Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2004
C. Martínez / C. Alonso / P. Castro / P. Álvarez / C. Oviedo / J. Ellwanger
EFECTIVIDAD DE LA TÉCNICA DE INTERVENCIÓN EN CRISIS (IC) EN UN
SERVICIO DE URGENCIA DE UN HOSPITAL GENERAL
Terapia psicológica,
noviembre, año/vol. 22, número 002
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 177-184
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
Copyright 2004 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184
Efectividad de la técnica de intervención en crisis (IC) en un servicio
de urgencia de un hospital general
Effectiveness of the Crisis Intervention Technique (IC) in an emergency service
of a general hospital
C. Martínez; C. Alonso; P. Castro; P. Álvarez; C. Oviedo; J. Ellwanger
Unidad de Psicoterapia Dinámica, Instituto Psiquiátrico;
Fac. de Psicología Universidad del Desarrollo, Chile
(Rec: 29 - abril - 2004 Acep: 29 - septiembre - 2004)
Siguiendo experiencias internacionales y locales, se implementó durante 6 meses dentro del servicio de urgencia del
Hospital San José un plan piloto de atención psicologica para pacientes en crisis. El objetivo fue evaluar la efectividad
de la técnica psicoterapeutica de intervención en crisis (IC) en este contexto. Se utilizó un diseño cuasi-experimental y
comparaciones entre grupos experimental y control. El instrumento de evaluación de efectividad fue el OQ45.2 (Lambert
& Burlingame, 1996). Se incluye un seguimiento del grupo experimental a los 3 meses de terminado el tratamiento. Los
resultados muestran que la tecnica de IC ha sido efectiva en el alivio sintomático, pero sin diferencias significativas entre
los grupos con respecto a la adaptación social y la calidad de las relaciones interpersonales. Se aprecia estabilidad de la
mejoría en el seguimiento del grupo tratado. Se discuten algunos resultados en el ambito de las relaciones interpersonales
y el papel defensivo que juegan los síntomas durante las crisis.
Palabras claves: intervencion en crisis, servicios de urgencia.
Following local and international experiences, a pilot plan of psychological attention for crisis patients was implemented,
for 6 months, in the emergency room of Hospital San José. The objective was to evaluate the effectiveness of the crisis
intervention (IC) therapeutic model in this context. A cuasi experimental design was used to compare experimental and
control groups. The instrument of evaluation was the OQ45.2 (Lambert & Burlingame, 1996). A follow up of the groups
3 months after finished the process, show that the IC technique had effectiveness in the symptom relief, but no differences
among the groups with regard to social adaptation and quality of the interpersonal relationships was found. The improved
stability in the treatment group at follow up is appreciated. Some results about interpersonal relationship are discussed
and the defensive role of the symptoms during the crisis.
Key Words: Crisis intervention, emergency room.
Correpondencia: Claudio Martinez Guzmán
Providencia 2318, of. 31 Santiago de Chile
E-Mail: cmartinez@udd.cl
Introducción
Anualmente se atienden en el servicio de urgencia (SU)
del Hospital San José aproximadamente 106.428 pacien-
tes, con las más diversas patologías médicas y que requie-
ren una atención de urgencia. Un numero significativo de
estas consultas llevan adosado una descompensación emo-
cional y psicológica que agravan el cuadro o tienen una
importante influencia sobre él. En Chile, a pesar de que
los SU de los hospitales generales no poseen atencion de
salud mental, es común que un número no despreciable de
consultas son francamente por motivos psicológicos o psi-
quiátricos, pero que en su estado agudo comprometen pri-
mariamente el funcionamiento biológico y/o vital (inten-
tos de suicidio, crisis de pánico, reacciones angustiosas por
duelo reciente, etc.). Muchos de estos pacientes se benefi-
ciarían de una atención psicologica inmediata, que propor-
cione un continente emocional e intente resolver el con-
flicto de fondo o bien realice el diagnóstico preciso y deri-
ve a la atención de especialidad. I n t ent o s d e s ui ci d i o , estres
post-traumatico, ataques de pánico, conflictos conyugales
o familiares, duelos, depresiones reactivas, etc., constitu-
yen un grupo de situaciones psicológicas que se beneficia-
rían de una atención de este tipo. Por otro lado, algunos
estudios indican que cerca de un 6% de las atenciones de
urgencia en hospitales generales en Chile conlleva asocia-
do algun diagnóstico psicológico o psiquiátrico (Escobar
& Escobar, 1989). Estos porcentajes de morbilidad psico-
lógica y psiquiátrica son significativos si los proyectamos
a otros centros de urgencia del país y consideramos que
existe un evidente subdiagnóstico y problemas en los re-
gistros. Además, estos números solo registran el primer
diagnóstico o el motivo de consulta mas explicito, pero no
consideran la comorbilidad de muchos trastornos somáticos
o bien el estado de stress de un paciente con patología gra-
ve y sus familiares en la sala de espera, que sin recibir nin-
guna información aguardan angustiosos el resultado de una
intervencion. Todos estos elementos justifican la
incorporacion de programas de atención psicológica en ser-
vicios de estas características, pues no solamente pueden
ser de gran ayuda a la atención que allí se presta, sino tam-
bién por el sentido preventivo que un servicio como este
puede tener, en la medida que puede evitar cro nificaciones
TERAPIA PSICOLÓGICA
2004, Vol.22, Nº 2, 177-184
178
MARTÍNEZ, ALONSO, CASTRO, ÁLVAREZ, OVIEDO Y ELLWANGER
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº2, 177-184
psicopatológicas y de pacientes en el sistema de sa-
lud. Por tanto, también en esto hay un sentido econó-
mico, de otorgar atenciones que eviten listas de espera
en consultorios primarios o de especialidad; atencio-
nes de una relación costo-efectividad significativamente
mejores que las actualmente existentes y otorgando una
oportunidad de atención eficiente y eficaz.
Con estos antecedentes quisimos organizar una inves-
tigación que tuviera el siguiente objetivo: Evaluar la efec-
tividad de la implementación de la Técnica de Interven-
ción en Crisis (IC), en el servicio de urgencia (SU) del
Hospital San José, enfatizando su contribución a la solu-
ción de un problema de oportunidad de atención
psicoterapéutica con ahorro de recursos económicos y
profesionales.
Intervención en crisis (IC)
Definimos una «crisis» como una respuesta a eventos
conflictivos, internos o externos, que es experimentada
como un estado doloroso agudo. Para defenderse de esta
situacion la persona utiliza mecanismos que le ayudan a
aliviar su molestia y así volver a restablecer su equilibrio
previo. Estos mecanismos pueden ser adaptativos o
desadaptativos, en ambos casos el dolor intenso puede ser
superado, pero en el segundo el dolor puede ser
intercambiado por síntomas psiquiatricos que, en algunas
personas, pueden cristalizar en un estilo neurótico de con-
ducta que restringe sus habilidades para funcionar libre-
mente. En el peor de los casos la situación de crisis no
logra ser estabilizada y puede llevar a la persona a reaccio-
nes aún mas desadaptativas como el suicidio u homicidio
(o ambos) (Bellak & Small, 1986; Florenzano, 1984;
Jacobson, 1979; Leenaars, 1994).
Las situaciones desencadenantes de una crisis pueden
ser eventos universalmente estresantes, que invariable-
mente dan origen a crisis de intensidad y duración va-
riada (vgr. la muerte de un ser querido). O bien eventos
idiosincrásicamente conflictivos que provocaran crisis
en algunas personas y no en otras (vgr. problemas eco-
nómicos). De todas maneras, aun frente a situaciones
universalmente dolorosas, las formas de reaccionar y la
intensidad de la crisis estarán vinculadas con mecanis-
mos psicodinamicos idiosincrásicos (Florenzano,1984;
Jacobson, 1979). Las crisis son autolimitadas en el tiem-
po y puede durar desde unas pocas horas hasta cerca de
6 semanas, por esta razon es importante intervenir rápi-
do y eficientemente. Normalmente una persona en cri-
sis moviliza toda su energía y los pocos o muchos recur-
sos de que dispone, por lo que una solución exitosa de la
crisis tiene implicancias para su salud mental. La per-
sona que ha sido capaz de utilizar sus recursos
eficientemente, por sí misma o con la ayuda de un terce-
ro, no solo ha aprendido cómo enfrentarse con la crisis
familiarizándose con las formas que ha utilizado para
resolverla, sino también ha descubierto maneras de an-
ticipar futuros problemas y a evitar su recurrencia. Por
tanto, es una intervención preventiva (Jianlin, 1993;
Pulakos, 1993; Schnyder,1995).
Jacobson (1979) describe diferentes tipos de interven-
ción en crisis, como la intervención ambiental, la interven-
ción genérica orientada a la crisis o el tratamiento indivi-
dual en crisis. Este ultimo es el más especializado y fue el
modelo utilizado en este estudio.
Descripción del programa de atención psicológica
El programa se desarrollo en el servicio de urgencia de
adultos del Hospital San José, hospital de medicina gene-
ral que atiende todas las comunas de la zona norte de San-
tiago, y debe cubrir las necesidades de salud de alrededor
de 700.000 habitantes. Se atiende un promedio de 8.869
consultas mensuales y está organizado en turnos médicos
de 12 horas. El equipo de psicólogos, en parejas, se
adscribio a los diferentes turnos, pero no en el horario com-
pleto, sino parcialmente en mañanas, tardes, noches y al-
gunos fines de semana. En promedio, cada psicólogo asis-
tió 15 horas semanales al servicio de urgencia. Los trata-
mientos psicoterapéuticos fueron realizados en una oficina
anexa a la sala de urgencia.
La técnica de IC utilizada estuvo psicoanalíticamente
orientada (Jacobson, 1979; Martínez, 1999) con un encua-
dre individual y una pauta más o menos fija de funciona-
miento, que incluia un número máximo de 8 intervencio-
nes, una a la semana. Al fin del tratamiento se derivaba al
paciente a psicoterapia de mayor tiempo o bien se daba de
alta. La intervención misma se centra en identificar la si-
tuación desencadenante, aclarando sus relaciones con la
biografía y conflictos conscientes e inconscientes. El ma-
yor aporte de la teoría psicoanalítica ocurre en esta etapa
de comprensión del evento desencadenante. El paciente se
evalua no sólo en terminos de diagnosticos clásicos, sino
de capacidades y funciones de su Yo. La llamada «fuerza
del Yo» es un elemento importante para conocer los recur-
sos con que cuenta en sus estrategias de manejo («coping
behavior»). Luego se intenta comprender cognitivamente
la cadena de acontecimientos que condujeron a la crisis,
aunque esta búsqueda de cierta racionalidad no debe evitar
la esencial expresión de afectos reprimidos, especialmente
pena y rabia. A partir de esta exploración conjunta
(cognitiva y emocional) se buscarán nuevas estrategias
adaptativas, centrándose en las capacidades de cada indi-
viduo. Finalmente, al terminar la intervención, se evalúa
lo realizado y se lo estimula a que continúe de manera au-
tónoma. Cuando es necesario indicar un tratamiento pos-
terior, se plantea en este momento (Jacobson, 1979).
EFECTIVIDAD DE LA TÉCNICA DE INTERVENCIÓN EN CRISIS (IC) EN UN SERVICIO DE URGENCIA...
179
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº2, 177-184
Método
Participantes
La muestra, obtenida intencionalmente, estuvo forma-
da por dos grupos de pacientes consultantes entre julio y
diciembre del año 2000 al servicio de urgencia. Ambos
grupos recibieron la atención médica correspondiente, pero
el primer grupo, que llamaremos experimental, recibió ade-
más tratamiento psicoterapéutico con la técnica de Inter-
vención en Crisis (n=30). La indicación de IC fue hecha
por el psicólogo del servicio después de la atención medica
debido al estado emocional crítico del paciente. El origen
de las crisis fue diverso, como conflicto de parejas, duelos,
violencia intrafamiliar, etc. El segundo, llamado grupo
control, no recibió tratamiento de psicoterapia en el servi-
cio de urgencia (n=30). Este grupo fue reclutado de mane-
ra ciega y al azar por los evaluadores (no profesionales)
desde la sala de espera del SU, utilizando el OQ45.2, pre-
via explicacion y consentimiento informado. Estos pacien-
tes habían acudido para atención médica general en un ho-
rario en que no funcionaba el programa de psicología. De
esta forma se seleccionaron unas 80 personas, pero su esta-
do de disfunción psicológica sólo se determino al momen-
to de realizar el pareamiento de las muestras. Para homo-
geneizar a los grupos se hizo un sistema de pareamiento
(matching) siguiendo el esquema de Mc Guigan (1996).
Se tomó un criterio estándar sobre la base del puntaje ini-
cial en el OQ45.2. De tal modo que del número inicial de
pacientes, 57 con tratamiento y 80 sin tratamiento, en cada
grupo quedaron 30 sujetos. La tabla 1 describe comparati-
vamente ambos grupos post-pareamiento.
Para evaluar la efectividad de la IC en la mejoría de los
pacientes del grupo experimental (GE) se utilizó una me-
dición antes, durante y despues de realizada la interven-
ción, con el cuestionario OQ-45.2 (1996) y después de tres
meses del alta. La evaluación durante la intervención se
realizó cada dos sesiones. En el seguimiento a los tres me-
ses, aplicado al 100% de los pacientes del grupo tratado, se
aplicó nuevamente el instrumento y se realizó una entre-
vista semi-estructurada donde se evaluo con metodología
cualitativa su estado general, la percepción que tuvo de la
atención recibida en el SU y el resultado de la derivación
cuando correspondia. Los resultados de esta parte del estu-
dio serán entregados en un siguiente informe. Con el gru-
po control (GC) la evaluación se hizo antes que fueran aten-
didos en el SU y luego en el seguimiento aproximadamen-
te a los 3 meses de terminado el tratamiento.
Instrumento
Cuestionario de Resultados (OQ-45.2). Este instru-
mento fue diseñado en EEUU por Lambert & Burlingame
(1996) para evaluar resultado psicoterapéutico, con espe-
cial énfasis para la realización de estudios de «Screening».
El cuestionario es autoadministrado y consta de 45 pre-
guntas, con respuesta estilo Lickert, que evalúan tres áreas
de funcionamiento psicosocial : a) Distres sintomático
(DS), que evalúa principalmente síntomas de ansiedad y
depresión, somatizaciones, conductas adictivas y
autodestructivas (25 ítems); b) Relaciones Interpersonales
(RI), que evalúa aspectos de la vida familiar y de pareja,
amistades y conflictos interpersonales, aislamiento e in-
adecuación (11 ítems); c) Rol Social (SR), relacionado
con el nivel de satisfacción que logra el sujeto en tareas
de diferentes ámbitos como trabajo, estudio, labores de
hogar y/o tiempo libre (9 ítems). En su corrección se uti-
lizan normas obtenidas de su adaptación para Chile (Von
Bergen, 2000). El instrumento entrega ademas de resul-
tados en promedios, un “punto de corte" (PC) que esta-
blece la diferencia entre población funcional y
disfuncional, y un “indice de cambio confiable" (ICC)
que establece un numero de puntos que entre dos medi-
ciones en el tiempo marcan el cambio de un paciente aso-
ciado a una determinada intervención. Ambos indicadores
están disponibles tanto para la escala total como para las
tres subescalas.
Resultados
Los resultados en el GE demuestran la efectividad de la
técnica de Intervención en Crisis evaluada antes, durante y
después del tratamiento y luego a los tres meses de segui-
miento. La Tabla 2 muestra los resultados comparativos
del GE antes del tratamiento y al finalizar. Se observan
diferencias significativas en la escala total (M=75,9,
Sexo Masc
7 (23%) 10 (33%)
Fem.
23 (77%) 20 (67%)
Edad
26-35 (37%) 26-35 (50%)
Escolaridad Secundaria 67%
53%
Primaria 33%
47%
Actividad Con
21 (70%) 18 (60%)
Sin
9 (30%) 12 (40%)
Total
30
30
Tabla 1.
Datos demográficos comparativos entre grupo control
y experimental posterior al pareamiento
Categoría
Grupo
Grupo
experimental control
180
MARTÍNEZ, ALONSO, CASTRO, ÁLVAREZ, OVIEDO Y ELLWANGER
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº2, 177-184
SD=22,5) y en la subescala SD (M=44,6, SD=15). Las
demás subescalas no muestran diferencias significativas.
Al comparar el mismo GE antes de iniciar la terapia y lue-
go en el seguimiento a los tres meses, se obtienen resulta-
dos similares. Diferencias significativas en la escala total
(M=68,3, SD=22) y en la subescala SD (M=36,8, SD=15,5)
(ver Tabla 3).
Tabla 2.
Comparaciones del puntaje promedio del OQ-45.2 antes y después de la intervención terapéutica
Escala
ANTES
DESPUÉS
t
p
SD
Media 56,50
Media 44,66
SD 15,42
SD 15,03
3,012
0,004**
IR
Media 18,50
Media 17,90
SD 6,23
SD 5,56
0,394
0,695
RS
Media 14,77
Media 13,00
SD 5,41
SD 5,16
1,297
0,200
TOTAL
Media 89,73
Media 75,90
SD 22,25
SD 22,52
2,393
0,020 *
N = 30
* p<0,05
** p<0,01
Tabla 4
Comparaciones de los puntajes del OQ-45.2 entre el fin de la terapia y el seguimiento
E Escala
Ultimo OQ
OQ OQ Seguimiento t
p
SD
M
44,66
36,83
DS
15,03
15,59
1,98
0,052
IR
M
17,90
18,50
DS
5,56
5,34
-0,426
0,671
RS
M
13,00
13,03
DS
4,58
4,05
0,269
0,789
TOTAL
M
75,90
68,36
DS
22,52
22,01
1,311
0,195
N = 30; Media (M) y Desviación Estándar (DS)
En la Tabla 4 se puede observar como el GE en el se-
guimiento continúa disminuyendo sus puntajes, principal-
mente en la escala de sintomas, en cambio los puntajes en
las subescalas RS e IR no muestran diferencias. De modo
que el grupo tratado mantuvo los logros terapeuticos, de-
mostrando estabilidad en la mejoria alcanzada.
Tabla 3
Comparaciones del puntaje del OQ-45.2 antes de la intervención terapeutica y en el seguimiento
* p<0,001
** p<0,0001
Escala
ANTES
DESPUÉS
t
p
SD
M
56,50
36,83
DS
DS
15,42
15,59
4,913
0,0001**
IR
M
18,50
18,50
DS
6,23
5,34
-0,020
0,984
RS
M
14,77
13,03
DS
5,41
4,06
1,409
0,164
TOTAL
M
89,73
68,37
DS
22,26
22,01
3,737
0,0001*
Media (M) y Desviación Estándar (DS) antes y después de la intervención, N = 30.
EFECTIVIDAD DE LA TÉCNICA DE INTERVENCIÓN EN CRISIS (IC) EN UN SERVICIO DE URGENCIA...
181
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº2, 177-184
Al tomar el Índice de Cambio Confiable (ICC) como
criterio de efectividad, al terminar el tratamiento 14 suje-
tos del GE (46,6%) habían descendido su puntaje 17 pun-
tos o más en la escala total. Antes de la 3
a
sesión lo hicie-
ron 7 pacientes, otros 5 antes de la 5
a
sesion y los otros 2
antes de la 7
a
. Esto es importante, pues muestra que tem-
pranamente la tecnica provoca cambios medibles y obser-
vables por el propio paciente.
En la Tabla 5 se puede observar la comparación de los
numeros de sujetos del GE que entre el comienzo de la
terapia y el seguimiento disminuyeron sus puntajes bajo el
punto de corte (PC). Realizadas las pruebas de McNemar
correspondientes, se observan cambios significativos en dos
subescalas y en la escala total, con un nivel de confianza
de 99,9% para SD, 99,99% para IR y 99,4% para la escala
total. La subescala IR presenta un resultado inverso, pues
sujetos que parten con bajo puntaje, en el final de la terapia
y seguimiento aumentan sus puntajes. Esto es un resultado
interesante, pues como promedio grupal del GE no se ob-
servaron diferencias significativas en IR durante la terapia
y en el seguimiento, sin embargo doce sujetos comenzaron
el tratamiento con un puntaje IR bajo el PC para esa escala.
Al finalizar la intervención, seis de ellos habían aumenta-
do sus puntajes, es decir empeorado en esta dimension. Lue-
go, en el seguimiento, cuatro de estos seis pacientes vuel-
ven a disminuir sus puntajes bajo el PC en esta subTABLA
4escala.
Comparativamente en el grupo no tratado (GC), en-
contramos que en promedio entre las dos mediciones no
habían diferencias significativas, excepto en la subescala
RI, pero en el sentido del empeoramiento en esta dimen-
sión (véase Tabla 6). Realizadas las pruebas T de Student
para grupos dependientes, se observan diferencias signifi-
cativas (M=22,9, SD=6,2) solo en IR con un nivel de con-
fianza de 98,7%. Esto es reafirmado al analizar el PC en la
dimensión IR en el GC. De diez personas que inicialmente
se encontraban bajo el PC en IR, nueve de ellas aumenta-
ron sus puntajes en la 2
a
medicion. Es decir, a diferencia
del GE que mostró estabilidad de sus resultados en IR du-
rante el seguimiento, el GC empeoró en esta dimensión.
Tabla 6
Comparaciones de los puntajes del OQ-45.2 del grupo control entre la primera medición y segunda medición
1ª Medición
2
°
Medición
t
p
SD
M
56,67
50,53
DS
15,56
15,66
1,523
0,133
IR
M
18,67
22,93
DS
6,58
6,22
-2,577
0,013*
RS
M
15,33
16,90
DS
5,29
4,54
-1.234
0,222
TOTAL
M
90,67
90,37
DS
21,43
22,57
0,053
0,958
N = 30; Media (M) y Desviación Estándar (DS)
* p< 0,05
Tabla 5
Comparaciones por puntaje de corte entre el comienzo de la terapia y el seguimiento
Frecuencia de sujetos
Escalas P.C.
A/A*
B/A*
A/B*
B/B*
c+
p
SD
(43)
10
1
15
4
10,563
0,001
IR
(16)
13
6
5
6
0,999
0,000
SR
(14)
10
3
8
9
1,455
0,228
Total
(73)
10
2
14
4
7,563
0,006
N = 30
A/A * = Número de sujetos con puntaje alto al comienzo y alto en el seguimiento.
B/A * = Número de sujetos con puntaje bajo al comienzo y alto en el seguimiento
A/B * = Número de sujetos con puntaje alto al comienzo y bajo en el seguimiento
B/B * = Número de sujetos con puntaje bajo al comienzo y bajo en el seguimiento.
182
MARTÍNEZ, ALONSO, CASTRO, ÁLVAREZ, OVIEDO Y ELLWANGER
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº2, 177-184
Comparación entre grupos
Al comparar los resultados de ambos grupos cuyos
puntajes iniciales eran estadísticamente similares (véase
Tabla 7), encontramos que luego de terminado el tratamiento
se observan diferencias estadísticamente significativas para
las subescalas IR y RS y para la escala total, con un nivel
de confianza de 99,8%, 99,6% y 98,4% respectivamente.
Para la subescala SD no se observan diferencias significa-
tivas entre ambos grupos. Estas diferencias están explica-
das tanto por la baja en los puntajes del GE en SD como
por un aumento de los puntajes del GC en las subescalas
IR y RS. Como se observa en la Tabla 8, el GE tiende a
mejorar fundamentalmente en el nivel sintomatico y en
promedio grupal lo hace de manera significativa, pero el
GC también disminuye los puntajes en esta dimensión, y
aunque no es una baja tan considerable, tiende a equilibrar
las comparaciones intergrupos. Como se vio más arriba, el
GE no muestra en promedio diferencias significativas en
las dimensiones IR y RS, pero comparado con el otro gru-
po sí existen las diferencias, pues el GC empeora en estas
Tabla 7
Comparaciones de los puntajes del OQ-45.2 entre los grupos experimental (GE) y control (GC) en la primera medición
(matching)
G. Experimental G. Control
t
p
SD
M
56,50
56,67
DS
15,42
15,56
-0,043
0.966
IR
M
18,50
18,67
DS
6,23
6,58
-0,121
0.904
RS
M
14,77
15,33
DS
5,41
5,28
-0.405
0.687
TOTAL
M
89,73
90,67
DS
22,25
21,42
-0,165
0.870
N = 30; Media (M) y Desviación Estándar (DS)
Tabla 8
Comparaciones de los puntajes del OQ-45.2 en la última medición del grupo experimental y 2ª medición del grupo control
G. Experimental Control t p
SD
M
44,66
50,53
-1,481
0,144
DS
15,03
15,66
IR
M
17,90
22,93
-3,283
0,002
DS
5,56
6,22
RS
M
13,00
16,90
-3,032
0,004
DS
4,58
4,544
TOTAL
M
75,90
90,37
-2,484
0,016
DS
22,52
22,57
N = 30; Media (M) y Desviación Estándar (DS)
subescalas, aumentando a su vez sus puntajes globales.
Ahora bien, como el GE a los tres meses del alta continúa
su proceso de mejoría sintomática y mantiene lo alcanzado
en las otras dimensiones, la comparación intergrupos mues-
tra diferencias significativas en todas las escalas.
En definitiva, se comprueba que, evaluada con un ins-
trumento objetivo, la Intervención en Crisis como técnica
psicoterapéutica es efectiva en la disminución de la
sintomatología de pacientes tratados con ella (GE), produ-
ce movilidad en el área de la relaciones interpersonales y
estabilidad en la adaptación social. Resulta interesante que
el grupo no tratado (GC) también mejora levemente en sus
síntomas, pero muestran un empeoramiento en las relacio-
nes interpersonales y en la adaptación social.
Discusión
Este estudio se enmarca en una línea de investigación
sobre la atención psicoterapéutica de urgencia. En ese sen-
tido está en la direccion de la investigación tecnológica,
EFECTIVIDAD DE LA TÉCNICA DE INTERVENCIÓN EN CRISIS (IC) EN UN SERVICIO DE URGENCIA...
183
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº2, 177-184
buscando aportar en el diseño de herramientas efectivas y
eficientes que permitan grandes coberturas de atención con
un importante énfasis en la prevención. Así como los es-
tudios pasados (Martinez & Alonso, 2000) de nuestro equi-
po de investigación han demostrado que la técnica de In-
tervención en Crisis (IC) cumple con los propósitos de efec-
tividad, la investigación actual repite tales hallazgos, pero
esta vez con un diseño cuasi-experimental que les otorga
mayor validez a los datos. Aunque los números muestran
que es en los síntomas donde se produce la mejoría más
significativa, el estudio otorga evidencia de que esa mejo-
ría tiene relación con la intervención, pues el grupo que no
la recibió no mostró mejorías tan significativas e incluso
empeoró en otras dimensiones. Esto concuerda con la lite-
ratura actual que informa que la reducción sintomática, par-
ticularmente la depresiva y ansiosa, son los principales re-
sultados de los programas de esta naturaleza (Reisch,
Schlatter & Tschacher, 1999; Campbell, et al., 2001). Re-
sulta interesante que ambos grupos disminuyen su
sintomatología inicial, lo que podría deberse a un proceso
evolutivo habitual de toda crisis, pero mientras el grupo
no tratado evoluciona hacia un empeoramiento en sus re-
laciones interpersonales y en su adaptación social, los pa-
cientes intervenidos mantienen su nivel inicial en esas áreas
o bien empeoran en sus relaciones con los demás para lue-
go retomar el nivel de mejoría. Esta movilidad dinámica
en la dimensión “relaciones interpersonales", podría de-
berse a que la disminución de los síntomas ocurrida tan
tempranamente, enfrenta a los individuos a sus conflictos
más internos, esta vez sin la máscara sintomatica y los obli-
ga a elaborarla en el proceso terapéutico. De ahí que algu-
nos individuos que inicialmente no percibian problemas
en esta área, luego de la intervención lo hayan hecho, para
nuevamente volver a percibir que han mejorado en tal di-
mensión. Da la impresión de que por las características
técnicas de la IC, en un muy breve tiempo la persona se ve
enfrentados a un proceso regresivo y a un enfrentamiento
a su mundo interno, lo que cuestiona sus mecanismos de-
fensivos y activa los conflictos que le subyacen. Por su
parte, el grupo control logra la mejoriía sintomática a cos-
ta de un empeoramiento global, pues a pesar de la dismi-
nución en los síntomas, el funcionamiento global tiende a
empeorar por efecto de las áreas de rol social y relaciones
interpersonales. Los datos muestran una mayor inestabili-
dad en estas dimensiones, lo que a través del seguimiento
puede seguir aumentando al perder la “protección"
sintomática presente durante la mayor tensión de la crisis.
Suponemos que en este grupo los síntomas se volveran a
instalar, pero probablemente más al servicio de sus con-
flictos con otros significativos o en la forma de complejos
defensivos desadaptativos. También este aspecto concuerda
con la literatura sobre la “teoría de la crisis", que indica
que los síntomas surgen cuando el individuo no logra ma-
nejar con sus habituales capacidades la situación crítica y
a su vez, estos tendrían una funcionalidad protectora de la
desintegración psíquica del individuo (Ehly, 1986; Fiorini,
1999).
Por otra parte, también resulta significativo que un
número importante de pacientes obtenga beneficios en muy
pocas sesiones, lo que destaca el tema de la cantidad de
psicoterapia versus la efectividad. Este tema puede llegar
a tener gran relevancia a la hora de indicar psicoterapia o
de diseñar políticas de atención psicológica en el sistema
público de salud. En el trabajo ya clásico de Howard,
Kopta, Krause & Orlinsky (1986), donde se refieren a la
relación entre el numero de sesiones de una psicoterapia y
el beneficio obtenido por el paciente. Afirman que un 38%
de los pacientes mejoran dentro de las primeras tres sesio-
nes y que en ocho sesiones el 50% ya ha obtenido un im-
portante beneficio. Subrayan que esta relación dosis-efec-
to seguiria una “curva de aceleración negativa" (Howard
et al., p.160), pues la mayoría de los pacientes tienen mas
beneficios en las primeras sesiones y que después de la
26
a
sesión este beneficio es cada vez menor. MacKenzie
(2001), afirma que una gran proporcion de los tratamien-
tos de salud mental que se otorgan en el nivel primario
de atención (front-line settings) deberían ser de no más
de 12 sesiones o tres meses de intervención. E stos datos
reafirman que un modelo que prescribe un tratamiento
de no más de ocho sesiones, estaría en concordancia con
el poder efectivo de la labor terapéutica dentro de un tra-
tamiento y justifica su inclusión en instituciones de aten-
ción masiva en salud. Además, desde la mirada de la
teoría de las crisis, la intervención temprana se justifica
por la potencia que puede llegar a tener en un aparato
psíquico debilitado en su aparataje defensivo y abierto a
la influencia externa (Taplin, 1971).
Aún así, aunque desde los datos se podría afirmar que
la técnica contribuye a la mejoría del funcionamiento glo-
bal del sujeto, la cualidad de los cambios se iría produ-
ciendo en orden, desde lo sintomático hasta lo social, pa-
sando siempre por lo relacional. Por tanto, los beneficios
que se obtengan en un tratamiento como este están en di-
recta relación con el nivel de compromiso interno o de
conflicto dinámico que está en juego en un paciente deter-
minado. La amplitud de problemáticas y casos a los que
parece ser aplicable la técnica es otro beneficio que puede
tener la instalación de programas como este en un servicio
de urgencia de hospital general, desde la educación de los
pacientes (Wei & Camargo, 2000; Erogul, Esler, Woolard
& Barlow, 2000), hasta la solución de conflictos
intrapsíquicos inconscientes (Martínez, 1999).
Las limitaciones de este estudio son muchas, como por
ejemplo lo pequeño de la muestra y la necesidad de un
seguimiento a más largo plazo. La estabilidad de los cam-
bios encontrados solo pudo ser comprobada a los tres me-
ses de terminado el tratamiento, pero aunque se prevé su
continuidad, habría que comprobarlo con un seguimiento
184
MARTÍNEZ, ALONSO, CASTRO, ÁLVAREZ, OVIEDO Y ELLWANGER
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº2, 177-184
de mayor tiempo. Lo mismo ocurre con la necesidad de
identificar con mayor claridad las características de perso-
nalidad de aquellos individuos que obtuvieron mejores lo-
gros con el tratamiento que aquellos que no lo hicieron, es
decir, estudiar más finamente la relación entre la técnica y
las características más individuales de los paciente. Pare-
ce ser que en esto hay características idiosincrasicas que
establecen importantes diferencias entre los individuos,
como podrían ser capacidades de regulación afectiva o de
tolerancia mayor o menor al estres.
Referencias
Bellak,L. & Small, L. (1986). Psicoterapia Breve y de Emergencia.
Mexico: PAX, (5º reimpresion).
Campbell, J, Coben, J, Dearwater, S., McLoughlin, E., Glass, N. & Nah,
G. (2001). Evaluation of a system change training model training to
improve ED response to battered women. Academic Emergency Medi-
cine 8, 131-138.
Ehly, S. (1986). Crisis intervention handbook. Washington, DC: National
Association of School Psychologist. .
Erogul, M.H., Esler, J.L., Woolard, R.H. & Barlow, D.H. (2000). Brief
cognitive behavioral intervention for patients with non-cardiac chest
pain. Academic Emergency Medicine, 7, (5), 465.
Escobar, E. & Escobar, X. (1989). La atención psiquiátrica en los servi-
cios de urgencia médicos de Santiago. Revista Chilena de Neuro-
psiquiatria, 27, (3),167-177.
Fiorini, H. J. (1999). Nuevas lineas en psicoterapias psicoanaliticas.
Madrid: Psimatica.
Florenzano, R. (1984). Tecnicas de psicoterapias dinamicas. Santiago:
Universitaria.
Howard, K..I.; Kopta, S.M.; Krause, M.S. & Orlinsky, D.E. (1986). The
dose-effect relatioship in psychotherapy. American Psychologist, 41,
(2), 159-164.
Jacobson, G. F. (1979). Crisis-Oriented Therapy. Psychiatric Clinics of
N.A., 2, 39-54.
Jianlin, J. (1993). Crisis intervention for attempted suicide in Shanghai,
China. Stress Medicine, 9, (2), 87-89.
Lambert, M. J. & Burlingame, G. M. (1996). Outcome Questionnaire
(OQ-45.2). Washington, DC: American Professional Credentialing
Services.
Leenaars, A.A. (1994). Crisis intervention with highly lethal suicidal
people. Death Studies, 18, (4), 341-360.
McGuigan, F.J. (1996). Psicologia Experimental: Enfoque metodologico,
(3ª edición). Mexico: Trillas.
MacKenzie, R: (2001). Personality assesment in clinical practice. En
W.J. Livesley (Ed.), Handbook of Personality Disorders. New York:
Guilford Press.
Martínez, C. (1999). Ilustracion clinica de la tecnica de intervencion en
crisis. Revista de Psiquiatria, 3, 169-173.
Martínez, C. & Alonso, C. (2000). Impacto de la implementacion de un
programa de intervencion en crisis en pacientes consultantes al servi-
cio de urgencia del Instituto Psiquiatrico “Dr. Jose H. Barak". Terapia
Psicologica, XVIII, Vol. VII (6), 34, 103-120.
Pulakos, J. (1993). Two models of suicide treatment: Evaluation and
recommendations. American Journal of Psychotherapy, 47, (4), 603-
612.
Reisch, T.; Schlatter, P.; Tschacher, W. (1999). Efficacy of crisis
intervention. Crisis, 20, (2), 78-85.
Schnyder, U. (1995). Family-based crisis intervention after suicide
attempt. Nervenarzt, 66, (7), 554-560.
Taplin, J. R. (1971). Crisis theory: Critic and reformulation. Community
Mental Health Journal, 7, 13-23.
Von Bergen, A. (2000). Investigación empirica en psicoterapia: Validacion
del cuestionario de resultados terapeuticos OQ45.2. Tesis para optar
al grado de licenciado en Psicología, Universidad Nacional Andres
Bello, Santiago, Chile.
Wei, H.G. & Camargo, C.A. (2000). Patient education in the emergency
department. Academic Emergency Medicine, 7, (6), 710-717.