Ave
Simboliza el Premio Iberoamericano de Tesis de
Investigación sobre Vivienda Sustentable
Infonavit-Redalyc
La arquitectura y la escultura presentan similitudes en su percepción física, ambas son co-partícipes del espacio real; es éste quien las guía y a ellas les toca re-valorarlo según sea el sitio donde se encuentren. Tienen en común acrecentar las relaciones del hombre con su espacio real o vital. La percepción que tengamos de lo real, de la realidad basándose en nuestra condición somática se verá apoyada por lo arquitectónico y lo escultórico que nos rodea; lo arquitectónico y lo escultórico tienen un “cómo” para abordar lo transitable y lo transitorio; lo fundamental en la arquitectura es su transitabilidad, su ventilación y su iluminación como un todo; la escultura, por su parte, después de ocupar un espacio, se ha vuelto transitable y actualmente transitoria; ambas son generadoras de “nuevos espacios”.
En nuestro caso particular, esta obra tiene una connotación de libertad, manifiesta por la armonía de sus formas que logran dinamismo en sus volúmenes y sus caras, el espacio real insertado nos sugiere un intercambio de formas o de posiciones “dancísticas” en secuencias, de esto nos percatamos con sólo cambiar de ángulo o de lugar; es como si fueran varias obras en una o, si se prefiere, “un espacio habitado en tiempos diferentes”. Lo inestable y lo geométrico son completos, tanto en lo interno como en lo externo con la presencia de la luz.
La fuerza volumétrica que la pieza posee, demuestra lo singular alcanzado en los giros de sus partes o en lo des-geometrizado de sus entradas o salidas, esto no solamente la hace única sino qué no compite con su entorno, sus dimensiones cambian de acuerdo a su posición. Al igual que la arquitectura sustentable, Ave tiene un vacio interno y es ese vacío el que la hace habitable.
Hersúa
Diciembre de 2009