de los contenidos de transferencia.
Esta posición neutral incluiría, además, la evitación de con-
tactos físicos y sociales. Tal punto de vista promueve el
anonimato del analista y lo que se ha llamado la postura de
telón blanco. Recientemente, esto ha sido directamente
expresado por Lane y Hull (1990), quienes afirman que
cualquier revelación personal de parte del terapeuta
distorsionaría el proceso terapéutico.
Hoy en día, sin embargo, en el ámbito psicodinámico
se reconoce que el analista inevitablemente muestra aspec-
tos de sí mismo a través de una variedad de situaciones
contextuales y del proceso terapéutico. Por ejemplo, su
apreciación del arte a través de la decoración de su oficina,
su ropaje, su escala de honorarios, el momento que elige
para tomar vacaciones, etc. Pero ampliando aún más estos
conceptos, hay terapeutas psicoanalíticos que apoyan la
evolución del concepto «relación terapéutica» y que se han
alejado de la postura de telón blanco (o de observador ob-
jetivo) para adoptar la de “observador participante" con
diferentes grados de autorrevelación basadas en las dife-
rencias individuales de los clientes. Basescu (1990) afir-
ma, por ejemplo, que «la mutualidad de autorrevelaciones
relevantes trabaja en contra de la mistificación de la expe-
riencia en la relación y permite el desarrollo de intimidad y
confianza» (p. 55). Desde esta perspectiva, la postura de
telón blanco la considera como una posición irrealista del
psicoanálisis teórico clásico.
Del mismo modo, Menaker (1990) acepta la
autorrevelación del analista como «...una respuesta espontá-
nea y empática a lo comunicado por el paciente por medio
del compartimiento de sentimientos o experiencias análo-
gas propias. El propósito de la autorrevelación es destacar
para el paciente el hecho de que el analista ha entendido la
importancia de la comunicación [lograda] y que afirma la
realidad del paciente» (p. 107). Estos tipos de
autorrevelaciones, afirma el autor, ayudarían a crear una at-
mósfera de mejor entendimiento y a construir un lazo más
cercano entre el paciente y el analista. Menaker, al igual que
otros autores, remarca que la autorrevelación debería estar
sintonizada con las necesidades particulares del «self» en
desarrollo del paciente para que tenga un efecto terapéutico.
Basescu (1990) también liga la autorrevelación del
analista en la terapia al fenómeno de espontaneidad, lo que
puede ser considerado como un elemento de autenticidad
en la terapia o, como Jourard (1971) lo ha llamado; trans-
parencia. Este autor diferencia autorrevelaciones
inapropiadas impulsivas, que responden a la
contratransferencia del terapeuta (por ejemplo, necesidad
de impresionar al paciente, necesidad de estar en control,
etc.) de autorevelaciones que responden a espontaneidad,
las cuales serían producto del «estar completamente pre-
sente, disponible, y libremente responsivo al flujo de
interacciones personales» (p. 57).
Siguiendo esta diferenciación, Basescu (1990) indica
que la autorrevelación más importante del analista (en tér-
minos de relevancia terapéutica y frecuencia) es aquella en
la que «el analista hace comentarios sobre sus propias re-
acciones y acerca de lo que se transparenta en la relación
entre las dos personas» (p. 55). Aquí el autor hace una im-
portante distinción y que, por aún llamarla autorrevelación,
no es lo suficientemente clarificadora ya que
autorrevelaciones del pasado personal del terapeuta son
diferentes a comentarios de las propias reacciones del aquí
y ahora que se viven con el paciente. Esta última interven-
ción es más bien equivalente al concepto de
autoinvolucramiento de McCarthy y Betz (1978), donde
los contenidos de la autorrevelación no son sobre la expe-
riencia pasada del terapeuta sino sobre su experiencia ac-
tual con la relación terapéutica. Egan (1975), en su ya clá-
sico libro The Skilled Helper, ya hablaba de este tipo de
intervención llamándola inmediatez y la define como refe-
rencias a los propios procesos del terapeuta respecto a tran-
sacciones del aquí y ahora con el paciente o referencias a
patrones de la relación o a la forma en que se ha desarrolla-
do el vínculo terapéutico. Más recientemente, Cormier y
Cormier (1991) la han considerado una de las habilidades
fundamentales del diálogo terapéutico, las que son presen-
tadas junto a intervenciones cognitivo-conductuales para
el entrenamiento de terapeutas. Esta distinción conceptual
debe ser mantenida en los análisis teóricos y empíricos del
tema ya que una intervención de autoinvolucramiento o
inmediatez es, en realidad, un tipo de intervención muy
diferente a la autorrevelación de experiencias personales
del pasado.
Así como los autores de orientación analítica se mue-
ven en un amplio espectro frente a la autorrevelación, los
autores que se encuadran en orientaciones humanistas o
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LAS INTERVENCIONES DE AUTORREVELACIÓN DEL TERAPEUTA
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existencialistas también presentan diferencias. Por un lado,
Simon (1988) se ha manifestado a favor de la
autorrevelación si ésta es genuina, abierta y permite la
desmitificación de la psicoterapia. En general, se propone
que la autorrevelación sería complementaria a la respuesta
empática que ayudaría a construir un vínculo más cercano
con el paciente y lo estimularía a elicitar mayores revela-
ciones (Jourard, 1964, 1971; Garfield, 1987). Por otro lado,
Josephs (1990) no ve el valor de la autorrevelación del te-
rapeuta ya que, en primer lugar, la autenticidad de lo ex-
puesto no puede ser cuestionada ni analizada por el pa-
ciente y, en segundo lugar, a pesar de la sinceridad, este
tipo de empatía (“te entiendo porque he vivido una situa-
ción similar a la tuya") sería imperfecta dado el hecho que
paciente y terapeuta son dos personas separadas
existencialmente. Afirma que su única utilidad se encon-
traría cuando la autorrevelación tuviere la función de acla-
rar alguna mala interpretación y permitiera al paciente en-
tender mejor la perspectiva del terapeuta. Aún así, el peli-
gro residiría en el hecho que el paciente puede ir más allá
del significado literal de la autorrevelación y agregar otras
interpretaciones que sobrepasen las intenciones del tera-
peuta y sin tener posibilidades mayores de solicitar aclara-
ción de estas interpretaciones ya que el control del proceso
terapéutico lo tiene el terapeuta.
Así, hasta este punto y considerando que las interven-
ciones de autorrevelaciones deben ser consideradas como
intervenciones diferentes a las de autoinvolucramiento o
de inmediatez, incluyendo pros y contras, las proposicio-
nes teóricas se podrían resumir como sigue:
Observaciones de oposición a la autorrevelación del
terapeuta:
1) Las autorrevelaciones interferirían con el análisis de la
transferencia y con el proceso terapéutico.
2) Autorrevelaciones de experiencias pasadas tendrían una
credibilidad limitada al no ser explorables y no necesa-
riamente harían más humano al terapeuta.
3) Existirían autorrevelaciones inapropiadas y serían aque-
llas que son producto del impulso y de necesidades del
terapeuta.
4) El terapeuta no tendría control sobre la extensión de la
interpretación que haría el paciente de su
autorrevelación.
Autorrevelaciones de experiencias sobre el pasado per-
sonal podrían tener interpretaciones no esperadas por
el terapeuta.
Además, habría que considerar una potencial exposi-
ción no deseada del terapeuta (por ejemplo, si se autorrevela
como “gay" ante un paciente “gay" o autorrevela un abor-
to) dado que los pacientes no están obligados a la
confidencialidad; si bien el terapeuta no debe exponer los
contenidos expresados por el paciente, éste es libre para
comentar los contenidos surgidos en la sesión a quien esti-
me conveniente, especialmente lo expresado por su tera-
peuta. Imagínese esta situación si el lugar de práctica del
terapeuta es un pueblo pequeño; el potencial de perjuicio
para el terapeuta podría ser no menor. También hay que
tomar en cuenta que ciertos contenidos tienen mayor pro-
babilidad de elicitar prejuicio o dudas lógicas respecto al
terapeuta. Por ejemplo, las autorrevelaciones que implican
algún estado patológico del pasado (yo era un Don Juan,
yo sufrí de depresión, etc.) y que en la actualidad se consi-
dera como superado, no implica que este estado o reperto-
rio conductual no vuelva a surgir o se recurra a él eventual-
mente. Esto podría traer dudas en el paciente acerca de la
idoneidad del terapeuta.
Argumentos teóricos a favor:
1) La autorrevelación proveería un ambiente de intimidad
que favorecería el vínculo o alianza terapéutica.
2) Una autorrevelación ayuda a construir un lazo más cer-
cano entre el paciente y el terapeuta creando una at-
mósfera de mayor comprensión.
3) La autorrevelación ayuda a desmitificar la relación te-
rapeuta-paciente, empoderando al paciente y haciendo
avanzar la relación hacia una mayor mutualidad.
Ciertamente, hoy en día, el vínculo terapéutico se consi-
dera fundamental para promover el cambio terapéutico y
pareciera que determinadas autorrevelaciones hechas en
momentos específicos contribuyen a este proceso. Por ejem-
plo, es frecuente que los adolescentes soliciten
autorrevelaciones del terapeuta y que estas intervenciones
sean hitos en el desarrollo de la terapia. Más aún, en deter-
minadas situaciones no sólo sería conveniente sino también
necesario; por ejemplo, es razonable pensar que un paciente
gay tenga derecho a saber la orientación sexual de su poten-
cial terapeuta (Hanson, 2003), o que un paciente altamente
religioso pregunte por la posición religiosa de su potencial
terapeuta. Es decir, el paciente tiene derecho a saber algunas
características de aquella persona de quien se va a dejar in-
fluenciar. Por lo tanto, este tipo de autorrevelación de carac-
terísticas personales del terapeuta no sería sólo un tema de
utilidad clínica sino también un tema ético.
Desgraciadamente, todas estas proposiciones, tanto a
favor como en contra, son consideraciones que no han sido
sometidas directamente a experimentación; por lo tanto,
son afirmaciones que no tienen respaldo empírico sino más
bien lógico, teórico y de raciocinio o de buen criterio. Los
investigadores han abordado este tema con otros
parámetros.
La autorrevelación en la investigación
En 1984, Berg-Cross reportó que la autorrevelación
ocurría en diferentes grados y contenidos en 63 diplomados
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de la American Board of Professional Psychology (este
diploma es una certificación muy prestigiosa y selectiva
para los psicólogos norteamericanos). Ella encontró que
los contenidos más revelados incluían la formación profe-
sional, creencias sobre la disciplina de los hijos, creencias
sobre el divorcio, experiencias del terapeuta con su propia
familia, experiencias con amigos o pares, y creencias simi-
lares a las del paciente. Todos estos ítemes registraron pro-
medios conceptuales de frecuencia entre 2,98 y 2,28 en
una escala Likert de cinco puntos. Ítemes con los prome-
dios más bajos de autorrevelación incluían fantasías perso-
nales, metas personales, experiencias en el uso de drogas o
alcohol, situaciones financieras, afiliaciones políticas, y
experiencia sexual con promedios entre 1,98 y 1,49, res-
pectivamente. Es notable observar que todos los ítemes
mostraban algún grado de autorrevelación sin importar la
orientación teórica del terapeuta. No hay duda que los tera-
peutas buscan un efecto en sus pacientes con sus
autorrevelaciones. Precisamente, varios investigadores han
investigado efectos de la autorrevelación del terapeuta en
el paciente.
La mayoría de las investigaciones sobre autorrevelación
del terapeuta se han realizado dentro de los parámetros del
modelo de Strong de Influencia Social (Perrin y Dowd,
1986; Dowd y Boroto, 1982; Remer, Roffey, y Buckholtz,
1982; Carter y Motta, 1988) y utilizando el Counselor
Rating Form (CRF). Este modelo postula que, en una pri-
mera etapa, el grado de influencia del terapeuta sobre el
paciente está determinado por tres elementos: atracción,
confiabilidad, y experticia (attractiveness, trustworthiness,
expertness), los cuales influenciarían en el grado de com-
promiso del cliente con la terapia (Strong y Claiborn, 1985).
Así, estas investigaciones han tratado de medir el efecto
que una autorrevelación tiene tanto en la percepción de
experticia como en la confiabilidad y el grado de atracción
que el paciente tiene de este terapeuta. Dado que la mayo-
ría de los estudios reportan los efectos por separado en es-
tas tres variables, se presentarán a continuación de esta for-
ma y también de acuerdo a la dimensión revelación y no
revelación, diferentes grados de revelación, y aserciones
de autorrevelación o autoinvolucramiento negativo y posi-
tivo (de acuerdo a si el contenido de la revelación repre-
senta una debilidad o experiencia negativa del terapeuta o
un logro o experiencia positiva).
Experticia (expertness)
Revelación versus no-revelación. En un estudio de di-
seño análogo
2
sin designación por azar donde estudiantes
universitarios evaluaban un video de 20 minutos, Dowd y
Boroto (1982) encontraron que la percepción de experticia
no difería entre terapeutas que usaban ya sea autorrevelación
o autoinvolucramiento y terapeutas que en su lugar usaban
interpretación o resumen como modalidad de intervención.
Lundeen y Schuldt (1989), en un estudio análogo utilizando
un video de 10 minutos conteniendo una interacción tera-
péutica simulada y utilizando estudiantes universitarios como
evaluadores, también encontraron que la experticia no fue
evaluada en forma diferente entre terapeutas que muestran y
no muestran autorrevelación. Así también, Peca-Baker y
Friedlander (1989), usando un experimento bien diseñado,
una entrevista en vivo análoga con estudiantes universita-
rios asignados por azar a tres grupos experimentales y un
grupo control, no encontraron diferencias en la evaluación
de experticia entre las cuatro condiciones del experimento.
Sin embargo, Carter y Motta (1988), en un estudio aná-
logo usando un video de cinco minutos de una sesión tera-
péutica simulada, encontraron que la experticia, esta vez
medida a través del Sorenson Relationship Questionnaire,
era significativamente más favorable en la condición no-
revelación que en la condición de alta autorrevelación. En
este mismo estudio, ellos también midieron experticia a
través del CRF, encontrando que era más favorable con
terapeutas formales (en el uso del lenguaje, vestimenta, etc.)
de baja autorrevelación que terapeutas informales de baja
autorrevelación.
En resumen, la investigación sugiere, al menos, que la
autorrevelación del terapeuta no aumenta la experticia
percibida en relación a la no-revelación.
Grados de autorrevelación. Evaluaciones de experticia
han sido también comparadas a lo largo de diferentes gra-
dos de autorrevelación, obteniéndose resultados contradic-
torios. Por ejemplo, la experticia ha sido encontrada
significativamente más alta en terapeutas con alta
autorrevelación y alto autoinvolucramiento que en terapeu-
tas bajos en estos dos aspectos (Mc Carthy, 1982). Por el
contrario, Carter y Motta (1988) encontraron que la
experticia era más favorable en la condición de baja
autorrevelación asociada con terapeutas formales que con
terapeutas informales.
Autorrevelación positiva versus autorrevelación ne-
gativa. La experticia ha sido más favorable en condiciones
de autoinvolucramiento positivo que en condiciones de
autoinvolucramiento negativo (Andersen y Anderson,
1985). Sin embargo, la experticia ha sido también infor-
mada como no teniendo efecto en estas dimensiones
(Remer, Roffey y Buckholtz, 1982).
En resumen, las comparaciones entre los efectos
diferenciales del grado de autorrevelación en la percepción
de experticia arrojan resultados contradictorios. La varia-
ble experticia no parece incrementarse debido a interven-
ciones de autorrevelación tal como ha sido observado en
los estudios que comparan condiciones de revelación ver-
sus no revelación.
2
Estudios análogos de psicoterapia son aquellos que imitan las condi-
ciones de una sesión real de terapia pero, por ejemplo, los participantes
no son pacientes o no están en vínculo terapéutico, etc.
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LAS INTERVENCIONES DE AUTORREVELACIÓN DEL TERAPEUTA
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Confiabilidad (trustworthiness)
Autorrevelación versus no-revelación. El efecto de
la autorrevelación en la percepción de confiabilidad del
terapeuta es menos claro que en el caso de la experticia. En
algunos estudios, la confiabilidad ha recibido evaluacio-
nes mayores en autorrevelaciones que en no-revelaciones
(Dowd y Boroto, 1982; Lundeen y Schuldt, 1989). Sin
embargo, en otros estudios, los niveles de confiabilidad no
han sido afectados por la autorrevelación (Peca-Baker y
Friedlander, 1989; Carter y Motta, 1988).
Grados de autorrevelación. Mc Carthy (1982) encon-
tró que terapeutas que eran altos en autorrevelación y altos
en autoinvolucramiento era evaluados altos en confiabilidad
también. Además, estas diferencias eran aún mayores cuan-
do eran hechas por terapeutas paraprofesionales que por
terapeutas profesionales.
Otros estudios no han logrado encontrar efectos dife-
renciales para diferentes grados de autorrevelación (Dowd
y Boroto, 1982; Carter y Motta, 1988).
Autorrevelación positiva versus autorrevelación ne-
gativa. En algunos estudios, autoinvolucramiento positivo
aumenta la confiabilidad (Andersen y Anderson, 1985)
mientras que en otros no se han encontrado diferencias sig-
nificativas (Remer y colab., 1982).
En resumen, no se puede delinear conclusiones definiti-
vas con los resultados sobre los efectos de la autorrevelación
en la percepción de confiabilidad del terapeuta.
Atracción (attractiveness)
Revelación versus no-revelación. La autorrevelación
ha producido más atractivo que la no-revelación (Carter y
Motta 1988; Lundeen y Schult, 1989) o que las interpreta-
ciones o resúmenes (Dowd y Boroto, 1982). Peca-Baker y
Friedlander (1987) primeramente encontraron diferencias
usando un diseño análogo pero, posteriormente, en 1989,
no pudieron dar apoyo a su hallazgo original usando un
diseño análogo “en vivo".
Grados de autorrevelación. La atracción parece no
variar con diferentes grados de autorrevelación (McCarthy,
1982; Dowd y Boroto, 1982; Carter y Motta, 1988).
Autorrevelación positiva versus autorrevelación ne-
gativa. Terapeutas que expresan autoinvolucramiento po-
sitivo han sido considerados más atractivos que terapeutas
que usan expresiones de autoinvolucramiento negativo
(Watkins and Schneider,1989).
En resumen, pareciera que el autoinvolucramiento po-
sitivo (y no la autorrevelación), afecta positivamente la
percepción del paciente de la atracción del terapeuta. Esta
no es una afirmación concluyente, pero es un reflejo de
una tendencia observada en los datos.
A modo de conclusión general, sólo es posible decir
que la influencia social del terapeuta podría ser afectada
por una cantidad desconocida dea utorrevelación. Este efec-
to podría ir en cualquier dirección de acuerdo al contenido
y grado de autorrevelación, con la excepción de la percep-
ción de experticia.
Finalmente, es interesante notar que los diseños análo-
gos en vivo y que han utilizado procedimientos de azar
tienden a reportar la significación de las diferencias entre
terapeutas que revelan y que no revelan (Perrin y
Dowd,1986; Peca-Baker y Friedlander, 1987, 1989;
Lundeen y Schult, 1989).
Otras variables dependientes
Variables tales como deseo de consultar al terapeuta,
empatía, clima terapéutico, autoexploración, y respuestas
afectivas han sido estudiadas específicamente o como par-
te de un conjunto mayor de variables.
Percepciones del paciente sobre el terapeuta
Habilidades profesionales y personales. Terapeutas
que se autorrevelan han sido evaluados significativamente
más favorablemente que terapeutas que no autorrevelan en
estudios análogos (Nilsson, Strassberg, y Bannon, 1979;
Fox, Strum, y Walters, 1984). Se ha hipotetizado que reve-
laciones con contenidos específicos podrían tener efectos
diferenciados (por ejemplo, entre haber sido paciente y
haber sido mal alumno) a la vista del paciente. Sin embar-
go, Fox y colaboradores (1984) sugieren que los sujetos
avalúan al terapeuta sobre la base de sus interacciones con
el paciente en vez del contenido de una única intervención
de revelación. Por lo tanto, es posible que las diferentes
duraciones de los videos, textos o sesiones usadas como
variables independientes podrían estar afectando la eva-
luación de los sujetos jueces.
Finalmente, no se han encontrado diferentes evaluacio-
nes para las habilidades profesionales y personales entre
terapeutas que presentan autorrevelaciones y terapeutas que
presentan autoinvolucramientos (Nilsson y col., 1979).
Calidez y empatía. Hoffman-Graff (1977) usaron en-
trevistas reales (aunque fue un diseño sin grupo control)
para determinar los efectos de las autorrevelaciones positi-
vas y negativas. Ella encontró que la autorrevelación nega-
tiva tenía un efecto más positivo que la autorrevelación
positiva en la calidez y empatía percibida del terapeuta.
Sin embargo, no hubo diferencias entre estos dos tipos de
autorrevelación para autenticidad y consideración positiva
incondicional. Como se ha mencionado anteriormente, se
hipotetiza que la autorrevelación negativa demostraría si-
militud entre terapeuta y paciente, lo que influiría una per-
cepción más favorable.
Por el contrario, Carter y Motta (1988), aunque en un
estudio análogo, reportaron que terapeutas con alta
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autorrevelación negativa eran percibidos como menos
empáticos que terapeutas control que no autorrevelaban.
Estos resultados aún no permiten conclusiones que apo-
yen o rechacen los puntos de vista teóricos que abogan que
las autorrevelaciones del terapeuta puedan mejorar la per-
cepción de pacientes en empatía, calidez, consideración
positiva incondicional, autenticidad, habilidades terapéu-
ticas y personales del terapeuta que se autorrevela.
Utilidad percibida
Hill, Mahalik y Thompson (1989) hicieron que ambos,
terapeutas y pacientes, revisaran sus propios videos y reac-
cionaran a diferentes intervenciones de autorrevelación del
terapeuta. Encontraron que tanto terapeutas como pacien-
tes evaluaron autoinvolucramiento positivo como más
ayudador que autoinvolucramientos negativos. Además, no
se encontró diferencias entre autorrevelaciones y
autoinvolucramientos. La validez externa de este estudio
es única porque participaron pacientes y terapeutas reales
en vez de estudiantes universitarios como en la mayoría de
los otros estudios.
Estudios de variables relacionadas, tales como satisfac-
ción y clima terapéutico, corroboran este resultado. Los
sujetos han manifestado mayor satisfacción y han evalua-
do más favorablemente el clima terapéutico cuando el te-
rapeuta ha utilizado expresiones de autoinvolucramiento
positivo que cuando el terapeuta ha utilizado expresiones
de autoinvolucramiento negativo (Watkins y Schneider,
1989).
Cambios en la conducta o actitud del paciente
Deseos de entrevistarse con el terapeuta. Expresio-
nes de autoinvolucramiento positivo han tenido un impac-
to mayor que expresiones de autoinvolucramiento negati-
vo (Andersen y Anderson, 1985) u otro tipo de interven-
ciones (Watkins y Schneider, 1989) en (a) el juicio del pa-
ciente sobre cuán apropiado es el terapeuta y (b) el deseo
de tener terapia con este terapeuta.
En oposición, Dowd y Boroto (1982) encontraron que
el deseo de ver al terapeuta no presentó diferencias a lo
largo de modalidades de autorrevelación; aunque este de-
seo fue menor cuando el terapeuta usó resúmenes a cuando
el terapeuta usó interpretaciones dinámicas. Los investiga-
dores sugieren que los pacientes podrían preferir un tera-
peuta que provea de explicaciones para sus problemas en
vez de un terapeuta que presenta resúmenes o
autorrevelaciones en la relación.
Cambio de comportamiento. La autorrevelación po-
dría afectar no sólo la percepción del paciente sobre el te-
rapeuta sino también tanto la conducta del paciente como
sus expectativas de su propio rendimiento (performance).
Autorrevelaciones negativas del terapeuta han bajado las
expectativas de los pacientes sobre sus propios rendimien-
tos y las autorrevelaciones positivas han elevado sus ren-
dimientos reales (Hoffman y Spencer, 1977). A pesar del
hecho que el diseño de este estudio utilizó una entrevista
en vivo y asignaciones por azar, la falta de grupo control
debilita cualquier afirmación concluyente.
Autorrevelación del paciente, respuestas afectivas,
y autoexploración. El grado de revelación del paciente ha
sido percibido como una función de la autorrevelación del
terapeuta, la historia de revelaciones del paciente, y de las
respuestas empáticas y de calidez del terapeuta (Halpern,
1977). Del mismo modo, más autoexploración y respues-
tas afectivas del paciente han sido facilitadas por terapeu-
tas con alta autorrevelación y autoinvolucramiento que por
terapeutas con baja autorrevelación (McCarthy, 1982). Es-
tos resultados apoyan los postulados de teóricos como
Jourard (1964, 1971) y Garfield (1987) quienes conside-
ran la autorrevelación como una poderosa herramienta para
facilitar el compartir del paciente.
Variables intervinientes
Sexo. Consistentemente, ni el sexo del paciente ni el
del terapeuta han actuado como una variable interviniente
en los estudios de autorrevelación del terapeuta (Watkins y
Schneider, 1989; Hoffman y Spencer, 1977; Halpern, 1977;
Hoffman-Graff, 1977; Nilsson y col., 1979).
Objetos físicos. Lundeen y Schuldt (1989) encontra-
ron que la presencia de un escritorio aumentaba la diferen-
cia de confiabilidad entre las condiciones de revelación y
de no-revelación. Los investigadores no interpretaron la
influencia del escritorio en la evaluación de la
autorrevelación y sólo sugirieron realizar más estudios al
respecto. Sin embargo, este hallazgo empírico puede ser
considerado como un índice de que la influencia social está
también determinada por señas ambientales relacionadas
al estatus (como el uso de un escritorio) y por percepciones
de disimilitud entre paciente y terapeuta.
Varias investigaciones distinguieron entre
autorrevelaciones del pasado personal y afirmaciones de
autoinvolucramiento (Hill, Mahalik, y Thompson, 1989;
Andersen y Anderson, 1985; Mc Carthy y Betz, 1978;
Watkins y Schneider, 1989; McCarthy, 1982). Como se ha
indicado anteriormente, sólo las autorrevelaciones del pa-
sado personal o características de personalidad deberían
ser consideradas como verdaderas autorrevelaciones. Las
afirmaciones de autoinvolucramiento deberían ser consi-
deradas, por lo tanto, un tipo de intervención diferente. La
revisión de Watkins (1990) al respecto concluye que: (a)
las intervenciones de autoinvolucramiento positivo pare-
cen ser vistas más favorablemente por los jueces en dife-
rentes investigaciones que intervenciones tanto de
¿CUÁNTO COMPARTIR CON UN PACIENTE.:
LAS INTERVENCIONES DE AUTORREVELACIÓN DEL TERAPEUTA
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº1, 5 - 13
autoinvolucramiento negativo como autorreveladoras, (b)
los efectos de la autorrevelación no son aún claros, y (c) el
sexo del terapeuta no sería una variable que interfiriera en
los resultados.
Se observa, entonces, que la mayor parte de los estu-
dios en esta área no ayudan a verificar en forma directa
ninguno de los argumentos a favor y en contra de los teóri-
cos considerados en la sección anterior. Además, un análi-
sis detallado de la investigación publicada deja en claro
que la contribución que se hace a la interrogante que moti-
va este artículo no es aún concluyente debido a que (1) los
estudios han usado diseños analógicos; es decir, han utili-
zado interacciones terapéuticas simuladas, (2) el contexto
ha sido de una sola sesión y (3) se han utilizado jueces que
no son pacientes como evaluadores de estas situaciones.
Por ejemplo, se observa que la revisión de Watkins (1990)
encontró sólo una investigación de 35 que estaba hecha
con pacientes reales, aunque también correspondía a un
diseño analógico.
El uso de diseños analógicos y con participantes que no
son pacientes reales en prácticamente todos los estudios
hace que la generalización a la relación terapéutica haya
que considerarla con cautela por varias razones.
Primero, la evaluación de la relación y de la
autorrevelación se ha dado fuera de un contexto histórico
del proceso mismo ya que, teóricamente, una
autorrevelación sería percibida de distinta forma de acuer-
do al grado de intimidad o confianza previamente estable-
cido.
Segundo, los «pacientes-jueces» que han evaluado los
efectos de la autorrevelación tienen una situación existencial
muy distinta y fundamentalmente sin las características
salientes de un paciente real tal como la condición de des-
moralización propuesta por Frank (1981), lo que puede
producir diferencias en las interpretaciones de la
autorrevelación del terapeuta.
En tercer lugar, las mediciones y metodologías usadas
no son siempre satisfactorias como para medir el fenóme-
no de intimidad y autorrevelación. Por ejemplo, en una
trascripción de simulaciones de terapia no se transmiten
los factores no-verbales, los cuales son considerados de gran
importancia en la comunicación.
En cuarto lugar, la percepción del paciente de la
autorrevelación del terapeuta puede variar de acuerdo a la
calidad de los lazos establecidos en la terapia o calidad de
la alianza terapéutica. Por esta razón, una autorrevelación
en la primera sesión será interpretada en forma diferente a
aquella expresada en una octava sesión. La primera situa-
ción podría erosionar la sensación de confianza y de pro-
tección.
Conclusión
Es importante recordar la distinción entre una interven-
ción de autoinvolucramiento (o inmediatez) a una de
autorrevelación. El autoinvolucramiento puede ser una in-
tervención terapéutica muy efectiva. Desgraciadamente, los
autores y los investigadores no siempre han hecho esta dis-
tinción, lo que ha dificultado la discusión.
A pesar de que no se puede concluir taxativamente a favor
ni en contra de la autorrevelación del terapeuta, hay líneas de
pensamiento bien definidas que no apoyan el hecho de que el
terapeuta comparta contenidos emocionales significativos de
su pasado. En esta revisión se observó que los autores que
favorecen la autorrevelación del terapeuta la han clasificado
dentro de un tipo de flujo de interacciones personales que ten-
dría elementos propios de las relaciones de intimidad psicoló-
gica y han argumentado que, por lo tanto, ayudarían al víncu-
lo terapéutico. Incluso, al parecer, terapeutas con experiencia
ofrecen autorrevelaciones de vez en cuando aunque en situa-
ciones específicas. Sin embargo, el argumentar que el vínculo
terapéutico se puede fortalecer por un intercambio que se le
denomine «intimidad» no es clarificador y puede llevar a con-
fusiones conceptuales en la comprensión del vínculo terapéu-
tico, ya que es dudoso que las autorrevelaciones representen
una verdadera relación de intimidad debido a que las relacio-
nes terapéuticas no poseen varias de las características con las
que se ha definido intimidad como, por ejemplo, la reciproci-
dad (Weiss y Lowenthal, 1975), que es, por definición, des-
igual en la relación terapéutica. Es claro que el contenido de
las autorrevelaciones de terapeuta y paciente poseen valencias
desiguales en sustancia y sentimientos. El terapeuta no está en
posición igualitaria con el paciente (necesaria para una verda-
dera relación de intimidad psicológica) pues ambos partici-
pan en forma diferente en la relación; el terapeuta usualmente
regula o controla el tema, duración de la interacción, contacto
físico, contacto de mirada, emocionalidad, tono de voz, etc. y,
en general, los riesgos y las satisfacciones de este intercambio
difieren. Además, el hecho de producir una autorrevelación
no hace a un terapeuta ni más genuino ni más humano que
otro que no lo hace. En este sentido, la ausencia de interven-
ciones de autorrevelación parece no afectar el vínculo tera-
péutico y parece difícil determinar un posible valor agregado
al vínculo terapéutico con su presencia en un proceso terapéu-
tico regular.
Quizás, lo importante es, y como lo afirma Tantillo
(2004), no tanto el ofrecer o no un contenido íntimo por
parte del terapeuta sino el significado de abrirse a una co-
municación más auténtica, en este encuentro de dos perso-
nas, que podría acompañar a una autorrevelación. Claro
está que la autorrevelación no es la única forma ni la más
efectiva de lograr esto en psicoterapia.
Desde el punto de vista de la investigación, los efectos
de la autorrevelación del terapeuta no están aún bien esta-
blecidos. Como Watkins (1990) lo indicara: «basándose en
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PIZARRO
TERAPIA PSICOLÓGICA 2005, Vol. 23, Nº1, 5 - 13
los estudios revisados, cualquier conclusión sobre el uso
moderado (o inmoderado) y del nivel de intimidad desea-
do de las autorevelaciones del terapeuta no pueden ser con-
figuradas por ahora» (p. 490).
En este tema, que es tan propio de una sesión de psico-
terapia, se observa una vez más la separación entre la teo-
ría y la acciones investigativas de los académicos. Los in-
vestigadores tienden a desarrollar líneas de investigación
utilizando modelos teóricos más reducidos, acotados o más
fáciles de operacionalizar y no necesariamente investigan
las propuestas de los terapeutas o de las corrientes teóricas
más complejas, que son más difíciles de operacionalizar.
Se constata, además, que quedan muchas preguntas sin
respuesta clara tanto por parte de la investigación como
por parte de la teoría. Por ejemplo, ¿tiene efectos diferen-
tes una autorrevelación realizada en los comienzos de una
terapia a una autorrevelación realizada cuando el vínculo
está firmemente establecido., ¿cómo interviene el factor
edad del terapeuta en este tipo de intervención.; un tera-
peuta de 60 años que hace una autorrevelación puede tener
un efecto diferente a una autorrevelación de un terapeuta
de 30 años debido al factor experiencia y sabiduría psico-
lógica que se podría asociar a la edad. Además, las
autorrevelaciones no tienen el mismo calibre y, se puede
deducir, por lo tanto, podrían tener un efecto diferencial;
así, no es lo mismo revelar que algún pariente murió de
Sida a revelar que uno ha sido drogadicto. Otro aspecto a
considerar son las reacciones de los pacientes ante una
autorrevelación del terapeuta y que una interacción así no
se encuentra pautada. Por ejemplo, ¿se le permite al pa-
ciente solicitar aclaraciones o hacer preguntas respecto a la
autorrevelación hecha. o ¿cuál es la forma de reparar si la
autorrevelación ha provocado dudas o desconfianza en el
paciente. Es fácil apreciar, entonces, que desde el punto de
vista metodológico es muy difícil determinar en qué cir-
cunstancia y ante qué tipo de pacientes una autorrevelación
podría ser más apropiada que otra. Esto dificultaría el eva-
luar y, por lo tanto, perfeccionar esta intervención si se de-
mostrara efectiva.
Finalmente, si, por ahora, los terapeutas deben atenerse
al juicio teórico, parece prudente concluir que el uso de la
autorrevelación por parte del terapeuta, es decir relatos so-
bre sus experiencias pasadas, no parece aconsejable, y muy
especialmente en los terapeutas con menor experiencia, ya
que las consecuencias de esta intervención conllevan una
probabilidad indeterminada de tener un efecto negativo en
la relación. Sólo habría situaciones específicas donde una
autorrevelación de ciertas características del terapeuta ser-
viría al paciente para decidir a continuar con su tratamien-
to (por ejemplo, el estar casado para pacientes de terapia
matrimonial, la orientación sexual para un paciente gay o
lesbiana, las creencias religiosas para un paciente religio-
so).
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