Revista Bitácora Urbano Territorial
Universidad Nacional de Colombia
bitacora_farbog@unal.edu.co
ISSN (Versión impresa): 0124-7913
COLOMBIA
2006
Giuseppe Dematteis
EN LA ENCRUCIJADA DE LA TERRITORIALIDAD URBANA
Revista Bitácora Urbano Territorial,
enero-diciembre, año/vol. 1, número 10
Universidad Nacional de Colombia
Bogotá, Colombia
pp. 53-63
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
53
Resumen
Demmatteis propone un nuevo campo de acción
para el planeamiento y, en general, para el conjunto de las
ciencias que tienen que ver con el fenómeno urbano. Se
refiere a una perspectiva diferente del territorio, en la cual
la territorialidad es entendida como la capacidad del lu-
gar para influir en el comportamiento social, es decir, que
valora aquellos aspectos –condiciones y potenciales de los
diversos recursos territoriales– que afectan positivamente
los procesos de desarrollo y rehabilitación.
Palabras clave
Territorialidad, planeamiento urbano, geografía
económica, red territorial, ciudad.
En la encrucijada de la
tErrito
rialid
ad
u
rban
a
Sul crocevia della
territorialità urbana
1
Giuseppe Dematteis
Traducido por Arq. Fernando Roa Montañez
Abstract
The author proposes a new action field for planning
and, in general, for all the sciences related to urban
phenomenon. It refers to a different perspective on territory,
were territoriality is understand as the place capability to
influence social behavior, to say, a perspective able to
value those aspects –conditions and potentials of territorial
resources– that have a positive effect on development and
rehabilitation processes.
Key words
Territoriality, urban planning, economic geography,
territorial network, city.
Recibido: septiembre 30 de 2006
Aprobado: octubre 30 de 2006
10 (1) 2006: 53 - 63
In the crossroads of the urban territoriality.
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El geógrafo italiano Giuseppe Dematteis propone una re-
flexión en torno a s u propia disciplina, alrededor del ejercicio de
pensar la territorialidad y d el oficio de operar sobre el territorio
desde el planeamiento urbano. Sos tiene que es necesario cam-
biar el enf oque general del planeamiento: de un enfoque des -
de la ciencia dirigida principalmente a la prod ucción de planes,
hacia una ciencia y una técnica de las políticas territoriales , es
decir, de los procesos interactivos que promueven y regulan la
creación y el incremento de los valores urbanos . Esta visión sitúa
al territorio y, más es pecíficamente, a las ciudades como agentes
intermedios, sistemas territoriales locales, en los cuales los suje-
tos sociales –ind ividuos colectivos, p úblicos o privados– actúan
como nodos de unas redes virtuales, relacionando el medio físico
local –ambiente de emplazamiento– con el ámbito más global –rela-
ciones e intercambios cuyo referente territorial abarca al planeta
entero– .
Estas redes definen, por tanto, una nueva y cambiante geo-
grafía de las territorialidades urbanas, una forma territorial de la cual
aún no tenemos conciencia, pero que constituye el ámbito físico
en el cual se desarrolla la ciudad contemporánea. En este sentido,
el planeamiento, junto con las demás disciplinas que se ocupan de
los fenómenos territoriales, desempeña un papel central tanto en la
identificación de estas redes como en la construcción de esa nueva
territorialidad.
Las descripciones cambian la ciudad
Aún en la actualidad
en muchos estudios urbanos de orienta-
ción analítica las nuevas formas que surgen de la ciudad y aquellas
futuras son tratadas como si fueran fenómenos naturales que un es-
pectador externo describe (documenta, conceptúa, modela, prevé)
sobre la base de observaciones objetivas. Una aproximación como
esta se podría justificar solo imaginando la existencia de fuerzas exter-
nas (tanto al observador como a la ciudad) capaces de plasmar la rea-
lidad urbana física y social. Según algunos (por ejemplo, los partidarios
del “pensamiento único" y varios de sus más fervientes opositores),
estas fuerzas serían aquellas de la globalización, es decir, el conjunto
de los procesos tecnológicos y económico-financieros pensados como
un sistema autónomo que controla de un modo determinista todos
los otros
sistemas socioterritoriales, incluida la ciudad.
Es ta me parece una repres entación poco probable de lo
que en realidad sucede. Cualquiera puede dars e cuenta fácilmen-
te de que la des cripción d el mundo y de s us cambios no es algo
que pueda situarse antes del cambio (realizada por un s istema
de control externo) , ni después de él (realizada por científicos ),
sino que por el contrario forma parte del cambio mis mo. Nadie
puede negar que des cribir y prever las trans formaciones urbanas
1
Artículo autorizado tomado de: D
ematteis
, Giuseppe; Francesco Indovina; Alberto
Magnaghi; Elio Piroddi; Enzo Scandurra y Bernardo Secchi (1999): I futuri della
città. Tesi a confronto. Milán: FrancoAngeli.
Le descrizioni cambiano la città
Tuttora in molti studi urbani di orientaniento analitico le
nuove forme emergenti della città e quelle future vengono trattate
come se fossero fenomeni naturali, che un osservatore esterno
descrive (documenta, concettualizza, modellizza, prevede) sulla
base di osservazioni oggettive. Un tale approccio si potrebbe
giustificare solo immaginando che esistano delle forze esterne (sia
all’osservatore che alla città) che plasmano la realtà fisica e sociale
urbana. Secondo alcuni (ad esempio i fautori del “pensiero unico"
e alcuni dei suoi più maldestri oppositori) queste forze sarebbero
quelle della globalizzazione, cioè l’insieme dei processi tecnologici
ed economico-finanziari pensati come un sistema autonomo che
controlla deterministicamente tutti gli altri sistemi socio-territoriali,
città comprese.
Questa mi pare una rappresentazione poco probabile di ciò
che realmente accade. Chiunque può rendersi conto facilmente che
la descrizione del mondo e dei suoi cambiamenti non è qualcosa che
si situa prima del cambiamento (ad opera di un sistema di controllo
estemo), né dopo di esso (ad opera di scienziati), ma che invece fa
parte del cambiamento stesso. Nessuno può negare che descrivere
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es una acción preformativa que contribuye a orientarlas en ciertas
direcciones. Sin poder hacer una descripción exhaustiva, des cri-
bir significa s eleccionar según ciertos criterios de pertinencia que
conscientemente o no corresponden a los motivos p or los cuales
se describe ( Sen, 1986; Woodward, 1992).
Tod o esto, ahora a mp liamente aceptado en el plano epis -
temológico, viene s iendo sin embargo olvid ado frecuentemente
en nues tra práctica habitual. I nclus o aq uellos d ispuestos a reco-
nocer en abstracto la valid ez de estos principios ( comenzando
por q uien escribe) no logran des pués tra ducirlos en una práctica
de investigación coherente y eficaz, ya s ea porque no es p osible
apartarse del todo de los paradigmas dominantes, o p orq ue se
ha d esarrollado ha sta ahora mu y poco conocimiento de este
tipo.
El territorio cambia la sociedad
Desde cierto punto de vista es cierto –como llegó a escribir
muchos años atrás Henry Lefèbvre– que la ciudad es la sociedad tra-
zada sobre el suelo, pero a mi modo de ver es todavía más evidente
lo contrario, es decir que la sociedad es la idealización de aquello
que ocurre en el territorio.
Así como la descripción no sigue a la transformación, sino
que p articipa en su producción, del mismo modo creo que las
transformaciones territoriales urbanas no son la cons ecuencia de
cambios que s uceden antes, en un hipotético sistema socio-polí-
tico -económico s eparado del territorio y que sucesivamente, en
un modo más o menos determinista, modelan el espacio urbano
y territorial o simplemente se dibujan s obre él. Si as í fuera, la des -
cripción d e la ciudad y de sus transformaciones sería una opera-
ción prácticamente inútil sobre el plano científico, en la medida
en que trataría solo las apariencias superficiales de fenómenos
sustanciales , de los cuales , s ociólogos y economis tas han dado ya
una explicación exhaustiva. Por este mismo motivo, la planifica-
ción se vería reducida a ser s implemente una “ciencia aplicada",
con la única tarea de decidir, p ara cada ciudad y cada territorio,
cuál es la forma espacial más conveniente al funcionamiento de
una sociedad y una economía ya completamente definidas en
otro lugar.
Sabemos que no es así, aunque la mayor parte de los econo-
mistas y un sinnúmero de sociólogos, politólogos y juristas razonan
de este modo. Para afirmar su dominio disciplinar sobre la realidad
social en su totalidad, estos estudiosos consideran las formas territo-
riales como variables dependientes de procesos que se desarrollan y
se deciden únicamente en la esfera de relaciones abstractas, las cuales
son seleccionadas por sus paradigmas disciplinares por motivos de
operatividad científica, pero que después adquieren la trascendencia
ontológica de las ideas platónicas y se convierten en la única clave
interpretativa de lo real.
e prevedere le trasformazioni urbane sia un’azione performativa,
che concorre a orientarle in certe direzioni. Non potenc esserci una
descrizione esaustiva, descrivere significa selezionare secondo certi
criteri di pertinenza, che coscientemente o meno, corrispondono ai
motivi per cui si descrive (Sen, 1986; Woodward. 1992).
Tutto ciò ormia 1argarmente accettato sul piano
episternologico, viene però sovente dimenticato nella nostra pratica
corrente. Anche quelli disposti a riconoscere in astratto la validitá di
questi principi, faticano poi (a cominciare da chi scrive) a tradurli in
una pratica di ricerca coerente ed efficace, sia perché non è possibile
defilarsi del tutto dai paradigmi dominanti, sia perché s’é ancora
accumulata troppo poca conoscenza di questo tipo.
Il territorio cambia la società
Da un certo punto di vista è vero — come ebbe a scrivere
parecchi anni fa H. Lefebvre — che la città è la società tracciata sul
suolo, ma a mio avviso è ancor più vero l’inverso, cioè che la società
è l’idealizzazione di ciò che capita nel territorio.
Come la descrizione non segue il cambiamento, ma concorre
a produrlo, allo stesso modo credo che le trasformazioni territoriali
urbane non siano la conseguenza di cambiamenti che avvengono
prima, in un ipotetico sistema socio-politico-economico separato dal
territorio e che successivamente, in modo più o meno deterministico,
plasmano lo spazio urbano e territoriale o semplicemente si disegna-
no su di esso. Se così fosse la descrizione della città e delle sue
trasformazioni sarebbe un’operazione pressoché inutile sui piano
scientifico, dal momento che riguarderebbe soltanto le apparenze
superficiali di fenomeni sostanziali, di cui sociologi ed economisti
hanno già dato una descrizione esplicativa esauriente. Per lo stesso
motivo la pianificazione si ridurrebbe ad essere soltanto una “scienza
applicata", col compito limitato di decidere, per ogni città e territorio,
qual è la forma spaziale più adatta al funzionamento di una società e
di un’economia già completamente decise altrove.
Sappiamo tutti che non è così, anche se la maggior parte
degli economisti e molti sociologi, politologi e giuristi ragionano come
se così fosse. Per affermare il loro dominio disciplinare sull’intera realtà
sociale questi studiosi considerano le forme territoriali come variabili
dipendenti da processi che si svolgono e si decidono unicamente
nella sfera di relazioni astratte che i loro paradigmi disciplinari sele-
zionano per motivi di operatività scientifica, ma che poi acquistano
la trascendenza ontologica delle idee platoniche e diventano l’unica
chiave interpretativa del reale.
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Es posible también que este ocultamiento del territorio por
parte de las disciplinas dominantes sea la causa por la cual los in-
tereses y las apuestas territoriales hayan sido desde siempre uno de
los componentes más grises de la política: instrumentos velados de
explotación y opresión, substrato fértil de ilegalidad y de criminali-
dad organizada.
Remontándonos a una distinta versión de las cosas, que en los
últimos siglos va de Spinoza a Deleuze, pasando por Marx, Merleau-
Ponty, Foucault y otros más, podemos en cambio asumir la hipótesis
opuesta: que nada se piensa, se hace, ni se cambia si no es a través de
la materialidad de los lugares y de sus propiedades, porque es a través
de estas –de las cosas ligadas al suelo– que pasan necesariamente
(aunque no en modo determinista) todas las relaciones sociales y sus
representaciones conceptuales (Deleuze y Guattari, 1991).
La importancia de operar sobre la territorialidad
Si llamamos territorialidad a la mediación simbólica, cognos-
citiva y práctica que la materialidad de los lugares ejerce sobre el
comportamiento social (Raffestin, 1981; Turco, 1998), debemos
concluir que geógrafos, urbanistas, proyectistas urbanos y planifica-
dores, por el hecho de ocuparse esencialmente de la territorialidad,
se sitúan en una posición cognoscitiva y operativamente estratégica.
Con una redescripción de los lugares, ellos contribuyen a cambiar
la sociedad; con una proyección de su transformación física, recon-
ceptualizan y reestructuran las relaciones sociales, estableciendo, al
mismo tiempo, los órdenes locales en los planes.
Tenemos que especificar que la territorialidad de la cuál se
habla no es solo aquella estudiada por los etólogos, que examina la
demarcación y el control del territorio, es decir, las funciones fun-
damentales comunes tanto a la sociedad animal como a la sociedad
humana (Sack, 1986, Agnew, 1987; Mazza, 1998). Dichas funcio-
nes, aunque realizadas en modos distintos, reconducen en todos
los casos a juegos de suma 0, o sea, a una práctica de exclusión y
limitación en el uso del territorio. Aquí, por el contrario, se hace
referencia a esa territorialidad en positivo que consiste en valorar
las condiciones y los recursos potenciales de los diversos contextos
territoriales (milieu) en procesos de desarrollo y rehabilitación, por lo
general conflictivos, pero también susceptibles de ser compartidos y
participados precisamente gracias a los recursos adicionales que este
tipo de territorialidad activa permite crear durante el proceso (Gatti,
1990; Magnaghi, 1998).
Esta última perspectiva es la que caracteriza el cambio de di-
rección más reciente y significativo de las ciencias territoriales, y de la
urbanística en particular: de ser ciencias principalmente dirigidas a la
producción de planes –es decir, indicaciones y normas orientadas a
fijar las reglas de uso de los recursos disponibles (territorialidad del pri-
mer tipo)– pasan a ser ciencias y técnicas de las políticas territoriales,
o sea, de procesos interactivos que promueven y regulan la creación
Forse è anche a causa di questo occultamento del territorio
da parte delle discipline dominanti che gli interessi e le poste in gioco
territoriali sono da sempre una delle componenti più opache della
politica: strumenti nascosti di sfruttamento e oppressione, substrato
fertile di illegalità e di criminalità organizzata.
Rifacendosi a una diversa visione delle cose, che negli ultimi
secoli va da Spinoza a Deleuze, passando per Marx, Merleau Ponty,
Foucauit e altri ancora, possiamo invece assumere l‘ipotesi opposta:
che nulla si pensa, si fa, né si cambia se non per mezzo della materia-
lità dei luoghi e delle loro proprietà, perché attraverso ad esse -alle
cose legate al suolo- passano necessariamente (anche se non deter-
ministicamente) tutti i rapporti sociali e le loro rappresentazioni con-
cettuali (Deleuze e Guattari, 1991).
L’importanza di operare sulla territorialità
Se chiamiamo territorialità la mediazione simbolica, cognitiva
e pratica che la materialità dei luoghi esercita sull’agire sociale (Raffe-
stin, 1981; Turco 1998) dobbiamo concludere che geografi, urbanisti,
progettisti urbani e planner, per il fatto di occuparsi essenzialmente
della territorialità, si situano in una posizione cognitivamente e ope-
rativamente strategica. Ridescrivendo i luoghi essi contribuiscono a
cambiare la società; progettando la trasformazione fisica dei luoghi
essi riconcettualizzano e ristrutturano i rapporti sociali; ne fissano gli
ordini locali nei piani.
Va specificato che la territoria1ità di cui qui si parla non è
solo quehla, studiata dagli etologi, che riguarda la demarcazione e
il controllo del territorio, cioè le funzioni fondamentali comuni sia
aIle società animali che a quehle umane (Sack, 1986; Agnew, 1987;
Mazza, 1998). Tau funzioni, anche se esercitate in modi di versi,
sono in entrambi i casi riconducibili a giochi a somma zero, cioè a
pratiche di esclusione e di limitazione nell’uso del territorio. Qui
invece si fa riferimento a queIla territorialità in positivo che consiste
nel valorizzare le condizioni e le risorse potenziali dei diversi contesti
territoriali (mileu) in processi di sviluppo e riabilitazione in genere
conflittive, ma anche suscettibile di essere ripartiti e partecipati
precisamente grazie alle risorse supplementari che questo tipo di
territorialità attiva permette di creare durante il processo (Gatti,1990;
Magnaghi,1998).
Questi ultima prospettiva è quella che caratterizza la svolta
più recente e significativa delle scienze territoriali e dell’urbanistica
in particolare, da scienze principalmente rivolte a produrre piani -
cioè indicazione o norme rivolte a fissare le regole d’uso di risorse
date (territorialità del primo tipo)- a scienze e tecniche delle politiche
territoriali, cioè di processi interattivi che promuovono e regolano
la creazione e la crescita dei valori urbani (territorialità del secondo
tipo). In questi processi i piani rappresentano solo dei momenti e
57
y el incremento de los valores urbanos (territorialidad del segundo
tipo). En estos procesos, los planes representan solamente momen-
tos e instrumentos particulares. No profundizo en esta problemática,
ampliamente desarrollada por E. Scandurra (1999)
2
. De cualquier
modo, me parece que en el gobierno de la territorialidad los planes
tienden hoy a ser considerados menos decisivos que en el pasado
(Healey, 1997).
Creo que si la urbanís tica quiere mantener la propia identi-
dad, y más aún, reforzar su capacidad de elaboración conceptual
autónoma en la delicada fas e de tránsito desde la centralidad del
plan a aquella de las políticas , deberá, cada vez más, tomar con-
ciencia de que aquello que la distingue de otros conocimientos
y técnicas sociales es el hecho de operar sobre la territorialidad.
En esto radica, en mi opinión, su “valor de posición" y también
su “ventaja comp etitiva" (que en el plano del conocimiento com-
parte con la geografía): el hecho de asomarse a una encrucijada
(la de la territorialidad) donde todo el comportamiento social es tá
obligado a pas ar.
La práctica de geógrafos, urbanistas y planificadores ha sido
siempre la de operar sobre la territorialidad, mientras que la con-
ciencia de su propia actuación ha variado en el tiempo. Después
de un eclipse parcial debido al cientificismo del siglo XVIII y al fun-
cionalismo más reciente, hemos asistido durante los años setenta y
ochenta a una recuperación reflexiva, que en el interior de nues-
tras disciplinas ha producido, por ahora, una crisis sobre todo de
identidad, en tanto que hacia el exterior no ha logrado, hasta hoy,
resultados muy visibles.
Creo que debemos tener en cuenta este hecho, es decir, que los
“otros" nos ven aún como aquellos que se limitan a estudiar y planificar
la adecuación técnica –formal y funcional– de la ciudad ante cambios
que tienen lugar en otras esferas, mientras la confrontación con las nue-
vas realidades urbanas nos obliga a afrontar problemas de la territoriali-
dad en el sentido más amplio, anteriormente especificado.
Pero lo anterior no significa que los aspectos físicos y técnicos
sean poco importantes. Pensar que pueda existir una geografía huma-
na separada de la física o una urbanística de las relaciones políticas y
sociales separada de la técnica y de la misma ingeniería equivaldría
a reproducir el exceso de idealismo abstracto que reprochamos a las
ciencias sociales puras. La mediación territorial de las relaciones socia-
les –como bien subrayan B. Secchi y F. Indovina (1999)–
3
no solo es
degli strumenti particolari. Non mi addentro in questa problematica,
ampiamente trattata da E. Scandurra nella sua relazione in questo
stesso libro. Mi pare comunque che nel governo della territorialità i
piani tendono oggi ad essere considerati meno decisivi che in passato
(Healey, 1997).
Ritengo che se l’urbanistica vuole mantenere la propria
identità e anzi rafforzare la sua capacità di elaborazione concettuale
autonoma nella fase delicata di passaggio dalia centrailità del piano a
quella delle politiche, dovrà prendere sempre più coscienza che ciò
che la distingue da altri saperi e tecniche sociali è il fatto di operare
sulla territorialità. Questo è a mio avviso il suo “valore posizionale" e
anche il suo “vantaggio competitivo" (che sul piano della conoscenza
essa divide con la geografia): il fatto di affacciarsi su un crocevia
(quello appunto della territorialità) dove tutto l’agire sociale è co-
stretto a passare.
La pratíca di geografi, urbanisti e planner è sempre stata
quella di operare sulla territorialità, mentre la coscienza di questo
loro operare è variata nel tempo. Dopo un’eclisse parziale dovuta
allo scientismo ottocentesco e al funzionalismo più recente, si è
assistito negli anni ‘70 e ‘80 a un recupero riflessivo, che all’intemo
delle nostre discipline ha prodotto crisi per ora soprattutto d’identità,
mentre verso l’estemo non ha dato, sino ad oggi, rísultati molto
visibili.
Credo che dobbiamo tener conto di questo fatto, cioè che
gli “altri" ci vedono ancora come quelli che si limitano a studiare e
pianificare l’adeguamento tecnico -formale e funzionale- della città a
cambiamenti che avvengono in altre sfere, mentre el confronto con le
nuove realtà urbane ci costringe invece ad affrontare problemi della
terntonalità nel senso più vasto, sopra specificato.
Il che non significa che gli aspetti fisici e tecnici siano poco
importanti. Pensare che possa esistere una geografia umana separata
da quella fisica o un’urbanistica dei rapporti politici e sociali separata
da quella tecnica e dalla stessa ingegneria, equivarrebbe riprodurre
al nostro interno l’eccesso di idealismo astratto che rinfacciamo alle
scienze sociali pure. La mediazione territoriale dei raporti sociali -
come mettono bene in evidenza le relazioni di B. Secchi e F. Indovina
in questo stesso libro- non solo è tecnica, ma richiede conoscenze
tecnologiche oggi sempre più sofisticate, anche (e ancor più) quando
si parla di “relazioni immateriali". Se prendiamo ad esempio le tele-
comunicazioni, questa presunta immaterialità non solo comporta
massicci investimenti infrastrutturali, ma alimenta anche il più grande
2
El autor se refiere al artículo: “Quale ruolo per il planner e per il piano in una
società pluralistica senza vértice e senza centro.", pp. 13-36, incluido en el libro:
I fituri della città. Tesi a confronto, del cual se toma también el presente artículo.
(N del T).
3
El autor se refiere a los artículos: Bernardo Secchi. “Città moderna, città contem-
poránea e loro futuri", pp. 41-68., y Francesco Indovina. “La città prossima futura:
un nuovo protagonismo istituzionale", pp. 71-112., incluidos en el libro: I fituri della
città. Tesi a confronto, del cual se toma también el presente artículo. (N del T).
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técnica, sino que requiere conocimientos tecnológicos hoy cada vez
más sofisticados, también (y aún más) cuando se habla de “relacio-
nes inmateriales". Si tomamos como ejemplo las telecomunicaciones,
esta presunta inmaterialidad no solo comporta masivas inversiones in-
fraestructurales, sino que además alimenta el más grande negocio de
la historia, bien sea por la facturación del sector, bien sea porque de
este dependen buena parte de aquellas relaciones entre lo local y lo
global, sobre las cuales se juegan los destinos de los territorios en los
que la urbanística opera actualmente.
¿Cómo podemos hablar de futuro si sabemos tan
poco de las múltiples territorialidades urbanas.
Pensar el territorio como medio de las dinámicas de socializa-
ción equivale a decir que la territorialidad es en esencia un fenómeno
social. Ella examina los individuos singulares, pero en cuanto compo-
nentes de grupos. ¿Qué grupos. Hoy, ante todo, la humanidad entera,
como conjunto interactivo de los habitantes del territorio-planeta. Sin
embargo, entre este nivel global y el de los individuos singulares, las
relaciones sociales mediadas por el territorio se articulan en agregados
intermedios de distinto nivel territorial. Dicha articulación es territorial
en el sentido de que está en relación con la variación de las propie-
dades de los lugares y las regiones, y esto hace posibles las múltiples
formas de territorialidad distintas en el tiempo y en el espacio.
Las ciudades –los sistemas urbanos como quiera que sean
definidos– constituyen una familia de estas entidades territoriales
intermedias. Ellas se sitúan en un nivel que, creo, a pesar de las
dimensiones de ciertas grandes aglomeraciones, puede ser definido
como local, en la medida en que las relaciones de proximidad física
siguen manteniendo un papel esencial.
Como sistemas territoriales locales, las ciudades expresan for-
mas de territorialidad distintas, según las relaciones que sus propios
sujetos establecen con el territorio que, entendido como un milieu, es
un conjunto de condiciones-vínculos -recursos potenciales ligados a la
naturaleza de los lugares y a su “patrimonio", es decir, a las propieda-
des sólidamente adquiridas por estos en el largo plazo histórico.
Como ha sido amp liamente argumenta do por Francesca
Governa ( Pirodd i y otros , 1999)
4
, la territoria lidad no depende
únicamente del milieu (entend ido como un conjunto de condi-
ciones necesarias pero no suficientes para determinar las f orma s
locales), sino ante todo de las relaciones intersubjetivas, p or la s
cuales el milieu resulta ser un conjunto d e “ancla jes", “palan-
cas", medios para su concreción, en un proceso coevolutivo
complejo, en cuyo centro s e sitúan las redes locale s de s ujetos
business della storia, sia per il fatturato del settore, sia perché da
esso dipendono buona parte di quelle relazioni tra locale e globale
su cui si giocano i destini dei territori e su cui si trova oggi ad operare
1’urbanistica.
Come possiamo parlare del futuro se sappianio
così poco delle tante territorialità urbane.
Pensare al territorio come mezzo delle dinamiche di
socializzazione, equivale a dire che la territorialità è un fenomeno,
nella sua essenza, sociale. Esso riguarda sì i singoli individui, ma in
quanto componenti di gruppi. Quali grúppi. Oggi anzitutto 1’umanità
intera, come insieme interagente degli abitanti del territorio-pianeta.
Ma tra questo livello globale e quello dei singoli individui, i rapporti
sociali mediati dal territorio si articolano in aggregati intermedi di
diverso livello territoriale. Tale articolazione è territoriale nel senso
che è in relazione col variare delle proprietà dei luoghi e delle regioni,
e ciò rende possibili tante forme di territorialità, diverse nel tempo e
nello spazio.
Le cíttà -i sistemi urbani comunque definiti- costituiscono
una famiglia di queste entità territoriali intermedie. Esse si situano a
un livello che, a dispetto delle dimensioni di certi grandi agglomerati,
credo si possa definire locale, in quanto le relazioni di prossimità fisi-
ca vi hanno pur sempre un ruolo essenziale.
Come sistemi territoriali locali le città esprimono forme
di territorialità diverse a seconda dei rapporti che i loro soggetti
hanno con un territorio che, visto come un milieu, è un insieme di
condizioni-vincoli-risorse potenziali legate alla natura dei luoghi e al
loro “patrimonio", cioè alle proprietà stabilmente acquisite da essi
nella lunga durata storica.
Come ampiamente argomentato nel saggio di Francesca
Governa (vedi 2° volume) a cui si rinvia, la territorialità non dipende
però solo dal milieu (che è un insieme di condizioni necessarie ma
non sufficienti a determinarne le forme locali), ma anzitutto dai
rapporti intersoggettivi, per i quali il milieu è un insieme di “prese",
“leve", mezzi del loro concretizzarsi, in un processo co-evolutivo
4
El autor se refiere al artículo de Francesca Governa, “I sistemi locali territoriali
come ambiti territoriali di azione colletiva", incluido en: Elio Piroddi; Enzo Scan-
durra y Luciano De Bonis (eds.) (1999): I futuri della città. Mutamenti, nuovi
soggetti e progetti. Milán: Franco Angeli, Vol.2. (N del T).
59
que hacen de interfaz entre las relaciones con el resto del mun-
do y aquellas propias del milieu urbano local y, a través d e es te,
con el ecos istema.
Lo que frecuentemente s e olvida (o, en clave determinista,
se enfatiza demasiado) es que s on las relaciones específicas de
las redes locales con el milieu las que dan estabilidad, límites (si
bien matizados) e identidad a las ciudades; por tanto, planes y
políticas urbanas deben partir de una geografía de es tas relacio-
nes, de las racionalidades y de los proyectos que las activan; es
decir, de una geografía de las territorialidades y d e las territoria-
lidades urbanas en particular, en cuanto n odos y cen tros d e la
orga nización espacial.
La investigación Itaten (Clementi, Dematteis, Palermo,
1996) ha sido, a mi modo de ver, un primer paso importante en
este s entido, y debería ser retomado y profund izado a la esca-
la local de los sistemas urbanos s ingulares , afinando su metodo-
logía, teniendo en cuenta también que la es cala s elecciona los
sujetos, los puntos de vista pertinentes, los temas , los problemas ,
los datos, las rep resentaciones y, en definitiva, los métodos y las
categorías conceptuales.
Una contribución metodológica importante de Itaten ha sido la
definición de conceptos como “cuadro morfológico-ambiental", “ma-
trices territoriales" y, sobre todo, “medios de emplazamiento", a partir
de los logros del posibilismo geográfico vidaliano y de la Escuela de los
Annales, y yendo más allá de la concepción de los ambientes (milieu)
como conjuntos de condiciones dadas, hacia significantes operativos
capaces de entender las subjetividades locales en términos de territo-
rialidades específicas y, por tanto, como potencialidades de transfor-
mación. Todo esto en teoría, mientras en la práctica, en las interpreta-
ciones regionales, no ha sido fácil liberarse del peso de lo existente (es
decir, del pasado). Debido también a que gran parte de la documen-
tación disponible correspondía (y sigue haciéndolo) a la elaborada por
la geografía regional tradicional, en la cual el observador asume una
posición “objetiva", aparentemente externa a la de la realidad indagada
(Farinelli, 1981).
No obstante, la geografía también cambia y se producen
obras como la reciente geografía política de las regiones italianas,
a cargo de P. Coppola (1997). Sería por tanto deseable un esfuer-
zo común de geógrafos y urbanistas –tal vez junto con sociólogos
y antropólogos– para desarrollar investigaciones sistemáticas sobre
el terreno, dirigidas a reconocer y documentar la geografía de las
territorialidades urbanas como una nueva geografía de los posibles.
Esto plantea, entre otras cosas, problemas metodológicos en parte
no resueltos, tal como ha expuesto Francesca Governa (Piroddi y
otros, 1999)
5
.
complesso. Al centro di esso si situano le reti locali di soggetti che
fanno da interfaccia tra i rapporti col resto del mondo e quelli con il
milieu urbano locale e, attraverso ad esso, con l’ecosistema.
Quello che sovente si dimentica (o, in chiave deterministica,
troppo si enfatizza) è che sono le specifiche relazioni delle reti locali
col milieu che danno stabilità, confini (sia pure sfumati) e identità
alle città; che quindi piani e politiche urbane devono partire da una
geografia di queste relazioni, delle razionalità e delle progettualità
che le attivano, cioè da una geografla delle territorialità e di quelle
urbane in particolare, in quanto nodi e centri dell’organizzazione
spaziale.
La ricerca Itaten (Clementi, Dematteis, Palermo, 1996) è
stata a mio avviso un primo importante passo in questo senso, che
andrebbe ripreso e approfondito alla scala locale dei singoli sistemi
urbani, affinandone la metodologia. Anche perché la scala seleziona
i soggetti, i punti di vista pertinenti, i temi, i problemi, i dati, le
rappresentazioni e, in definitiva, i metodi e le categorie concettuali.
Un contributo metodologico importante di Itaten è consistito
nella definizione di concetti come “quadro morfologico-ambientale",
“matrici territoriali" e, soprattutto, “ambienti insediativi", partendo
dalle acquisizioni del possibilismo geografico vidaliano e delle
Annales, ma andando oltre la concezione degli ambienti (milieu)
come insiemi di condizioni date, verso significati operativi capaci
di cogliere le soggetività locali in terrnini di territorialità specifiche e
quindi di potenzialità del cambiamento. Tutto ciò in teoria, mentre
in pratica, nelle interpretazioni regionali, non è stato facile affrancarsi
dal peso dell’esistente (cioè del passato). Anche perchè gran parte
della documentazione reperibile era (e rimane) quella elaborata dalia
geografia regionale tradizionale, in cui l’osservatore assume una
posizione “oggettiva", apparentemente estema a quella della realtà
indagata (Farinelli, 1981).
Oggi però anche la geografia cambia ed escono opere
come la recente geografia politica delle regioni italiane, curata da P.
Coppola (1997). Sarebbe perciò auspicabile uno sforzo comune di
geografi e urbanisti -magari con sociologi e antropologi- per svolgere
indagini sistematiche sul terreno, rivolte a riconoscere e documentare
la geografia delle territorialità urbane come nuova geografia dei
possibili. Ciò pone tra l’altro problemi metodologici in parte irrisolti
per i quali si rinvia al contributo di Francesca Governa.
5
Ibíd.
60
enero - diciembre de 2006
Conflicto social y vínculo territorial
Los sistemas territoriales urbanos son esencialmente una
construcción mental que tiene correspondencia, antes que con una
realidad existente, con una realidad proyectiva. Es decir, son imáge-
nes mentales de redes sociales en gran parte por construir, teniendo
muy presentes los principios de la territorialidad local, esto es, de las
posibles relaciones con los milieu.
La discusión actual sobre la naturaleza de las entidades terri-
toriales locales llega a la conclusión de que las ciudades, entendidas
como actores colectivos, son una simplificación conceptual y son en
todo caso algo que se construye (Bagnasco y Le Galès, 1997). Dicha
construcción, sin embargo, no es banal (como sucede, por ejemplo,
en el modelo de la growth machine), sino compleja, en el sentido de
las “máquinas no banales" de von Foerster (1985).
Si nos preguntamos acerca de los cambios de los cuales de-
riva la nueva ciudad emergente, tenemos que reconocer que estos
se realizan en un ambiente no del todo homogéneo ni unitario; esto
quiere decir que tendenciosamente las redes sociales en la ciudad,
más que cerrarse y unirse entre ellas, la atraviesan en todas las direc-
ciones, mientras los sujetos privados y públicos, individuales y co-
lectivos que constituyen los nodos de estas redes se caracterizan por
su movilidad, multipertenencia y multiidentidad (Martinotti, 1993;
Hannerz, 1996).
Esquematizando, la ciudad emergente puede ser considerada
en la actualidad como el resultado de un conflicto entre ciudad do-
minante, ciudad resistente y ciudad insurgente –de la que habla tam-
bién A. Magnaghi (1999)
6
–, es decir, entre los sujetos y los poderes
dominantes promotores de un cierto cambio, los sujetos que temen
dicho cambio y aquellos que desearían un cambio distinto.
Aunque los límites entre estas dos últimas categorías resul-
ten matizados y difusos (Castells, 1997), hay que reconocer que no
existe una natural convergencia de intereses entre estos tres tipos
ideales de sujetos. Aquello que los une (en el conflicto y en su even-
tual negociación-composición) es que su comportamiento resulta
siempre (aunque no exclusivamente) local y territorial. Es decir, hace
referencia a las territorialidades posibles de la ciudad: al modo de
considerar su posición geográfica e infraestructural, al valor recono-
cido al ecosistema natural local, a las potencialidades de su milieu
físico, cultural e institucional. En la transición postfordista, esta terri-
torialidad de los actores urbanos resulta siempre más evidente.
Sobre la existencia de una base territorial común es que se
juega el cambio de cada ciudad en particular y, por consiguiente,
Conflitto sociaie e legame territoriale
I sistemi territoriali urbani sono essenzialmente una
costruzione mentale che ha corrispondenza, prima che in una realtà
esistente, in una realtà progettuaile. Sono cioè immagini mentali di
reti sociali in gran parte da costruire, tenendo ben presenti i principi
della territorialità locale, cioè le possibili relazioni con i milieu.
L’attuale discussione sulla natura delle entità territoriali
locali arriva alla conclusione che le città come attori collettivi sono
una semplificazione concettuale e sono comunque qualcosa che va
costruito (Bagnasco e Le Galès, 1997). Tale costruzione però non è
banale (come p. es. nel modello della growth machine) ma complessa,
nel senso delle “macchine non banali" di von Foerster (1985).
Se ci interroghiamo sui cambiamenti da cui deriva la nuova
città emergente dobbiamo riconoscere che essi si realizzano in
un ambiente che non è affatto omogeneo né unitario, ovvero che
tendenzialmente le reti sociali più che chiudersi e saldarsi tra loro
nella città, la attraversano in tutte le direzioni e che i soggetti privati e
pubblici, individuali e collettivi che costituiscono i nodi di queste reti,
sono caratterizzati da mobilit, multiappartenenze e multi-identità
(Martinotti, 1993; Hannerz, 1996).
Schematizzando, la città oggi emergente si può considerare
come il risultato di un conflitto tra la città dominante, quella resistente
e quella insorgente (di cui parla anche A. Magnaghi in questo stesso
libro), cioè tra i soggetti e i poteri forti promotori di un certo cambia-
mento, i soggetti che temono tale cambiamento e quelli che vorrebbe-
ro un cambiamento diverso.
Anche se i confini tra le due ultime categorie sono sfumati
e mobili (Castells, 1997), bisogna riconoscere che non c’è naturale
convergenza di interessi tra questi tre tipi ideali di soggetti. Ciò che li
lega (nel conflitto e nella sua eventuale negoziazione-composizione)
è che il loro agire è sempre in qualche modo (anche se mai esclusiva-
mente) locale e territoriale. Fa cioè riferimento alle territorialità pos-
sibili della città: al modo di considerare la sua posizione geografica e
infrastrutturale, al valore riconosciuto all’ecosistema naturale locale,
alle potenzialità del suo milieu fisico, culturale e istituzionale. E nella
transizione postfordista questa territorialità degli attori urbani è sem-
pre più evidente.
È sull’esistenza di una base territoriale comune che si gioca il
cambiamento di ogni singola città e, di conseguenza, il cambiamento
6
El autor hace referencia igualmente al artículo de Alberto Magnaghi , “Per una
costellazione di città solidali", pp. 129-174. Incluido en el libro: I fituri della città.
Tesi a confronto, del cual se toma también el presente artículo. (N del T).
61
el cambio global, como cambio de las distintas territorialidades. Por
ello la ciudad emergente no representa solo la forma (simbólica,
conceptual, física, social) de los poderes fuertes que la dominan,
sino que además es el resultado de resistencias e insurgencias, sin
las cuales el cambio sería diferente del que históricamente le corre-
sponde y de aquel imaginable en el futuro.
Las componentes antagonistas tienden obviamente a ser ocul-
tadas por las representaciones hegemónicas ya que su imagen es po-
tencialmente preformativa. Sin embargo, estas van colocadas en el
centro de la atención de quien, independientemente de su posición,
quiera entender el presente de la ciudad e imaginar su futuro. Los
proyectos, los conflictos, los éxitos, los fracasos, las incomodidades,
los sueños son los datos primarios que deben ser recogidos sobre el
terreno para obtener este conocimiento.
La urbanística, y la investigación urbana en general, debe ser
parcial, no porque haya tomado partido en el conflicto, sino porque
es capaz de asumir los puntos de vista de las diferentes partes, sin la
pretensión de componerlos en una única visión cenital en nombre
de la objetividad científica o del bien común, evitando también legi-
timar la aspiración, de cada una de las partes, de agotar la totalidad
en sus propias representaciones.
Gobernar las redes para gobernar la ciudad
Veo en las redes de sujetos (individuales y colectivos, públicos
y privados, locales o no) el instrumento conceptual y operativo para
gobernar la territorialidad, es decir, el conjunto de las relaciones so-
ciedad-territorio en las distintas escalas geográficas que el fenómeno
urbano puede asumir.
Creo que el gobierno de la territorialidad, tal como lo he de-
finido antes, no puede ser otro que governance, esto significa que
no se trata de intervención física directa sobre las cosas o coactiva
sobre los sujetos, sino interacción estratégica con los sujetos que
tienen (o proyectan tener) relaciones con las cosas y que a través de
estas establecen vínculos entre ellos: debaten, compiten, negocian,
cooperan, es decir, conforman redes de relaciones. La construcción
y el gobierno de estas redes, también –aunque no exclusivamente–,
a través de los instrumentos tradicionales de la planificación, son un
nuevo campo de acción tanto para la urbanística como para otras
ciencias de la ciudad. Sin embargo, creo que en esta tarea la urba-
nística debe ocupar una posición muy central, porque, como se ha
dicho antes, las redes de sujetos se forman en la relación de territo-
rialidad y a través de ella, y partiendo de la semiósfera, transforman
el ecosistema, el territorio, la sociedad, la economía y la cultura.
Otro punto importante es que con las redes no representamos
simplemente ciudades, sino el fenómeno urbano en sus jerarquías
y conexiones transescalares. Se pasa de las redes urbanas globales
al barrio y a la red de sujetos que, conectándose entre sí en este
globale, come cambiamento delle diverse territorialità. Perciò la città
emergente non esprime solo la forma (simbolica, concettuale, fisica,
sociale) dei poteri forti che la dominano, ma è anche il risultato di re-
sistenze e insorgenze, senza le quali il cambiamento sarebbe diverso
da quello che storicamente è, e di quello pensabile nel futuro.
Le componenti antagoniste tendono ovviamente ad
essere occultate dalle rappresentazioni egemoni perchè la loro
rappresentazione è potenzialmente performativa. Ma esse vanno
poste al centro dell’attenzione di chi, da qualunque parte stia, voglia
capire il presente della città e immaginare il suo futuro. I progetti, i
conflitti, i successi, i fallimenti, i disagi, i sogni sono i dati indiziari che
occorre raccogliere sul terreno per ottenere questa conoscenza.
L’urbanistica, e la ricerca urbana in generale, deve essere
parziale non perché già schierata nel conflitto, ma perché capace di
assumere i punti di vista delle diverse parti, senza la pretesa di comporli
in un’unica visione zenitale in nome dell’oggettività scientifica o del
bene comune. Ma anche evitando di legittimare la pretesa delle sin-
gole parti di voler esaurire il tutto nelle loro rappresentazioni.
Governare le reti per governare le città
Vedo nelle reti di soggetti (individuali e collettivi, pubblici
e privati, locali e non) lo strumento concettuale e operativo per
governare la territorialità, cioè l’insieme dei rapporti società-territorio
alle diverse scale geografiche che il fenomeno urbano può assumere.
Credo che il govemo della territoriaiitá, così come l’ho
prima definita, non può essere altro che governance, cioè non
tanto intervento diretto fisico sulle cose o coattivo sui soggetti, ma
interazione strategica con i soggetti che hanno (o progettano di avere)
rapporti con le cose e che attraverso ad esse stabiliscono rapporti tra
loro: confliggono, competono, negoziano, cooperano, formano cioè
reti di reiazioni. La costruzione e il govemo di queste reti, anche, ma
non solo, attraverso gli strumenti tradizionali della pianificazione, è
un nuovo campo d’azione per l’urbanistica come per altre scienze
della città. Ma credo che in esso l’urbanista debba occupare una
posizione molto centrale perché come s’è detto, le reti di soggetti si
formano nei rapporto di territorialità e attraverso ad esso trasformano
l’ecosistema, il territorio, la società, l’economia, la cultura, a partire
dalla semiosfera (Guarrasi, 1996).
Un altro punto importante è che con le reti noi non
rappresentiamo solo singole città, ma il fenomeno urbano nelle sue
gerarchie e connessioni transcalari. Si va dalle reti urbane globali al
quartiere e alla rete di soggetti che, connettendosi tra loro a questo
62
enero - diciembre de 2006
nivel elemental, pueden hacer del barrio un sistema territorial rela-
tivamente autónomo y autoorganizado, capaz por tanto de operar
en ciertas circunstancias y para ciertos fines como actor colectivo.
Así mismo, varios barrios de una ciudad pueden ser vistos también
como los nodos de una red que se liga a otras redes transversales de
sujetos (es decir, no puramente locales), hasta convertir la ciudad
entera en un sistema de nivel territorial superior, este también po-
tencial actor colectivo. El juego se repite a escalas más amplias. Por
ejemplo, las áreas metropolitanas en su versión más actualizada, las
agglomerations y las communautées urbaines francesas y similares,
son redes de este tipo: redes de sistemas locales, redes cuyos nodos
son redes.
Los geógrafos han mostrado desde hace tiempo cómo esta or-
ganización del fenómeno urbano en redes ocurre espontáneamente
por el simple hecho de que las redes globales de la producción, del
comercio, de las finanzas, de la ciencia y de la técnica, de la cultura,
de las instituciones políticas nacionales y transnacionales, tienden
a colocar sus nodos en las ciudades, para anclarlos a determinados
milieu urbanos, de modo que –al estar los nodos de estas organiza-
ciones supralocales en red– también las ciudades terminan convir-
tiéndose, ellas mismas, en redes (Gottmann, 1984; Conti, Dematteis
y Emanuel, 1995).
Sin embargo, junto a este networking pasivo que sigue a las
lógicas jerárquicas de los poderes fuertes, se va desarrollando (no
obstante, los modelos históricos no faltan: por ejemplo, las ciuda-
des anseáticas tardo-medievales: Pichierri, 1997) un networking
activo (Lavergne y Mollet, 1991; Batten, 1995). Veo en ello una
forma importante del nuevo protagonismo institucional del cual
habla F. Indovina (1999)
, que por una parte redimensiona el pa-
pel de la competencia entre ciudades y, por otra, pone en crisis y
hace más compleja la estructura jerárquica territorial (en árbol) y
política (top-down) de las relaciones entre ciudades globales, así
como entre otras metrópolis y ciudades pequeñas y medianas.
Además introduce en ella relaciones horizontales y oblicuas que
llevan a intercambios de conocimientos y de servicios, y permite
comunicaciones directas entre los niveles inferiores e intermedios
(Magnaghi, 1990; 1998; 1999)
8
. Este es un modo para escapar a la
reducción y a la homologación producidas por la mediación de los
niveles superiores y en particular por el nivel global, aun si eviden-
temente dicha comunicación no jerárquica es también selectiva, en
la medida en que comporta visiones del mundo compartidas por los
participantes, entre las cuales pueden encontrar sitio sus distintas
racionalidades locales.
Estas redes “horizontales" de ciudad –e incluso de barrios–
que pueden basarse en relaciones de proximidad física dentro de
ámbitos regionales (también transfronterizos), o en relaciones de
livello elementare, possono fare del quartiere un sistema territoriale
relativamente autonomo e auto-organizzato, capace quindi di
operare in certe circostanze e per certi fmi come attore collettivo. Ma
più quartieri di una città possono anche essere visti come i nodi di
una rete che si lega ad altre reti trasversali (cioè non puramente locali)
di soggetti fin a fare dell’intera città un sistema di livello territoriale
superiore, anch’esso potenziale attore collettivo. E il gioco si ripete a
scale più vaste. Ad esempio le aree metropolitane, nelle loro versioni
più aggiornate, le agglomerations e le communautées urbaines
francesi e simili sono reti di questo tipo, cioè reti di sistemi locali; reti
i cui nodi sono reti.
I geografi hanno da tempo mostrato come questa
organizzazione a rete del fenomeno urbano avvenga spontaneamente
per i1 semplice fatto che le reti globali della produzione, del
commercio, della finanza, della scienza e della tecnica, della cultura,
delle istituzioni politiche nazionali e sovranazionale, tendono a
collocare i suoi nodi nelle città, per ancorarli a determinati milieu
urbani, cossiche - essendo i nodi di queste organizzazioni sovralocali
in rete tra loro- anche le città lo diventano (Gotlmann, 1984; Conti,
Denmatteis e Emanuel, 1995).
Ma accanto a questo networking passivo che segue le logiche
gerarchiche dei poteri forti, si va sviluppando ora (ma i modelli storici
non mancano, p. es. le città anseatiche tardo-medievali: Pichierri,
1997) un networking attivo (Lavergne e Mollet, 1991; Batten, 1995).
Vedo in esso una forma importante di quel nuovo protagonismo isti-
tuzionale di cui parla F. Indovina nel suo articolo in questo stesso
libro. Esso da un lato ridimensiona il ruolo della competizione tra
città e dall’altro mette in crisi e complessifica la struttura gerarchica
territoriale (ad albero) e politica (top-down) dei rapporti tra città glo-
bali, altre metropoli e città piccole e medie. Introduce in essa relazio-
ni orizzontali ed oblique, che portano a scambi di conoscenze, e di
prestazioni. Permette comunicazioni dirette tra i livelli inferiori e in-
termedi (Magnaghi, 1990; 1998 e suo articolo in questo stesso libro).
É questo un modo per sfuggire alla mediazione riduttiva e omologan-
te dei livelli superiori e di quello globale in particolare, anche se ov-
viamente tale comunicazione non gerarchiea è anch’essa selettiva, in
quanto comporta visioni del mondo condivise dai partecipanti, entro
cui possono trovare posto le loro diverse razionalità locali.
Queste reti “orizzontali" di città - e persino di quartieri - che
possono basarsi su rapporti di prossimità fisica entro ambiti regionali
(anche transfrontalieri), o su rapporti di prossimitá d’altro tipo (cultu-
rale, di problemi eec.) in ambiti più vasti (da europeo a mondiale),
sono un tema di ricerca nuovo e interessante che meriterebbe ap-
profondire entro quello più vasto delle politiche di rete: un continente
che presenta anch’esso molte terrae incognitae.
Ribliografia
7
La cita (Magnaghi, 1999) corresponde al artículo citado anteriormente. Ver nota 6.
(N del T).
63
proximidad de otro tipo (culturales, de problemas, etc.) en ámbitos
más extensos (del europeo al mundial) son un tema de investigación
nuevo e interesante que merecería ser profundizado en el ámbito,
más extenso, de las políticas de redes: un continente que presenta
también muchas terrae incognitae.
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