Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología
Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2004
Pablo Livacic Rojas / Marcela Espinoza / Francisco Javier Ugalde
INTERVENCIONES PSICOLÓGICAS BASADAS EN LA EVIDENCIA PARA LA
PREVENCIÓN DE LA DELINCUENCIA JUVENIL. UN PROGRAMA DE HABILIDADES
SOCIALES EN AMBIENTES EDUCATIVOS
Terapia psicológica,
año/vol. 22, número 001
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 83-91
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
Copyright 2004 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184
TERAPIA PSICOLÓGICA
2004, Vol.22, Nº 1, 83-91
Intervenciones psicológicas basadas en la evidencia para la preven-
ción de la delincuencia juvenil. Un programa de habilidades sociales
en ambientes educativos.*
Psychological interventions based on juvenile delinquency prevention evidence. A social
skills program in educational settings.
Seis menores en conflicto con la justicia recibieron un programa de habilidades sociales para ampliar repertorios
conductuales socialmente deseables y con ello facilitar su ajuste social y personal a diferentes ambientes. El diseño
utilizado para evaluar la implementación de un tratamiento eficaz es el de línea base múltiple. El análisis realizado se
hace en términos de significación clínica y estadística. Los resultados permiten concluir que los cambios observados se
deben al tratamiento clínico implementado y que las políticas sociales para abordar el problema debieran considerarse
para su aplicación en el largo plazo. Estas precauciones se han tomado por el hecho de ser un estudio de series temporales
cortas y con ello evitar conclusiones apresuradas a partir de los efectos del "trauma ocular" (Kazdin, 1984).
Palabras claves: Menores en conflicto con la justicia, tratamientos efectivos, diseño línea base múltiple, significación
clínica, significación estadística.
Six children in problem with the law were provided a social abilities program to enlarge their socially expected behavioral
repertoires in order to, expand their social and personal adjustment to various environments. The design for the assessment
of an effective treatment implementation is the so called multiple baseline design in terms of clinical and statistical
meaning, implementing thus traditional tests such as visual data analysis. The results of the study show that the changes
observed in the children were the product of the clinical treatment implemented and that social policy in this matter
should be considered in the long term. As it is a survey of temporary and short term series, cautions have been taken
intended to avoid the "ocular trauma" effects (Kazdin, 1984).
Keywords: Children in problem with laws, effective treatments, multiple baseline design, clinical meaning, statistical
meaning.
Pablo Livacic-Rojas**
Universidad de Santiago de Chile
Marcela Espinoza Francisco Ugalde***
* Parte de este trabajo se inició como Tesis para optar al Titulo de Psicó-
logo, dirigida por Francisco Ugalde (Psicólogo).
** Dirigir la correspondencia a: Pablo Livacic, Escuela de Psicología,
Universidad de Santiago, Av. Ecuador 3650. 3
er
Piso. E-Mail:
plivacic@lavea.usach.cl
*** Francisco Ugalde, dirección postal: Almirante Simpson 36,
Providencia, Santiago, Chile.
Introducción
Una de las características que destacan de la vida mo-
derna es la convivencia de condiciones muy contrapues-
tas, lo cual ha permitido una mejora significativa para las
condiciones de salud de las personas, como el aumento en
las tasas de natalidad, reducción de la mortalidad, de ex-
pectativas de vida y la cura para una serie de enfermedades
antes intratables. De igual modo, Kazdin (2001) señala que
la "complejidad de la vida contemporánea" se encuentra
correlacionada con la emergencia de una serie de fenóme-
nos como la violencia, el delito, la carencia de hogar, abu-
so de sustancias, familias disfuncionales, nuevas condicio-
nes demográficas (aumento de madres adolescentes, fami-
lias con padres y madres solteras, familias mezcladas, an-
cianos físicamente activos). No obstante lo anterior, estas
condiciones de vida han dado pie a que una serie de pro-
blemas psicológicos (que casi han duplicado a los existen-
tes en la década de 1950) sean tratados con mayor éxito, a
partir de los trabajos desarrollados en el ámbito de la Psi-
cología Clínica con metodologías de análisis de datos ri-
gurosas y técnicas de evaluación estadística, aumentando
el impacto de las intervenciones.
Esta diversificación de las metodologías y diseños de
investigación para optimizar los tratamientos ha tenido un
alcance muy relevante al ser requisito fundamental en el
mundo desarrollado. La aplicación de "tratamientos efica-
ces" que permitan a los usuarios lograr mejoría no sólo
espera un bienestar psicológico subjetivo, sino que, tam-
bién, se espera la garantía de que el terapeuta que lo trata
esté implementando un programa efectivo y con sólidas
bases científicas que lo avalan como tal.
Breve esbozo histórico de los tratamientos aplicados
De acuerdo con Phillips (1976), las conductas
antisociales del predelincuente son producto de las defi-
ciencias en su repertorio conductual. Desde esta perspecti-
(Rec: 25-septiembre-2003 Acep: 15-marzo-2004)
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va, el ambiente no habría proporcionado "ni los modelos,
ni las instrucciones, ni las contingencias de reforzamiento
suficientes que le permitan desarrollar un conjunto de con-
ductas socialmente aprobadas" (pág. 207).
A través de los diversos trabajos y técnicas de investi-
gación, desarrolladas originalmente bajo condiciones de
laboratorio y luego aplicadas extensamente en diversos
ambientes naturales, se generó desde la mitad del presente
siglo un enfoque novedoso y sumamente efectivo para
modificar las conductas de las personas (Baer, Wolf &
Risley, 1988). Una de las características más acentuadas
del análisis de la conducta humana es su funcionalidad.
Esta funcionalidad consiste en describir tanto los antece-
dentes como las consecuencias de la conducta emitida, con
el propósito de detectar cuáles variables la influencian. El
objeto de estudio (conducta) es observado directamente y
se mide con rigurosidad y precisión, explicando los hallaz-
gos o deficiencias mediante conceptos operacionales, di-
seños de investigación ad-hoc (línea base múltiple, dise-
ños AB, diseños de caso único y diseños de medidas repe-
tidas entre otros) y susceptibles de contrastar empírica-
mente (Blanca, 2001).
Esta realidad metodológica empírica e investigativa se
ha corroborado mediante el desarrollo de tratamientos efec-
tivos puestos en vigencia desde la década de 1990 en ade-
lante (véase Fernández Hermida & Pérez Álvarez, 2001;
Kazdin, 2001; Norcross, 2002, Fernández Hermida, Pérez
Álvarez, Fernández Rodríguez & Amigo Vásquez, 2003;
Redondo & Sánchez, 2003, entre otros).
En este campo, una investigación que ha recibido una
amplia publicidad y difusión es "Achievement Place". Este
trabajo fue desarrollado originalmente por Phillips, Fixsen
& Wolf en el año 1968 en los Estados Unidos, y consistió
en estructurar un ambiente de rehabilitación de estilo fami-
liar "basado en los pricipios operantes y dirigido por per-
sonal entrenado y padres de familia" (Ross, 1987). Esta
intervención fue realizada a nivel comunitario por un lapso
entre nueve y doce meses. Estos jóvenes eran reforzados
mediante un sistema de economía de fichas por emitir con-
ductas específicas, las cuales permitían ganar puntos can-
jeables en privilegios, o beneficios sociales como ver televi-
sión, disponer de una sala de estudios en forma exclusiva,
hablar por teléfono, tener contacto con el sexo opuesto, una
mensualidad, alimentos y bebidas. De igual modo, las con-
ductas indeseables (impuntualidad, violación de normas, de-
cir groserías) tenían como consecuencia pérdida de puntos,
sancionadas mediante un sistema de costo de respuestas.
Otra investigación relevante fue la desarrollada por De
Risi, Mc Cornick & Wedge en 1972 y tuvo como objetivo
comparar dos enfoques de tratamiento basados en diferen-
tes orientaciones teóricas (en Ross, 1987). En este proyec-
to participaron jóvenes entre los 15 y 21 años de edad. El
programa pretendió abarcar conductas tanto académicas,
sociales y personales bajo un sistema de modificación de
conductas que incluía: economía de fichas, contratos
conductuales, sensibilización sistemática y condicionamiento
de evitación. Este programa se comparó con otro donde sólo
se utilizaron contratos conductuales. Como resultado, am-
bos programas disminuyeron la tasa de violación de reglas y
la mala conducta. El arresto disminuyó en un 60% en ambas
escuelas y el porcentaje de reincidencia fue similar en am-
bos durante el período de seguimiento.
Otra importante contribución fue el trabajo de Kiring,
Braukamann, Atwater & Wolf (1982). Los autores realiza-
ron una evaluación del programa "Achievement Place" es-
tudiando los resultados durante y con posterioridad al tra-
tamiento que recibieron los jóvenes predelincuentes. Para
tal efecto realizaron 12 réplicas del prototipo de tratamien-
to y establecieron comparaciones con otros nueve progra-
mas que recibieron un tratamiento distinto llamado "home
programs". Los resultados favorecieron ampliamente al
"programa de estilos familiares" (achievement place). Sin
embargo, no existieron diferencias estadísticamente signi-
ficativas al realizar una medición post-tratamiento después
de un año entre ambos grupos.
Otro estudio importante fue el de Cohen & Filipczack
(1989), cuyo objetivo era reintegrar al sistema de escuelas
públicas a 41 jóvenes delincuentes a quienes se les propor-
cionaron habilidades académicas. Los participantes en este
proyecto tenían entre 14 y 18 años de edad, los que habían
sido detenidos por asalto, homicidio, robo y agresión, ade-
más de tener un largo historial de fracaso escolar. El pro-
yecto se llamó Proyecto CASE II (CASE: Contingencias
aplicables a la educación especial), y tuvo una duración de un
año. Su objetivo principal fue desarrollar procedimientos para
establecer y mantener conductas educacionales de los partici-
pantes a través de un programa de economía de fichas.
Mataini, Twyman, Chin & NamLee (1996) reportan
la existencia de otros tres programas de intervención refe-
ridos a la violencia juvenil. El primero de ellos, desarrolla-
do por Deborah Prothrow-Stith (1987, en Mataini et al.
1996) a partir de sus intervenciones para prevenir suici-
dios y homicidios en jóvenes. El programa consistió en un
trabajo implementado en 10 sesiones para reducir la vio-
lencia entre los pares, para lo cual se entregó orientación a
profesores, refuerzo de conductas, entrenamiento a profe-
sores mediante videos y participación de la comunidad. El
objetivo era proveer a los jóvenes de la enseñanza de re-
pertorios de conducta no violenta. Los resultados exhibi-
dos por estos programas han mostrado cambios favorables
sólo en una de las siete dimensiones evaluadas mediante
escalas de autorreporte.
Un segundo estudio citado fue el programa STAR, de-
sarrollado por el Center to Prevent Handgun Violence en
1992 (Mataini et al., 1996). Este programa incorpora ver-
siones en lenguas españolas y en él se enseña a los jóvenes
acerca de los riesgos que conlleva el uso de armas de fue-
go. Este programa es implementado por profesores de co-
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legios a fin de concienciar acerca de la masificación, pre-
valencia y naturaleza del uso de armas de fuego. El autor
no reporta resultados en aquel entonces.
Un tercer estudio es el desarrollado por la Universidad
Howard bajo la dirección de Hope Hill (Isaac, 1992). El
objetivo de este programa era para comprender el efecto
de la violencia en el desarrollo de niños y jóvenes afro-
americanos. Hill y sus colegas aplicaron un programa de
investigación básica implementado en horas alternas a la
jornada escolar y que intervenía sobre niños y jóvenes que
habían presenciado actos de violencia, dado que se los con-
sideró población en riesgo y con posibilidades de ingresar
a redes sociales de violencia. El programa incorporó tanto
a la escuela como la familia y la comunidad. Maitani et al.
(1996) señalan que este programa no ha sido rigurosamen-
te evaluado y que sus resultados aún están por verse.
Es oportuno señalar que las dificultades para
implementar y evaluar tratamientos es una realidad com-
pleja en el campo de la Psicología Clínica. Por lo mismo,
existen actualmente en nuestra disciplina crecientes traba-
jos acerca de los tratamientos eficaces o bien, intervencio-
nes basadas en la evidencia. En este último punto, Ortiz y
Vera-Villarroel (2003) señalan que esta situación en Chile
es aún más reciente y al de escasa preocupación para los
clínicos. Esta apreciación no se ha dado en el vacío. Kazdin
(1994) señala que el abandono y la pérdida de los casos es
una dificultad presente en la terapia. Según el autor, las
tasas de abandono para los sujetos que inician una terapia
fluctúan entre un 30 y un 60% en adultos y entre un 50 y un
70% en niños y jóvenes. Dentro de los factores asociados
en la tasa de deserción en niños y jóvenes que exhiben pro-
blemas de conducta se encuentran dependencia de adultos
para asistir a terapia, características socio-familiares
disfuncionales (bajo nivel socioo-económico, estrés y pa-
tología de los padres).
Finalmente, Redondo & Sánchez (2003) evalúan dife-
rentes estudios meta- analíticos para evaluar las intervencio-
nes terapéuticas más eficaces para la delincuencia juvenil.
En su trabajo, los autores reportan que los más eficaces son
los correspondientes a la corriente Cognitivo Conductual
(Garrett, 1985; Gottscahlck et al. 1987; Whitehead & Lab,
1989; Andrews et al., 1990; Lypsey, 1992; Lypsey & Wilson,
1998; Lypsey, 1999; Wilson & Lypsey, 2000; Latimer, 2001;
Sánchez & Redondo, 2002 en Redondo & Sánchez, 2003).
Los factores para considerar la efectividad de las diferentes
terapias fueron: el tamaño de la muestra, la reincidencia, el
ajuste institucional, el ajuste psicológico, el ajuste social,
ajuste escolar y ajuste laboral.
Menores en conflicto con la justicia
En el presente estudio se utiliza el término menores en
conflicto con la justicia para describir a los niños y jóvenes
que emiten conductas delictivas antes de los 18 años según
el Código Penal chileno. Cuando estos actos son cometidos
por personas que tienen 18 años o más, los autores de estas
conductas son considerados como "delincuentes".
Desde una perspectiva psicológica, Kazdin (1993) señala
que los menores en conflicto con la justicia presentan trastor-
nos de conducta en amplias y diversas áreas de su funciona-
miento tales como actos agresivos, robos, mentir, faltar a cla-
ses y fugarse, entre otros. Más aun, Herbert (1983) plantea
que los trastornos de conducta se refieren a una serie de com-
portamientos de niños y adolescentes que por lo general reci-
ben desaprobación de la sociedad debido a sus cualidades
antisociales. Este grado de antisocialidad se relacionaría con
que las conductas de estos menores son dañinas y perturbado-
ras tanto para los miembros de la sociedad como por la in-
fluencia adversa que ejercerían en los diferentes ambientes.
Desde una perspectiva epidemiológica, la última edi-
ción del manual DSM-IV-TR (American Psychiatric
Association, 2001-2002) establece que, dentro de los crite-
rios diagnósticos para un trastorno de conducta, más de la
mitad de los niños y jóvenes que los presentan, también
exhiben conductas que cumplen los criterios para, por lo
menos, otro trastorno. El trastorno por déficit atencional
con hiperactividad coexiste con el trastorno de conducta
en la gran mayoría de los casos. A menudo se identifican
conductas que incluyen una actividad motora excesiva,
agitación, impulsividad y falta de atención. Los niños con
problemas de conducta generalmente también presentan
deficiencias académicas, lo que se refleja en el bajo nivel
de escolaridad alcanzado, en las malas notas, en que aban-
donan la escuela más temprano y en deficiencias en áreas
específicas, como la lectura.
Muchas veces los jóvenes con trastornos de conducta
presentan relaciones interpersonales pobres, lo que se tra-
duce en escasez de habilidades sociales en la interacción
con sus iguales como con adultos y en un mayor rechazo
por su grupo de pares.
También es probable que los niños con un trastorno de
conducta presenten una serie de procesos cognitivos y
atribucionales desadaptativos tales como déficit y distor-
sión de las habilidades de solución de problemas, la pre-
disposición a atribuir intenciones hostiles hacia los demás,
o el resentimiento y la sospecha (Kazdin, 1993).
La conducta criminal y el alcoholismo, especialmente
por parte del padre, constituyen dos de las características
más acentuadas y frecuentemente presentes en el padre de
un menor con trastorno de conducta. Las actitudes y prác-
ticas disciplinarias son severas, relajadas e irregulares e
inconsistentes. También son evidentes relaciones familia-
res disfuncionales que se reflejan en una menor aceptación
de los hijos, menos calidez, afecto y apoyo emocional, y
menos apego comparados con los padres de menores que
no presentan trastorno de conducta.
Las condiciones ambientales en que viven estos jóve-
nes, entre las cuales destacan una familia numerosa, haci-
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº1, 83-91
namiento, vivienda destartalada, poca previsión por parte
de los padres constituyen a menudo factores de riesgo para
el trastorno de conducta. Muchas de las condiciones de vida
adversas producen en los padres tensión y disminución en
la resistencia para afrontar las situaciones estresantes de
cada día. Esto puede llevar a que los padres exhiban patro-
nes de conducta que mantienen o aceleran las interacciones
sociales agresivas de sus hijos (Kazdin, 1993).
Características de los menores en conflicto con la
justicia
En nuestro país, entre los años 1986 y 2002, el total de
aprehensiones a jóvenes menores de 18 años aumentaron
en un 398%, siendo el delito de robo con violencia el que
más ha aumentado (un 716%). De estos totales, los jóve-
nes fueron procesados en un 67% de los casos a diferencia
de los adultos que lo fueron en un 13 % más (Fundación
Paz Ciudadana, 2003).
Por otro lado existe información en relación con caracte-
rísticas que presentan los menores en conflicto con la justicia.
Según Lagos (1991) y Meyer (1995), la conducta antisocial
se encuentra correlacionada con los siguientes factores:
1-. Situación económica: Pertenecen preferentemente
al estrato socio económico básico y exhiben deficiencias
en diversos ámbitos de su vida, como es el caso de vivien-
da, alimentación, protección vestuario, etc. Según un estu-
dio descriptivo de jóvenes encarcelados (Servicio Nacional
de Menores, 1992 en Larrañaga, 2003), el índice de pobreza
subjetiva (percepción de las carencias existentes en los ho-
gares: casa fría, falta de comida, falta de agua caliente y falta
de espacio entre otras) se encuentra asociado con bajos ni-
veles per cápita (5,54 Unidades de fomento al mes por per-
sona) y con una canasta de alimentos de valor aproximado
de $ 12.500 (Servicio Nacional de la Mujer en Larrañaga,
2003). Conviene indicar que, una década después, Larrañaga
(2003) señala que, en términos de cobertura, las viviendas
sin déficit se encuentran más en el sector urbano, donde en
el año 2002 el 92,8 % de las personas que vivían en zonas
urbanas lo hacía en viviendas (casa, departamento o pieza)
que cumplían con los "estándares mínimos de materiales"
como son ladrillo, concreto, bloque, madera, tabique e
internit (muros); teja, tejuela, zinc, pizarreño (techo); par-
quet, tabla alfombra, baldosa, cemento y flexit (piso). Ade-
más, según este mismo autor, el número de viviendas (en
miles) del tipo pieza, mediagua y otros (más propios de las
viviendas de estos menores) habrían descendido desde 360,6
en 1992 a 206,0, aunque el porcentaje de número de habi-
tantes sufrió solo un cambio de 3,89 a 3,73.
Por otro lado, una década después, encontramos que
los datos reflejan que las personas laboralmente activas
que tienen contrato reciben una remuneración de $ 200.000
o menos (Diario El Mercurio, 2004). Esto se debe conside-
rar en un contexto donde se ha excluido al sector de la po-
blación que no tiene trabajo formal, donde las cifras sean
probablemente iguales o menores.
2-. Familia: Son jóvenes que en su gran mayoría pro-
vienen de familias "disfuncionales", las cuales producen
sufrimiento a sus diferentes miembros y desintegración en
su estructura. Según Meyer (1995), los padres de estos jó-
venes moldean muchas de las conductas que ellos mismos
buscan eliminar. Dentro de las características que los pa-
dres de estos menores presentan, destacan el emitir en baja
frecuencias conductas positivas que funcionen como mo-
delo, el establecer patrones de relación coercitivos, el ad-
ministrar reglas de manera inconsistente, estilos de comu-
nicación ineficientes, bajo porcentaje de habilidades para
solucionar problemas, exhibir bajos niveles de contacto
afectivo con los hijos, administrar consecuencias inconsis-
tentes y punitivas, exhibir problemas personales que afec-
tan con su habilidad para ejercer el rol de padres.
Además, el autor plantea que son los jóvenes que vi-
ven en medios urbanos y de clase baja los que emiten una
mayor cantidad de conductas delictivas y que el incre-
mento del crimen juvenil resulta muy serio en las catego-
rías de asesinatos, violaciones, robos y asaltos graves. La
situación en nuestro país pareciera ser que se va aseme-
jando a esta descripción.
Conviene señalar que en cuanto a las características de
las familias chilenas, Gubbins, Browne & Bagnara (2003)
han reportado que el 10, 5% de los hogares comparten una
misma vivienda, la cual, se habría mantenido entre los años
1992 y 2002. Este criterio es un descriptor claro en cuanto
a reflejar la situación sociofamiliar en términos materiales
de estas familias. Este criterio se ha utilizado siguiendo el
concepto de hogar propuesto por el Instituto Nacional de
Estadísticas (2002), en el que se define como "conjunto de
una o más personas que, unidas o no por la relación de
parentesco, comparten la alimentación, el presupuesto y
habitan en la misma vivienda o parte de ella", lo cual, en
palabras de las autoras del estudio implica que la "familia
debe ser entendida como aquel grupo de personas que co-
habitan en una misma vivienda, quedando excluido del
análisis otros miembros que-aunque unidos por lazos de
parentesco, filiación o alianza con la jefatura del hogar
encuestado-reside en otra vivienda" (en Gubbins et. al.,
2003, p. 192).
3-. Educación: Por lo general los niños y jóvenes pre-
sentan deserción escolar, la cual se relacionaría con pro-
blemas de conducta y también con un ingreso precoz al
mundo laboral. Una cifra del 82 % deserta en 6º básico o
antes en muchos casos, lo cual es relevante, dado que mu-
chos expertos coinciden en que en los programas de trata-
miento que identifican y tratan las conductas delictivas de
los niños antes de los ocho años permiten hacerlos más
resistentes a la emisión de conductas antisociales; de lo
contrario, los niños exhiben conductas que pueden resultar
de difícil modificación.
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INTERVENCIONES PSICOLÓGICAS BASADAS EN LA EVIDENCIA PARA LA PREVENCIÓN DE LA DELINCUENCIA...
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Por otro lado, los factores que dentro de las escuelas
presentan una mayor correlación con estas conductas son
variables motivacionales (ruido ambiental en las clases,
dificultades previas ocurridas en contexto extraescolares,
instrucciones confusas y defectuosas), falta de claridad (au-
sencia de conocimiento en las reglas y políticas al interior
de los establecimientos), bajo apoyo del staff directivo para
establecer una disciplina clara de conducta (inconsistencias
administrativas y ausentismo laboral), diferencias entre
los estudiantes (habilidades sociales, habilidades académi-
cas e inconsistencia en premios y castigos administrados
por las conductas). Esta situación es particularmente deli-
cada dado que la educación escolar es una condición indis-
pensable para la preparación laboral futura (Meyer, 1995).
4-. Comunidad y pares: Las redes de contacto que tie-
nen los niños y jóvenes, son preferentemente antisociales
(familia, pares, vecinos). Particularmente relevante es el
hecho de que los pares de los niños pertenezcan a ambien-
tes de alto riesgo, así como el hecho de que los niños tie-
nen pocas actividades que realizar y son víctimas propi-
cias de las pandillas, drogas, violencia, sexo y otras activi-
dades que potencialmente limitan su desarrollo adulto
(Carnigge Corporation, 1992, en Meyer, 1995).
La pregunta de investigación que se intentó respon-
der en este trabajó fue ¿Cuál es la efectividad de un pro-
grama de modificación de conducta en el desarrollo y
modificación de habilidades sociales de menores en con-
flicto con la justicia que asisten a un centro diurno de
nivelación educacional..
Aquí se deben establecer las hipótesis conceptualmente,
no sería apropiado trabajar en función de hipótesis estadís-
ticas (Implícitas en la conceptualización de hipótesis)
Método
Participantes
Fueron participantes de este estudio un grupo de seis
jóvenes que asistían a un centro diurno de nivelación edu-
cacional. Los participantes correspondían a una sección de
alumnos que conforman el nivel NB 3. Su rango de edad
fluctuaba entre los 13 y 18 años. De estos menores, cuatro
eran de sexo masculino y dos eran de sexo femenino. Como
grupo presentaban un nivel de coeficiente intelectual que
oscilaba entre el nivel sub-normal leve y normal. Prove-
nían de comunas que en su mayoría se denominan
periféricas a la ciudad de Santiago de Chile. Estos jóvenes
se han visto impedidos de continuar regularmente sus es-
tudios por diversos factores como los mencionados al co-
mienzo de este trabajo, y se encontraban bajo un régimen
de libertad vigilada como resultado de haber sido deteni-
dos por vagancia, robo, hurto, problemas de conducta, con-
sumo de drogas y alcohol, estafa y otras causas.
Escenario. Los participantes del estudio asistían a un
centro diurno de nivelación educacional. Este centro tenía
como objetivo principal realizar una nivelación educacio-
nal que les permitiera completar su educación general al
término de un año por nivel (que incorporaba dos a cuatro
cursos por cada uno) y optar a una capacitación una vez
finalizado el tercer nivel. La estructura arquitectónica co-
rrespondía a una casa antigua pequeña con dos pisos. En el
primer piso se encontraba un living para el esparcimiento
de los jóvenes, un baño y una cocina. En el segundo piso se
encontraban las salas de clases, oficinas administrativas y
dos baños. Dentro de este ambiente destacaban la estre-
chez espacial, la carencia de objetos ornamentales, ausen-
cia de calefacción y opacidad en los colores de las paredes.
El personal que laboraba en esta institución estaba com-
puesto por cuatro profesores (jornada completa), Director
del Centro, una Psicóloga, una secretaria y un portero. Como
apoyo a la labor docente y para influenciar ciertos compor-
tamientos de los jóvenes durante su permanencia se apli-
caban algunos principios del análisis conductual.
Definiciones conductuales. Al finalizar la aplicación del
programa de habilidades sociales, se esperaba que los jó-
venes emitieran las siguientes conductas.
1-. Lenguaje apropiado: La manera en que el menor se
comunica con el resto de la comunidad mediante la expre-
sión de pensamientos y afectos en un lenguaje no soez.
2-. Autocontrol: La manera en la cual un joven
autodirigía su conducta en condiciones favorables o adver-
sas frente a pares y figuras de autoridad sin recurrir a con-
ductas de agresión física o verbal (insultos, bromas, etc).
3-.Asertividad: Expresar pensamientos y emociones
respetando los derechos personales y de los demás.
Diseño
Se utilizó un diseño experimental de línea base múlti-
ple para observar los efectos del tratamiento sobre la ad-
quisición de conductas socialmente aceptables. Durante la
etapa de línea base se registró el porcentaje de conductas
socialmente aceptables en el repertorio conductual. Poste-
riormente se implementó el programa de habilidades so-
ciales de manera secuencial en dos grupos compuestos por
tres participantes cada uno y también se registraron en por-
centajes las conductas socialmente aceptables. En el grupo
1, solo uno de sus participantes (sujeto 1) recibió el trata-
miento completo de seis sesiones. Otro de los participantes
asistió a cinco sesiones (sujeto 2) y el otro participante asis-
tió solo a tres sesiones (sujeto 3).
En el grupo 2, dos participantes recibieron el máximo
de seis sesiones (sujeto 2 y sujeto 3) y el otro participante
asistió a cuatro sesiones (sujeto 1).
Programa de intervención y evaluación. El estudio cons-
tó de dos etapas correspondientes a la línea de base y trata-
miento. Dado que las sesiones de línea base y tratamiento
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LIVACIC-ROJAS, ESPINOZA Y UGALDE
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº1, 83-91
eran posibles en un bajo número (10 y 11 sesiones en total
para cada grupo), se tomaron medidas sesión por sesión en
ambas condiciones. Además se reportaron los resultados
de una serie de cuestionarios de habilidades sociales, los
informes de conducta administrados a los profesores y las
hojas de autorreporte y escala de estatus sociométrico de
los menores. Asimismo, se editó un video en orden alter-
nado con cuatro escenas de distintas conductas entrenadas
con los menores pertenecientes a ambos grupos experimen-
tales durante las fases de línea base y tratamiento. En una
sesión de observación de conductas, y sin conocer la se-
cuencia a que estas correspondían (línea base o tratamien-
to), un juez ciego evaluó la aceptabilidad social de los
comportamientos de los menores.
Análisis de los datos. Se promediaron y compararon los
porcentajes de conductas socialmente aceptables durante la
línea base y tratamiento, los cuales se expresaron mediante
gráficos. Con el objetivo de reducir un sesgo en el análisis
estadístico de los datos se procedió a reemplazar los valores
perdidos dado que los jóvenes no asistieron a todas las se-
siones durante las fases de línea base y tratamiento. Para
ello se utilizó el método Media de la serie, en la cual se sus-
tituyen los valores perdidos por la media aritmética de la
serie completa o media de la condición según corresponda.
Grupo 1:
Se observa efecto del tratamiento, produciendo un au-
mento de las conductas socialmente aceptables.
Grupo 2:
Se observa efecto del tratamiento, produciendo un au-
mento de las conductas socialmente aceptables.
Nivel de significación. El nivel de significación utilizado
es de 0,05. Los estadísticos de prueba utilizados son la prueba
Figura Nº1
Porcentajes de conductas socialmente aceptadas (o prosociales) exhibidas por los menores
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INTERVENCIONES PSICOLÓGICAS BASADAS EN LA EVIDENCIA PARA LA PREVENCIÓN DE LA DELINCUENCIA...
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº1, 83-91
F de ANOVA para comparar condiciones entre línea base y
tratamiento entre los grupos. Además, se evaluaron las dife-
rencias entre medias con estimadores robustos (Brown-
Forsythe & Welch), igualdad de varianza del error (contrastes
de Levene), la potencia de prueba y tamaño del efecto.
Recogida de datos y cálculo del estadístico observado.
Se realizaron los registros de conducta en dos grupos com-
puestos de tres sujetos cada uno. Estos sujetos fueron asig-
nados al azar a cada condición previamente al inicio de la
línea base. Dos veces por semana se midieron las conduc-
tas durante las actividades específicas en una sala de clases
del centro. Estas actividades específicas consistieron en si-
mulaciones de entrevistas de trabajo, cambiar prendas o
artículos defectuosos en una tienda, enfrentar problemas
conductuales en el colegio con profesores o en la calle con
carabineros, expresar emociones y pensamientos a pares y
adultos y solicitar ayuda. Dichas actividades fueron filma-
das por los investigadores, y posteriormente ellos registra-
ron el nivel de comportamientos socialmente deseables a
través de la observación del video de la sesión. Las prue-
bas se calcularon mediante el programa estadístico SPSS
versión 11.0.
Resultados
Observación directa y análisis visual
Durante la línea base los resultados indicaron que el
nivel de adecuación social de las conductas emitidas por
los menores fue considerada como baja (inferior al 50% de
las conductas socialmente esperadas). La figura 1 muestra
que, en el grupo 1, el porcentaje promedio de conductas
sociales ajustadas mediante el reemplazo de los valores ob-
servados era de un 30,3 %. En el grupo 2, el porcentaje de
conductas sociales era de un 42,71% .
Al finalizar el tratamiento, el promedio de conductas
sociales aceptables en el grupo 1 era de un 71,10%. En el
grupo 2, el porcentaje de conductas sociales alcanzó en
promedio el 78,43 %.
Treinta días después de finalizado el tratamiento, se
realizó en uno de los participantes del grupo 1 una nueva
medición de las conductas sociales adecuadas, con el pro-
pósito de detectar qué conductas permanecían en el reper-
torio conductual de los menores. El menor evaluado exhi-
bió un 67% de conductas sociales adecuadas.
Si a los datos aquí reportados adicionamos el análisis
visual de los cambios (ver figura 1), apreciamos que se
presentan tanto un cambio de nivel como un cambio de
tendencia, razón por la cual no sería aventurado señalar
que los cambios en el comportamiento de los jóvenes obe-
decen en ambos grupos al tratamiento aplicado. Sin em-
bargo, es oportuno recordar que estos métodos de análisis
pueden conducir al lector a lo que en el campo de la inves-
tigación se ha denominado el "trauma ocular", dado que
los cambios en apariencia podrían no verse confirmados
mediante un análisis estadístico.
Análisis estadístico
En la prueba ANOVA para comparar entre condicio-
nes, además de la significación estadística, se utilizarán
indicadores de potencia de prueba, tamaño del efecto, con-
traste de varianzas de error y comparación de media con
estadísticos robustos.
En el caso de la prueba de ANOVA para medidas re-
petidas encontramos los siguientes resultados:
A nivel de los efectos del tratamiento inter-sujetos y
evaluando globalmente las condiciones línea base y tra-
tamiento tenemos una con un nivel de significación de
p = 0,0000. Se observan diferencias estadísticamente sig-
nificativas entre las condiciones de línea base y tratamien-
to en ambos grupos. A su vez, el tamaño del efecto obser-
vado (TE) es de = 0,787 y la potencia de prueba es de
1,00. Por lo tanto, los datos de la muestra apoyan la ase-
veración de que existe un aumento de los comportamien-
tos socialmente aceptables en los grupos 1 y 2.
Estos resultados son significativos dado que, tanto los
efectos del tratamiento se ven avalados desde su
significancia práctica de 0,787 para el tamaño del efecto
(la cual se puede considerar en el límite de ser alta), como
por el valor de la potencia de prueba (valor de la hipótesis
de la investigación). Además conviene destacar que cuan-
do se encuentran valores de estas magnitudes en mues-
tras tan pequeñas permiten inferir que los efectos del tra-
tamiento son - significativos y de gran impacto.
Por otro lado, el contraste de varianzas de Levene so-
bre la igualdad de varianzas de error no es estadísticamente
significativo (p = 0,52). A su vez, tanto para las condicio-
nes de línea base y tratamiento existe ajusta a la distribu-
ción normal con Z de Kolmogorov Smirnov 0,979
(p=0,294) y 1,102 (p=0,176) respectivamente. Además,
para ambas condiciones los coeficientes de autoregresión
se mantienen dentro de los límites de confiabilidad de -
0,25 y +0,25. Por esta razón, las pruebas implementadas
explican los resultados sin riesgo a verse explicados por
incumplimiento de los supuestos de la prueba ANOVA.
En la línea de lo anterior, el valor R cuadrado es de 0.787.
En tal sentido, la variación explicada en las conductas
socialmente aceptadas se ve explicada en un 78,7% por el
tratamiento en habilidades sociales recibido. Respecto a
los valores de igualdad de medias con los estadísticos ro-
bustos de Brown-Forsythe y Welch encontramos un con
un valor p = 0,0000.
Estos valores son significativos dado que ambos esta-
dísticos representan una alternativa robusta al F de
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LIVACIC-ROJAS, ESPINOZA Y UGALDE
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº1, 83-91
ANOVA cuando no se pueden asumir igualdad en las
varianzas poblacionales. Dado que para esta investiga-
ción no contamos con esos valores nacionales, hemos de-
cidido incorporar dichos estadísticos.
Análisis cualitativo de los cambios
Informe de los profesores: Los informes de conducta
de los menores reportaron cambios conductuales positivos
en las áreas de lenguaje (disminución de groserías); la in-
tegración a grupos, la realización completa de las activida-
des escolares, la atención en clases y el aumento del inte-
rés por el estudio.
Autorreporte: Como percepción de sus cambios
conductuales, los menores reportaron una disminución en
la ansiedad social, lo cual les permitió enfrentar con mejor
ánimo las situaciones sociales que ellos evaluaron al co-
mienzo del estudio como estresantes (expresión de pensa-
mientos y sentimientos, agredir a otros ante la frustración,
petición de favores).
Status sociométrico: Según las respuestas de los meno-
res a este cuestionario, ellos no perciben modificaciones
en ningún sentido (positivo o negativo) respecto al nivel
de estima por los compañeros o pares que tenían al princi-
pio de estudios.
Juez Ciego: El juez ciego clasificó las conductas de los
menores con un 100% como correspondientes a la línea
base y al tratamiento. En su informe, el juez destaca el apren-
dizaje de los menores a través de las técnicas efectivas para
enfrentar situaciones sociales estresantes (claridad y segu-
ridad al iniciar, mantener y finalizar una conversación, co-
herencia entre las posturas corporales y los gestos, plan-
tear dudas y reparos, saber decir que "no").
Discusión
Los resultados de la presente investigación reflejan los
resultados de un programa de entrenamiento en habilida-
des sociales para modificar y ampliar repertorios
conductuales de jóvenes que por distintas causas se han
visto impedidos de continuar sus estudios. La evaluación
de los datos de la intervención se ha realizado en términos
de significación estadística y clínica. Los diferentes
indicadores utilizados (cualitativos y cuantitativos) en esta
investigación nos permiten avalar que los programas basa-
dos en la evidencia reportan no sólo resultados
estadísticamente significativos, sino que también un alto
valor en cuanto a su importancia práctica (significación clí-
nica). No obstante lo anterior, estimamos que problemas
socialmente importantes como la delincuencia juvenil, re-
quieren de una implementación de programas permanen-
tes en el tiempo, y basados en criterios de eficacia terapéu-
tica y consistencia de los resultados en distintos estudios.
Por lo tanto, es urgente que los terapeutas o psicólogos que
trabajen en diferentes ambientes sigan los lineamientos ac-
tuales de la APA exige para el desarrollo de las disciplina.
A su vez, conviene reseñar que los distintos programas
aplicados se han visto interrumpidos por diferentes razo-
nes y, además, las autoridades no han realizado las modifi-
caciones pertinentes en el medio ambiente social y educa-
cional que faciliten la reinserción laboral y educacional para
reducir de manera efectiva esta problemática. Esto trae
como consecuencia que los jóvenes, al verse enfrentados a
las mismas contingencias sociales a que estaban expuestos
antes de los tratamientos, vuelvan a emitir en una alta pro-
babilidad conductas antisociales, porque sus repertorios
nuevos de conducta se ven extinguidos o bien castigados.
En tal sentido, consideramos necesario que los psicólogos
apliquen los tratamientos porque son eficaces en vez de apli-
car criterios tradicionalmente intuitivos o que no tienen base
empírica suficiente. Además, es del todo oportuno realizar
nuevos estudios en la línea de encontrar más métodos de
tratamiento, así como de replicación de investigaciones.
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