Revista Bitácora Urbano Territorial
Universidad Nacional de Colombia
bitacora_farbog@unal.edu.co
ISSN (Versión impresa): 0124-7913
COLOMBIA
2006
Miriam German González / Arturo O. Santillán
DEL CONCEPTO DE RUIDO URBANO AL DE PAISAJE SONORO
Revista Bitácora Urbano Territorial,
enero-diciembre, año/vol. 1, número 10
Universidad Nacional de Colombia
Bogotá, Colombia
pp. 39-52
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
39
Resumen
El ruido urbano es uno de los problemas ambien-
tales que la humanidad está enfrontando actualmente.
Diferentes estudios han mostrado que el ruido afecta a
las personas, produciendo en ellos efectos físicos y psi-
cológicos negativos. Además, organismos internacionales
han incluido al ruido dentro de los temas ambientales de
investigación prioritaria.
El objetivo de este trabajo es revisar la evolución
que ha tenido la investigación en torno a la evaluación
del ruido en zonas habitacionales urbanas. Numerosas
investigaciones se han realizado con el fin de establecer
los efectos negativos del ruido urbano; se ha encontrado
que la molestia es uno de los más importantes, en térmi-
nos del número de personas afectadas. Para proteger a la
comunidad se han publicado normas y recomendaciones
que establecen niveles aceptables máximos de ruido. Sin
embargo, investigaciones recientes han mostrado que la
respuesta al ruido es compleja y que el nivel sonoro no es
la única variable que influye en ella.
Actualmente la investigación está dirigida a analizar
el ambiente sonoro desde un punto de vista integral. Este
nuevo enfoque se basa en el concepto de paisaje sonoro,
según el cual el sonido no es entendido como un mero el-
emento físico del medio, sino como un elemento de comu-
nicación e información entre el hombre y el medio urbano.
Palabras clave
Ruido ambiental, medición del ruido, respuesta
humana al ruido, paisaje sonoro
Del concepto
de
ruiDo
urbano
al de
paisaje so
no
ro
Miriam German-González
y Arturo O. Santillán
Abstract
Noise pollution is one of the environmental
problems that humanity confronts nowadays. Different
studies have shown that noise affects people, producing
physical and psychological effects. Moreover, international
institutions have included noise as environmental topic of
priority research.
The aim of this work is to review and discuss the
evolution of noise assessment on urban environments.
Numerous studies have been carried out to know the
negative effects of urban noise; annoyance has been found
as one of the more important in terms of the number of
affected people. Standards and recommendations have
been published to protect people. However, recent
investigations have shown the complexity of human
response to noise and that noise level is not the only
variable that affects it.
Nowadays sound environment is studied from an
integral point of view. This new approach is based on the
concept of soundscape, in which sound is not considered
just a mere physical element of the urban context but as
a means of information and communication between a
person and the urban environment.
Key words
environmental noise, noise measurement, human
response to noise, soundscape
Recibido: agosto 30 de 2006
Aprobado: septiembre 30 de 2006
10 (1) 2006: 39 - 52
From the concept of urban noise to the one of sonorous
landscape.
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1. Introducción
El ruido
Desde el punto de vista psicológico, el ruido ha sido definido como un sonido
indeseado porque es desagradable, molesta, interfiere con actividades importantes o
porque se cree que es dañino fisiológicamente (Cohen y Weinstein, 1982). Cuando se
evalúa el impacto en la salud y en el bienestar del ser humano, el ruido es usualmente
clasificado como ruido ocupacional y ruido urbano (también llamado ruido ambiental)
(Concha-Barrientos et al., 2004).
El ruido ocupacional es el que se genera en condiciones laborales; este, que
afecta a millones de trabajadores en el mundo, no será considerado aquí. El ruido am-
biental es el que se propaga por las áreas exteriores de una comunidad y puede intro-
ducirse en las edificaciones. Este tipo de ruido es crónico más que severo, es generado
por fuentes sonoras cuya inmisión del sonido no está limitada al área que pertenece
al dueño de la fuente. En este caso, los receptores, como individuos, ocasionalmente
pueden hacer algo para evitar el ruido producido (Guski, 2001). Cabe precisar que
puede existir una mezcla de los ruidos laboral y ambiental en un mismo sitio; sin em-
bargo, la afección en las personas es distinta.
Numerosas fuentes de ruido han sido identificadas en un ambiente urbano
(Branbilla, 2001), las principales son los medios de transporte, y entre estos, el más
importante y generalizado es el vehicular (carros, autobuses, camiones y motocicle-
tas). Otras fuentes de ruido que pueden causar considerable emisión de ruido son
la construcción, la industria y los trabajos públicos. En este mismo ambiente existen
fuentes sonoras que se caracterizan por ser esporádicas, tales como sirenas de ambu-
lancias, policía y bomberos, o señales acústicas producidas por sistemas de seguridad;
con todo, su impacto en las personas es negativo. El ruido producido por actividades
recreativas tiene, de igual forma, una importancia social considerable; en este grupo
se pueden mencionar como ejemplo voces de niños jugando en un parque, gritos de
personas reunidas en eventos deportivos, la música de conciertos al aire libre y juegos
pirotécnicos. Otras fuentes sonoras que pueden contribuir al ruido urbano se localizan
dentro de las edificaciones: en la vivienda, por ejemplo, sistemas de bombeo, equipos
de ventilación y aire acondicionado, equipos de limpieza, sistemas de reproducción de
música, animales domésticos y celebraciones sociales excesivamente ruidosas.
Las fuentes sonoras mencionadas, y muchas otras, contribuyen en alguna medi-
da a lo que en conjunto se ha descrito como ruido urbano o ambiental.
El problema del ruido como contaminante ambiental no es nuevo. Aproximada-
mente 600 años antes de Cristo, en la ciudad de Síbaris, en la antigua Italia, se estable-
ció lo que podría considerarse como uno de los primeros ejemplos de norma referente
al ruido en una comunidad. Allí, los artesanos, cuyo trabajo era ruidoso, debían laborar
fuera de la ciudad (Embleton, 1996). Algunos siglos después, en la antigua Roma se
prohibió el tráfico de carruajes durante la noche debido a que el ruido generado per-
turbaba el sueño de los habitantes (Shaw, 1996).
Actualmente el problema de la contaminación ambiental por ruido en las ciudades
ha llegado a ser de gran importancia dado el número de personas expuestas y los efectos
que tiene en la comunidad. Organismos internacionales como la Organización Mundial
de la Salud (OMS) y la Organización para el Comercio y Desarrollo Económico (OCDE)
41
han incluido al ruido dentro de los temas ambientales de
investigación prioritaria, señalándolo como un indicador
de la calidad ambiental urbana (OECD, 2001; OECD,
2003; Berglund y Lindvall, 1995; WHO, 2004).
Existe una gran cantidad de estudios científicos
que analizan los efectos del ruido en los seres humanos.
Uno de los más completos es el informe preparado para
la OMS, titulado Ruido comunitario (Berglund y Lindvall,
1995), donde se señala que el ruido ambiental puede
tener efectos tales como: interferencia con la comunica-
ción, perturbación del sueño, afecciones psicofisiológi-
cas (estrés y efectos cardiovas culares), efectos en la salud
mental, en el desempeño de tareas , en la productividad,
en el comportamiento social y molestia. La exposición
al ruido ambiental normalmente no causa pérdida au-
ditiva, salvo en casos de exposición a niveles de ruido
excepcionalmente elevados o debido a una exposición
prolongada. Este mismo organismo (WHO, 2003) reco-
mendó como indicadores de salud la evaluación de la
molestia, la perturbación del sueño, la fracción de riesgo
de enfermedad y mortalidad por afecciones cardiovascu-
lares provocadas por la exposición al ruido ambiental. La
molestia y la perturbación del sueño se eligieron porque
si bien no son los más graves, sí son los más fáciles de
evaluar, dan una buena imagen de la situación de ruido
en un país y alertan sobre problemas más serios.
Algunos organismos internacionales y autores
(WHO, 1999; Comisión Europea, 1996; Vallet, 2001) han
sugerido, para ambientes específicos, tales como hospita-
les, escuelas, vivienda, entre otros, valores límite de ruido
que deberían ser considerados para evitar efectos negati-
vos en las personas. Estos valores han sido especificados
mediante el Nivel de Presión Sonora (NPS)
1
, equivalente
en decibeles A (L
Aeq
) que representa el nivel del ruido pro-
medio durante un intervalo dado de tiempo.
En el caso de la vivienda, el ruido ambiental tiene
las siguientes afecciones en los residentes: perturbación
de las actividades de comunicación (al hablar por teléfo-
no o conversar con otras personas en la mis ma vivienda,
al es cuchar radio o televisión, por ejemplo), trastorno
del sueño, perturbación de la concentración mental y
molestia. Generalmente es mayor el número de personas
que reportan perturbación de sus actividades por el ruido
en áreas exteriores de la vivienda (jardines, balcones, terra-
zas, etc.) que dentro de la casa (Guski, 2001). Esto se pue-
de explicar por el hecho de que los elementos de las fa-
chadas proporcionan aislamiento sonoro. Por ejemplo, el
aislamiento sonoro de un muro cuyo peso por unidad de
superficie es de 20kg/m
2
es de aproximadamente 30dB, el
de uno de 100kg/cm
2
es de 40dB, el de una puerta sólida
está entre 15-20dB (Behar, 1994).
En un estudio sobre los efectos del ruido aéreo
(Guski, 2001) se reportó que para un nivel de presión so-
nora equivalente de 65dB durante el período diurno, los
porcentajes de residentes perturbados, mientras conver-
saban en el exterior y en el interior de la vivienda, fueron
de 72% y 55% respectivamente; el 49% fueron pertur-
bados mientras escuchaban radio o veían televisión y el
28% durante actividades recreativas . La perturbación de
la comunicación ocurre comúnmente con niveles pico
de ruido (por ejemplo, por el paso de un avión muy cer-
ca de la vivienda, o por el pas o de camiones), dado que
el ruido producido enmascara los sonidos de la comuni-
cación. Se ha recomendado que para poder conversar
sin interferencia en el interior de la vivienda, durante el
período diurno, el nivel de ruido continuo no debe ser
mayor de 35dB-A (WHO, 1999).
El trastorno del sueño, de acuerdo con la OMS, es
visto como una afección en la salud, pero también puede
causar efectos posteriores como cambios de humor, dis-
minución en el desempeño de tareas y fatiga, esta última
se relaciona con accidentes (WHO, 2003). Esta afección
es reportada en viviendas expuestas a ruido exterior gene-
rado por los sistemas de transporte y a ruido interior ge-
nerado, por ejemplo, por los sistemas de aire acondicio-
nado. Para el período nocturno, los valores guía de ruido
(OMS, 1999) son los siguientes: el ruido no debe exceder
30dB-A en el interior de los dormitorios y 45dB-A a un
metro de la fachada de las casas para que las personas
puedan dormir con las ventanas abiertas.
La perturbación de la concentración mental
durante el trabajo, por ejemplo, es menos destacada
como una respues ta al ruido ambiental porque hay
poca gente que trabaja en casa. Sin embargo, cuan-
do esto ocurre, se incrementa el esfuerzo mental para
completar la tarea. La calid ad del desempeño no es ne-
cesariamente menor respecto a la que s e realiza en un
lugar tranquilo, pero el tiempo y el esfuerzo s on mayo-
res (Guski, 2001). Para áreas de trabajo en la vivienda
se recomiendan niveles sonoros de entre 35 y 40dB
(Bies y Hans en, 1988).
1
Una medida de la intensidad del ruido es el Nivel de Presión Sonora
(NPS), cuya unidad es el decibel (dB) generalmente referido a 20 mi-
cropascales. La escala de decibeles con ponderación A (dB-A) es la
más usada en mediciones que relacionan la respuesta humana ante
el ruido, ya que se aproxima a la forma en que responde el oído.
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El mayor efecto en la comunidad causado por el
ruido urbano es la molestia, la cual se define como “sen-
timiento de desagrado asociado con cualquier agente o
condición que se sabe o se cree que afecta de manera
adversa" (Berglund y Harder, 1994). Para proteger a la
mayoría de las personas durante el período diurno de rui-
do muy molesto y moderadamente molesto, el nivel del
ruido proveniente del exterior no debe exceder 55dB-A
y 50dB-A respectivamente (Berglund y Lindvall, 1995). La
OCDE ha sugerido que se considere que a partir de 55-
60dB-A en promedio durante el período diurno el ruido
puede causar molestia y por encima de 65dB-A pueden
surgir perturbaciones de los modelos de comportamiento
y síntomas de daño grave (Comisión Europea, 1996).
De acuerdo con la OMS (WHO, 1996) la con-
taminación por ruido es un problema global y sigue en
aumento. Con todo, no existen datos exactos de la can-
tidad de personas afectadas; solamente se han realizado
estimaciones en algunos países del porcentaje de perso-
nas que viven en zonas urbanas y son afectadas por el
ruido del transporte vehicular. En los Estados Unidos de
América se estimó en 1982 que el 87% de la población
estaba expuesta a niveles de ruido por encima de 55dB-A
(nivel promedio en un período de 24 horas) (EPA, 1982).
En 1994 se estimó que aproximadamente el 25% de la
población europea estaba expuesto a ruido con un nivel
promedio superior a 65dB-A en un período de 24 horas;
aunque en algunos países europeos la población afectada
podría ser más de la mitad, en otros podría ser menos del
10% (Berglund y Lindvall, 1995). En Alemania se estimó,
en 1999, que aproximadamente el 15% de la población
estaba expuesta a niveles de ruido mayores de 65dB-A en
promedio durante el día (WHO, 2003). En Suecia fue re-
portado en el año 2000 que el 25% de la población esta-
ba expuesta a ruido mayor de 55dB-A de nivel promedio
en un período de 24 horas (Ohrstrom et al., 2006). Un
estudio realizado en el Reino Unido estimó que en el año
2001 el 54% de la población estaba expuesta a niveles de
ruido, en promedio durante el período diurno, mayores a
55dB-A y el 67% a niveles mayores de 45dB-A durante el
período nocturno (Skinner y Grimwood, 2005).
Aunque el ruido del transporte vehicular en ciuda-
des de países en desarrollo no ha sido reconocido como
un problema mayor,
algunos estudios (Boullosa y Pérez,
1987; Onu, 2000; Zannin et al., 2003; Sayed, 2004;
Sommerho et al., 2004) y la OMS (WHO, 1999) han su-
gerido que el problema de ruido ambiental también es de
consideración, tomando en cuenta la deficiente planifica-
ción y construcción de los edificios.
El número de personas expuestas al ruido es un in-
dicador necesario para evaluar la relación entre el ruido
ambiental y los efectos en los seres humanos; por ello, la
importancia de su estimación. Es difícil comparar la infor-
mación hasta ahora obtenida en diferentes países, debi-
do a la utilización de varios métodos para su obtención.
Dentro del marco del proyecto Development of Environ-
ment and Health Indicators for the EU Countries, la OMS
(WHO, 2003) ha sugerido una metodología para estimar
el número de personas expuestas al ruido ambiental, la
cual coincide con la propuesta en la Directiva Europea
2002/49/EC (European Directive, 2002) que se aplica al
ruido ambiental en áreas de viviendas, parques públicos
u otras áreas tranquilas, cerca de escuelas, hospitales y en
áreas sensibles al ruido. Con una metodología común se
pretende describir el estado de la contaminación ambien-
tal por ruido en zonas urbanas, hacer comparaciones de
los resultados a nivel internacional y definir planes de ac-
ción para prevenir o reducir los efectos dañinos causados
por este tipo de ruido.
Los costos del ruido
Los costos causados por los efectos de la expo-
sición al ruido ambiental han sido evaluados mediante
modelos económicos, siendo la molestia el efecto prin-
cipalmente considerado para es a evaluación. Los costos
que se han es timado son los generados por: a) la protec-
ción
comunitaria y privada (barreras acústicas, aislamien-
to sonoro en ventanas), b) las pérdidas de productividad,
c) el cuidado de la salud, d) las pérdidas de bienestar
psicológico y e) el cambio del valor de mercado de la
vivienda. Este último costo ha sido tema de un mayor
número de trabajos de investigación, y para su análisis
se han empleado dos métodos de valorización económi-
ca de impactos ambientales: el método de preferencia
revelada y el de preferencia declarada. Las técnicas de
mayor uso empleadas por estos métodos son el precio
hedónico y la evaluación contingente respectivamente;
ambas se sustentan en el concepto económico llamado
disposición a pagar, en este caso, por un ambiente me-
nos ruidoso. Esta disposición a pagar se infiere con la
técnica de precio hedónico a partir de la observación
de las preferencias de los usuarios cuando compran un
inmueble, con la técnica de evaluación contingente me-
diante la declaración de las personas, a través de encues-
tas, acerca de cuánto estarían dis puestas a pagar por una
hipotética reducción del ruido (Bjorner, 2004; Wardman
et al., 2005).
Los resultados de la mayoría de los estudios hedó-
nicos son valores basados en el índice llamado Noise De-
preciation Sensitivity Index (NDSI), el cual da el porcentaje
43
promedio de depreciación de la vivienda por decibel in-
crementado en el nivel sonoro. Algunas investigaciones
también reportan sus resultados en porcentaje del Pro-
ducto Interno Bruto (PIB). Los estudios de evaluación con-
tingente dan resultados principalmente en términos del
PIB y del costo total al país por año.
En el año 2002, el Department of the Environment,
Transport and the Regions (DETR) analizó en el Reino Uni-
do una serie de estudios realizados en diferentes países
sobre la depreciación de la vivienda producida por el rui-
do del transporte (Navrud, 2002). Los valores del NDSI
están en el intervalo de entre 0,08% y 2,30% promedio de
depreciación de la vivienda por decibel incrementado en
el nivel sonoro y 0,2-2,27% del PIB. El DETR señala que
aunque la literatura revisada provee un amplio interva-
lo de estimaciones, los datos pueden ser de ayuda como
referencia para evaluar la magnitud de los costos sociales
generados por el ruido. La importancia de conocer es-
tos datos radica en identificar la combinación de medidas
que generen el mayor beneficio social por unidad mone-
taria destinada al control del ruido.
2. El ruido urbano
La importancia del ruido como un factor de conta-
minación ambiental en zonas urbanas empezó a manifes-
tarse en mayor medida en las primeras décadas del siglo
XX debido al impacto que este producía en la salud y el
bienestar de los habitantes (Laird, 1930; Winne, 1930).
Desde entonces las investigaciones sobre el ruido ambien-
tal han centrado su interés en dos grandes áreas: la eva-
luación cuantitativa del ambiente sonoro y el estudio de la
respuesta de la comunidad al ruido ambiental. La primera
analiza las condiciones de ruido de un ambiente específi-
co y la segunda analiza aspectos subjetivos implicados en
la percepción del ambiente sonoro. El mayor número de
trabajos realizados en la segunda área se han centrado en
el análisis de la respuesta de las personas al ruido en zonas
habitacionales. Entre los años 1943 y 2000 se han iden-
tificado 521 estudios de este tipo publicados en idioma
inglés, algunos de ellos también incluyen una evaluación
cuantitativa del ambiente sonoro (Fields, 2001).
Evaluación cuantitativa del ambiente sonoro
A lo largo de varias décadas se han realizado estu-
dios enfocados en la descripción objetiva del ambiente
sonoro en zonas urbanas. Muchos de ellos se han centra-
do en la medición del ruido exterior en las fachadas de las
edificaciones, principalmente en viviendas. Dependiendo
el propósito por el cual se han realizado los estudios, estos
varían en profundidad y detalle. Algunos propósitos co-
munes de este tipo de estudios son los siguientes (Stathis,
1981; Branbilla 2001; European Directive, 2002):
• Obtener niveles de ruido ambiental para correlacio-
narlos con la respuesta de la comunidad al ruido.
• Identificar fuentes de ruido exteriores y determinar su
contribución al ruido ambiental.
• Estimar el número de personas expuestas al ruido.
• Apoyar acciones legislativas y de planeación con la fi-
nalidad de reducir la exposición al ruido de la comu-
nidad.
• Obtener descripciones del ruido ambiental con el pro-
pósito de evaluar impactos actuales o futuros.
• Determinar la neces idad o ampliación de acciones
de control de ruid o de fuentes sonoras existentes o
futuras.
• Establecer el adecuado uso del suelo para diferentes
actividades.
• Comparar los niveles sonoros con los límites especifi-
cados en la legislación sobre ruido.
Los niveles de ruido en un principio fueron ob-
tenidos a partir de mediciones en los sitios de estudio,
pos teriormente se han deducido a través de métodos
teóricos . Uno de los primeros estudios de medición del
ruido ambiental a gran escala fue realizado en 1930 en
la ciudad de Nueva York (Galt, 1930). En él se identi-
ficaron las fuentes de ruido que causaban problemas,
muchas de las cuales actualmente siguen siendo fuente
de contaminación acústica. Los trabajos de investigación
que involucran la medición del ruido se incrementaron
considerablemente a partir de la década de los setenta,
cuando empezó a surgir la normatividad en diversos paí-
ses para evaluar y controlar la contaminación acús tica
(Meyer, 1972; Kryter, 1972).
Actualmente los equipos de medición de ruido am-
biental son de manejo simple, las señales sonoras se pue-
de medir fácilmente con sonómetros, o se pueden grabar
para su análisis posterior en laboratorio.
Sin embargo, las
mediciones in situ tienen ciertos inconvenientes: en algu-
nos casos pueden consumir mucho tiempo y ser costosas;
es necesario trasladar el equipo o hacer una instalación
temporal de monitoreo con protección ante condiciones
meteorológicas y de seguridad, o se requiere invertir re-
cursos en equipo y mano de obra.
Los niveles de ruido medidos en áreas urbanas de-
penden de las características de la fuente sonora (potencia,
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enero - diciembre de 2006
frecuencia y directividad) y de las condiciones de propaga-
ción del sonido en el área estudiada (distancia fuente-recep-
tor, topografía del terreno, obstáculos artificiales y naturales,
condiciones meteorológicas, por ejemplo). Con esta infor-
mación es posible estimar dichos niveles sonoros a través de
modelos teóricos, los cuales ofrecen ciertas ventajas sobre las
mediciones directas porque se pueden hacer estimaciones
para cualquier situación existente o proyectada.
La propagación del sonido en el exterior ha sido
tema de numerosas investigaciones desde la década de
los cincuenta, cuando el ruido de los medios de trans-
porte fue reconocido como un problema ambiental en
algunos países. Desde aquellos años se han desarrollado
numerosos modelos para estimar el ruido ambiental. Se
ha puesto especial énfasis en el ruido del transporte aéreo
y vehicular.
Los primeros estudios en esta área consideraron
un escenario relativamente simple, principalmente bajo
condiciones de espacio abierto en carreteras cercanas a
zonas habitadas; tenían como únicas variables el número
de vehículos por hora y la distancia entre la fuente de rui-
do y el receptor. Posteriormente se incorporó la velocidad
de los vehículos y se consideraron porcentajes de vehícu-
los pesados (Steele, 2001).
Modelos recientes hacen un
análisis más amplio de la propagación y atenuación del
sonido, incluyendo efectos como la potencia de la fuentes
sonora, divergencia de las ondas acústicas, la atenuación
causada por el terreno y por obstáculos artificiales y natu-
rales, efectos de los gradientes de temperatura y viento, la
topografía, entre otros (Makarewicz, 1991; Kragh, 2001;
Martin y Hothersall, 2002).
El estudio de la propagación del sonido también
se ha realizado dentro de las ciudades. La mayoría de los
trabajos se han enfocado en analizar el comportamiento
del sonido en los llamados cañones urbanos, conformados
por las calles y los edificios que los limitan.
A principios de la década de los setenta se realiza-
ron los primeros modelos de la propagación del sonido
en cañones urbanos (Aylor y Parlante, 1973; Bullen y
Fricke, 1976),
enfocados principalmente en el estudio
del campo reverberante (zona donde predomina el so-
nido reflejado sobre el sonido proveniente directamen-
te de la fuente). Dos señalamientos importantes que se
expresan en estas primeras investigaciones y que han
contribuido significativamente en el entendimiento del
comportamiento del sonido en calles urbanas son: a) es
necesario considerar los elementos que conforman las
fachadas así como las irregularidades en las edificaciones
y en la superficie del terreno, y b) los niveles sonoros
dependen de las dimensiones de la calle y de la altura
de los edificios.
Estudios posteriores han ampliado el conocimiento
sobre el tema de la propagación y atenuación del sonido
en calles urbanas (Kang, 2000; Picaut, 2002; El Dien y
Woloszyn, 2004; Ismail y Oldham, 2005). Los resultados
han proporcionado algunas guías para lograr una atenua-
ción significativa del ruido a lo largo de los cañones urba-
nos, por ejemplo: es más adecuado diseñar las fachadas
de tal manera que reflejen el sonido en forma difusa (que
es el caso de fachadas con irregularidades formadas por
balcones, ventanas, esquinas, etc.) y no geométricamente
(lo que ocurre con fachadas lisas). Si las fachadas de una
calle reflejan difusamente el sonido, el hecho de que el
terreno refleje el sonido de la misma forma o de que lo
haga geométricamente no hace una diferencia significati-
va en el campo sonoro. Una atenuación extra del sonido
también se puede obtener incrementando la superficie de
absorción en las fachadas o en el terreno; la reducción de
la altura de los edificios y la separación entre estos tienen
un efecto similar. La absorción del aire y la vegetación es
bastante efectiva en el incremento de la atenuación del
sonido en altas frecuencias a lo largo de la calle.
Un dise-
ño adecuado de balcones puede ofrecer una protección
considerable contra el ruido.
Los modelos para estimar el ruido ambiental ofre-
cen la ventaja de que en caso de producirse cambios ur-
banísticos o del tráfico, se pueden actualizar mapas de
ruido, estimando los nuevos niveles sonoros. Sin embar-
go, las mediciones serán necesarias para validar o incre-
mentar la fiabilidad de las estimaciones, las cuales son con
frecuencia cuestionadas debido a que expresan el nivel
de ruido como un promedio diario, cuando en realidad
hay períodos con niveles más altos y períodos con niveles
más bajos.
Respuesta de la comunidad al ruido ambiental
La relación entre el valor de un indicador de ruido
y un efecto dañino en el ser humano ha sido identificada
como relación dosis -respuesta, relación dosis-efecto, re-
lación exposición-efecto o relación exposición-respuesta.
Esta última terminología, de acuerdo con la OMS (WHO,
2003), es la más adecuada.
Esta relación ha sido ampliamen-
te analizada desde la década de los sesenta (Fields, 2001).
Para su explicación se ha puesto considerable atención
en la investigación de los indicadores de ruido, en el tipo
de fuentes sonoras, en las escalas para la evaluación de la
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reacción de las personas y en variables no acústicas que
influyen en dicha relación.
El estudio de la relación exposición-respues ta
propició el desarrollo y uso de una amplia variedad de
indicadores de ruido. Estos representan una medida del
nivel de ruido, cuyas características se deben a supues -
tos o factores que se tomaron en cuenta en su diseño.
Algunos de estos supuestos y factores (Schomer, 1985;
Crocker, 1998) son: a) la respues ta de la comunidad al
ruido se incrementa con la intensidad de este y con la
frecuencia de la ocurrencia; b) la respuesta a la exposi-
ción sonora s e incrementa durante la noche compara-
da con la misma exposición sonora durante el día, y c)
algunos indicadores toman en cuenta factores como la
duración del evento sonoro, número de eventos, con-
tenido de frecuencia, variación del nivel con el tiempo,
pres encia de tonos puros en el ruido, existencia de ruido
de fondo, entre otros.
Existe un número extenso de indicadores que han
sido propuestos para evaluar la reacción al ruido (Bishop,
1973; Eldren, 1974; Hayashi et al., 1978; Crocker, 1998).
Por ejemplo, entre los más conocidos para evaluar las re-
acciones de la comunidad al ruido producido por aviones
se encuentran el Composite Noise Rating (CNR), el Noi-
se Exposure Forecast (NEF), el Noise and Number Index
(NNI). Para evaluar el ruido del transporte vehicular se
han utilizado el Traffic Noise Index (TNI) y el Noise Pollu-
tion Level (NPL).
Algunos indicadores ya no están en uso, otros han
tenido una
evolución de acuerdo con los intentos de inves-
tigadores por encontrar aquellos que se relacionen mejor
con la respuesta humana y cuya su medición con instru-
mentos sea fácil. Actualmente los indicadores comúnmente
usados para caracterizar la exposición al ruido urbano son
los integrales, los estadísticos y el nivel máximo.
Los indicadores integrales constituyen una medida
que integra la energía sonora en un período de tiempo, los
más usados de este tipo son:
a) El nivel sonoro día-noche (L
dn
o DNL, por sus siglas en
inglés). Expresado endB-A, toma en cuenta las 24 ho-
ras del día; pero se agrega un factor de 10dB al nivel
sonoro que ocurre en el período nocturNo.
b) El nivel sonoro día-tarde-noche (L
den
o DENL, por sus
siglas en inglés). Es similar al anterior, se agrega un factor
de 5dB al nivel sonoro que ocurre en el período ves-
pertino y un factor de 10dB en el período nocturno.
En estos indicadores, la duración de cada período
en que son divididas las 24 horas es una decisión que
depende principalmente de los hábitos sociales de la po-
blación, los cuales, a su vez, están influenciados por la
herencia, la cultura y el clima (Branbilla, 2001). Por ejem-
plo, la Directiva Europea 2002/49/EC establece 12 horas
para el período diurno (de 07:00 a 19:00 horas), 4 para el
vespertino (de 19:00 a 23:00 horas) y 8 para el nocturno
(de 23:00 a 7:00 horas).
Los indicadores estadísticos dan la medida del por-
centaje del tiempo que el nivel de presión sonora está
por encima de un determinado nivel durante el tiempo
de muestreo. Se designan con el símbolo L
n
, donde n es
cualquier número entre 0 y 100. Los indicadores de este
tipo más comunes son L
1
, L
10
, L
50
, L
90
y L
99
, que represen-
tan los niveles excedidos el 1%, 10%, 50%, 90% y 99% del
tiempo de muestreo. Los niveles L
1
y L
10
son usados para
representar eventos de corta duración, pero de nivel alto;
el L
50
corresponde al nivel sonoro promedio; los niveles
L
90
y L
99
son usados frecuentemente para representar el
nivel mínimo de ruido; el nivel L
90
es frecuentemente re-
ferido como ruido de fondo.
El nivel máximo (L
max
) es el nivel sonoro de mayor
valor durante el período de observación.
Algunos organismos (U.S. Department of Hous ing
and Urban Development, 1979; Berglund y Lindvall,
1995; European Directive, 2002) han recomendado el
uso de los indicadores integrales para evaluar la moles -
tia d ebid a a la exposición al ruido urbano (relativamen-
te estable); s in embargo, su us o ha sido cuestionado
(Fidell y Pearsons, 1998; Rylander y Björkman, 2002),
ya que este tipo de indicad ores están basados en la hi-
pótes is de igual energía, que establece que el número,
el nivel y la duración de los eventos de ruido son deter-
minantes (intercambiables) de la moles tia, mientras su
producto (s uma de energías) permanezca constante. Se
asumiría entonces que la gente es indiferente entre las
siguientes dos situaciones , a) la molestia de pocos even-
tos de muy alto nivel y de corta duración y b) la moles -
tia de muchos eventos de bajo nivel de ruido y de larga
duración. Debido a que estos indicadores evalúan la
exposición global al ruido durante un período largo d e
tiempo, se impide tener en cuenta los efectos de gran-
des fluctuaciones del nivel sonoro durante el período
de estudio. Por ello, para considerar las fluctuaciones
en el nivel de ruido y el carácter intermitente de algu-
nos ruidos s e ha sugerido usar también los indicadores
estadís ticos y el nivel máximo.
46
enero - diciembre de 2006
Los primeros estudios sobre la relación exposición-
respuesta analizaron la correlación entre el número de
quejas de la comunidad y el ruido (Galt, 1930); también
trataron de predecir si la población expuesta al ruido po-
dría quejarse o tomar acciones legales (Luz et al., 1983).
Un gran número de
investigaciones posteriores han tenido
las siguientes características en común (Von Gierke, 1975;
Fidell, 1978; Finegold y Finegold, 2002): a) se estudia el
efecto de la molestia más que cualquier otro; b) las zonas
de estudio son habitacionales, escasos estudios consideran
otro tipo de espacio; c) las fuentes de ruido más estudiadas
son los medios de transporte; d) el ambiente ruidoso es
considerado relativamente estable; e) la respuesta al ruido
es evaluada considerando un período largo de tiempo.
Se estudia principalmente el efecto de la molestia
porque se ha considerado que es el más importante en
términos del número de personas afectadas. La respuesta
al ruido ha sido analizada considerándola en un período
largo de tiempo (desde varios meses hasta un año) porque
se asume que a la población le toma cierto tiempo habi-
tuarse al ruido de su comunidad. La respuesta directa e in-
mediata a eventos individuales de ruido no es usada para
describir la reacción de la comunidad al ruido dado que
es difícil de estimar, excepto bajo condiciones controladas
como en laboratorio (Finegold y Finegold, 2002).
La mayoría de los estudios sociales que tratan la
relación exposición-respuesta al ruido tiene un diseño
común, está basada en encuestas de opinión aplicadas
directamente a las personas en su vivienda, enviadas por
correo o hechas por teléfoNo. Se pregunta a los encues-
tados sobre la percepción del ambiente sonoro en el in-
terior de su vivienda, provocado por el ruido proveniente
del exterior, con el propósito de establecer si (y cuánto)
dicho ruido molesta y en algunos casos si interfiere con
actividades dentro de la vivienda.
Otros estudios, menos numerosos, han usado técnicas
como entrevistas no estructuradas, reportes de cambios de
comportamiento, reportes de perturbación durante las horas
inmediatas precedentes a la exposición de ruido, respuestas
instantáneas grabadas en tiempo real y monitoreo mecánico
de los movimientos durante el sueño (Fields, 2001).
En algunos estudios, identificados como socio-acús-
ticos, se miden o se calculan los niveles de ruido ambiental
en el exterior de las viviendas de las personas encuestadas;
esto con el propósito de correlacionar sus características fí-
sicas con la respuesta de la comunidad, bajo el supuesto de
que gran parte del ruido interior viene del exterior.
Estudios realizados en diversos países han sido uti-
lizados para conocer la relación entre la exposición de la
población al ruido ambiental y su respuesta a él. Se han
desarrollado funciones que muestran la relación entre la
molestia experimentada en la vivienda y el ruido inciden-
te en la fachada más expuesta, donde la variable indepen-
diente es la exposición al ruido (en unidades de DNL) y la
variable dependiente es la molestia (en % de personas al-
tamente molestadas (%HA), obtenido con los valores más
altos de la escala de respuestas utilizada).
Schultz (1978a) comparó la información de algunos
estudios realizados antes de 1978 que se referían al ruido de
aeronaves, de tránsito vehicular y de trenes. Sobre la base de
estos se obtuvo una sola curva, donde el %HA es función del
DNL, como la mejor para estimar la molestia debida al ruido
de cualquier medio de transporte. A partir de su publicación,
este trabajo generó un intenso debate entre Kryter (1982a,
1982b) y Schultz (1978b) respecto al criterio utilizado para
obtener la función. Kryter analizó nuevamente algunos de
los mismos estudios en los que se basó Schultz y concluyó
que deberían usarse funciones diferentes para distintos me-
dios de transporte, dado que encontró una diferencia de
aproximadamente 10dB entre la función para el ruido del
transporte terrestre y la función para el aéreo. Dos trabajos
publicados por la misma fecha, basados en información nue-
va –uno que compara el ruido de aviones y tráfico rodado
(Hall, 1981), el otro que compara ruido de trenes con el de
transporte terrestre y aéreo (Fields y Walter, 1982)–, hacen la
misma sugerencia de Kryter.
En 1991 se amplió el análisis de Schultz con un
número mayor de estudios y se obtuvo esencialmente la
misma curva (Fidell et al., 1991). Un estudio realizado en
1998 (Miedema, 1998), con base en los datos utilizados
por los autores antes citados y en información nueva, con-
cluyó que el ruido del transporte vehicular es menos mo-
lesto que el producido por el trasporte aéreo y el de trenes
menos que los anteriores; por lo tanto, si se usa el DNL
como indicador de la exposición al ruido, deben usarse
diferentes funciones. Sugirió también que la diferencia
entre estas tres funciones podría ser causada por factores
acústicos y no acústicos.
Si bien los trabajos citados , los cuales muestran
coeficientes de correlación relativamente altos (hasta
0,8),
generaron una primera a proxima ción al entendi-
miento de la relación expos ición-respuesta media d e
la población, no explican las causas de la variación en
las rea cciones individ uales a la exposición con igual
DNL. E n una revis ión de 39 estud ios sobre
la relación
47
expos ición-respuesta realizados en 10 países (Job, 1988)
se concluye que solamente un pequeño porcentaje de la
variación en las reacciones individuales –aproximadamen-
te 20%– se debe a la exposición al ruido. De acuerdo con
la OMS (WHO, 1995), este porcentaje está entre el 10% y
el 30%. Esta relación débil ha sugerido que las respuestas
de los individuos dependen no solo de atributos físicos del
ruido, sino también de características socioculturales, con-
textuales o personales (Fidell et al., 1988; Green y Fidell,
1991; Fields, 1993; Miedema y Vos, 1999; Miedema et
al., 2005). Se ha sugerido que variables como la sensibili-
dad al ruido y la actitud ante la fuente sonora (aprobación,
importancia, prevención, miedo, desconfianza) tienen un
impacto considerable en la reacción al ruido (molestia). Las
variables demográficas (sexo, edad, nivel de educación, es-
tatus ocupacional, dimensión de la vivienda, propiedad o
renta de la vivienda, uso de la fuente sonora, dependencia
de la fuente)
contribuyen menos a la molestia.
En un análisis de estudios sobre el ruido de diferen-
tes medios de transporte (aéreo, vehicular y ferroviario),
realizados en Europa, América del Norte y Australia, el
cual contiene 49701 respuestas relacionadas con el nivel
de ruido de exposición de las personas encuestadas e in-
formación de variables adicionales, se hacen las siguientes
observaciones (Miedema y Vos, 1999):
• Al mismo nivel de ruido de exposición, las personas
que reportaron no ser sensibles al ruido sienten menos
molestia que personas sensibles.
• Al mismo nivel de ruido de exposición, las personas
que reportaron sentir miedo a la fuente sonora que
causa el ruido sienten más molestia que las personas
sin ese sentimiento. Aunque no es claro si la relación
de la molestia con el miedo depende de la experiencia
actual o se debe a una predisposición.
• Hombres y mujeres reaccionan de manera similar al
ruido de transportes.
• Personas relativamente jóvenes y relativamente ancia-
nas reportan menos molestia. En estas últimas puede
influir el deterioro del oído.
• Se observa una molestia ligeramente mayor si el ni-
vel escolar es más alto. Si se toma en cuenta la edad,
entonces el efecto de la educación en la molestia es
significativamente menor.
• La reacción al ruido no está fuertemente relacionada
con el estatus ocupacional.
• Si el efecto de la edad es tomado en cuenta, las per-
sonas que viven solas tienden a sentir menos molestia
que las personas que viven acompañadas.
• Las personas que son dueñas de la vivienda se preocu-
pan más por el ruido ambiental que las que rentan.
• Las personas que dependen económicamente de las
actividades que causan el ruido reportan menos mo-
lestia que las que no tienen relación con la actividad
ruidosa.
• Las personas que frecuentemente usan el medio de
transporte que origina el ruido reportan sentir menos
molestia que aquellas que lo usan en menor medida.
Otras variables que parecen afectar la molestia son
las condiciones meteorológicas del sitio de estudio. De
acuerdo con un análisis de información extraída de estu-
dios realizados en diferentes países, se sugiere que, para
el mismo nivel de ruido, es mayor la molestia cuando tam-
bién lo es la temperatura (Miedema et al., 2005).
De las variables personales antes citadas, se consi-
dera que la que tiene mayor influencia en la relación ex-
posición al ruido-molestia es la sensibilidad. El concepto
de sensibilidad ha sido definido de diferentes formas en la
literatura: 1) es un factor que involucra actitudes impor-
tantes hacia el ruido en general (Belojevic et al., 1997); 2)
es un rasgo de personalidad estable sobre el tiempo que
capta actitudes hacia una amplia categoría de ruidos am-
bientales (Zimmer y Ellermeier, 1999);
3) estados internos
(fisiológico, psicológico, de actitud, o relacionado al estilo
de vida o actividades) de un individuo, que incrementan
sus grados de reacción hacia el ruido en general (Eller-
meier et al., 2001),
y
4) susceptibilidad al ruido o sonidos
y susceptibilidad a la molestia (Miedema y Vos, 2003).
La sensibilidad tiene una relación débil con la ex-
posición al ruido; esto significa que no es la exposición lo
que hace a las personas sensibles, sino que la sensibilidad
es una característica de las personas que influye en el sen-
timiento de molestia, independientemente del nivel del
ruido de exposición.
Importante conocimiento ha sido obtenido en los
estudios socioacústicos que evalúan el impacto que el
ruido urbano tiene sobre las pers onas. Sin embargo, es
escaso el entendimiento de la relación entre las variables
acústicas y pers onales en la respuesta de molestia; esen-
cialmente no ha habido un acuerdo de cómo y cuáles
variables acústicas y personales deben ser medidas, y es
por esto que la comparación de los resultados ha tenido
ciertas dificultades.
El reconocimiento de este problema ha generado
varios análisis y propuestas; tal es el caso del Comité Inter-
nacional de Efectos Biológicos del Ruido (ICBEN) (Fields
et al., 2001), que ha llevado a cabo investigaciones con
48
enero - diciembre de 2006
el propósito de desarrollar, para estudios sociales, una me-
dición de la reacción al ruido percibido en un ambiente
residencial.
Los estudios sociales han utilizado varios tipos de
preguntas y escalas de respuestas, (verbal y numérica
con diferentes categorías) para evaluar la molestia (Hall
y Taylor, 1982; Fields, 1984). Algunas preguntas usan una
escala unipolar que se extiende desde un polo negativo
hasta un punto neutral; otras hacen uso de la escala bi-
polar que se extiende desde un polo negativo hasta uno
positivo. Por ejemplo:
• Escala verbal unipolar de 3 categorías: altamente, con-
siderablemente y moderadamente molesto.
• Escala verbal bipolar de 9 categorías: extremadamen-
te, moderadamente, considerablemente, escasamen-
te agradable, neutral, escasamente, moderadamente,
considerablemente y extremadamente molesto.
• Escala numérica bipolar de 11 puntos, donde 0 repre-
senta absolutamente nada molesto y 10 es extremada-
mente molesto.
Ante la diversidad de preguntas y escalas utilizadas
en los estudios que evalúan la molestia, desde 1993 el IC-
BEN (Fields et al., 2001) empezó a trabajar en una pro-
puesta de preguntas y escalas de respuestas estandarizadas
en diferentes idiomas. Se analizó qué tipo de pregunta era
más conveniente usar (abierta-cerrada, cerrada), la descrip-
ción de la reacción (molestia, perturbación, etc.), la palabra
para referirse al ambiente acústico (ruido, sonido), la es-
pecificación de las condiciones de la vivienda (día/noche,
dentro/fuera, ventanas abiertas o cerradas, etc.) y el tipo
de escalas de respuestas. Después de 7 años de investiga-
ción, el Comité desarrolló un método para lograr su obje-
tivo. Fueron propuestas dos preguntas en 9 idiomas, una
con escala de respuestas verbal de 5 puntos y la otra con
escala de respuestas numérica de 11 puntos para evaluar
la molestia en la vivienda causada por el ruido ambiental.
Ambas preguntas ubican a la persona en un período largo
de tiempo para que proporcione su respuesta, identifican
la fuente concreta de ruido y preguntan explícitamente por
reacciones negativas provocadas por el ruido en cuestión.
Las palabras que conforman la escala verbal de
respuestas fueron determinadas en cada idioma me-
diante un es tudio empírico, con el propósito de que
correspondieran a la misma posición en una escala de
intensidad de reacción al ruido. La versión española de
la escala fue el resultado de un trabajo desarrollado en
las univers idades españolas de Valencia y la Pública de
Navarra (García et al., 1999). Las palabras que forman
esta escala son: extremadamente, muy, medianamente,
ligeramente y absolutamente nada.
La utilización de preguntas estándar con escalas
normalizadas permite la comparación de los resultados
de estudios internacionales, y por esto su uso resulta muy
recomendable.
El paisaje sonoro
Hasta hace pocos años los estudios socioacústicos
se habían enfocado en evaluar los aspectos negativos del
ruido (efectos en la salud, molestia, perturbación, por
ejemplo). Una tendencia importante en la acústica urba-
na es que se está poniendo mayor atención al diseño del
ambiente sonoro más que a la simple reducción del ruido
o al establecimiento de límites tolerables. La investigación
está dirigida a desarrollar métodos para analizar el am-
biente sonoro desde un punto de vista integral; es decir,
teniendo en cuenta la interacción entre las personas, el
sonido y el contexto donde este es percibido (Raimbault
et al, 2005). Se ha puesto de manifiesto la importancia de
analizar el significado social y cultural que las personas
atribuyen al ambiente sonoro.
Este nuevo enfoque integra el concepto de paisaje
sonoro, propuesto por el compositor de música canadien-
se Murray Schafer en 1969, según el cual el sonido no
es entendido como un mero elemento físico del medio,
sino como un elemento de comunicación e información
entre el hombre y el medio urbaNo. Desde este plantea-
miento se considera que el ambiente urbano no debería
ser solamente aceptable, sino que debería ser un ambien-
te que promueva reacciones positivas. De acuerdo con
el ICBEN, un ambiente sonoro favorable debería, entre
otros beneficios, promover la salud, la interacción social
y proporcionar bienestar físico, mental y social a todos
los miembros de una comunidad (Gjestland., 2002).
Para
ello se ha requerido que los estudios sociales desarrollen
herramientas y métodos para evaluar la experiencia sub-
jetiva, el significado y la relevancia que tienen los sonidos
para las personas, y así poder definir cuáles son las ca-
racterísticas de un ambiente sonoro favorable para una
comunidad determinada.
Los estudios recientes analizan el ambiente sono-
ro no solo en áreas habitacionales; mayor interés se está
poniendo en otro tipo de espacios tales como parques
naturales y urbanos, áreas de recreación exteriores, es-
pacios públicos abiertos como plazas, áreas peatonales,
áreas de juego, calles y jardines (Ge y Hokao, 2004;
49
Sheik y Uhl, 2004; Raimbault et al., 2003; Yang y Kang, 2005). Varios de estos estudios
se han realizado desde el punto de vista del confort ambiental.
Algunos estudios han puesto interés en la identificación y clasificación de las
fuentes sonoras presentes en ambientes urbanos. Diferentes criterios se han usado
para clasif icar los sonidos: uno, llamado s emántico, distingue categorías de sonidos
definidas por el grado de: a) pres encia humana, b) animales y elementos naturales,
c) actividades y d) objetos (Guyot et al., 2005) . Así mismo, se han clasificado las
fuentes sonoras en: a) sonidos naturales (por ejemplo, flujo de agua, viento, ani-
males ), b) sonid os artificiales (mús ica, trans porte, etc.) y c) sonidos s ociales (voces
de personas) (Ge y Hokao, 2004). Otro criterio para clasificar el ambiente sonoro
de una ciudad es el nivel de ruido de fondo y el ruido del transporte encontrado
en los sitios de estudio; la clasif icación va des de áreas muy tranquilas hasta muy
ruidos as (Lebiedowska, 2005).
Investigaciones recientes que han puesto énfasis en el análisis de los espacios
públicos tienen un diseño similar, la evaluación del paisaje sonoro se hace con dos
procedimientos simultáneos en el sitio de estudio: mientras a los usuarios se les pide
que expresen su opinión del ambiente a través de cuestionarios, se graban muestras del
sonido para calcular indicadores acústicos. Mediante un análisis estadístico se relaciona
la respuesta subjetiva con las mediciones acústicas del paisaje sonoro. El tipo de pre-
guntas empleadas en estos trabajos son abiertas y cerradas.
La evaluación subjetiva de
las fuentes sonoras se hace con dos métodos: a) escalas verbales bipolares en términos
de preferencia-repulsión, congruencia-incongruencia, silencioso-ruidoso, comodidad-
incomodidad, complementadas con escala numérica para facilitar la respuesta, y b)
perfiles diferenciales semánticos con pares de adjetivos como los usados en la escala
bipolar. Las encuestas también incluyen preguntas para conocer aspectos demográficos
de los encuestados.
La nueva tendencia en la investigación del ruido urbano analiza la comodidad
del sitio desde un punto de vista multisensorial e incluye preguntas para evaluar, ade-
más del aspecto auditivo, también el visual. Se ha encontrado que la información visual
y la sonora son importantes en la percepción del ambiente urbano, lo que sugiere que
estos podrían ser un factor de confort estético al interactuar uno con otro (Carles et al.,
1999; Viollon et al., 2002; Yang y Kang, 2005; Barrio y Guillén, 2005).
En cuanto a la incidencia que tiene el efecto visual de la urbanización en las pre-
ferencias auditivas, los resultados de un estudio en laboratorio (Viollon et al., 2002) in-
dican que cuanto mayor sea el grado de urbanización que las imágenes muestran, tanto
más negativa será la evaluación que el sonido presente (no sonidos sociales) en términos
de agradable y relajante. Los sonidos naturales y de tráfico diferían significativamente
al ser escuchados con o sin imagen, mientras que la valoración de los sonidos sociales
era independiente de la aportación de la información visual. Se sugiere que es la mayor
capacidad de atención que demanda escuchar sonidos sociales lo que determina que en
su valoración no influyan las informaciones provenientes de otros sentidos.
Otras investigaciones han analizado la incidencia de la imagen en la respuesta
de tolerancia y molestia, y permiten concluir que los contextos agradables desde el
punto de vista visual incrementaban la aceptación del sonido y disminuían la sensación
de molestia, mientras que los valorados como desagradables disminuían la tolerancia e
incrementaban el nivel de molestia (Barrio y Guillén, 2005).
50
enero - diciembre de 2006
Los resultados de estas investigaciones sugieren
que el sonido y la imagen son dos variables fuertemente
relacionadas, razón por la cual el análisis de la calidad
urbana debería contemplar, además de criterios visuales,
los relacionados con el paisaje sonoro.
Conclusiones
Durante los últimos 50 años, numerosos estudios
han tratado de explicar la reacción de las personas al rui-
do ambiental. El tema es amplio y las investigaciones se
han realizado en diferentes direcciones. Mientras que la
relación exposición-respuesta al ruido ha sido frecuente-
mente evaluada de forma negativa en términos de mo-
lestia o contaminación ambiental, también ha habido un
creciente interés por investigar la influencia de factores no
acústicos en dicha relación. Sin embargo, la investigación
se ha enfocado en ambientes exclusivamente habitacio-
nales; pero el ruido se encuentra en muchos lugares, por
lo que es importante analizar otro tipo de espacios que el
hombre usa en su vida cotidiana de tránsito o de estar por
la ciudad, como por ejemplo, los espacios públicos abier-
tos, un importante elemento de las áreas urbanas.
La investigación en el área de la acústica urbana
no debe limitarse a la prevención y el control del ruido
porque, además de que las medidas implementadas para
la protección son costosas, se ha mostrado que reducir el
nivel sonoro no necesariamente modifica la respuesta de
molestia. Aunque la intensidad del ruido es una variable
necesaria para analizar la respuesta al ambiente sonoro,
esta, por sí sola, no la define. La respuesta al ambiente
sonoro es una respuesta compleja en la que influyen di-
ferentes tipos de variables físicas, sociales e individuales,
culturales, estéticas y emocionales. Por ello, es de vital
importancia un enfoque multidisciplinario, que involucre
a la acústica, a la psicología y a la sociología. Desde esta
perspectiva se podrá evaluar la experiencia subjetiva, el
significado y relevancia que tienen los sonidos para las
personas y será posible definir cuáles son las características
de un ambiente sonoro favorable que promueva reaccio-
nes positivas en los usuarios de un espacio determinado.
Desde un punto de vista práctico, los resultados
pueden ser útiles para quienes están implicados en la toma
de decisiones sobre la planificación y el diseño urbano.
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