Colombia Médica
Universidad del Valle
comedica@univalle.edu.co
ISSN (Versión en línea): 1657-9534
COLOMBIA
2007
Armando Cortés
EL LADO OSCURO DE LA PRODUCCIÓN Y COMERCIALIZACIÓN DE
MEDICAMENTOS
Colombia Médica,
octubre-diciembre, año/vol. 38, número 004
Universidad del Valle
Cali, Colombia
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Universidad Autónoma del Estado de México
http://redalyc.uaemex.mx
343
Colombia Médica
Vol. 38 Nº 4, 2007 (Octubre-Diciembre)
EDITORIAL
EL LADO OSCURO DE LA PRODUCCIÓN Y COMERCIALIZACIÓN DE MEDICAMENTOS
© 2007 Corporación Editora Médica del Valle
Colomb Med 2007; 38: 34 3
Muchos niños, de raza negra, latinos y pobres de New York,
reciben fenfluramina (que ya estaba prohibida por el riesgo de
valvulopatía y daño cerebral) durante estudios financiados por auto-
ridades estatales, con permiso de la FDA (Food and Drug Admi-
nistration).
Ha habido escándalos por la ocultación de datos sobre las tenden-
cias suicidas que provoca el Prozac, un mayor riesgo de infarto de
miocardio con V ioxx y Celebrex y arr itmias cardíacas relacionadas con
el uso de Prepulsid y Arcasin.
Los directores de diversas clínicas en Europa hacen ensayos
clínicos no éticos con pacientes psiquiátricos hospitalizados o legal-
mente incapaces, a fin de probar medicamentos prohibidos, a cambio
de elevados honorarios que pagan grandes empresas farmacéuticas.
Muchos médicos en Asia y África hacen experimentos en miles de
mujeres embarazadas con infecciones por VIH quienes recibieron un
placebo en lugar del fármaco probado, a sabiendas del riesgo de contagio
para el bebé, financiados por entidades públicas, autoridades del
gobierno norteamericano y otros gobiernos y aun por el programa
conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH (ONUSIDA).
A miles de pacientes hipertensos en Europa O riental, América del
Norte, América del Sur y China no se les administraron medicamentos
sino un placebo durante años aunque no se ignoraba que la medicación
disminuye los ataques de apoplejía e infartos, para probar la nitrendipina
y el ramipril.
Médicos alemanes, austriacos, italianos y norteamericanos extra-
jeron tejidos de los muslos o del pulmón de personas con lesiones graves
sin su consentimiento y sin que lo supieran, para determinar cómo
actuaba el Trasylol en los tejidos y se adulteraron las tasas de
mortalidad por el uso de este medicamento.
La lista de cargos a las multinacionales que operan en el sector
farmacéutico es amplia. A fin de aceler ar al máximo los ensayos con sus
nuevos productos, lograr resultados favorables y ocultar los efectos
colaterales, los laboratorios recurren a países con reglas y controles no
tan estrictos. Los pacientes con enfermedades graves reciben placebos,
y los médicos se transforman en cómplices. Se sigue la venta de
medicamentos cuya eficacia y seguridad no están comprobadas, con el
aval de los estados y sin defensa del consumidor.
La contribución de los laboratorios farmacéuticos al progreso de la
medicina es innegable, es uno de los sectores que más ha servido para
mejorar la calidad y esperanza de vida de la población, al facilitar
medicamentos que mejoren el manejo de las enfermedades. A pesar de
sus aportes sociales, las compañías farmacéuticas desde hace dos
décadas vienen con una imagen muy poco favorable y lideran la escala
de los conjuntos peor considerados por los consumidores. El margen
promedio de utilidades para las grandes empresas estadounidenses fue
3.1 por ciento; las compañías productoras de medicinas tuvieron más
de cinco veces ese nivel de ganancias. Con esos niveles de venta y
utilidad, es de suponerse que estas entidades dedican una porción
considerable de su presupuesto a investigación y desarrollo.
Sin embargo, la industria farmacéutica ha desviado en las últimas
décadas su loable propósito de investigar y producir medicamentos
nuevos y útiles hacia la búsqueda de altos niveles de rentabilidad y
recurren al «relanzamiento» de productos que son apenas versiones
marginalmente mejoradas de sus antecesores para suplir la falta de
innovación, prolongar el período de las patentes, distorsionar las leyes
para lograr exclusividades, influir en los legisladores y órganos de
vigilancia y control, condicionar a los pacientes y a los gobiernos a pagar
altos precios por medicamentos que no implican de necesidad los
grandes costos de investigación y desarrollo que argumenta para
obtener monopolios.
Lamentablemente esta industria gasta fortunas no sólo en publici-
dad en los medios sino que garantiza su alta rentabilidad gracias a su
estrategia para adquirir voluntades a través de costosas conferencias
o capacitaciones para el gremio médico, en forma de agasajos y regalos
si recetan determinados productos; vinculando profesionales médicos
destacados con honorarios por consultorías; invitaciones a congresos
en diferentes partes del mundo o financian investigaciones de poco
valor científico, para promover medicinas minimizan los efectos
secundarios de los medicamentos o se confabulan para hacer negocios
donde inventan o exageran los riesgos sanitarios.
Igualmente, esta industria emplea su riqueza y poder para influir
además de los legisladores a los centros médicos y académicos de
investigación con medidas destinadas a favorecer la transferencia del
conocimiento científico al sector productivo. Los laboratorios sacan
provecho de los conocimientos generados en universidades, institutos
de investigación -con subsidios estatales y capitales de riesgo, pues
asumen la incertidumbre de las primeras y costosas etapas del desarro-
llo. Estas estrechas relaciones han contribuido a la contaminación de
la investigación clínica, y es evidente el conflicto de intereses en los
resultados de estudios que se realizan para comprobar la eficacia e
inocuidad de los nuevos medicamentos, a pesar de ser dirigidos por
investigadores de primera línea y publicados en las revistas más
prestigiosas. Otras importantes acusaciones, que han llegado a la
justicia, incluyen pago de sobornos a médicos y publicidad engañosa.
Debe haber un modo de cambiar la forma en que se administra la
investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos; en las condicio-
nes actuales se pone en riesgo no sólo la salud, sino también la empresa
de la investigación y las reputaciones de universidades y gobiernos. No
se sabe cómo hacer para evitar la influencia de los laboratorios
farmacéuticos en la educación y el accionar d e los médicos. La in tegr idad
de la investigación científica es demasiado importante para dejarla sin
supervisión. Es preocupante, que las universidades, los hospitales, las
asociaciones médicas y científicas, y las organizaciones defensoras de
los derechos del consumidor no se expresen o tomen medidas para
revertir esta situación.
Armando Cortés, M.D.
Editor Asistente
BIBLIOGRAFÍA
Angell M. La verdad acerca de la industria farmacéutica. Bogotá:
Grupo Editorial Norma; 2006.
Werner K, Weiss H. El libro negro de las marcas. 2ª ed. Buenos Aires:
Editorial Sudamericana; 2006.