Terapia psicológica
Sociedad Chilena de Psicología
Clínica
sochpscl@entelchile.net
ISSN (Versión impresa): 0716-6184
CHILE
2004
Felipe Lecannelier A.
LOS APORTES DE LA TEORÍA DE LA MENTE (TOM) A LA PSICOPATOLOGÍA DEL
DESARROLLO
Terapia psicológica,
, año/vol. 22, número 001
Sociedad Chilena de Psicología Clínica
Santiago, Chile
pp. 61-67
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
Copyright 2004 by Sociedad Chilena de Psicología Clínica
ISSN 0716-6184
TERAPIA PSICOLÓGICA
2004, Vol.22, Nº 1, 61-67
Los aportes de la Teoría de la Mente (ToM) a la Psicopatología del
Desarrollo
Contributions of the Theory of the Mind (ToM) to Developmental Psychopathology
Felipe Lecannelier A.
Universidad del Desarrollo, Chile*
En los últimos años, los procesos de cognición social han cobrado una relevancia determinante en todos aquellos enfo-
ques sobre el desarrollo cognitivo y afectivo del ser humano. Sin embargo, las aplicaciones del rol de estos procesos en
aquellos modelos de corte más bien clínicos, aunque de un potencial enorme, no han alcanzado el impacto deseado. El
presente artículo pretende ser un aporte teórico a la aplicación de la Teoría de la Mente a la psicopatología infantil y
adulta. Su objetivo consiste en mostrar que el concepto de teoría de la mente como mecanismo de regulación personal y
social, unido a otros mecanismos de autorregulación (tales como el control de la atención, o el control ejecutivo) pueden
ser de gran utilidad para ampliar el conocimiento sobre la ya naciente y prometedora Psicopatología del Desarrollo. Su
relevancia práctica radica en la formulación de estrategias terapéuticas mas específicas y centradas en el cambio de
mecanismos mentales de regulación específicos.
Palabras claves: Teoría de la Mente, psicopatología del desarrollo, apego.
In the past years, social cognition processes have gained attention from all cognitive and affective developmental
perspectives. However, the applications of these processes in clinical models, with an enormous potential, have not
produced the expected impact. The present article aims at providing a theoretical contribution of the application of the
Theory of the mind to child and adult psychopathology. Its objective is to show that the concept of a theory of the mind,
as a mechanism of individual and social regulation, in addition to other autoregulatory mechanisms (such as attention
control or executive control) can be useful to enhance knowledge of the developing and promising field of Developmental
Psychopathology. Its practical relevance rests on specific therapeutical strategies that are centered on changing mental
mechanisms that have specific regulation.
Keywords: Theory of mind, Developmental Psychopathology, Attachment.
Introducción
Aunque parezca extraño, este artículo empezará con
su conclusión. Esta conclusión se relaciona con las nuevas
ideas que están emergiendo a través de un sinnúmero de es-
tudios sobre el desarrollo de los trastornos psicológicos des-
de la infancia hasta la edad adulta (es decir, estudios
longitudinales) sobre la psicopatología y su dinámica proce-
sal y ontogénica (Morrell & Murray, 2003; Nagin &
Tremblay, 2001; Waters, Merrick, Treboux, Crowell &
Albersheim 2000, y muchos otros). Esta idea de
psicopatología es lo que implícitamente se desea defender
como el modo o el camino que podrá conducir a articular un
modelo de psicopatología más cercano a los modelos expli-
cativos y dinámicos (que posee, por ejemplo, la medicina).
Para poder aclarar de un modo más certero la intención de
lo que se desea explicar, es imprescindible partir citando a una
de las personas que mejor han aplicado esta idea de
Psicopatología del Desarrollo al estudio del autismo y su es-
pectro. Esta persona se llama Simon Baron-Cohen y asevera:
“Los avances en las ciencias del desarrollo de la con-
ducta y la neurociencia... lo más probable es que van a trans-
formar los sistemas de clasificación y diagnóstico. En el futu-
ro, los términos diagnósticos actuales se irán desvanecien-
do en la medida que entendamos más sobre la ciencia
de la psicopatología del desarrollo. Con los nuevos cono-
cimientos que están desarrollándose, tanto clínicos como
investigadores, discutirán y estudiaran los niños con seve-
ros trastornos tempranos de la comunicación social, en
términos de clases de genes, patrones de interacción am-
biente-genes, mecanismos neurocognitivos subyacentes,
módulos y sistemas de desarrollo, descripción de múlti-
ples caminos del desarrollo que conllevan a diversos tipos
de desórdenes, y los múltiples caminos evolutivos e histó-
ricos que conducen a determinadas patologías, y así suce-
sivamente... El conocimiento creciente sobre el desarrollo
y funcionamiento del cerebro y sus sistemas conductuales/
cognitivos/afectivos asociados proveerán del mismo tipo
de conocimiento que ha permitido a la medicina el mover-
se desde manifestaciones observables de las enfermeda-
des hacia la explicación sobre la base de mecanismos
(psicopatofisiológicos)" (Baron-Cohen, Tager-Flusberg, &
Cohen, 2001, p. xii).
Estos comentarios introductorios de este autor resumen,
en cierta medida, el camino por el que se piensa debe transi-
tar la psicopatología, con el objetivo de pasar desde una
psicopatología descriptiva/especulativa hacia un enfoque de
la salud mental explicativo y basado en la evidencia.
Como esta noción de psicopatología se constituye en la
epistemología y enmarque conceptual del presente artícu-
lo es necesario detenerse brevemente en articular un poco
mas ésta visión.
*
Correspondencia: flecannelier@udd.cl
(Rec: 26-diciembre-2003 Acep: 25-abril-2004)
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº1, 61-67
Las grandes características de la psicopatología se pue-
den resumir de la siguiente manera:
a. La psicopatología es un proceso dinámico/proce-
sal que se comprende no en términos de “categorías
diagnósticas" sino a través de “caminos del desarrollo".
Esto implica que no se puede comprender un trastorno
determinado cortando el tiempo en los momentos de-
terminados sin haber analizado el camino del desarrollo
recorrido por ese individuo (Bowlby, 1988; Sroufe, 1997).
Sólo la comprensión de las trayectorias ontogénicas que
recorre cada individuo posibilitará el construir una visión
más dinámica y completa de la psicopatología.
b. El principio básico que ordena todo “camino re-
corrido" o por recorrer se podría englobar en el con-
cepto de “transacción" (o modelo transaccional). A
grandes rasgos lo que se plantea es que, independiente
de la normalidad o anormalidad de la persona, todo ser
vivo es un proceso histórico que transita en un juego
transaccional constante entre genes/ambiente, factores
protectores/riesgo, adaptaciones previas/circunstancias
nuevas, etc. (Sameroff & Fiese, 2000a).
c. Si la psicopatología se comprende como cami-
nos del desarrollo que van fluctuando y cambiando de
acuerdo a un proceso transaccional constante, enton-
ces, una de las principales variables que determinan el
hecho de que uno siga uno u otro camino es la existen-
cia de ciertos mecanismos procesales y dinámicos de
autorregulación/enfrentamiento/protección de la ad-
versidad y la vida (Fonagy, 2003; Lecannelier, 2002a
b; Posner & Rothbarth, 2000). Esto es algo muy im-
portante ya que en el fondo, si bien el ambiente y las
condiciones de riesgo son tremendamente relevantes,
es el desarrollo de estos mecanismos de regulación los
que hacen la diferencia entre el transitar en el camino
de la normalidad o en el de la psicopatología.
d. Las relaciones tempranas no son consideradas
como generadoras determinantes de psicopatología,
sino como “propensiones iniciales" que aumentan o
disminuyen la tendencia a la psicopatología (Fonagy,
Gergely, Jurist & Target, 2002; Gunnar & Cheatham,
2003; Sroufe, 1997, Thompson, 2000).
Tal como se mencionó anteriormente, ésta vendría a
ser la conclusión de lo que se pretende mostrar brevemente
en este artículo. A grandes rasgos, el objetivo es delinear
algunas ideas sobre un modelo de psicopatología del desa-
rrollo para comprender determinados trastornos infantiles
(y a futuro, también trastornos adultos). El modelo en cues-
tión pretende, por un lado, comprender determinados me-
canismos de regulación/protección que permitan diferen-
ciar a aquellos niños con mayor propensión presente y fu-
tura hacia la psicopatología, y por el otro, determinar que,
como se comprenderá posteriormente, el “mal uso", “buen
uso" o “no uso" de estos mecanismos depende de los con-
textos vinculares tempranos (Lecannelier, 2002a). Los dos
mecanismos de regulación/protección principales que se
analizarán aquí contemplan lo que se conoce como “Teoría
de la Mente" (o mentalización) en sus vertientes explícitas
e implícitas. Es muy importante remarcar que la explica-
ción de ambos mecanismos ni siquiera alcanza para deli-
mitar de un modo ni cercanamente exhaustivo la totalidad
de mecanismos de regulación abordados. Esto, dado que
el modelo contempla un sinnúmero de otros procesos (ta-
les como los mecanismos de regulación emocional, el con-
trol forzado de la atención, el control ejecutivo, las tenden-
cias temperamentales hacia la aproximación/evitación y
mecanismos de atención conjunta).
Se explicará brevemente este enfoque de la Teoría de la
Mente, en sus aspectos tradicionales (es decir, como un
enfoque netamente cognitivista), en sus aspectos actuales
(como un enfoque de corte más bien clínico), y se termina-
rá buscando una posible integración de ambos modelos, de
acuerdo al proyecto de investigación que el autor ha estado
desarrollando (Lecannelier, 2002a, b). Subyacente a este
ensayo se encuentra la idea de que una transformación len-
ta y gradual se está produciendo en el enfoque de la Teoría
de la Mente, desde los enfoques cognitivos hasta un posi-
ble modelo de regulación vincular.
La teoría de la mente cognitiva
Antes de hablar de un modo más específico sobre este
enfoque, es importante aclarar que el nombre de “Teoría de
la Mente" es tremendamente inapropiado dentro del contex-
to de lo que se explicará. Otras personas le han llamado “lec-
tura de mentes" (Whiten, 1991), “mentalización" (Fonagy
& Target, 1997), “cognición social" (Malle, Moses &
Baldwin, 2001), “función reflexiva" (Fonagy, Steele, Steele
& Target, 1998), “maquiavelismo" (Byrne & Whiten, 1988).
a. Qué es la Teoría de la Mente.
El concepto de ToM, aunque en un principio es bastan-
te simple de comprender, en el fondo es una idea que re-
quiere de mayores análisis. Esto ya que por un lado se la
tiende a confundir con empatía (dado que poseen una cier-
ta similitud), y por el otro lado, se lo iguala a muchos con-
ceptos ya planteados por los psicólogos (tales como “toma
de perspectiva", “interpretación", “metacognición", etc.).
Un ejemplo, para comprender lo que es la ToM se podría
articular con la siguiente situación: Si yo me encuentro ha-
blando frente a un grupo de personas, y de un modo súbito
un grupo de ellos se levanta y se va, de un modo automático
yo voy a tratar de comprender su conducta (lo observable) a
través de hipotetizar o inferir que su conducta estuvo co-
mandada por determinados estados mentales o internos
(como por ejemplo, “él se fue, porque se molestó con mis
comentarios" (inferencia de estados emocionales); “él se fue
porque creía que la conferencia había terminado" (inferen-
cia de creencias); o “él se fue porque había planificado ir a
la playa" (inferencia de planes). En el fondo, me hago una
teoría de la mente del otro a través del inferir o hipotetizar
una serie de estados mentales para explicarme su conducta.
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Entonces, esta capacidad o mecanismo automático (táci-
to) de atribuir estados mentales a los otros (y a uno mismo)
para poder comprender y predecir su conducta, es lo que se
llama ToM (Astington, 1993; Astington & Olson, 1995;
Riviere & Núñez, 1996). Esta capacidad es algo que todos
(o casi todos) realizamos cotidianamente cada vez que la
conducta de los otros o la de uno mismo se desvía de los
parámetros canónicos de nuestra experiencia (es decir, de lo
que habitualmente esperamos de los otros y de uno mismo,
y bajo determinados contextos). Por eso, mucha gente tien-
de a llamarle a este enfoque “Psicología Popular", ya que
somos psicólogos natos, o mejor dicho es la habilidad de “ser
psicólogos naturales" la que nos permite anticipar, compren-
der y predecir la conducta de los otros y lo de uno mismo
(Dennett, 1978). Es esta habilidad la que se encuentra a la
base de la adaptación social y personal.
b. ¿Cómo se desarolla la ToM.
El enfoque de la ToM nace en primatología a fines de
los años setenta (Premack & Woodruff, 1978), pero rápida-
mente se extiende a la psicología cognitiva, que es el lugar
en donde ha crecido y madurado (Astington, 1993; Gopnik,
1993; Gopnik & Meltzoff, 1997; Leslie, 1987; Perner, 1991;
Riviere & Núñez, 1996; Whiten, 1991, Wimmer & Perner,
1983 y otros). Más de 15 años de investigaciones sobre este
proceso han permitido no solo delimitar cómo se desarrolla
este proceso (que es lo que se articulará ahora) sino las fun-
ciones adaptativas que posee (que se desarrollará de un modo
muy breve posteriormente).
A grandes rasgos, la progresión ontogénica de la teo-
ría de la mente es la siguiente:
° 0-8 meses: Se desarrollan los precursores afectivos e
intersubjetivos de la ToM, considerados como una capaci-
dad innata del bebé para coordinarse e imitar afectivamente
a los otros (Gergely & Watson, 1999; Hobson, 1993;
Meltzoff & Moore, 1977; Stern, 1985, 1994; Trevarthen,
1993; Trevarthen & Aitken, 2001;Tronick, 1989).
° 9 meses: Se produce lo que se llama la “revolución
mental de los 9 meses, en donde se empiezan a observar
los índices claros de atribución de mente e intencionalidad.
Estos índices se observan a través de habilidades tales
como la atención conjunta (Carpenter, Nagell &
Tomassello, 1998; Tomassello, 1999) la referencia social
(Campos & Sternberg, 1981), la capacidad de bromear
(teasing) (Reddy, 1991).
° 18 meses: Se observan los procesos de simulación de
escenarios hipotéticos (Astington, 1993; Harris, 1989;
Leslie, 1987; Perner, 1991).
° 24 meses: Atribución de emociones y deseos en los
otros y en uno mismo (Bartsch & Wellman, 1995; Harris,
1989; Repacholi & Gopnik, 1997).
° 36 meses: Inferencia de las características de la mente
(Baron-Cohen & Cross, 1992).
° Desde los 48 meses: Desarrollo cuasi-completo del
“equipo" de la ToM (Wellman, 1990; Yirmiya, Erel,
Shaked & Solomonica-Levi, 1998).
Como se mencionará posteriormente, si bien la ToM se
desarrolla plenamente a los 4 años, las diferencias indivi-
duales y la especialización o disociación de este mecanis-
mo en la edad adolescente y adulta proporciona índices
muy claros de que el proceso es bastante mas complejo de
lo que se pensaba (Fonagy, Gergely, Jurist & Target, 2002).
c. ¿Cuáles son las funciones de la ToM.
La psicología cognitiva ha permitido, a su vez, compren-
der el sinnúmero de funciones que esta importante habilidad
posee. Estas se pueden resumir en los siguientes postulados:
° La ToM me permite poder comprender y predecir la
conducta de los otros. La conducta se hace regular y cohe-
rente al atribuirle estados mentales a sus rasgos observa-
bles (Premack & Woodruff, 1978).
° La ToM me permite engañar y mentir a los otros. El enga-
ño y la mentira suponen que yo quiero influir no en la conducta
del otro, sino en su mente (Chandler, Fritz & Hala, 1989).
° La ToM me permite “jugar con la realidad". Es decir,
que puedo pasar de la ficción a la realidad, e incluso con-
fundir las dos (Fonagy & Target, 1997).
° La ToM me permite una mejor comunicación con los
otros, y una mayor adaptación social y contextual. Esto
ya que se infiere mejor el significado intencional de la pa-
labra y la situación (Dunn & Brown, 1994).
Tal como se mencionó, el enfoque de la ToM ha encon-
trado su nicho preferentemente dentro de la tradición
cognitiva. Esto ha generado dos consecuencias un poco
indeseables para los que nos interesa también un aspecto
más clínico y de salud mental: (1) La ToM ha sido conside-
rada una teoría meramente cognitiva, algo así como una
especie de módulo innato (lo que implica que sus compo-
nentes subjetivos no son muy considerados); (2) La ToM
ha sido solo estudiada dentro de sus aspectos normativos
(lo que implica que no ha habido un interés por las impor-
tantes y evidentes diferencias individuales en el desarrollo
de este mecanismo). Estas dos razones han generado que
la aplicación de este importante mecanismo haya sido poco
considerado dentro de los ámbitos más bien clínicos (más
allá del estudio del autismo y otros trastornos del desarro-
llo). Aún así, desde hace poco una emergente tendencia se
ha observado (Corcoran, 2000).
La Teoría de la Mente Clínica
La tendencia de aplicar el enfoque de la ToM a pobla-
ciones clínicas es algo extremadamente reciente (Corcoran,
2000). Esto significa que son bastante escasos los estudios
que pretenden relacionar ToM a determinados trastornos
en la infancia. No es la intención de este artículo hacer un
repaso exhaustivo de esos estudios, sino que utilizar algu-
nos de ellos para plantear un problema de investigación y
teórico muy interesante, al que pretendo proponer un esbo-
zo de solución posteriormente.
El sentido común clínico nos diría que, de un modo
obvio, a mayor trastorno de conducta o trastorno psicoló-
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gico, menor capacidad de ToM. Sin embargo, afortunadamente
no siempre se confirma el principio construccionista en con-
tra de la idea de que a los investigadores solo les gusta confir-
mar y distorsionar los datos para su propia conveniencia.
En términos simples, los pocos estudios han confirma-
do lo siguiente:
° Los niños “bullying"
1
tienden a tener un mayor de-
sarrollo de la ToM cognitiva (explícita). Se hipotetiza que
es justamente su mayor capacidad para engañar, manipular
y controlar a los otros lo que se deriva del hecho de que
estos niños son tremendamente hábiles en nunca ser reco-
nocidos como los maltratadores, y en infundir un total con-
trol sobre los otros (Smorti, 1999; Smith & Miron-Wilson,
1998; Sutton, Smith & Swettenham, 1999).
° Los niños con “trastornos de conducta" tienden a te-
ner igual desarrollo de la ToM cognitiva que los niños nor-
males, pero estos niños tienden a usar esta capacidad más
en contextos antisociales que prosociales (Happé & Frith,
1999). Es decir, poseen una Teoría de la Mente “intacta",
pero tienen una Teoría de la Mente “malvada".
° Los niños con problemas de conducta tienden a desa-
rrollar una igual o mayor capacidad de ToM cognitiva, pero
tienden a tener mayores dificultades para inferir estados
emocionales en un contexto social (lo que se podría referir
como ToM implícita). Este tipo de Teoría de la Mente se
puede comprender como la capacidad de leer los estados
emocionales a través de sus acciones y expresiones facia-
les (Baron-Cohen,Wheelwright, Hill, Raste & Plumb,
2001). Así mismo, la variable de “control ejecutivo" era la
mas diferenciadora entre estos niños y los normales, lo que
indica que la ToM no actúa sola, sino en conjunción con
otros mecanismos (Hughes, Dunn & White, 1998; Hughes,
White, Zarpen & Dunn, 2000).
° La capacidad de inferir emociones en la edad pre-
escolar se correlaciona negativamente con la tendencia a
presentar conductas agresivas en la edad escolar. Es decir,
que la ToM implícita en edades tempranas predice conduc-
tas agresivas en edades posteriores (Denham & cols., 2002).
° Los niños pre-escolares que poseen un mayor desarro-
llo de la ToM (explícita e implícita) tienden a verse más afec-
tados por la crítica, frente a los niños con menor desarrollo
de la ToM (Cutting & Dunn, 2002). Por otra parte, se sabe
que un número importante de niños bullying tienden a tener
una alta autoestima (Olweus, 1993). La razón de esto radica
en el hecho de que al poseer la capacidad de leer las inten-
ciones a los demás, uno lee las buenas y las malas (y se ve
afectada por ambas). Esto plantea la pregunta si todo desa-
rrollo de la ToM es adaptativo (y en qué contextos).
Por ende, estos estudio revelan que:
° La ToM explícita puede ser usada para “hacer el bien"
como para “hacer el mal" (el lado oscuro de la ToM).
° La ToM explícita no permite diferenciar niños con
trastornos y niños normales.
° La ToM implícita tiende a estar más disminuida en el
caso de los niños con trastornos psicológicos.
° No todo uso desarrollado de la ToM posee consecuen-
cias beneficiosas para la gente.
° No todo trastorno puede explicarse solamente en base
a una mayor o menor capacidad de la ToM (otros mecanis-
mos se deben de considerar).
Entonces, esto obliga a plantear ciertas preguntas fun-
damentales:
° ¿Qué es lo que hace que una persona use su ToM para
hacer el bien o para hacer el mal.
° ¿Qué es lo que hace que un niño desarrolle más su
ToM explícita o implícita.
° ¿Cuáles son los criterios que permiten delimitar cuando
el uso de la ToM es beneficioso o no. (cuándo generan
más o menos sufrimiento).
Con estas preguntas, paso a articular brevemente unas
ideas de un modelo de ToM.
Un modelo de Psicopatología del Desarrollo:
Mentalización, apego y autorregulación
A mi parecer uno de los grandes problemas de los estu-
dios entre ToM y psicopatología mencionados anteriormente
es que son estudios que carecen de un fundamento nuclear
organizador que permita ordenar, interpretar y significar estos
datos de un modo más coherente. Sin este fundamento, los
datos se podrían decir que “quedan volando" en el vacío, sin
un suelo teórico y conceptual firme que los sustente.
Uno de los posibles “lugares" más importantes para
proporcionar estos fundamentos radica en nuestro pasado
evolutivo. Es decir, que somos seres evolutivos por esen-
cia. Dentro de este legado filogenético, se ha planteado úl-
timamente que el “valor evolutivo agregado" que diferen-
cia a los seres humanos del resto de las otras especies es el
haber desarrollado un tipo de vínculo afectivo entre los
congéneres que posibilita la emergencia y desarrollo de
todas las habilidades que identificamos como esencialmente
humanas (Belsky, 1999; Bowlby, 1988; Corballis & Lea,
1999; Jones, Martín & Pilbeam, 1992; Lecannelier, 2000;
Suomi, 1999; Trevarthen & Aitken, 2001, y otros) Se en-
tiende que el vínculo que se produce entre cría y cuidador
se convierte, en este contexto, en el espacio nuclear de la
evolución y desarrollo de la mente
2
1
Los niños bullying (o matones) se refieren a aquellos niños que tienden a
maltratar de un modo sistemático y permanente a otros niños de su mis-
ma edad (o nivel de desarrollo) (Tattum & Lane, 1988). El bullying se ha
constituido durante las últimas décadas en una problemática social, da-
das las consecuencias desastrosas que sufren las víctimas de estos ata-
ques (y dada la continuidad de la conducta violenta de los abusadores, a
través de todo el ciclo vital). El enfoque predominante considera a las
víctimas, los matones y los testigos dentro de una dinámica familiar y
educacional que opera en diversos niveles (Lecannelier, 2001b).
2
No deja de ser interesante mencionar que la otra gran “habilidad" que se
plantea que nos diferencia del resto de las especies es justamente la
capacidad de intencionalidad o lectura de mentes (Tomassello, 1999;
Bogdan, 2000; y otros).
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TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº1, 61-67
Entonces, es el apego lo que nos podría dar el funda-
mento que necesitamos para darle una mayor coherencia a
las posibles relaciones entre ToM, psicopatología y meca-
nismos reguladores/protectores.
¿Cuáles son las evidencias que se poseen al respecto.
a. Evidencias directas.
Peter Fonagy y su equipo del University College London
y Anna Freud Centre llevan ya más de una década elabo-
rando las posibles relaciones entre ToM y Apego. A gran-
des rasgos, ellos han evidenciado lo siguiente (Fonagy,
Steele, Moran, Steele & Higgitt, 1991; Fonagy, Steele,
Steele, Leigh, Kennedy, Matón & Target, 1997; Fonagy,
Steele, Steele & Holder, 1997; Fonagy & Target, 1997;
Fonagy, Target & Gergely, 2000; Fonagy, Gergely, Jurist
& Target, 2002; Fonagy, 2000, 2003).
° Los padres que poseen un moderada a alta capacidad
de Función Reflexiva (FR) tendían a tener 3 o 4 veces más
probabilidad de tener niños con apego seguro.
° Los niños con apego seguro tendían a desarrollar más
y precozmente la ToM.
° Los niños que tenían padres con moderada a alta FR,
tendían a desarrollar más y mas precozmente la ToM.
° Existe una relación aditiva, en el sentido de que los
niños que tenían una relación segura con ambos padres
(87%) pasaban más los tests de ToM frente a los que tenían
una relación segura con uno de los padres (63%), y con
ninguno de los padres (50%).
° Existe una relación significativa entre capacidad de
mentalización y determinados trastornos en la edad adulta, ta-
les como personalidades borderline, violencia extrema y otros.
Por lo tanto, el modelo simplificado que plantea Fonagy
consiste en que los padres que han desarrollado una habili-
dad moderada a alta de Función Reflexiva, tienden a tener
niños con apego más seguro, los que a su vez tienden a desa-
rrollar una mayor habilidad de ToM. Los padres, al mentalizar
la conducta de sus hijos, permiten a éstos poder verse refle-
jados en las actitudes, conversaciones y expresiones facia-
les, como seres con mente (Lecannelier, 2001a, b).
b. Evidencias indirectas (Patricia Crittenden).
Patricia Crittenden es una investigadora de la Univer-
sidad de Miami que ha elaborado lo que ella llama un “Mo-
delo dinámico-maduracional" para comprender las trayec-
torias ontogenéticas del apego (Crittenden, 1995; 2002).
3
Relacionado al argumento que se desea plantear en este
artículo, de su modelo se desprende lo siguiente:
° Los diversos estilos de apego tienden a realizar un
uso diferencial de las cogniciones y las emociones. Así, los
estilos evitantes suelen usar las cogniciones, pero no así
las emociones, y lo contrario en el caso de los estilos
ambivalentes. Los estilos seguros tienden a hacer un uso
balanceado de ambas informaciones. De esto se desprende
que podría ser que los estilos seguros tiendan a hacer un
uso equilibrado de su ToM explícita e implícita (no así los
estilos evitantes y ambivalentes).
° Los niños que tienen padres que suelen usar el enga-
ño y la mentira para controlarlos, suelen utilizar las mis-
mas estrategias para controlar y relacionarse con sus pares
(que es una estrategia de engaño para poder controlar y
predecir la conducta de los otros). Esta es una evidencia
que se puede presentar a favor del hecho de porqué ciertos
niños usan la ToM para engañar y otros para comunicarse
y relacionarse con los otros.
° Los niños que tienen una mayor capacidad de ToM
explícita e implícita tienden a evaluar tanto las claves
contextuales como el uso adecuado de sus conductas y es-
trategias de regulación emocional.
De todo esto, se desprende que los estudios de ToM
aplicados a la clínica podrían verse mejorados si se adicio-
na una variable que posibilite el ordenar y explicar una se-
rie de datos desconectados que han proporcionado los en-
foques de ToM. La variable “apego" podría ser, más que
un mecanismo, un contexto que permita comprender, tanto
las diferencias individuales del desarrollo de la ToM como
su buen o mal uso. Al parecer, el apego sería el contexto
para la formación y desarrollo de este y otros mecanismos
reguladores de la experiencia.
Conclusiones
Como conclusión, de acuerdo a todo lo planteado ante-
riormente, y siendo coherente con un modelo de
psicopatología del desarrollo, se puede afirmar lo siguiente:
La interacción de las variables constitucionales junto
con las experiencias tempranas de apego tempranas sien-
tan una “propensión inicial" para el mayor o menor desa-
rrollo de ciertos mecanismos de regulación/protección. El
apego influye en la tendencia a la adaptación a través de la
puesta en funcionamiento de estos mecanismos de regula-
ción bio-psico-social. En el fondo, el legado de los víncu-
los tempranos reside justamente en que los cuidadores, en
el contexto de interacciones afectivas reguladoras de estrés,
le “enseñarían implícitamente" a sus hijos ciertos meca-
nismos de enfrentamiento de la adversidad posterior. La
complejidad de la conducta de apego de los padres reside
en el hecho de que son variados los mecanismos de regula-
ción que van desarrollando los seres humanos (y operan en
diversos niveles). Así, existen mecanismos de interpreta-
ción social (ToM), de control ejecutivo, de control de la
atención, de regulación afectiva, etc.
Cuando los niños han desarrollado un patrón vincular
generador de un buen desarrollo de estos mecanismos tien-
den a ser más eficaces y flexibles en adaptarse a las com-
plejidades sociales y personales crecientes que demanda la
vida. No es que los niños no sufran, sino que el sufrimiento
tienden a regularlo de un modo progresivo. Por el contra-
3
Dado que el modelo de Patricia Crittenden es bastante complejo y
completo, sólo me referiré a los hallazgos que se relacionan al argu-
mento que se desea plantear en este artículo. Para un resumen muy
completo ver Crittenden (2002).
66
LECANNELIER
TERAPIA PSICOLÓGICA 2004, Vol.22, Nº1, 61-67
rio, si los niños han desarrollado historias de apego
inhibidoras del desarrollo de estos mecanismos, la vida en
sociedad se torna más demandante, estresante, lo que obli-
ga a la puesta en funcionamiento de ciertas estrategias
relacionales y conductuales para poder organizar la vida hu-
mana (hiperactividad, violencia, depresión y alejamiento, etc).
De este modelo se deriva tanto, una noción clínica/expli-
cativa para comprender la psicopatología (de la que desgra-
ciadamente no hay tiempo de explicitar), así como un mode-
lo empírico que valide y complejize esta noción clínica.
Por lo tanto, y ahora sí termino con la conclusión, ésta es
la idea a la que yo adhiero de lo que debe ser y será la
psicopatología, es decir, una Psicopatología del Desarrollo.
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